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sábado, agosto 25, 2012

Árboles Caducos



Cocteau dijo en Retratos para un recuerdo, a mediados de los años treinta, que “"la belleza frívola de la moda y de sus refinamientos inspira la belleza grave o se inspira en ella y que ahí se encuentren prodigios que continúan siendo prodigioso y que solo pueden provocar la risa de los que padecen la moda sin comprender su ley trágica. La moda muere joven, y este aspecto de condenado le da nobleza. No puede confiar en una justicia tardía, en unos procesos ganados en apelación, ni en los remordimientos. En el mismo instante en que se manifiesta, debe alcanzar su meta y convencer".

Hay que saber diferenciar entre belleza y moda.
Porque son dos cosas muy distintas.

En moda, casi todo lo que se crea, es bonito. En general, fuera del look del desfile, despojado del pelo punk o decimonónico, del rap y del pop que amenizan el desfile y puesto, inmaculadamente, en la boutique blanca, a la moda, sofisticada y aderezada con copichuelas de champagne, es todo bonito. Incluso lo que en el desfile era horrendo. Hay cosas que no, insalvables. Probablemente ahí se inscribe algo del tormento de McQueen, bastante de los japoneses como Kawakubo y también de Margiela por ejemplo. Pero no por feo sino porque nadie sale a la calle con un vestido de rayos láser, una falda metálica que se hace mesa, un vestido de papel de seda o unos zancos hidropónicos y claustrofóbicos con tacón de treinta centímetros.

La moda es una industria que, en general, trata sobre la belleza. Como el arte. Sin embargo, el arte no es la historia de la belleza y la de la moda tampoco. Quizá el ejemplo más fácil para entenderlo sea el del arte contemporáneo -mal llamado así, claro-. La aspiración de Ingres en su Odalisca en la segunda década del XIX fue crear una mujer tan bella, tan ideal, tan maravillosa, que tuvo que añadir vértebras para que su espalda fuese realmente la más hermosa. En cambio, Picasso pintó en las Señoritas de Avignon unas putas en un burdel filosófico -que era el título que él quería poner- y ahí belleza (lo que uno espera encontrar por belleza y quizá por sensualidad, poca). Eso sí, para Picasso las damiselas de la cortina y la otomana eran una tentación tan grande como para Ingres su cortesana turca. Pues eso, que todos contentos. Esto me trae a la memoria eso de que el cocodrilo y el caimán son parecidos pero no son igual que creo que es una buena conclusión a todo esto.

viernes, marzo 02, 2012

La Declaración De Amor, El Amante y Lady Dior


La colección de Raf Simons para Jil Sander otoño invierno 2012 2013 es toda una declaración de intenciones de amor. Según Suzy Menkes será el futuro diseñador de Dior tras la salida de Galliano y las arenas movedizas en las que se encuentra ahora. ¿Qué será de Dior sin Galliano, el hombre que le dio su imagen y su esplendor? Es una pregunta que persigue a todos y sobre todo a Arnault y a Toledano pero especialmente al qeu se haga con el timón de la defenestrada casa a día de hoy. Dior es un pastel y envenenado. Igual que Chanel cuando muera Karl.


En su trayectoria en Jil Sander, Simmons siempre ha hecho gala de una mesura, una concisión y un minimalismo propio de la firma en la que los Prada echaron a su creadora inaugurando un despliegue de butacas vacías para el puesto de diseñador creativo. En una oda al menos es más, a la depuración de líneas y de colores sólidos, Simmons ha continuado el espíritu de la firma y, al tiempo, ha sabido colar en los últimos tiempos algunas de sus propuestas en la Alfombra Roja y en editoriales. Las camisetas blancas sobre faldas largas entubadas y algo armadas de color hueso, en tonos vivos o con flores multicolores se convirtieron en una apuesta que la crítica de moda alabó con entusiasmo de entre sus propuestas.


Si la línea de la firma de la buena de Jil Sander se basaba en una occidentalización radical de los principios de japoneses como Kawakubo o Yamamoto y en una germanización funcionalista en sintonía con el movimiento moderno en arquitectura y una racionalización del vestuario femenino para el mundo actual, Simmons que continuó esa línea con su trabajo, parece bastante alejado del universo de Dior. Christian Dior, ese normando fascinado por la exhuberancia de las rosas y los vestidos de cócteles que metió de nuevo a las mujeres en vereda bajando las faldas y con la gracia de un corsé, no puede estar más alejado -¿no?- de ese concepto.


No tanto en realidad. Las líneas de Dior siempre fueron depuradas -como las pintó Gruau-: la línea H, la línea A, la línea Y... Es evidente que la casa ha pasado por distintas etapas: la romántica de Monsieur, la renovadora y chispeante de YSL, la sofisticada y pop de Bohan, la lujosa, sublime y madura de Ferré y la alocada, bulliciosa, tormentosa y orgásmica de Galliano. A la salida del gibraltareño, el equipo -las manitas que dirían ellos- ha continúado -y fracasado estrepitosamente- en la estela del imaginario del genio de Saint Martins: años 40s, lencería a la vista, los 60s de Jackie entremezclados con el circo, el cabaret, la revolución bohemia de Montmartre y el encanto discreto y chirriscante de la Francia del Moulin Rouge y del barón Haussmann (que era tan barón como yo, más o menos). Así que Arnault va a hacer su tercer salto mortal.


