Mostrando entradas con la etiqueta Hombres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hombres. Mostrar todas las entradas

domingo, noviembre 18, 2012

Sinatra´s Fifteen



Sinatra fue el hombre que dijo que el alcohol era su peor enemigo pero que la Biblia insistía en que había que amar a los enemigos. Pero Sinatra no dijo solo eso. Dijo muchas más cosas. Definió cómo ser un hombre, si es que eso se puede enunciar en quince sencillas reglas. En sí, al ojo inexperto, son de calidad desigual (¿colores alegres y psicología barata?) pero no, no lo son. Fíjense bien:
  1. Necesitas dos manos para ponerte el sombrero correctamente. La parte de atrás elevada y un par de centímetros inclinado hacia la ceja derecha.
  2. Nunca vistas de marrón de noche. Nunca.
  3. No hay excusa para vestir zapatos marrones una vez se ponga el sol… ni zapatos blancos. O grises a menos que sean carbón oscuro, o azul a menos que sea azul medianoche. De hecho, hagámoslo más simple: después de anochecer, un hombre debería vestir de negro.
  4. Las corbatas deben ser de seda. Y conservadoras.
  5. Los gemelos siempre quedan bien.
  6. Cuando vistes formal, un chaleco es mejor que una faja.
  7. No vistas un smoking en domingo.
  8. Tener un armario desordenado es como ponerse ropa limpia sobre ropa interior sucia.
  9. La ducha es un lugar genial para planchar las arrugas de tu smoking.
  10. El naranja es el color más alegre.
  11. No ocultes tus cicatrices. Ellas te hacen ser quien eres.
  12. Cuando se trata de los bolsillos todo ha de tener su propio lugar.
  13. Un pañuelo de bolsillo es esencial, pero ha de estar perfectamente doblado.
  14. Da brillo a tus zapatos.
  15. Sé elegante. Sé brillante. Sé limpio.


lunes, agosto 20, 2012

Nosotros Y Los Sesenta




















Es un poco preocupante el tema de en quiénes nos estamos convirtiendo. Es pasearse por las tiendas Zara, verbigracia de Amancio Ortega, y encontrarse con una invasión de lo que realmente vemos en las calles. El tipo de mujer que compra en Zara es la de la multiculturalidad. Puede ser una musulmana radical pero podrida de dinero en los Emiratos Árabes, una cosmopolita neoyorkina emigrada de Ohio que quiere ser un remedo de Carrie Bradshaw o de Anna Wintour, una española madre de familia, funcionaria, harta de que le bajen el sueldo y de que se cite a Larra mucho y mal, una australiana sexy que se enrolla con su novio surfista en una playa o una trabajadora de alta categoría en un banco de Suiza que come chocolate y corre cortinas de los departamentos destinados a la intimidad de las cajas de seguridad privadas.

El caso es que si uno se pasea por Zara seguimos encontrándonos con lo que llevamos viendo desde fines de los noventa e inicios de los 2000... es decir, un poquito de la agresividad sexual de Tom Ford, un poquito de estilismo de los 80s de la mano de Carine Roitfeld -zapatos de tacón de aguja con tiras que reptan por la pierna, cuero, chicas saludables y sudor- y una mezcla de locura festiva de Galliano y demencial de McQueen fotografíadas por Testino y encaradas en Gisele Bundchen. Pero diez años de una moda en la que todo vale pero que nos ha dejado a todos convertidos en unos rockeros modernos, modernos por necesidad, entachuelados, encuerados, elastizados y con hombreras, botas de pitón y cinturones con calaveras y los ojos como de mapache, hacen que nos preguntemos hacia dónde vamos.

Hay mucho que decir sobre la vuelta de tuerca de esos decrépitos 80 que vuelven y vuelven y no se van ni a tiros de nuestros armarios. Parece que seguimos fascinados por Studio 54, por los Jagger, por Bowie, por Gianni Versace y por Marilyn. Ni siquiera el impulso que producciones como Mad Men le han dado a los sesenta nos convencen de que estamos aburridos de la década de la coca, los yuppies y el sexo colocado. Los ochentas fueron unos años muy cool pero ya cansan. Estamos hartos de ser esos niñatos repeinados y esas chicas con melenón y pendientes de aro. Los sesenta de Mad Men tampoco nos gustan y por eso no han triunfado.

Porque los hijos, esa Sally Draper, molaban más que sus padres. Pongamos por ejemplo a Don Draper. Don lo tenía todo. Tenía a Doris Day haciéndole tartas y criando a sus niños como una Grace Kelly revivida. Tenía el coche caro, la amante complaciente y un poco pirada de rigor y dinero, el trabajo y hasta un pasado glorioso u oscuro -al gusto de cada uno-. Pero era alma torturada. En los 80s no había almas torturadas. Había noches sin fin, tajadas sin fin y mucho sexo. Lo que en los sesenta se insinúaba con sujetadores cónicos y secretarias sacadas de una peli porno bastante posterior, en los 80s estaba ahí, rodeándonos. Era eye linner y sexo, trabajo y sexo, sexo y sexo.

