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lunes, abril 22, 2013

La Dama De Hierro

Retrato oficial de Margaret Thatcher. Realizado por Helmut Newton.

Margaret Thatcher, la dama de hierro, falleció el ocho de abril de 2013 a los ochenta y siete años de edad. Probablemente una de las facetas más importantes de su personalidad sea la determinación. De familia humilde, y con acento cockney, la baronesa Thatcher se convirtió en una trendsetter. Ahí es nada. Además de, claro, una personalidad política de primera fila a la que muchos acusan de arrasar las clases medias del Reino Unido, de apoyar a genocidas como Pol Pot -al tiempo que clamaba por el fin del apartheid en Sudáfrica-, de tener el primer contacto con Gorvachov... Hay británicas muy famosas en el tema de la moda. Si uno echa la vista atrás: Ana Bolena fue conocida por su elegancia y su prima, Catalina Howard, por su afición por los vestidos y las joyas y la moda francesa. Aún más atrás, Leonor de Aquitania (aunque cuenta a medias por ser francesa) es un ejemplo destacado. Sin embargo, esto se refiere más bien a la moda francesa. Como el ejemplo de Diana Vreeland...

Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego, la reina Victoria, claro.

Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda, Anna Wintour, emperatriz de Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de Savile Row para Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.

Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a Dianala reina Isabel no vale (de Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y Wallis Simpson... bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de Alexa Chung aquí hoy, no-. Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el punk, es una de las diseñadoras con más talento a día de hoy.

Y la Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del MET trate sobre el punk -después del fiasco Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que Armas de mujer con la buena de Melanie Griffith y la mala de Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".

Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para Helmut Newton había algo más que "morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.

sábado, marzo 23, 2013

Liz Taylor Y La Moda


En los años sesenta -Marilyn mediante- y, especialmente, en los setenta, Liz Taylor era la mujer más famosa del mundo. Sobre todo por el tema de sus matrimonios y, especialmente, por su amor con Richard Burton. Por lo de las joyas, también. Para qué engañarse. Hace dos años que Elizabeth Taylor, que odiaba que se refiriesen a ella como "Liz", murió. Todos los periódicos desplegaron suplementos sobre sus ojos violeta que, poéticamente, encabezaron titulares como "ojos de gata". Liz Taylor era una mujer bella, muy bella. Objetivamente bella. Andy Warhol, en los libros que publicó sobre sus recuerdos, sus gustos y sus obsesiones -y no necesariamente en ese orden-, habla en varias ocasiones de Liz Taylor porque, es evidente, que Liz Taylor le obsesionaba. 


No sólo le dedicó una serie de fotos serigrafíadas, en mi opinión, más melancólicas y dulces que las expansivas y -falsamente- vitalistas de Marilyn Monroe, sino que habló de la impresión que le causó haberla conocido y de estar junto a ella. Una de las cosas que con más fuerza se señalan cuando se habla de Liz Taylor es que era bajita, muy bajita, y que, en comparación, su cabeza parecía muy grande. Siempre me ha parecido que esas frases eran un tanto desmitificadoras. Sin embargo, tras reflexionar un poco sobre ello, pienso que no es así. Que no es así en absoluto. Esas frases sólo explican bien el alcance de la belleza de Dame Elizabeth. Tanto Capote como Warhol demostraron -y escribieron- sobre su fascinación por el rostro de la Taylor. 


Pero Elizabeth Taylor era más que belleza y joyas. Tenía talento para la actuación, aunque le pasa un poco como a Greta Garbo, que su rostro es de tal belleza que se te olvida que es buena actriz. Y también tenía gusto, un gusto personal, por la moda. Eso precisamente es lo que Raf Simons ha recuperado para su colección de pret a porter de primavera verano de 2013 en Dior. Que, se inspira en el traje que llevó -de Dior- a los Oscars de 1961 en los que ganó el Oscar por Una mujer marcada. Pero no fue la única vez que la Taylor vistió de Dior. En Roma, en los sesenta, también lo hizo y el traje es, igualmente, una maravilla. Nadie se ha inspirado en él -aún- pero es una buena idea. Es un vestido muy actual y un poco extraño por su modernidad para ver en Liz Taylor: con el escote en V hasta un punto en el que uno se atraganta y con ese corto un tanto abombado. Sin embargo, está radiante. No creo que Liz Taylor tuviese un gusto impecable y elegante. Era, más bien, una mujer excesiva. Como sus joyas. Me gusta que pensase que le podían prestar un vestido pero no una joya, porque era demasiado personal. Capote dijo, tras la muerte de Marilyn, que el mundo era un poquito peor porque era "una criatura encantadora". La Taylor era la magia misma del encanto. Qué belleza. Qué mujer. Y dos años ya, querida mía.

viernes, agosto 31, 2012

Di





Diana, más conocida como Lady Di, murió hace quince años. En Francia. Para entonces, ya estaba desvinculada de la Casa Real inglesa pero era, con mucho, la mujer más famosa del mundo. Difícilmente se puede decir que Diana no fuese hermosa aunque, la verdad, es que sobre todo era atractiva. Diana oscilaba entre la fragilidad y la fortaleza, incluso en sus apariciones públicas. A veces tenía la mirada retraída, ensoñada, casi perdida y, en otras, la tenía alegre, chispeante y vital. Hay quien dice que Lady Di tenía un halo triste, pasivo y sumiso. Yo no lo creo.