El primero fue poner a Galliano en Givenchy para luego mandarlo a Dior; el segundo fue poner a McQueen en Givenchy de donde salió su firma y su imaginario -pobre Arnault- y luego, bueno, el tercer salto mortal, pudo haber sido Tiscci en -oh sí, ¿adivinan?- Givenchy para pasar a Dior -cuando estuviese bacante- pero parece que Givenchy es adonde ha llegado Tiscci y que ahí se va a quedar un tiempo, al menos. Así que... ¿no es suficiente Raf Simmons para Dior, tan alejado de la magnificencia versallesca de Galliano, de sus ansias de exposición, de su halo de corsario con melena rubia?, ¿no es el cambio lo que mueve el mundo?


Simmons ha hecho una pasarela que pretende ser el primer paso en el abordaje a Dior. "Lo puedo hacer" dice esta colección. Tan femenina, tan sutil, tan deliciosa. El abriguito completamente delicado y el gesto recatado salido de una dama que va al salón de té, el abrigo rosa con el forro amarillo que promete una noche en la Ópera y un estuche de terciopelo lleno de joyas, el satén moviéndose en torno a los muslos y al pecho descaradamente bajo pero ingenuamente cubierto... Todo es tan increíblemente Dior... Es verdad lo que decía Chanel sobre que Chanel no era una moda sino un estilo, Dior también lo es. No es más que mantener la esencia...


Y Simmons sabe hacerlo.
Por mí, vía libre a Dior, señor.

domingo, octubre 16, 2011

La Señora De Las Moscas


Somos hijos de nuestro tiempo y, como tales, nos gusta lo que o bien es antiguo o bien es actual. Sin embargo, nos perdemos en la indefinición. El concepto que no se puede definir es precisamente la meta de Rei Kawakubo en sus investigaciones estéticas que tienen como punto de partida la prenda. La japonesa trabaja con un concepto de belleza alejado del ideal occidental y propone unos volúmenes ajenos a la ortodoxia esa de "como Dios Manda". En su última colección para Comme des Garçons, presentada en la Semana de la Moda de París, propone para la primavera verano de 2012 una serie de novias androides que lo mismo resbalan de un cuadro de Velázquez, de un baile de Mariantonieta o de una pesadilla ciberconceptual.


La colección me parece una exploración vanguardista del historicismo. Sus mujeres pueblan las obras de arte de los grandes maestros y, sin embargo, tienen ese punto casi futurista de lo que nos es tan ajeno. El desfile de Comme des Garçons es un motín de Esquilache, pero femenino y !tan virtuoso todo de blanco!. La inspiración española es innegable: el corte amplio de las capas, casi armadas; las mantillas blancas que tapan la cara de la novia virgen; las telas pesadas rodeando y ciñendo el cuerpo como una armadura de satén y, un detalle que casi se pierde: la novia camina firme pero con las manos atadas. No deja de ser un regalo de mujer, uno alienado. Pero hermoso... muy hermoso.


Es interesante descubrir qué mensajes escondidos guarda la obra conceptual y mental de Kawakubo. La escuela japonesa de diseño se ha centrado en la investigación y la anatomía pero de una forma bien distinta a la que se ha estudiado tradicionalmente en las Semanas de la Moda parisinas. En esta colección, propone un volumen entresacado de los cuerpos con guardainfante de los retoños reales que pintaba Velázquez; entremezclado con las lecheras casi monjísticas de Vermeer y con una crítica a la sumisión que se esconde bajo velos, tradiciones y artilugios que constriñen el cuerpo.


 No puedo evitar que la mujer de Comme des Garçons me recuerde a un insecto. Quizás sea por el exoesqueleto que sus ropas crean para ella. También me da la sensación de desvestir, de eliminar, de romper barreras, de tirar ídolos que se tambalean... pero sin violencia alguna. La garra de Kawakubo es de seda. Llevaba razón Dalí con aquello de vestirse de mosca por Cristóbal... hay algo terriblemente balenciagesco en la colección. Quizá sea por la inconfundible traza española, quizás por el tratamiento del cuerpo. Cristóbal Balenciaga siempre prefería dejar espacio a sus mujeres, sus estudios de la anatomía son siempre externos. Diseñaba para mujeres con ropa interior y con carne, armadas que no se dejaban meter en sus trajes desnudas. Nada de Sissis que se cosen sobre la piel cada día el traje de montar ni de Marilyns que salen a cantar el Happy Birthday casi desnudas... nada de eso.