Y la verdad es que el sexo vende.

Porque están muy bien las tribulaciones de Don Draper para verlas pero, por favor, qué vida esa para vivirla. Los que cortaban el bacalao en los sesenta habían vivido la II Guerra Mundial, estaban traumatizados por sus padres que les decían que había carta de racionamiento, Gran Depresión y que ellos jugaban con pelotas de fútbol hechas de no sé madera. Que ya tenían bastante. Luego, cuando fueron mayores, se divorciaron de sus mujeres perfectas, llevaron a sus hijos al psicólogo, les compraron de todo para que no les faltara de nada como a ellos y les dijeron que todo estaba al alcance de su mano. Así que esos fueron los que mandaron en los 80s. Los criados ganando y para ganar. Y cómo nos gustan las historias de perdedores pero cómo deseamos triunfar.

El problema que tenemos nosotros, en nuestra década 00 que se prolonga a los 2010s, es que nos parecen geniales los niñatos de los 80s que estaban metiditos en la Guerra Fría. Nos gusta la laca, Dallas, el petróleo, la coca, la música alta, Warhol, los cócteles de nombre raro y el fiarnos de los desconocidos -en los 80s era para echar un polvo pero ahora es para charlar en Twitter- y así nos va. Claro. Pero es posible que vayamos entrando en razón...

Y lo digo por lo que está ocurriendo en Dior. Al tiempo, es posible que Dior se vuelva a poner a la cabeza de los cambios en el mundo de la moda. Y no sólo por Raf Simons, el sustituto de Galliano (porque los sustitutos temporales de Galliano fueron, pobrecillos, para echarse a llorar, a reír y por la ventana en ese orden), sino por todo el equipo. Muestra de ello es la publicidad. La publicidad de la casa. Las campañas de Eau Sauvage, deliciosas no, más, muestran más o menos cómo hemos ido evolucionando de mentalidad. Fue Gruau quien inició las campañas de la marca con mucho estilo. Con mucho estilo de verdad. Eran estilosas, desenfadadas y fueron un éxito rotundo. Con el paso del tiempo se fue prefiriendo la fotografía y llegaron los hombres en vez de las insinuaciones. Hacia los ochenta aparecieron verdaderos cuerpos diez y en los noventa y en torno a nuestra época hubo come backs a la ilustración y a las viejas esencias del dibujo. Y más cerca de nosotros primeros planos bastante sosos. La verdad es que hemos ido perdiendo gracia. Lo mejor es Gruau. Qué duda.

Pero lo interesante viene ahora. La primera imagen es Alain Delon. Es la campaña que toca ahora. Y la última, la de la mujer leopardo, es la imagen de Dior -maquillaje- del invierno 2012 2013. Y hace buena pareja con el encanto del joven Alain Delon. Alain Delon y ese aire un poco demodé pero chic a rabiar son los sesenta y los setenta, los setenta que eran interesantes no los del final de los setenta. Y es que los sesenta fueron mejores que los ochenta, década que ya cansa, ya aburre... Los sesenta setenteros tuvieron a Marisa Berenson y todo lo que realmente interesaba. Sexo de calidad pero con sentido, drogas para divertirse no porque era lo in y moda divertida. En este ir y venir de Dior, descendente y ascendente, quedan claras no, clarísimas las intenciones de la casa. Por cierto, el perfil de Simons no es el de Marc Bohan pero los años de Marc Bohan en Dior fueron maravillosos no, lo siguiente. Y no hay nada más sesentas setenteros. Ay señor, lo poco que cambiamos y lo que apetece el verano en la piscina, Alain Delon de amante y Romie Schneider.