Pese a lo que el mito de las amas de casa enamoradas de su figura haya codificado, Diana introdujo muchos cambios en la casa real inglesa al estilo de Jackie Kennedy en la Casa Blanca. Isabel II sufrió un shock cuando se encontró la fotografía de Diana con las joyas a la cabeza, al modo hindú. A Diana le gustaban mucho las joyas y era una princesa, de las de cuento. No tenía nada que ver con Kate Middleton. Nada. Para empezar, Lady Diana era hija de noble, es decir, tenía sangre noble en las venas. Pero, aparte de eso, tenía charme.

Tras el incidente de la frente enjoyada de Diana, Isabel II le cerró su joyero. Sin embargo, una de las cosas más interesantes de Diana, es que llevaba las joyas de forma interesante y original. Diana tuvo vestidos de todos los colores y estilos, más sexys conforme pasaba el tiempo, -fue la única bien vestida en el funeral de Versace- pero, salvo en los que eran del estilo 80s romanticones con volúmenes locos e imposibles, daba bien en cámara y reflejó bien la moda poderosa y un tanto hiperfemenina de los 80s -hasta un punto casi agresivo con aquellas hombreras-...

No creo que nadie piense en Diana en azul -pese a que fue el color que escogió en la pedida- porque su nombre ha quedado ligado a la historia en negro. En negro en el baile con Travolta en la Casa Blanca (que para mí es la eternidad de Diana), el negro con que se presentó en palacio como prometida de Carlos haciendo sonrojarse a todo el mundo (le reprendieron por ello), el negro ajustado que se apodó "jódete" tras su separación del príncipe Carlos y el negro del funeral de Versace. Sin embargo, a mí me gusta también Diana en azul. Con joyas originales o con un vestido lencero de Galliano.

Con Diana me pasa como con la Garbo, supongo que ella querría vivir, claro, pero no envejecer en público.

martes, julio 24, 2012

Pájaro De Metal





La aviación gusta. Los años 30 fueron muy glamourosos con el enfrentamiento Elsa Schiaparelli y Chanel, con los surrealistas y Madame Grés al quite. Poirot estaba olvidado. Worth estaba acabado. La década de los treinta fue chic. Tuvo su encanto. En el 37 Vogue sacó esta portada. Hoy es el 115 aniversario del nacimiento de Amelia Earhart. Jean Paul Gaultier cuando aún diseñaba para Hermés, se sacó de la manga una magnífica colección donde unía el cuero, el sexo, los 30s, aviadores, aires sado y elegancia. Mucha elegancia. Es que los 30 fueron muy pero que muy chics.

lunes, mayo 07, 2012

El Frágil Detalle De La Identidad





Es difícil catalogarme a mí misma como una gran fan de Sexo en Nueva York, no lo soy. Para empezar, creo que la serie ha hecho mucho daño a la sociedad con todo el jaleo de Vattimo, la postmodernidad y la estética sobre la ética. Nunca he identificado el concepto de liberalidad con promiscuidad aunque creo que la serie, extrema como todas las series -y el problema lo tiene el que no lo entienda así, es decir, como ficción, ficción, ficción- fue un hito no solo de las tendencias sino de la forma de tratar a la mujer en televisión. Carrie y sus amigas son cuatro estereotipos con patas pero la serie se deja ver y, en algunos momentos, es incluso genial. Sin embargo, en mi opinión, el problema de una estupenda serie que empezaba diciendo que "no desayunamos con diamantes" y que mostraba que las Cenicientas ya no existían salvo por su interés hacia los zapatos; es que al final Carrie se casa con Mr Big, se compra un apartamento de cinco millones de dólares y en su armario hay más dinero del que se gasta en pagar a una pequeña empresa editorial cada año, no digamos que a trasmano de cualquier periodista de a artículo por semana en un periódico -muy- mediocre. Además del hecho de que SJP se empezó a creer Carrie Bradshaw, una mujer sofisticada, cool y, sobre todo, despampanante. Y no. No.

La cosa, por tanto, está en que hasta los estereotipos tienen una identidad: la de los estereotipos. Así Samantha podía llevar lencería con perlas auténticas y manipular a medio Nueva York para lograr un Birkin de Hermés; Charlotte podía casarse de Vera Wang tras contratar a un estilista de bodas y adoptar a un niño vestida de Chanel; Miranda... bueno, la letrada podía pagarle un traje muy muy caro a su novio y Carrie, santo cielo, Carrie. Carrie puede trotar por la ciudad con Manolos, Jimmy Choos, Louboutins, ir a Vogue vestidita de Dior por Galliano, llevar camisas de Cavalli para reafirmarse, hacer que alguien deje a la divina Natacha de Ralph Lauren -venga Big, venga- por ella y desfilar para D&G además de otros muchos varios cientos de delicias más.

