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domingo, mayo 02, 2010

Delicadeza


En las piernas de una mujer está todo su mundo.
Los zapatos dicen tanto de una persona como callan.
Hay zapatos respetables, los purasangre de Ferragamo por ejemplo, y zapatos de escándalo como los de Vivier.
Hay zapatos que cuentan que son antiguos, otros que son nuevos, que son motivo de orgullo, que se tiene una preocupación, que llueve, que son regalo de un Narciso con un ego inmenso, queuno tiene algo de fetichista o que la preocupación máxima es que "los zapatos combinen con el bolso" -cosa que sólo preocupa a las chicas de sociedad-.
El empeine es empujado por los tacones hacia delante. Gritando sexo, pidiendo un avance o una incursión. Los zapatos rojos tienen algo de cardenalicio y de pecado como en la historia de aquella muchacha a la que el diablo obligaba cada noche a gastar las suelas de seis -sigh- zapatos de baile.
Y el corazón late deseando qué él se fije en los zapatos nuevos...
Que son tan importantes porque dicen tanto.
Ay.

viernes, abril 16, 2010

Juventud




Lo sé.
Primero llegaron ellas, luego ellos y luego ambos revueltos.
No paro de hablar del impulso motivador, del papel tan importante que tiene el sexo en la moda.


Por favor, Tom Ford vuelve en invierno.
El texano que ve logos en vello púbico y colinas con formas sinuosas de genital.
Una especie de Dalí a la americana, en traje y con musas de otro calado al de Gala y otra creatividad y otro ingenio.
El que inventó el porno chic, el lesbian chic, los carpetazos en látex y los latigos y las fustas entre los muslos.
El mismo de la colonia que huele a sudor y a sexo, a sábanas empapadas, a champagne, a cristales rotas y a labios rojos.


Aún así, bajo el epítome de "la moda no trata de la belleza interior" y desterrando el axioma de "la elegancia es un privilegio de la edad" uno acaba preguntándose si no sería cierto aquello que le dijeron a Dorian Gray sobre poseer lo único que importa en la vida: belleza y juventud.


Dilatadas conversaciones sobre la belleza y el arte de vivir pero pocas quizás sobre la juventud "esa enfermedad que cura el tiempo" y esa puta (que uno no sabe muy bien cómo aprovechar ni cómo hacer sonrojar) a la que sólo puede vengar la muerte.


Lara Stone en Vogue USA
parece reluciente del sudor que se regalan los amantes, centelleante por el sol tostado de quien acaba de amar en un pajar, una especie de Guardian entre el centeno de Salinger revolcándose como una cría -lo que es- entre hierbas y días -más- felices y tras marcarse una carrera para tomar el té con Mamá y Tía Agatá justo después de perder la virginidad e instalarse en su cara esa media sonrisa del que sabe, del que está con los otros iniciados pero ellos aún no saben que él lo es y mira con la superioridad del traidor que se sabe malo y alto al mismo tiempo porque su delito aún no es cometido.
Y lo que nos gusta el aire de misterio.
El ...
_¿Qué has hecho querida Lara?
_Correr por los prados del cielo...

sábado, marzo 20, 2010

Silueta


Contonearse. Este vestido me trae a la mente la silueta primitiva y al mismo tiempo femenina de esas que ya casi no se ven. El obligado tambaleo al que obligan los tacones. El puente exageradamente curvado, el pecho volcado hacia delante, la garganta sedienta de deseo y los ojos, los ojos astutos, seductores, dispuestos a tergiversar la realidad.
Para Poiret el vestidito negro era una cosa de telegrafistas ordinarias y mal alimentadas que creó Chanel en un ataque de furia contra sus orígenes. Para la moda, el vestidito negro se ha convertido en algo más que un icono o una tendencia, se ha convertido en su sello de identidad.
Con el tiempo uno piensa en que tan mal alimentadas pero no tan mal pagadas. Al menos, viendo los precios...

lunes, noviembre 23, 2009

domingo, noviembre 08, 2009

viernes, julio 10, 2009

lunes, junio 08, 2009

Sinceridad


De alguna forma la sinceridad es un reportaje de moda en el que la ropa es lo que menos cuenta porque, al fin y al cabo, ¿Chanel?, ¿Chloé? !Zara! De alguna forma, los paraísos vacacionales son más honestos cuando se olvidan de las piscinas excavadas en el mar y no se dedican a sacar a muchachas con vestidos de Oscar De La Renta de 5000$ con niños cubanos harapientos y felices.