lunes, mayo 14, 2012

Caballero sin espada


Me encanta James Steward. Muchísimo. Conocido como "Jimmy", el americano era, lo que se dice, un hombre de bien. Recibió críticas tras tener una gran carrera como piloto de bombardero durante la II Guerra Mundial por ser conservador. Yo, en cambio, soy de la opinión general: Me encanta Historias de Filadelfia, en la que aparece la pelirroja -Katharine Hepburn-, Cary Grant y, sí, Dina -esa niña me chifla-, pero me gusta aún más en Caballero sin espada (y en Me enamoré de una bruja) y muchísimo más -sí- en Vive como quieras. En esta última, también es pareja de Jean Arthur y, a ambos, les dirige Frank Capra. Si alguien me pregunta por mis directores favoritos, siempre digo Woody Allen pero es porque soy un horror para mirar las fichas técnicas. Bien, Capra es mi director favorito de verdad. El dúo Capra-Steward dio obras tan enormes como Vive como quieras (1938), Caballero sin espada (1939) o !Qué bello es vivir! (1946). Jean Arthur era la actriz favorita de Capra -y, según él, siempre estuvo un poco enamorado de ella-. En la imagen de arriba están los tres divirtiéndose en el rodaje de Caballero sin espada aunque Jean Arthur hubiese preferido a Gary Cooper para el papel porque era más masculino que Stewart quien le parecía "demasiado mono". Si no os digo lo muchísimo que me gustan los calcetines de James Stewart, me moriré. O similar.


Capra empezó en el cine como gagman, es decir, el que hace gags para un estudio. Y, en Caballero sin espada se marcó varios que han pasado a la historia del cine. Mi favorito es la escena de la foto de arriba, Jeff -James- está hablando con Susan Paine -la hija del senador corrupto (el policía de Casablanca)- y está tan nervioso que el sombrero que tiene en la mano no se le para de caer. En todo el diálogo, no se les ve ni una vez la cara pero las manos de James Steward son lo más maravilloso del mundo. Otros gags muy famosos de la película son la moneda que cae de canto y provoca que escojan a Jeffersson Smith como senador, la conversación por teléfono de Susan y Jeff y la caída del gordo secuace de los políticos corruptos en el Senado, además de cuando no puede salir de la cabina de teléfono. Un hiperactivo James Stewart recorre Washington a punto de darle un colapso y, cuando va en el taxi con Jean Arthur, no para de preguntarle, a voz en grito, que qué es cada cosa. Al final, se emociona tanto que chilla ante un cine. Un poco antes de eso, el bueno de Jeff nos cuenta lo aficionado que es a las palomas mensajeras -sigh-. Otra cosa que me fascina del film son los primeros planos de Jean Arthur. Siempre echaré de menos que no fuese Escarlata O Hara en Lo que el viento se llevó. Qué luz, qué planos. Ah, como último detalle curioso, en Doctor en Alaska, Maurice Minnifield era presentado como el hombre de la "ingeniería facial" por su repertorio de expresiones, sin duda, pero eso es porque no han visto a Harry Carey haciendo de Presidente del Senado, el cómplice de Jeff todo el tiempo.

Alcohol Y Belleza



Ayer estuve hablando yo del incombustible Churchill del que, por lo visto, todos mis amigos son fans. En mi caso, no se puede decir que lo sea a pies juntillas, sino que más bien es una admiración a distancia, fruto de la recomendación de uno de sus devotos. En todo caso, el ganador del Nobel de literatura, hijo de Jenny Jerome y amigo de la imbatible Consuelo Marlborough (a la que dibujo Cecil Beaton) -y familiar de aquel famoso Mambrú que se fue a la guerra-, me ha hecho recordar un episodio bastante olvidado en lo que a su persona se refiere. Churchill, que ha quedado para la historia en su sempieterna pose de "la victoria" y con su puro en la boca, era todo un dandi. Bueno, no hay más que mirar su estupenda pajarita de lunares. Es curiosa la cantidad de dandis gordos que ha dado Inglaterra, empezando por Jorge IV y acabando por el señor Churchill, quizá. La cuestión aquí es que el caballero de las citas fáciles y baratas -qué cultos somos todos, madre- recibió un día una dura noticia: Bessie Braddock informó que, el caballero que no perdió la II Guerra Mundial, estaba borracho como una cuba. Churchill -cómo no- se lo tomó mal y le soltó de sopetón un "señora, usted es fea, y yo mañana estaré sobrio".


De repente me he acordado de lo mucho que sacamos las cosas de quicio. Churchill, que no era precisamente Adonis -aunque fuese otras muchas cosas- se quedó más ancho que largo y luego ganó, con el poder de su pluma -y sangre, sudor, !esfuerzo! y lágrimas-, el Nobel. Sin embargo, poco después, John Galliano,  también más borracho que una cuba, le soltó en un bar de París a una pareja "tú eres fea y tu bolso también" y en Dior le desearon mucha suerte en sus próximos proyectos. Galliano se había despacho antes con unos cuantos exabruptos contra los judíos y con unas palabras sobre lo estupendo que era Hitler. La verdad es que a Churchill tampoco le pareció tan mal Hitler al principio, sobre todo porque consideraba que "todo el que es socialista pasados los 18 años no tiene cabeza" -y si no lo es a los 18, no tiene corazón-. Pero bueno, no es ése el tema. Churchill dijo que todo el mundo que le critaba "a sus espaldas", se encontraba con su "culo". Galliano está criando las mismas malvas que Churchill pero, démosle tiempo, Churchill también perdió las elecciones tras ganar la II Guerra Mundial y, luego, mucho después, volvió a ganarlas. Aquí, lo que cuenta, es el segundo tiempo.