Sin embargo hay algo que acompaña a Carrie y que le caracteriza, temporada tras temporada, mucho más que todo el resto del trabajo de Patricia Fields y ese algo es su collar de Carrie. Una baratija que compró en un mercadillo pero que no se aparta de su cuello. La verdad es que Carrie no deja de ser una chica americana de la América profunda y bajo todo el pulimento que va adquiriendo a lo largo de la serie y de algunas divagaciones que tiene el personaje que no provocan, precisamente, que te caiga bien sino demostrar que es una mujer y ya está, con una vida que aunque guionada, no deja de no estarlo y por eso es tan significativa la cosa del collar. La identidad de Carrie pende de su cuello. Siempre. Más alla de Dior, Chanel, Versace y Gucci, la verdad es que Carrie es ese collar que es una corazonada más que un gusto adquirido.

Cuando la neoyorkina por excelencia en uno de los episodios últimos de la temporada final de la serie, cuando se va a París con el ruso, Carrie recibe un regalo: una nueva vida y a juego con ella un collar de diamantes cuyo brillo ciega -t-(sus) ojos. Sin embargo, en medio de la vorágine parisina, Carrie pierde su collar y vive los peores momentos de su vida -en la serie-. ¿Qué hace la Bradshaw en París, sin Big, sin Charlotte-Samantha-Miranda, sin empleo, sin hablar el idioma y con un hombre como el señor artista? Finalmente, Carrie recupera su collar. Claro. Y vuelve a Nueva York a desayunar con diamantes.

Porque, la verdad, es que sí que desayunamos con diamantes.

Lo que pasa en la cena, ya es otra cosa. Ana Bolena, reina consorte de Inglaterra tras casarse con Enrique VIII, perdió la cabeza. Pero eso sí, nunca su identidad. De hecho, siempre llevaba el collar que se puede ver en este cuadro de fines del XVI, copia de otro de la década de 1530 que se ha perdido. La B de Boleyn. O el Carrie de Carrie. Así son ellas.

viernes, marzo 23, 2012

El Amor


A Liz Taylor no le gustaba que le llamasen Liz pero se casó dos veces con Richard Burton así que quizá no podamos juzgar bien sus cosas. En la película sobre George Brummel, el primer dandi del mundo, le dice a la bellísima que no debe ponerse pendientes con semejantes ojos. Que no los necesita, que nos distraemos de ella.

Y tanto, Beau.

Ha pasado un año desde la muerte de Elizabeth pero no podemos olvidarla, y tampoco olvidamos lo hermosa que estaba cuando amaba. No necesitamos sus ojos, nos distraemos de ella.

jueves, enero 05, 2012

La Princesa de Éboli



Nunca me ha interesado demasiado la historia de la personalidad de la Princesa de Éboli, esposa de Ruy Gómez de Silva, el mejor amigo de Felipe II, fue tan hábil como su marido en medio de la jarana de las intrigas de la corte y a mi lo que me interesa es su belleza. De gran carácter, protagonizó algunos de los episodios más oscuros e intrigantes de la vida del misterioso Felipe II, exactamente el hombre del que María Tudor se enamoró viendo un cuadro de Tiziano. Su marido, más de veinte años mayor, fue el hábil cortesano discreto que el Barroco presagiaba que logró enterrar al III Duque de Alba en Italia y apoyó dos grandes fracasos: la guerra contra Inglaterra y el pacifismo en Flandes que ya se encargó a Alba de "solucionar". Y ella tuvo el carisma de ser considerada una de las damas más bellas de la corte española pese a haber perdido el ojo en un accidente de esgrima, aparte de otros episodios, claro.


Ahí está el quid de la cuestión, hay quien piensa que la princesa ni siquiera había perdido el ojo, que lo hacía para seducir -por los pocos datos que refieran su defecto y porque se transparenta su ojo mirando en la dirección correcta en el retrato-. Otros opinan que la bella con la que el poderoso "Rey" Gómez tuvo diez hijos había sufrido una caída de un caballo que le produjo una atrofia ocular.  Sea como fuese, que al caso nos da igual, a mí -como a Helmut Newton- todo esto me parece fascinante. De hecho, Newton confesaría que en muchas de sus fotos salían chicas con monóculos y que "una chica que trabajaba conmigo en el laboratorio de Yva, en 1936, llevaba monóculo... cosa que me volvía loco sexualmente... Un día cuando Paloma Picasso estaba en mi estudio, saqué un monóculo y le dije: 'De prisa, Paloma, póntelo en el ojo'. Y ella lo hizo y le tomé la foto".

Se sabe que el parche de Ana de Mendoza de la Cerda le permitía pestañear y que era de anacoste, un tipo de lana fresca y ligera de Normandía y que debía ser miope pues tenía una letra muy grande y usaba una plantilla con renglones para escribir. Al margen de todo esto, aquí la altiva dama era una enamorada del lujo y cuando a la muerte de su marido entró en el convento de las Carmelitas de Santa Teresa, la vida de la celda no era lo suyo y se mudó a una casa llena de criadas y repleta de joyas y vestidos por lo que la Santa hizo que toda la comunidad de religiosas la dejara sola y ella se encargó de tomarse su revancha. De vuelta a su palacio de Madrid, inició una relación íntima con Antonio Pérez y cayó en desgracia ante los ojos de Felipe II, del que se dice que fue su amante cuando estaba casado con Isabel de Valois, y él la encerró en su Palacio de Pastrana hasta su muerte.