Es más sincero cuando cuenta la vida desde otra perspectiva. Supermodelo abandonada en Cuba o playa con palmeras no sabe muy bien si ha perdido el tren o lo ha cogido porque la suya no es una estación con Ida y Vuelta.


Capitalista de plusvalía y alienación en el trabajo se encuentra de repente en paraíso tropical de esos que son cárcel y muralla de palmeras pero muralla.


Y no sabe si es felz o no lo es.


Y es que al final es la vida con un vestido blanco.


Y el resto es mirar por la ventana...

martes, junio 02, 2009

El Hiperrealismo


El hiperrealismo es una auténtica basura. Ahora mis niñas se dedican a ir vestidas con harapos, con camisas vaqueras desteñidas, con eye liner a lo Amy Winehouse, con leggigns rotos, con cazadoras vaqueras lavadas a la piedra, con ojeras, con los labios de color rojo...

Y uno piensa....
-sigh-

El realismo es una mierda. Yo quiero ver a damas con parasol.


domingo, noviembre 30, 2008

Un Emblema


¿Cuál es la diferencia entre una tienda y un emblema? Probablemente es algo parecido al símdrome que experimenta Holly Golightly cuando va a Tiffany. Un templo de salvación en el que todo es posible pero nada le es permitido. Ésa sensación es compartida cuando la gente entra a una tienda de lujo. Los dependientes son altivos, poco amables y, como en Gucci, se pelean por ser nombrados La Tienda Más Antipática Del Mundo (premio que se llevó Gucci en NY). ¿Por qué? Porque el lujo no es cercano y no es para todos. Porque el lujo es un mundo muy limitado. Yo no lo comparto en su totalidad el concepto de mala educación, el síndrome de la dependienta malvada -una muerta de hambre que se cree ideal por trabajar en Chanel cobrando menos que si trabajase de secretaria- es una cosa muy curiosa pero sí que comparto el que una tienda de lujo no debe ser una tienda, debe ser un emblema. Un templo.

martes, julio 29, 2008

Una Clave



No todo es tener ropa bonita, no todo es tener clase. En realidad, la clave es llevar lo adecuado al momento.

Sin marcas, o con ellas. Con estilo. Con cabeza. Con carácter.



lunes, junio 30, 2008

Alta Costura


Vuelve la Alta Costura, la magia de la moda. El arte. Vuelve el espectáculo. El reinado de la creatividad. La explosión de talento. ¿Una reminiscencia de tiempos pasados? Quizás. Pero también una demostración de la gloria de la moda. La grandeza de un arte.

domingo, junio 22, 2008

Verano


Ha llegado el verano. Han llegado las vacaciones, las colecciones crucero, los Hamptons, las toallas rizadas, los pañuelos marineros, las bromas de verano, los helados, las tardes en la terraza, las noches en la azotea bajo el manto de estrellas, la brisa marina, la Coca Cola muy fría, las sandalias, el look Safari, el olor a verano. Eso que no se puede comprar.

miércoles, mayo 21, 2008

El Monstruo. Manual De Cómo Vivir La “Moda”


Porque en Estados Unidos también hay. Porque en Estados Unidos, el territorio de Anna Wintour, de Vogue USA, de Ralph Lauren, de Tommy Hilfiger, de Donna Karan, de Carolina Herrera y de The Sartorialist también hay mujeres que se intentan hacer pasar por damas. Princesas de Manhattan las llaman aunque, como todo el mundo sabe, las princesas sólo lo son de Europa porque, ¿puede ser el príncipe verde -el dólar- el nuevo príncipe azul? Quizás sea una mala pregunta pero bueno. Estados Unidos tiene pequeñas y grandes burguesas que se quieren hacer pasar por princesas y, Europa tiene nobleza que solo ansía poder tener lo mismo que las burguesas. ¿Se intercambian las parejas (de príncipes) las damas de la Jet Set y las del Todo París? No. Pero no porque no las gustase o, apeteciese.


La cuestión es que en Estados Unidos si no te casas de Vera Wang, no eres nadie y si no tienes una casa en Park Avenue (de las que hay que tener el triple en efectivo -no en inmuebles o inversiones- del precio de compra y pasar un examen de los vecinos) y hueles a Chanel Nº5 y eres segunda esposa adherida a un collar de perlas, no eres nadie. Por eso, y por otras cosas, Vera Wanh saca su nueva fragancia: Vera Wang Bouquet para esa ultratribu urbana dedicada a todo y a nada. Dedicada al Prozac. ¿Cómo aliviar mi deseo de culpa por no cuidar a mis hijos y, mi culpa por no tener niñera que cuidarles siempre? Prozac. Creo que Prozac es mejor que Chanel. Sí, probablemente.