viernes, febrero 25, 2011

Adior


Galliano y sus hazañas... va a ser verdad que los diseñadores son los nuevos rock stars. La cosa está en el aire y nada mejor dicho porque Galliano, en un ataque de furia y con ¿algunas copas de más? y henchido de orgullo patrio, español francés o lo que sea, le plantó cara a unas gachís -permítanme la licencia- y se despachó a gusto con insultos antisemitas. La noticia ha dinamitado la red. Galliano, un pollo de barra de bar como aquél marqués de Sotoancho de Alfonso Ussía... En Dior no se lo han tomado a la ligera y Sidney Toledano ha explicado su política de "tolerancia 0". Por el momento, Galliano está suspendido.

Tras la impetuosa salida de Carine Roitfeld de Vogue París no se veía cosa igual, aunque la verdad es que en Dior tienen un buen historial de escándalos, dimes y diretes y chascarrillos en su pasado... primero fue YSL que fundó con la indemnización por despido su propia casa de modas, luego fue Marc Bohan que ante la sorpresa de su despido y el horror ante lo desapercibido de su trabajo vio cómo sus fieles se ponían de su lado, por ejemplo, Carolina de Mónaco que viste de Lagerfeld al ser despedido su íntimo Bohan; luego Gianfranco Ferré que si sí que si no, que si pim pam pun y fuera y que llega Galliano, tras un paso fulgurante -a la par que triunfal- por Givenchy y se asienta en el trono de la casa Dior.

Nunca ocultó que era su objetivo y Arnault siempre le apadrinó como a un hijo. "No entienden su genialidad" decía en los buenos tiempos cuando los mendigos poblaban los desfiles de Dior de Alta Costura y lo mismo aparecía Anubis, que Bastet, que una fulana de a tres cuartos o una dama del XIX envuelta en tules, carrozas y nebulosas sifilíticas románticas. "Es un genio" comentaba la prensa embebida de sus Madames Butterflies, sus Maria Antonietas, sus vírgenes españolas devotas, sus mujeres de Klimt, su Revolución Francesa, la pintura hecha tela y sus marineras de agua dulce, sus princesas de porcelana de Sevres, sus glamoamazonas británicas, las queridas vestidas de Dior, sus mujeres de Cocteau, las pesadillas de Gala, los cisnes de África ecuatorial, los ángeles entre los tacones, Sudamérica, las ricas herederas, Jackie Kennedy y Grace Kelly, los pilluelos, la vulgaridad y el color verde fértil, os locos y fascinantes 60s, las estrellas de los años 40 como la Dietrich, la Garbo y las orquiídeas con diamantes entremezcladas como gotas de rocío de la mañana e incluso Juana de Arco, las flores salvajes de Normandía y, en definitiva, un cosmos propio en el que las mujeres siguen teniendo las medias de seda, los labios rojos y copas de champán en la mano.

De su vida no hablo, separo la mano de la obra, aquí, señores, yo me paro en el cuadro, no reparo en el marco. No veo las pinceladas, sólo la mente ordenadora. Me da lo mismo el hombre, yo lo que quiero, es el espíritu.

martes, noviembre 30, 2010

Sadismo


Helmut Newton era un sádico, a veces, pero siempre en el buen sentido. Me gusta Newton así que no le encuentro nada de lo que le acusan: nada de mujeres débiles, nada de niñas asustadas como ratas, nada de miseria, desencanto, terror, maltrato o vicio. Lo que veo en Newton es perversión de la buena, un propio cosmos por decirlo de alguna forma.

Sus mujeres son panteras. Sus hombres son leones. Me acuerdo de esa vieja historia griega por la que a dos amantes que, cazando, habían entrado a la cueva de Artemisa a disfrutar de sus pasiones y de la que salieron convertidos en león y leona porque los griegos castigaban su falta de moderación en las pasiones salvajes del sexo y, como creían que el león y la leona no mantenían relaciones sexuales porque sus parejas eran otras, ese fue su castigo.

A veces hasta a los dioses les falla la vista o les salen mal los planes.
Estoy segura de que debíeron ser muy felices como león y leona.
Igual que en las fotos de Newton.

sábado, noviembre 20, 2010

Masculinidad


Antes del aburguesamiento de la nobleza, los hombres se paseaban ejerciendo de pavos reales exactamente igual que las mujeres: terciopelos en verde lima, paño rojo rubí, seda rosa fresa, ante azul pavo real, encajes de oro y plata, cuero en tonos cobrizos, o zapatos verde esmeralda con pañuelos amatista y una riada de joyas, puntillas, hebillas, condecoraciones, pelucas y maquillaje.