Se dijo de ella que era la única mujer "capaz de entretejer alrededor del cuello de todo un rey, una soga hecha con pasiones que estuvo a punto de acabar con un gran imperio". Felipe II siempre la llamaba "la hembra" y otros la tildaban de "animal imperfecto" y si Ana Bolena fue el espejo de la moda de la corte de Enrique VIII, la princesa tuerta lo fue de la española. Una dama tan hermosa... eso es vivir con un defecto. Y convertirlo en una virtud. Cada vez me interesa más.

jueves, diciembre 22, 2011

Las Nuevas Princesas

Lara Stone por Testino para Vogue Uk diciembre 2010.

La navidad. Artificio. Sin embargo, Capote estaba completamete en lo cierto cuando dijo que alquien era auténtico por ser genuinamente falso y, claro, viceversa. Quiénes somos y quién queremos ser es la eterna dicotomía a la que se enfrentan nuestras aspiraciones y nuestras realidades. El quién somos y lo que realmente somos junto con la forma en que los demás nos descodifican es clave. Las monarquías son cosa del pasado pero las niñas siguen queriendo ser princesas. No sé, quizá tenga algo que ver con lo que opina Elie Saab de que representan el cúlmen de las aspiraciones o quizá sea algo atávico relacionado con Jung y el inconsciente colectivo o con Freud y una pulsión sexual sobre la virginidad y el deseo.

Lara Stone por Willy Vanderperre para Vogue China diciembre de 2010.

El deseo es un elemento fundamenal en nuestras vidas y, de hecho, quizá debiéramos plantearnos si el amor no existe para vender vestidos y el Nuevo Testamento para que hagamos regalos. En lo que se ha venido llamando Biblia de la Moda, lo saben bien. y, por eso, cuando llegan las fechas de delirio y espasmo navideño, de celebración burguesa y ancestral, apelan a lo que más nos gusta. Y no tiene nada de malo.

Vogue España enero 2012. Maryna Linchuck.

¿No es una meta loable convertir la vida en arte y el arte en belleza? Estoy harta y aburrida de la cantinela del qué significa. Nada. No significa nada. Somos seres compulsivos, nacemos y nos reproducimos hasta morir igual que uno de los virus que se instalan en nuestro cuerpo hasta matarnos, pero nosotros lo hacemos a gran escala en el planeta. Llevamos dándole vueltas a la cabeza sobre el significado de la vida, probablemente, desde que aparecimos en el Universo y, además, seguimos en igual situación. Somos unas fieras. Quizá con piel de cordero. Y por eso nos gustan tanto las princesas.

Editorial de Lara Stone por Testino para Vogue Uk diciembre 2010.

Parece que en Dior han acertado de pleno con sus tres iconos para 2012: Marilyn Monroe, Grace Kelly y Marlene Dietrich porque los caballeros sí que las prefieren rubias. Y no sólo  los caballeros. A las puertas del aniversario de la princesa de Mónaco, su chic, su boda, su estética y toda ella se convierten en tendencia. Eso es lo que Vogue jura. Sobre todo Vogue España que, en su número de enero de 2012, apuesta por las nuevas princesas de las tendencias con la rubia favorita de Hitchcock en el punto de mira.


Un cisne es el ideal de mujer que se lleva. De alta cuna y de baja cama. Elegante, grácil, serena, de hielo, con pedigrí, con clase -y clasista- y envuelta en tules como una flor. Dior, Balmain y Charles James convirtieron desde los 50s a la mujer en un objeto, en un bello maniquí de miles de pétalos que brillaba envuelto en el rocío de la mañana. Poderosamente sexualizada, la intimdiad se guardaba entre bustos armados, capas de tela y zapatitos diminutos. Aquel viejo cuento de cómo Cenicienta perdía su zapato a posta para volver loco al príncipe con su pie diminuto... El príncipe resultaba ser un ingenuo y Cenicienta, la pobre, una mujer fatal. Qué bonita historia sobre el fetichismo.


No hay nadie más royal que un burgués y eso somos nosotros: pequeñoburgueses. Nos encantan las bodas de los príncipes -sobre todo vistas en la televisión-, comprar Hola para diseccionar quién llevo qué y cómo y soñar, desde la intimidad de nuestras casas, con una existencia menos funcional y un tanto más absurda. Antes de que el siglo XX fuera convulsionado por la Gran Guerra, el XIX aún no había acabado y tampoco la hermosa confianza en el progreso. Y, en medio de toda la decadencia previa a la Primera Guerra Mundial había una noción deliciosa: la belleza.


Lo bello es un concepto tan pasado de moda como el honor y, probablemente, igual de pedante. Sin embargo, igual que en el trabajo de Lagerfeld para Chanel y el de Valentino e Yves Saint Laurent al final de su vida para sus respectivas marcas, la decadencia es hermosa. Algo debe tener el ser humano inmerso en su código genético que le hace volverse más y más romántico con los años. Quizás sea la mediatización o un componente biológico que se basa en el mero afán de conservación. Quién sabe. Lo que sí que sabemos es que de las chicas de los 80s con cazadora de cuero llena de tachuelas que se protegen como un erizo de cualquier agente externo, hemos pasado a las beldades frías, virginales, delicadas y deliciosas que viven como Mariantonietas de hoy (y que incluso puede que tengan su mismo final trágico).