Quiero decir que marcas como Vera Wang hay una biblioteca entera y que, se dedican a lo mismo. Ropa bonita, sin pretensiones, para mujeres ricas con buen gusto que buscan estilo a buen precio -alto, se entiende- de una marca con renombre que sea contemporánea para entenderlas pero que comprenda lo que es el pasado y la elegancia perdida y no recuperada del tiempo perdido. Y ésa es la fórmula. Jersey de cachemire a modo de twin set en tonos pastel con una hebra de perlas al cuello, pantalones deportivos de Chanel y zapatos de seiscientos dólares. Ellas tienen un código de lenguaje personal a través de la ropa. Antes quizás tuvieran el mejor ojo rastreando un mercadillo, ahora tienen personal shopper y, aunque no cuidan de sus hijos, hacer caridad con los ajenos. ¡Qué tierno!


Las más ancianas -¿esto puedo decirlo o es una palabra vetada?- bueno, vale, la matriarca tiene la piel de detrás de las orejas tirante como un caimán y no puede exponerse al sol porque se ha pasado media vida pagando los excesos de cuando no tenía apellido (que valiese la pena, se entiende). Ella fue la dama del baile de debutantes, soñaba con coches de charol ingleses y cortinas venecianas en el salón y no se molesta en fingir que las clases sociales existen. A ver, ella tiene doncella que la viste; peluquera que la peina; camarera que la sirve; criada que la atiende; entrenador que la cuida; niñera que la sustituye; psicólogo que la alivia; masajista que la atecla; personal shopper que la compra; reunión a las cinco en el Salón de Té y ama de llaves. Ella es la mujer Vera Wang.


Sus iconos son Grace Kelly y Jacqueline Kennedy a partes iguales. A Grace Kelly la tiene envidia por ser actriz, estar con Cary Grant y, sobre todo, por ser princesa. A Jacqueline Kennedy por su estilo, su grandeza, su nobleza y su leyenda. Sabe de Chanel lo justo: talla cero (uno como máximo), invierno y verano en París para Alta Costura y Pret á Porter, Chanel Nº5 para dormir y para vivir y el 2.55 como emblema. Probablemente sea la persona que más sabe de moda del universo. ¿A quién le importa Chalayan, Vionnet, Fortuny o Poiret si ella puede vivir -literalmente- en Chanel?


Sí, necesita comprar Vogue cada mes para doblar las páginas que contienen prendas que va a adquirir. Necesita tener lo que a Anna Wintour le gusta llamar “sus imprescindibles”; “lo que no puedes no tener” o “¿Qué necesitas ésta temporada sí o sí?: Porque ella no dicta la moda, tampoco es que la siga pero, si hace algo es que la compra. No es que no la guste saber de moda, no es que no tenga un estilo personal es que ¿Por qué ser única cuando puedes ser de un grupo? O lo hace por desdicha y despecho o, es el ser humano elevado al cuadrado en humanidad. Como el sentimiento no es lo suyo, debe ser frivolidad.


Frivolidad de la buena, además. ¿Estás en su casa para robarla el marido, armario, servicio o hijos? Pero, por ése orden. Nunca entenderá porqué Versace es exquisito en su tremenda vulgaridad, porqué Balenciaga es -sencillamente- el maestro o porqué el 2.55 expira la leyenda, el mito, el monstruo, el icono de Chanel con cada pespunte. Jamás entenderá porqué Scott Schuman, porqué el neomodernismo y el postmodernismo o cual son las razones de la vuelta a los setenta, del retomar casas del olvido o de contratar jóvenes talentos que fenecen en un segundo y son intercambiables sin valorar el legado, la esencia del genio. Jamás lo entenderán pero, si algo hacen es desayunar en Tiffany, comer con Chanel, cenar con Valentino y acostarse con La Perla. ¿Quién sabe más de moda? Quien la vive.