Cuando los negocios se hicieron con el plantel de la nobleza, los hombres debían parecer serios y se pasaron a las siluetas de dandi, negras, rectas, limpias, elegantes, sobrias y austeras que dejaban en sus interlocutores la señal de su impecabilidad en su vida privada que ahora era más pública que nunca, ¿no?. Las casacas bordadas se convirtieron en abrigos de paño negro, los chalecos con aplicaciones de oro pasaron a ser sobrios trajes tres piezas de color ceniza, las camisas con chorreras, golas y puntillas se convirtieron en camisas blancas de popelín impecable con botones de nácar capaces de romper una aguja y, bueno, todo lo demás se volvió realmente negro.

La masculinidad parecía más masculina que nunca.

Luego, llegó poco a poco el pantalón vaquero, el free-friday, el Sunday time with family y las grandes cadenas que sustituyeron a los sastres, así como la madre o esposa que sustituyó a la confianza de Saville Row. Seguimos ahí, ¿no?. Lagerfeld apoyó a Slimane en su discreto -o no tanto- affaire con los chicos adolescentes, la silueta lápiz, los trajes estrechos y los cortes a láser. Pero... eso no supone nada. Para qué engañarnos, nos sigue gustando el viejo clásico de hombre-hombre ¿no?. Porque a mí también me gusta la mujer-mujer (nada de tísicas adolescentes).

martes, noviembre 16, 2010

El Magnífico Ford


Tom Ford ha vuelto si es que alguna vez se había ido. No vuelve el hipersexo, no vuelve la carne, no vuelve lo prohibido y no vuelve el desenfreno.  La mujer de Ford es la misma pero también ha cambiado un poco en estos años, como él, no ha envejecido pero sí ha madurado y ya no cree que lo mejor es poder estar sacada de la imaginación de Helmut Newton. De repente, valora más otras cosas como la elegancia masculina, ampulosa y estilizada de la divina Garbo o el frenesí disco y relajado de los 70s cuando, sin preocupaciones de ningún tipo, ibas a fumar hierba a la sala VIP que el dueño tenía con la mejor maría del mundo. En realidad, apenas ha cambiado pero, ha cambiado mucho.


Ford sigue teniendo sus temas y obsesiones en la mente. Le gustan los 70, los 80 y las mujeres poderosas que, con mucho glamour, rezuman sexo, erotismo, un poco de mal gusto, perversión y elegancia de erótomano al mismo tiempo. También le gustan los 30s de la androginia, los pantalones con caída, las damas que pueden llevar tocados en su vida diaria, los delirios de vodevil de flecos y turbantes, los fumaderos de opio de la 5 avenida y lo pequeño que era el mundo de ese Paris-la-nuit en el que todo el que era alguien se conocía y el que quería serlo, se vestía de Schiaparelli.

De su colección primavera verano 2011, ésa que presentó en Nueva York para los ojos de 100 personas y de la que no se debía filtrar nada para devolverle a la moda el encanto que ha perdido, y de paso, aumentar y estimular la mente de los comrpadores y vender más, han aparecido estas imágenes en premiére en la edición norteamericana de Vogue, es decir, la de Miss Wintour. Que es evidente que Ford ha mezclado epocas, mujeres, sueños, aspiraciones, inspiraciones y películas no necesita más explicación.

Lo que ya no es tan evidente es decir que ha conseguido crear esa cosa bastante íntima de un útero de comodidad, belleza y tiempo. Las mujeres de Ford son ricas, poderosas, están en la cumbre, visten de maravilla y sus pieles nunca rozan con las de los vulgares mortales. Tienen su punto de galería de los horrores naturalmente, poca luz para preservarnos dicen, tacones imposibles con los que romperse la cadera -ay- susurran, vestidos hechos para recorrer las caderas fértiles y sinuosas y cuerpos lascivos hechos sino para el pecado sí para el deseo. Las mujeres de Ford se pasan la mañana dedicadas a ellas mismas, las barras de TF dejan el mismo sello de rubor que un orgasmo, sus perfumes son de aquel Opio del que Saint Laurent sabía tanto y saben a almizcle y a tierra ocre y húmeda esperando su verdor mientras que en la silla reposa el traje de ese hombre de Ford vestido a la antigua, y a la moderna, sacado del sueño de serotonina y hormona de cualquiera de esas diesos frías de hielo, heladas, que no lo son tanto....