Carine Roitfeld ha sido sustituida por Emmanuelle Alt al frente de Vogue París y aún apuesta por Bowie (Kate Moss es su portada de diciembre de 2011 con semejante "transfiguración" reptiloide) pero es la única. Bueno, siempre hay algún despistado más pero ya no queremos ser superwoman. Ahora queremos ser damas. Se acabó toda la cantinela de chico y chica y de todo lo strech, estamos en crisis, se venden más barras de labios y Dior ya nos devolvió la moral bajando las faldas y embutiéndonos en un corsé. Y lo que nos gustó...


El icono de la mujer de los 90 (y de hoy) -!cuánto daño!- es Sexo en Nueva York. En el primer capítulo Carrie mataba todos los tópicos de un golpe: sexo sin amor, vida corriente y glamour. Soltera sin aspiración de matrimonio y con un cuerpo para lucirlo. Nadie desauyuna con diamantes, dijo. La periodista, la abogada, la galerista y la representante eran el prototipo de todos los tipos de mujer y de sus aspiraciones: guapas, con éxito, trabajadoras y con problemas. Nada de malo. Al contrario. Sin embargo, será eso de que nos vamos haciendo ñoños con el paso del tiempo porque "mis" chicas -las chicas- pasaron a casarse, reproducirse, comprarse un ático en medio de Nueva York y comer perdices con el guapo millonario.


Va a ser que no desayunamos con diamantes pero que lo seguimos queriendo.
Y, de verdad, no hay nada de malo.
Solo hay que atreverse a ser una princesa.


miércoles, septiembre 14, 2011

La Femenina Frivolidad


Winterhalter pintó a Eugenia de Montijo, Emperatriz de los franceses, vestida del tono de sus ojos. Worth había hecho que un tintorero crease artificialmente el color exacto y la vistió con él a menudo. Hasta la llegada de la española, el buen gusto proverbial de los franceses había caído en el olvido. En Inglaterra, la reina Victoria era la que realmente mandaba y fue su estilo de vida el que se importó por todo el mundo. Sin embargo, sería coetánea de dos mujeres maravillosas: Sissi y Eugenia de Montijo. Claro está que mientras que Sissi era un espíritu libre, Eugenia era más bien un general. Y lo era en todo.

Lo fue hasta en el mundo de la moda y la frivolidad. La joven tenía los hombros caídos y consiguió que todas las mujeres de Francia llevasen escotes que produjesen ese efecto. Cuando estaba embarazada de su único hijo, no le gustaba su figura, por lo que Worth hizo que´la crinolina fuese completamente circular y tuvieron que ensanchar las puertas para que las damas pudieran pasar. Al margen de las pequeñas anécdotas relacionadas con la moda como por ejemplo que Worth -el muy tirano- le regalase a la Montijo un bolero para llevar con sus trajes que es la chaquetilla torera que llevaban los majos de España en época de Fernando VII, Eugenia reorganizó la corte imperial de arriba a abajo y fue la impulsora del Canal de Suez pero eso, al caso, no importa. Eugenia creó el diseño de la vajilla de Napoleón III, se rodeó de joyas imponentes que contribuyó a inventar -como un cinturón de diamantes articulado- y, además, siempre hizo que todo el mundo le diese tratamiento de emperatriz.

Ni que decir tiene que fue la principal valedora del enlace de la buena de Victoria Eugenia de Battenberg con el simpático Alfonso XIII y tampoco hay que dudar de que algunas de sus joyas siguen estando en España. No obstante, la Montijo tuvo muchos enemigos a lo largo de su vida. Aunque fue aclamada como emperatriz de los franceses y las mujeres la imitaban en todo lo que podian, fue severamente criticada por la excesiva dedicación que ponía en montar por ejemplo y también en mantenerse en forma -aunque tuvo una época en la que engordó mucho y se avejentó rápido tras todo el asunto de Suez y del más que evidente fin de su marido como emperador-. Compartía esa afición con Sissi por ejemplo. También compartia con la Emperatriz de Austria el hecho de que ambas se teñían el pelo ya que Eugenia era pelirroja. Además, Eugenia siempre había sido pobre.

Todo el mundo conoce la historia de las violetas que se ponía en el vestido porque hacían juego con sus ojos y porque -sobre todo- no tenía para joyas. Sin embargo, en el momento en el que los franceses la comenzaron a llamar "la española" le pasó como a la otrora reina de Francia que ella también había emulado para Winterhalter: la despidieron. Cuando a Mariantonieta la llamaron "la austríaca" y Madame Déficit -el que Napoleón III había creado, por ejemplo- no tardó mucho en ser largada a toda prisa del trono de Francia. A la Montijuela le pasó igual...