domingo, abril 27, 2008

James Bond, Crónica De Un Hombre


Un Martini agitado, no mezclado es la bebida icónica que acompaña a ese hombre apoyado en la barra del bar del hotel de cinco estrellas donde los camareros van vestidos de negro impoluto y dónde el aire es tan puro que parece sonrojar al mar. Ligeramente apoyado en la barra controlando todos los puntos del bar y, al mismo tiempo, aparentemente relajado. A su lado, una copa. -¿Qué si no?- Se cruzan las miradas, él levanta ligeramente su copa y sonríe. Se acerca. Vuelve a la barra acompañado y señala con un delicado gesto al camarero otra. El camarero le interrumpe con un ¿Qué? ¿Martini con vodka? Y él matiza con un tono serio, casi cruel, pero contenido: “Dry Martini. Espere, tres partes de Gordon, una de Vodka, media medida de Kina Lillet bien agitado con hielo y una filigrana de limón. Dos, por favor.” Y, a partir de ese momento, se dedica enteramente a su dama.


Mira su reloj Omega Seamaster y sonríe a la dama. Lleva un sobrio smoking de corte perfecto que deja ver su planta impecable. Tiene un atractivo mágico e hipnótico que salvaguarda un secreto, quizás la orfandad, quizás un misterio. Y, es consciente de su atractivo. Es la magia de “Bond, James Bond.”. Él la mira embelesado como si no pudiese mirar a nadie más en el mundo pero, haciéndola saber, al mismo tiempo, que sólo es otra de una larga lista de nombres y que ahora es la mujer de sus sueños, a la mañana siguiente, será la de su realidad pero ¿A quién le importa?.


La conversación continúa. Sus armas de seducción son masculinas, elegantes, sofisticadas y, al mismo tiempo, muy naturales. Arruga la frente, acompaña su tono de voz con pequeños ademanes gestuales y levanta sus largas cejas para darse énfasis. No disimula su ego, y eso le encanta. Parece que cuando Bond sale a cenar, su mayor placer es sí mismo. Y quizás no sea falso. Ríe de forma masculina pero, al mismo tiempo, es simpático sin dejar de ser encantador. Todo un caballero. O, aún peor, nada caballero. El postre, vino espumoso y un helado ácido pero sobrio. Café turco no muy dulce y algo de alcohol pero muy moderado. Una copa más, quizás. Con mucho hielo pero no en vaso largo. Una sonrisa, un gesto y acompaña a su dama para abandonar el restaurante. Sube con ella por el ascensor, la agarra de la cintura como si fuera una joya y la mira anonadado pero, no demasiado encandilado.



Pulsa con decisión el botón que lleva a su suite en el mejor piso de todo el hotel, recorre el camino hasta la habitación con paso firme y saca de su cartera Swaine Adeney Briggs la tarjeta magnética que desvelará el interior de la suite. Deja pasar a la dama y cierra sigiloso y educado la puerta tras ella. Enciende la luz y la besa, un beso largo en el que entrecruza sus labios para sentir la respiración de ella al lado de la suya. Recorre con su elegante lengua su cuello y la besa detrás de las orejas apartando su cabello con la mano para luego estrecharla entre sus brazos y fundir su lengua con la de ella en un largo y apasionado beso que quizás dure un instante pero que ha hecho que el mundo se pare.


La coge entre sus brazos mientras avanza hacia la cama. Allí, al lado, hay más champagne en una cubitera helada y cubierta por una servilleta de hilo blanco en una prístina bandeja de plata con dos copas de cristal tallado esperando al suculento alcohol. La deja en la cama mientras deja que ella le desnude. Le quita el lazo negro de seda de su cuello y deja ver su camisa blanca de hilo de Turnbull & Asser. Le quita la chaqueta de color negro. Desabrocha los puños de la camisa que esconden los dos botones y le quita los gemelos que deja al lado de las copas de cristal heladas. Él la besa, se agacha para descalzarse de sus zapatos de cordones de John Lobb y la quita el tirante del vestido. Ella recoge su cabello con las manos mientras el va besando su espalda y la desabrocha por completo el vestido de satén. Los amantes pierden la identidad y se entregan a la eternidad bajo una luna flamante y con la noche por delante.