Sinceramente, yo sólo veo años 30s. Ya sé que a Ford le encanta Studio  54, toda esa jarana de panda de celebrities en los 70 vestidas de Halston que conversaban con Warhol mientras Bianca Jagger iba "colocada" encima de su caballo y Capote escribía los últimos borradores de Answered Prayers. También sabemos todos que a Ford le apasiona ese sexo desenfrenado pre-sida pre-post-moderno que unía a toda la élite en una sala de fiestas de Nueva York. No cabe duda que le gustan los americanos -como él- que le gusta Ossie Clarck, y Halston, y Calvin Klein en sus primeros años y todo ese jaleo de escaparates de lujo en grandes almacenes caros y café con pastas para mujeres ociosas pero poderosas, rubias, pelirrojas, femmes fatales, Evas, Pandoras, súcubos del peor infierno que no se visten como putas.

Ya no se visten como putas.
Ya sólo son damas gélidas con corazón.
La única diferencia.

domingo, noviembre 14, 2010

Gregory Peck


La belleza masculina me crea problemas. Quizás la belleza femenina es la más sencilla de identificar porque el cánon es tan claro, o los motivos que la forman son tan identificables, que uno es capaz de decir si la belleza está o no al primer golpe de vista. No es que con los hombres no pase igual sino que entran otras variables en juego. Hay belleza masculina femenina (un tanto andrógina), masculina (como la de Steve McQueen),encantadora como la de James Stewart, atractiva como la de Cary Grant, sensual como la de Jon Kortajarena o magnífica como la de Gregory Peck.

Peck no es mi tipo de hombre. Bueno, no quiero decir eso. Lo que realmente quiero decir es que Peck es guapo. Pero no es eso. No es esa belleza la que interesa. Peck es atractivo y no es eso. Es elegante, educado, interesante y masculino. Pero no es eso. Es ... Ya lo sé.

Es el conjunto.

sábado, noviembre 06, 2010

Marilyn Y Capote


Marilyn y Capote eran buenos amigos.
Ella se quitaba los zapatos cuando bailaba con él en El Moroco.
Así eran prácticamente igual de altos.
Bueno, más o menos.
Dijo de la rubia cuando murió que la vida daba asco sin ella.
Todos de acuerdo.

sábado, octubre 30, 2010

Los Buenos Tiempos


Lagerfeld e Yves Saint Laurent despegaron su carrera a la vez, ambos se hicieron un -gran- hueco en el mundo que conquistaron y grabaron su nombre con letras de oro que ellos mismos labraron en el tapiz del éxito. Lagerfeld con Chanel e Yves, primero en Dior, y luego ya, refulgente en su propia casa con la que definió buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

La enemistad entre ambos se hizo tangible en los años 80s. Esos mismos en los que Studio 54 y Halston estaban a la orden del día, en los que Bianca Jagger montaba a caballo en Nueva York mientras Capote se hacía operaciones estéticas y Diana Vreeland lo veia todo de rojo. Cuando YSL murió, Lagerfeld no fue al funeral.

Pero mandó unas bonitas palabras,

Por los buenos tiempos.

Porque, realmente fueron buenos.

sábado, octubre 16, 2010

Warhol


Hay gestos ominosos y otros orgullosos.
Hay hombres completamente fascinados por algo a lo que consagran su vida.
¿Era el arte a lo que se consagró Warhol?
Puede. O puede que no.

Cuando creó Interview, estaba fascinado por las eelebrities. En Studio 54 ya se trasladaba de celebritie a fotógrfo haciendo fotos a los que no eran nadie. Pero, cuando creó su revista, estaba más interesado por toda la gente guapa, por todos los VIPS, por todos los que vestían de Fiorucci y se reían con Halston. Por Capote, por Diana Vreeland, por Nati Abascal o Carmen Martinez Bordiú y, por Sinatra o los Jagger. También por YSL.

Fotografiaba con esta extura. Con ese fondo blanco. Con la sombra. De perfil. Con el cuello estirado.
Creo que a Warhol le hubiera gustado Grace Kelly.
La princesa, la dama del hielo, la diosa del sexo.

Pero bueno, Carolina sale radiante en la imagen.

domingo, septiembre 12, 2010

Saint Laurent De Nuevo


“Todo hombre necesita fantasmas estéticos para vivir. Yo los he perseguido, buscado, acorralado. He pasado por muchos momentos de angustia y de infierno. He conocido el miedo y la terrible soledad. Los falsos amigos que son los tranquilizantes y los estupefacientes. La prisión de la depresión y la de los sanatorios mentales. De todo ello puede salir un día, deslumbrado pero desengañado. Marcel Proust me había enseñado que ‘la magnífica y lamentable familia de los nerviosos es la sal de la tierra’. Yo, sin ser consciente de ello, formo parte de esa familia”."