Además también era tildada de derrochona insufrible y de generala. Cuando Winterhalter pintó el dulce cuadro de Eugenia con sus damas de compañía vestidas a la última moda en medio de un escenario paradisíaco, la sociedad lo considéró frívolo. Hoy en día rezuma alegría de vivir -pese a que las mujeres iban metidas en esa espantosa jaula de pájaros- pero, en aquel momento, la apariencia fue un engaño.

Y, sin embargo, Eugenia pudo pasar a la historia con la misma dulce calma que en el cuadro... es posible que -aunque sus nervios no se lo permitieran- ahora esté haciendo algo similar... quizá convertida en violeta al borde de la costa vasca por ejemplo. Una del color exacto de sus ojos. Del mismo que el lazo de su vestido. Quizá aún charla con Sissi de sus problemas aunque, probablemente, simplemente se den un baño en el mar. Luego se pueden encontrar en una pintura de Winterhalter, en una en la que Sissi tenga estrellas en el pelo y en la que Eugenia tenga los ojos de un morado rabioso haciendo juego con su carácter irreductible. Bonito sueño, claro, pero bueno, quizás ya están en el paraíso... al menos, en esa hierba, parece muy cómoda. Es todo un consuelo Montijuela.

lunes, agosto 29, 2011

La Puerilidad


El fascinante mundo de la infancia, el erotismo y la femineidad es abordado en Vogue Italia, Agosto 2011 poniendo de relieve el tempo del ahora. Freud estaría bastante contento tanto por la erotización sexual de casi todos los contenidos como por el hecho de que todo queda en la familia, en casa como quien dice. Partiendo de la base de que las tendencias de hoy no son más que una regresión al pasado -y nadie puede negar que los 60s están a la vuelta de la esquina y que Mr y Mrs Bridge viven al otro lado de la valla blanca-, Bianca Balti ocupa el papel de madre desquiciada -ama de casa opulenta y desgraciada- con su querida hija pequeña.


Lo realmente perturbador es el cambio de papeles que llega inclusa a repugnar pese al lirismo que tienen las imágenes. La madre es hija y la hija es madre. En términos estrictos, podemos entender esta comparación en el marco de lo literal. En las escenas se suceden momentos absurdos de responsabilidad innata en los que la niña guía a la madre: peina su pelo, enciende su cigarro, la viste... Hay en todo algo falso, de pastiche, como de casa de muñecas. Y no sólo por la evidente erotización de la madre que queda a merced de una criatura asexuada y triste como es la niña -que vive a través de su madre sus fantasías- que enciende sus noches de soledad con una llama que debería encender un caballero, que la viste y la trata como si fuera una doncella y que incluso la lleva -literalmente- en coche hasta donde necesita.


Pero en mi opinión, lo fascinante de verdad no está en la puerilización de la edad adulta -chicos de 50 años (ja)- ni en la erotización de la infancia -que existe sin dudar lo más mínimo- y tampoco en la no menos evidente frustración de la criatura y desgracia de su madre sino en la atmósfera opresiva, artificiosa, antinatural que rezuma todo.


Y no es casual que esa artificiosidad nazca de una sola y poderosa cuestión al margen de los comportamientos psicológicos ya que al fin y al cabo es evidente que eres lo que vistes. Lo absurdo nace de la moda. El vestuario, el atrezzo, no son sino personificaciones de la psique de la persona. Bianca y su realidad no es sino la muñeca de su hija. Una Barbie morena vestida con la misma verosimilitud y actualidad que la muñeca rubia de Mattel. Y que, por cierto, se dedica a lo mismo: le pintan las uñas, le visten, le peinan, le leen antes de acostarse.


Como decía Valle Inclán con sus esperpentos y la realidad deformada por el espejo, lo que ocurre aquí es que estamos dentro de la caja de muñecas. Una caja de lo más glamourosa con zapatos de tacón, abrigos de Prada, helados de colores, fiestas de pijamas y de globos y... sin vida.


La esencia que más fuerte se respira es la de lo prefabricado. Como en gran parte de la moda actual que se basa en la simple aparatosidad que, engañosamente, esconde la reacción a lo que Yves Saint Laurent proclamaba: "nada más fácil que el escándalo, nada más díficil que confeccionar una chaqueta negra cada temporada". Todas las épocas tienen sus artificiosidades, sin duda, pero es muy revelador el ansia historicista de ésta.


También es revelador de la falta de tendencias y movimientos propias y, es casi dulcemente ingenuo, que hayamos vuelto a caer en los 60s androides donde la minifalda campaba a sus anchas con hippies con melenas, señoronas vestidas de Valentino, Chanel desde la tribuna del Elle francés dando golpes de efecto que la prensa vapuleaba, Yves Saint Laurent advirtiendo que la moda nacía y moría en la calle y Courreges o Rabanne revolucionando el mundo desde la perspectiva sideral. Se ve, en cambio, poco de la pausada belleza de Balenciaga, poco de las construcciones arquitectónicas de Dior, poco de la sencilla sexualidad de YSL y casi nada de la esencia de los grandes creadores que han sido desechados en busca de efectismo y giolpes rimbobantes de efecto... 