Tan sólo mujeres envueltas en el peso de una sociedad como el muerto en el sudario. Buena comparación. Es bien cansado eso de ser la novia en la boda y el muerto en el entierro...

domingo, septiembre 26, 2010

Kramer Vs Kramer, Jil Sander Vs Raf Simons


En Jil Sander siempre tuvieron grandes problemas con su diseñadora, Jil Sander. De hecho, cuando il sposso de la señorita Prada compró su firma con Jil al timón, la colaboración duró tan poco y salió tan mal que Jil Sander abandonó su firma hecha una furia. Claro que, en Prada se quedaron con su nombre. Jil Sander, la dama del color liso, los tonos bloque, las piezas rectas y los diseños mono-tonos, vió cómo su firma se quedaba sin ella. En Prada buscaron un nuevo creativo y resultó ser Raf Simons.

La crítica ha celebrado un desfile que trata sobre el volumen junto con los clásicos de la firma. Es un jardín japonés en el que las flores, de vivos colores, son sobrias y sofisticadas en vez de explosivas o sensuales y sinuosas. Se trata de calas, de lirios e, incluso, de nenúfares pero no hay ni rosas, ni claveles ni hortensias.


Si me gustan los ingleses es porque tienen expresiones como "ok, this is not my cup of tea". Exactamente, eso es lo que siento cuando veo estos desfiles. No son mi punto fuerte, más bien al contrario, no acabo de encontrar esa cosa de Miuccia Prada de buscar algo feo y encontrar lo bello o de explorar la pureza de líneas en lo más fundamental.


Bueno, el desfile es estupendo. Es un jardín precioso. Muy sofisticado. Si Holly Golightly se paseara ahora por Manhattan, podría ir vestida de esta colección. Es el nuevo Givenchy, en cierta forma. Es un jarrón con flores de papel, en volumen del viejo arte japonés combinado con lo sofisticado y lo absurdo -¿por qué no?- de la moda.


Pero es cierto. John Galliano veía flores en invierno y Raf Simons ve flores en verano. Ve flores del té hechas arrebatar de colores pero que se mantienen solemnes. Rectas como juncos. Imperturbables. De agua. De aire pero no de fuego...


Como cuando Lacroix cerró -qué pronto olvidamos- uno se pregunta lo mismo. A los editores les encanta, los críticos aplauden, los fashionistas asienten con la cabeza al ritmo de los tacones, las prendas son ponibles, estilosas, combinables, son perfectamente aptas fuera del juego de las pasarelas pero nunca aparecen en el mundo de la moda. Balmain en cambio...

Hay veces que se ponen pegas a las colecciones. Se dice: en Prada no hay trajes de noche, no hay glamour. En Comme des garçons no hay prendas ponibles y Marc Jacobs acierta la mtiad de las veces y se equivoca estrepitosamente el otro cincuenta por ciento; Alexander McQueen sería un genio pero no puede ir uno de McQueen y Alexander Wang de verdad que debería irse a casa porque ¿roer camisetas?. Eso ni "lo puede hacer mi hijo de cinco años como tu jodido Pollock".


Bueno, ya la han aplaudido.
Pero, ¿los que van a morir te saludan, Oh César?

sábado, julio 24, 2010

Rouge De Armani


La campaña de Armani es tremendamente oriental. Si Rei Kawakubo hablaba de la hermosura de la pobreza consciente, Armani pone sus ojos en el lujo.



El lujo, en Oriente, se relaciona íntimamente con los tonos que predominan en la campaña de Armani: rojo, negro y blanco.


El negro es el símbolo de lo perfecto, como por ejemplo el cinturón negro es el más alto. Y el blanco de luto. El rojo es vida en casi todos los idiomas y pasión y sangre.


De alguna forma: rojo, negro y blanco se relacionan por los lazos de la vida y de la muerte muy íntimamente.


Los griegos pensaban que el rojo de la sangre es el rojo de la vida y de la muerte, alimento de los dioses y sacrificio supremo, a más sangre, mejor. El rojo es sangre que acaba la vida y sangre que la inicia. Incluso sangre de vida frustrada, por ejemplo en el proceso menstrual femenino. Y, si me apuran, la sangre de las guerras es la de la generación perdida.


El negro en Occidente se considera, a veces, color de luto y otras no. En la oscuridad nacemos, en la oscruidad soñamos y en la oscuridad morimos. Me temo.

Pero, también en la luz. El blanco es luto en Oriente, virginidad y alegría en Occidente. Pureza sin duda. De vida y de muerte. Blanca paloma y la negra parca. Pero de espíritu.


La campaña de Armani tiene ese tono místico de las pinturas orientales, de esos dibujos que dan sensación de movimiento porque se trazan con la máxima quietud. Siempre veo el río rojo de la vida transportada en sangre, la muerte esperando con la vida de la mano y mientras tanto, una casa, un árbol en glor, unas montañas o el Sol.


Y, a veces, un poco de magia. Verde jade de dragón.


No somos consciente de las historias que nos cuentan los sentidos.
Armani saca a sus mujeres del frío del último encuentro y el calor del primer amor.


De la riqueza de la pobreza y la pobreza del rico.

Y, del rojo, que es el color de la fuerza.
Y del negro que es el color de la vida.
Y del blanco que es el color de la muerte.
¿O era al revés?