YSL

jueves, agosto 26, 2010

El Cuerpo


La moda trata de eso. Del cuerpo. Del desnudo. Me imagino. Y luego del vestido. Se trata de la Alta Costura, ¿quién lo duda?, pero también de la necesidad. Una cita. Un café. Una boda. Una celebración. Una cena en casa o en un restaurante. Irse de vacaciones. Quedar con los amigos o salir el viernes por la tarde. E incluso, comprar algo para que te lo quiten con los dientes. ¿Qué sabe nadie?
Muchos diseñadores se han interesado por el cuerpo en bruto y no sólo Fortuny. También Vionnet. Chanel en persona. Versace. Hervé Leger. O Yves Saint Laurent, por poner un ejemplo. Además, Saint Laurent se interesó por el arte. Y es que la maja desnuda... primero fue vestida.

domingo, agosto 01, 2010

Sucedió Una Noche

Cuando el galán en ciernes, Clark Gable, se quitó la camisa en Sucedió Una Noche, con Claudette Colbert vestida al más puro estilo Schiaparelli con sus jerseycitos de punto, su mohín de niña buena y su sombrerito, toda América vio que no llevaba camiseta interior bajo la camisa.


Las ventas cayeron en picado.

De repente los hombres de Estados Unidos, que no sólo era por ahorrar pese a estar en la Gran Depresión, se dieron cuenta de que los galanes como Gable no lo usaban. Y que aquella idea de que las mujeres fueran al cine por la ropa, a Chanel le dieron 1.000.000 de dólares por vestir a, entre otras Gloria Swanson, se podía extender a los hombres.
Naturalmente, esta no es la paradoja de la metrosexualidad. Pero, el papel masculino a veces no es tan reconocido como el femenino. Cuando a Gilda le da por ser de rojo fuego todas quieren ser rojo fuego, si Marilyn se vuelve platino, todas son platido. Cuando Audrey Hepburn vestía de Givenchy, tout le monde quería ser chic y si la Garbo reía, todos querían reir. Pero olvidamos, a menudo, a los hombre en el mundo de la moda.
JFK no llevaba sombrero. Y de repente, todos dejaron de llevarlo.
Y cuando Clark se desnudó.
Chica.
Vas a ver cómo se desviste un hombre...

domingo, julio 18, 2010

A Good Woman


Está basada en una obra de Oscar Wilde, en El Abanico de Lady Windermere que versa, en cuatro actos sobre la vida de una buena mujer. Pero se sitúa en los años 30s, desembarcando directos de América en la Italia que acaba de vivir la crisis del 29 y en la que Mussolini reinaba sin que nadie lo supiera.

Estados Unidos en los años 30 estaba en la Gran Depresión y se hallaba interrógandose a sí misma sobre el capitalismo. Pero la nuestra, es la historia de los ricos y famosos y no de los pobres e infames. O, bueno, al menos, prácticamente.


Las mujeres en los años 30s tienen las faldas más cortas y pueden votar pero viven en un mundo en el que no ha cambiado nada. Ellas siguen siendo llevando faldas y ellos pantalones.


Dice Estella Erlynne que hay dos tipos de mujeres, "las que alegran con su llegada y las que alegran con su marcha" y que ella, pertenece a los dos tipos. Alegra a los maridos cuando llega y a las mujeres cuando se va.


Pero, a veces, nuestros angelitos de la guarda, se vuelven traviesos y se descuidan y, en la sociedad de clases del capitalismo, la rueda de la fortuna cae en la mala chance.


Y uno tiene que hacer de tripas corazón.


Y vender las joyas para cambiar de vida.

Porque, cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.


O eso dicen.


Pero, eso no es lo importante.


Todo lo que diga sobre la maravillosa obrita de Oscar Wilde, va a ser como las traducciones que cuando son fieles no son bellas y cuando son bellas no son fieles, va a empañar la gracia de la obra y va a ocultar el misterio y la maravilla que tiene en su desarrollo.


Hablo poco de la moda masculina (menos aún de lo que hablo de la moda femenina a secas) pero cuando pienso en hombres, me viene a la cabeza la elegancia despreocupada y el vestir bien, sin más, de los hombres que son elegantes cuando no les recuerdan por la ropa sino por lo que dicen, viven o ríen.


El Mediterráneo, da esa elegancia a las personas que nacen en su entorno, que es tranquila y chic al mismo tiempo. Hace viento como para llevar pañuelo y nunca hace tan malo como para tener que ser prevenido y sacar un abrigo de piel. Puede uno llevar una chaqueta de seda ribeteada en terciopelo y no pasar calor o ir en manga corta y disfrutar de los rayos del sol. Y todo al mismo tiempo.


Las mujeres en Italia tienen esa sensualidad propia de las chicas que corren por la viña en su infancia, comen marisco recién sacado de entre las rocas y se tiran al mar y acaban oliendo a yodo y a sal.