Como quien dice, no es una queja. Todas las épocas han tenido su tendencia y añoranza historicista desde el comienzo de la actualidad y pensar lo contrario es ingenuo. Tampoco vale la maldita nostalgia de los viejos tiempos y, salvando quizás la época y el reinado absurdo y divino de Chanel donde todo era excitantemente nuevo y descarado, y algo de la revolución posterior de tejidos y la democratización en la calle, apenas se puede ver entre la densa bruma de la historia de repetición y repetición. Y, sin embargo, no hay duda de que el terreno fértil es lo nuevo.


Como no hay duda de lo extraño que es todo este universo donde el hoy se parece más al ayer que el mañana y mamá es una Barbie chic a la que su hija ajusta el liguero...

domingo, julio 03, 2011

Grace


En el 56 se casó Grace Kelly. La princesa de Hollywood se convirtió en Princesa de Mónaco y aquello que dijeron de ella "si hay algo que sabe hacer es llevar un vestido", se convirtió en verdad. Grace Kelly para mí vive congelada en Atrapa a un ladrón, la verdad. Es la hija de un millonario, atraída por lo prohibido, que conduce como una loca por las carreteras de Mónaco, toma el sol y palpa la felicidad y la infelicidad al tiempo, es más inteligente de lo que parece y al tiempo es impulsiva y es una revolucionaria del corazón y una enamoradiza... maravillosa en medio de la elegancia, el cielo azul, el mar vibrante y Hitchcock, pollo y Cary Grant con quien, por cierto, siempre se besa y luego hay fuegos artificiales.


En Mónaco con Robbie -él Gato-, Grace le cuenta que "no lleva joyas porque no le gusta tener nada frío en la piel". Debía ser verdad porque Grace rechazó ser la esposa del Sha de Persia pese a que le regaló bellísimas joyas y a que tenían una relación pública. Cary Grant siempre dijo de ella que era una gran actriz y que lograba ser ella misma en pantalla, simplemente se interpretaba a sí misma que es cuando se ve la talla de un actor, según dicen -oigan-.


Para mí, la noche de bodas de Grace Kelly está en su villa de Mónaco. A punto de descubrir dónde está el pájaro enjaulado y dónde la libertad del pájaro que escoge libremente su jaula y, bueno, también está, como el ladrón de joyas, cazando marido o... lo que se tercie. Aunque, eso no quita que Grace Kelly tuvies casi una boda (con Oleg Cassini), una boda que la dejó "prácticamente casada" con Rainiero -la civil- y la boda religiosa con Rainiero. Probablemente, uno de los enlaces más famosos del mundo junto con el de Lady Di quien, por cierto, la conoció. A su enlace civil, Grace llevó un vestido confeccionado por la modista de la Metro, Helen Rose, en encaje rosa antiguo de Bruselas comprado a un museo europeo.


Precisamente era su educación prusiana completamente germana la que hizo de ella una musa para Hitchcock que la encontró turbadora, de fuego cuando parecía de hielo y completamente fascinante. Grace dijo que deseaba ser recordada como alguien "decente" aunque en su trayectoria personal contaba con diversos escándalos por su apasionada vida amorosa que fue descrita por Zsa Zsa Gabor (ésa que los Borbones se trajinaban sin saber que había que pasar por caja- como más intensa en un mes que la suya a lo largo de la vida. La bella Kelly leía Bazaar con James Stewart (no pudo ser Grace) pero hacía bromas fuera de guión con Grant, se enamoró de Holden, persiguió a Clark Gable, fue amante de John Kennedy (Jackie nunca se lo perdonó), de Khan antes de que se casara con la bella, bellísima y lo siguiente Rita Hayworth y de Tony Curtis, Gary Cooper o Bing Crosby. Justo antes del matrimonio con Rainiero, estuvo prometida con Oleg Cassini -naturalmente el diseñador de Jackie Kennedy, esa que tanto odiaba a Grace...- pero no resultó y... tras Rainiero... bueno, Grace siguíó cruzando a toda velocidad la carretera de Monaco.


Por culpa de un Grimaldi, el Príncipe Rainiero del siglo XVIII, que violó a una virgen eslava que se convirtió en bruja tras la agresión y maldijo a la familia a que "ningún Grimaldi tuviese un matrimonio feliz". Grace se iba a casar con Rainiero y pasaría de reina de las pantallas a princesa de Monaco por obra y gracia de Onassis -y Jackie vuelve a aparecer-. Y entonces Rainiero se consagró a sus amantes y Grace a Brando, a Sinatra -y Jackie vuelve a hacer su aparición- y al amor eterno con David Niven. Y Hitch, ese que dijo que el problema del siglo XX era que no torturaba lo bastante a las mujeres, que quería ser Cary Grant y que amaba desaforadamente a Grace, la definió como una dama siempre, salvo en el dormitorio.


Pero, al margen de todo eso que son avatares de la vida, lo que importa es que Grace fue una de las novias más bellas vistas nunca. El traje, regalo de la Metro, diseñado por Helen Rose e inspirado en el XIX americano partiendo de una idea de la diseñadora para "Alta Sociedad", en la que salía Grace. Grace Kelly se probó varias veces el vestido antes como si fuera un ensayo de vestuario. Hoy hace 55 años -19 de abril de 1956- de su boda y su vestido marcó un hito en el mundo de la moda nupcial: de hecho, Sarah Burton de McQueen ha creado este año para Kate Midlleton, señora esposa del hijo mayor de Diana de Gales, un diseño calcadito al de Grace. El trabajo de Burton, por cierto, se basa en ser más McQueen que McQueen y más Helen Rose que Helen Rose pero del sello SB no hemos visto aún nada.