Cuando el sol brilla en el horizonte y pasa a través de las finas cortinas de seda color marfil que decoran la espectacular suite, James Bond despierta a su amante con un beso en los labios y vestido sólo con un albornoz blanco del hotel. Ella le estrecha entre sus brazos y él la besa. La señala el desayuno que está servido en la mesa del comedor y allí él la espera mientras lee el periódico. Cuando ella llega envuelta en otro albornoz de rizo, él comienza a degustar sus huevos revueltos. Estilo de vida. Y, sueños. Y moda. Y, ahora, todo eso por Tom Ford.

martes, abril 15, 2008

El Erotismo


Dicen que la moda sirve para muchas cosas. Una tarde de lluvia la moda puede convertirse en un suplicio, casi una tortura o convertirse en un placer si estás agazapado mirando Vogue, Sex And The City o Gossip Girl. También puede ser francamente divertida si es para salir un sábado por la noche al Village o para acudir a un pequeño cóctel con el pequeño vestido negro. Puede ser tremedamente cruel mostrándote los kilos de más, como diría Karl -ejem, ejem-, en un vil probador o ante el espejo tratando de enfundarte los vaqueros del 82. Puede ser dura cuando miras las fotos de años atrás o cuando miras tus fotos de ahora, queridos amigos las fotos son muy sinceras, o puede ser tremendamente alentadora para el banco y pecaminosa para una cuenta bancaria que no esté cuajada de ceros o que no goze de una más que buena salud porque puedes acabar como Karyn, sí aquella de www.savekaryn.con y de www.dontsavekaryn.com que era una rica empresaria que dilapidó los ingresos de una empresa para la que trabajaba en compras porque o Karyn compraba o trabajaba y, ya sabe Dios que la oficina no ocupa toda la vida...


La moda puede ser también una buena excusa para renovarte tanto en cuerpo como en mente y para ser aquella princesa que no pudiste ser o aquella diosa que tampoco. Porque no eres ni Afrodita ni Grace Kelly.... Pero como diría Viviane W o la deliciosa Mae West el ¿Te alegras por verme o llevas una pistola en el bolsillo? puede traspasar las fronteras de la moda. Tom Ford es el nuevo -viejo- exponente de ello con una vida dedicada al porno chic, al porn chic o al atractivo erótico del desnudo comercial y salvaje.


Si en Yves Saint Laurent una intrépida fragancia se convertía en un anuncio andante del onanismo, los tacones siempre han sido el símbolo femenino por excelencia. Un poco de carmín y un buen zapato basta como queda escrito en la retina visual de cualquier mujer y de cualquier hombre. Nuevos horizontes ya descubiertos por el fetichismo, genial fetichismo. Sólo eso y ella, la princesa, se escapa por su voluntad pero mucho después de sonar las doce...

domingo, marzo 16, 2008

La Elegancia Despreocupada


Cuando hablan del legado o la cualidad de la elegancia, hablan de una actitud. De una forma de resultar elegante luciendo un caftán a orillas del mar o un sofisticado traje de noche en un cóctel de la Embajada. Capacidad de mimetización, capacidad para impactar. Algunos dicen que la elegancia es que no recuerden qué llevabas tras la velada o que nadie se gire al verte pasar porque “quien ríe, tiene razón”. Personalmente, no lo comparto. La elegancia es, primero, una forma de vida y, segundo, algo que todos quieren admirar.

Elegante es destacar. Quedarse en la retina en una fiesta llena de gente, lucir el consumido Petite Robe Noire como nadie, amar a las firmas y adorar a las “otras” firmas, conocer, comentar y cotillear en el mundo suburbano. Ahora, creo que no podría hablar de alguien elegante que no fuera yo. Quizás sea presuntuoso pero aparte de, los realmente elegantes anónimos, no viene un rostro a mi mente. Sólo Grace Kelly, Audrey Hepburn, Catherine Hepburn o Marlene Dietrich, Wallis Simpson o Mona Bismarck pero nadie actual. ¿Por qué será? Quizás por esa afición a los estilistas, especialmente al fenómeno Rachel Zoe, o por esa pasión devota a una firma que se la ve venir a la estrella, de turno y que no es estrella, carcomida vestida de Chanel o de Dior buscando una campaña, un resort, un anuncio o un mural cargado de logos en el que posar.

Es un fenómeno el de la elegancia que no se puede definir. Como mucho, ilustrar.

viernes, marzo 07, 2008

La Top Model


Claudia es una mujer, una top, una modelo. Quizás la única. Pero lo que más me gusta de ella es cuando era joven, cuando parecía una marquesa joven vestida de Chanel, cuando era una niña que se escapaba con su amante cubierta de oro Chanel y de trajes de chaqueta, cuando era una joven rebelde y tiránica al mismo tiempo, su porte regio, su genialidad.