Y lo que más me gusta de Italia es que en una esquina vieja, llena de carteles hay una tienda que cuando abren las cajoneras, llenan el ambiente de polvo pero que, al soplar para quitar la película que se acaba de posar de polvo viejo, aparecen guantes de seda de púrpura papal escandaloso o combinaciones lenceras sacadas de la mente de un erótico-festivo.


Los hombres en Italia pueden llevar traje gris, color crema o azul marino mientras sus mujeres llevan guantes en verano y piensan en alquilar una villa.


Cuando hay una fiesta, los hombres se ponen smokings negros, los camareros los llevan blancos, y el champagne huele a buganvillas que hay por los jardines de hierba fresca.


La moda italiana es más atrevida y suele hablar del sexo.


Se vive la vida cada día, al límite.


Los hombres serios, pueden seguir siendo serios en Italia pero son más divertidos.


Aunque el dinero no duerma nunca, a veces encuentra tiempo para echarse una siesta.


Italia es un gran pueblo, y todos los vecinos son cotillas.


Y la Alta Sociedad ociosa a veces es la más interesante. En los círculos del Todo París, del Todo Italia, entiéndanme, el mundo es muy pequeño y todos saben todo de todos. O creen saberlo o lo quieren saber.


Tengo que reconocer que el magnífico señor Windermere no me atrae mucho. Aunque es un hombre honesto. Como demuestra su mirada noble, fiera y calmada al tiempo, y su traje masculino. Pero es un hombre pulcro y cuidadoso. Eso está claro.


La alta sociedad siempre tiene algo de snob y además, está más interesada en los asuntos de los demás que en los propios. !Qué se le va a hacer!


Todo trabajo remunerado es poco honrado pero es muy interesante ser muy rico.


Stella se pregunta sobre los hombres y las mujeres con un vestido caro y escotado.


Impúdico, deliberadamente.


O quizás no. Eso depende de la imaginación, claro.

John, Lord Darlington es un truhán.


Y Lady Windermere es un santa con rizos de oro.

Y con el señor Windermere, forman un triángulo amoroso.


Está claro que John es un sinverguenza. Rico pero sin dar un palo al agua que sabe que es Italia, y, sin quitarse el sombrero de caballero, sabe jugar al poker con su mejor cara y cree que la monogamia es tener una esposa de más, igual que la bigamia.


Va vestido en la definición perfecta del sport.


Sofisticado. Masculino. Elegante. Chic. Con clase. Con mundo y sencillo al tiempo.


Sin duda, un hombre atractivo porque es un chico malo que, también es bueno.


A veces la vida da vueltas.


Muchas vueltas.


Y, hay que beber un trago, aunque sea pronto, porque en algún lugar del mundo, es muy tarde.

Todos vivimos en la misma charca, dice Wilde, pero algunos miramos las estrellas.

Y los italianos, llaman a esa tierra, la tierra de las sirenas por la Odisea de Homero.
Están convencidos de que cuando Odiseo se ató al mástil y resistió el canto fascinante y delicioso de las sirenas, los cuerpos de las mujeres con cabeza de pájaro, cayeron aquí.

Porque en los viejos cuentos, cuando un hombre vence a la magia, salva del peligro a todos.

Pero, volviendo al tema de la frivolidad, es que Wilde era un dandi, uno juega al golf con sombrero, con jerseys de ochos porque aquí tenemos alma de ingleses.

Y las señoras siempre son señoras.

Lo que me gusta de los caballeros de más edad, es la gracia despreocupada que tienen para dar la nota y hacer lo que les da la gana. Hemos perdido la elegancia de hacernos con un pañuelo, una leyenda.
Mientras los jóvenes viven en el murmullo de la carne.

Y en el volcán del corazón.

"Las mujeres bonitas se van de compras cuando las poco atractivas lloran" dice Wilde.


Y cuenta que si uno quiere amar a las mujeres, no tiene que ver cómo se preparan.


Cómo se ajustan el vestido.

Se abotonan los guantes.

Se ajustan los tirantes.


Se pintan las uñas.
Se ponen los pendientes.

Y pisan fuerte.


Dejando a todos con la boca abierta.

Y a uno con el corazón desbocado.


Mientras el champagne corre por la fiesta, los amores se suceden, los hombres seducen y las mujere sucumben.

Y las historias se cierran.

Empiezan.

Acaban.

O quedan en suspenso.

Como los cuentos de hadas.

Porque ni somos tan buenos ni somos tan malos.

Siendo sólo encantadores o aburridos.

Aunque tratamos de avivar las pasiones en vez de agitar el aire.
Mientras volamos a la felicidad.