Al margen de ello, el diseño fue confeccionado por 35 costureras. Se empaquetó en una caja de aluminio de más de dos metros de largo y se recubrió de algodones impregnados en perfume francés para que oliese como un estallido de flores. En ella también se incluyó el traje de la ceremonia civil, un devocionario, el velo y el negligé. Se elaboró en seis semanas y Grace sugirió que se le añadiera cola. Se confeccionó con 20 metros de tafetán de seda. El velo se elaboró con 90 metros de tul. Fue peinada por el estilista de la MGM, Sidney Guilaroff. Al enlace acudieron mil invitados. Hitch era el padrino. También fueron Cary Grant y Ava Gardner y la reina Victoria Eugenia de España preparó a la novia para ser aceptada en las casas reales, todo el mundo comentó que era la Kelly la que parecía la princesa y todas las monarquías hicieron boicot a la mujer que había ganado un Oscar en el 54. Toda la jarana se llamó la boda del siglo. Lo era, sin duda. 30 millones de personas la siguieron por televisión. Sin duda, la película de Grace Kelly más vista. De hecho, la Metro obtuvo los derechos de la filmación.

Lo trascendental de este vestido de película es que se cumple aquello que dijo Capote sobre Holly Golightly "es falsa" pero es "genuinamente auténtica". Grace parecía una virgen, una santa, una novia, una estrella, una Venus parada en la Costa Azul para siempre, preservada en el inconsciente colectivo, en el culto a la belleza, en la eternidad... Más de cincuenta años después, la historia del Príncipe Azul, del Desayuno con Diamantes y del "se casaron y comieron perdices" vuelve a la actualidad con el enlace de Charlene y el Príncipe Alberto de Mónaco, el hijo mayor de Grace.



Cumpliendo la tradición monegasca, la novia llegó antes que el novio a la catedral de San Patricio. Llevaba las tres enaguas adornadas con lazos azules, uno de sus colores favoritos, por cierto. Ayer y anteayer cuando Charlene Winstok y el Príncipe Alberto, hijo de Grace, se casaban, nadie se olvidó de la Kelly. Al fin y al cabo, una estrella es una estrella. Y siempre van primero. Para siempre.

miércoles, mayo 25, 2011

Una Boda Real


Hay hombres que son capaces de hacer todo por contentar, encontrar y amar a la mujer que desean.
Los ingleses conocen dos reales ejemplos: el de Ana Bolena y el de Wallis Simpson.


Por la primera, el rey Herny VIII dio su cielo, casi su reino, alianzas con otros países, el fin del catolicismo en Inglaterra, su hija Mary y las vidas de todo el que se opuso minímamente. Bueno, es verdad que le cortó la cabeza a Ana pero fue "a la francesa" que es más delicado (y pese a ser inocente).


Lo que no acabó tan mal, sino simplemente algo triste, algo extraño, algo ... delirantemente extravagante fue el romance de Wallis Simpson y chez David. Americana y divorciada y experta en artes amatorias cual Mata Hari destronó a un rey por su amor y vivió cubierta de joyas: él nunca se perdonó que no hubiese sido reina. No tengo que decirle que Aline Griffith, sí -esa señora muy elegante, con el pelo lleno de laca al más puro estilo cool y con un pasado como espía americana y el nombre en clave de "Butch"-, subasta sus joyas. Aunque es otra historia, entre ellas tiene un delirante reloj de brillantes de la señora Simpson con una fecha grabada por detrás que ella heredó de Wallis. La fecha es del 36, la boda fue más tarde. Aline dice "tuvieron relaciones íntimas antes de la boda, un escándalo en la época, él lo marcó para siempre en el reloj". Aparte de eso, la señora Simpson tenía el broche panter de Cartier, collares de esmeraldas y pulseras de rubíes y otro millar de joyas para acompañar a ese hombre elegante que llevaba trajes azul noche porque son los únicos que parecen negros.

Aunque no crean ustedes que el hombre solo vive de joyas, como diría la propia Wallis "yo no era hermosa así que me vestía mejor que todas las otras mujeres".

En Vogue se saben una anécdota genial de ella, para mejorar su imagen, hicieron un reportaje con ella en Vogue. En una de las escenas, lleva el vestido langosta del combo Schiaparelli-Dalí. Llovieron críticas. Sobre todo cuando Dalí aclaró el significado freudiano y sexual de la langosta. De todas formas, para mí Wallis Simpson ES Wallis Simpson con este vestido de Mainbocher. Y sí, cuando Sarah Burton acabe de fulminar el estilo-archivo-esencia de McQueen puede empezar a hacer lo mismo con la historia inglesa. Esperen, que eso ya lo ha hecho.Vive Dios. El vestido de la hermanísima Pippa Midlleton se inspira claramente en la modernidad de la línea I de Wallis Simpson. Bueno, otra vez será Sarah. Wallis desde luego está maravillosa.