Mostrando entradas con la etiqueta Coco Rocha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Coco Rocha. Mostrar todas las entradas

lunes, mayo 09, 2011

Los Guantes Azules


O el estrambótico Meisel... presentan un raro número de bañadores en blanco y negro, con una sex symbol de pelo gris, lejos de playas y en una habitación que roza el límite entre el Huerto cerrado y lo profanamente pervertido y vaciado. Pero no es sólo eso. No es sólo que sonrisas no haya, ni chicas facilonas, ni parte del unvierso mental de Terry Richardson, ni planos a lo Vogue USA con ¿Penélope Cruz? o Carmen Kaas con un bañador rojo y el sol de cara cortando la respiración con la cadera haciendo de línea del horizonte. No. La cuestión son los guantes azules.


A Meisel ya le conquistaron. En realidad, son más o menos las dos caras de la misma moneda. Como aquellos clochards que Galliano diseñaba cuando la prensa era crítica pero aún no mezquina con él y a lo que su protector, Arnault, tronaba un "es que no le entienden" y él, todo tímido y sin ser una rubia impresionante aún, decía entre sonrisillas "son lo más bonito que he hecho, darling". Años después, los guantes vuelven a aparecer. Si ahora no es un mendigo, sí que tiene algo del morbo de aquellas fulanas que Versace miraba en su infancia.


También de las que miraba Helmut Newton. Que creía que las prostitutas tienen un sentido innato para vestirse anunciando sus especialidades, como si la moda fuese un preludio del sexo previo pago y todo lo que no es desnudez, fuese un entrante para "abrir boca": A Newton le gustaba la que se vestía de novia y otra que tenía monóculo pero cuando las quería fotografiar, no le dejaban. Eran chicas de pueblo y no querían que su familia lo supiese. Eso sí, no pasaba nada porque en la vida secreta fuesen prostitutas. Una bonita moral...


Similar a aquella de la historia de "cogí a una puta de a dos francos y la llevé al Louvre conmigo. En cuanto vio las viejas estatuas desnudas, se sonrojaba y se tapaba la cara con las manos y decía "ay, vámonos, vámonos que esto es pecado, que están desnudas, venga, yo me voy". Aquí, la Kristen que Meisel retrata tiene menos escrúpulos físicos y más escrúpulos psicológicos.


El reportaje ahonda en el morbo. Todas las señoras de bien sufren una fascinación por las putas, como Escarla O Hara sabía bien. Como la Belle de Jour vestidita de Yves Saint Laurent en plena anti represión burguesa también sabía. Aquí no se trata solo del aspecto más carnal, más desangrado, más explícito, sino de la soledad, de la melancolía, del sosiego que llega tras la acción, del pesimismo y la carga del alma condenada.


Hay un poquito de Zurbarán. Yo también veo la calavera y la muerte que se desea pronto.


Aunque claro, si vives porque no mueres, vives.

sábado, enero 27, 2007

Simplemente Costura…



Karl Lagerfeld y yo, tenemos una relación de amor-odio. Y, en esta colección, no va a haber excepciones. Lagerfeld, desde que perdió cuarenta kilos para caber en la ropa de Hedi Slimane para Dior, se ha convertido en una sombra de lo que era. Actualmente es un dandi ubertecnológico con cuellos rígidos, siempre de negro o de blanco, mitones y anillos en cada dedo y botines puntiagudos que lleva veinticinco años reinterpretando los éxitos de Chanel y los que él mismo ha diseñado bajo su propia mano. Sin embargo, aunque su talento es indiscutible y la creatividad aparece en todos sus desfiles no por ello deja de tener sus puntos débiles. Lagerfeld es uno de los grandes de la moda y eso es un hecho que no se puede discutir, es un punto y final. Sin embargo, sus últimas colecciones no dejan de ser interrogantes a discutir. Para el verano de 2007, su colección de Alta Costura para Chanel es deliciosa. Medias de piel de gato, tweed rosa, antifaces ligeros que velan la mirada, mitones como los que el propio Lagerfeld lleva y lazos, muchos lazos.


Para la mañana, Lagerfeld propone un look de niña buena en el que se centra en el conjunto que ideó para los aos 80s: una americana larga, medias para piernas interminables y blusas con lazos que hacen que las chicas parezcan regalos. El verano de Lagerfeld no es mediterráneo sino norteño, no hay calor y, todas las veleidades, se concentran en las máscaras de Maria Antonieta de Sofia Coppola que llevan las modelos. El negro ha sido el tema fundamental de la colección aunque combinado con otros colores. Los zapatos han sido deliciosos: bajos, femeninos y chics.


La colección se inspira a medio camino en las flappers de los años 20s que bailaban alocadas con sus vestidos cortos que enseñaban las rodillas -casi, casi- y, por otro lado, en los años 80s del Chanel que Lagerfeld diseñó para sus mujerones poderosas y para las esposas de. Lagerfeld ha hilvanado en esta colección un universo mágico de brillantina, champagne y despreocupación que encaja a medias con el hálito añejo ya de la Belle Époque y con el ir y venir frenético de los locos Años Veinte. Idea nuevas líneas para la noche con volúmenes que abarcan desde el vestido tubo hasta el corte casi victoriano pero con un aire tecnológico y tremendamente actual de los pases del final. Lagerfeld intercala con sabiduría las diferentes épocas de la moda: la recta del inicio del XX con su continuación desenfrenada de los 20s, el volumen del inicio de la época victoriana y el chic de los años 30s con todo su glamour.


Lo interesante de la colección es cómo, en medio de la sencillez de conceptos que maneja y del dualismo blanco y negro, aparecen piezas sacadas, directamente, de las tendencias más actuales de hoy: el leopardo, por ejemplo. Desde hace dos temporadas el estampado es un uso y un abuso, en Chanel no es el leopardo irreverente de Prada sino tan elegante como cuando Madame Bricard trabajaba en Dior. En algunos momentos de la colección ha flotado todo el tiempo un aire Versallesco aunque no preciosista ni arqueológico sino más bien de libre reinterpretación. Lo interesante es cómo rompe Lagerfeld el lenguaje al que tiene habituado al público en Chanel: las perlas, el tweed, lo acolchado y el bicolor que vuelven aparecer pero en una vuelta de tuerca. 



La primera parte del desfile parecía mirar para conquistar al público joven a Chanel. Es cierto eso de que antes había que ser lo suficientemente mayor y ahora lo suficientemente joven. Sin embargo, la segunda parte es la realmente interesante con diseños para la noche que son más que un simple ejercicio de virtuosismo y que hacen que la colección sea de ensueño, como las prendas de noche que se veían en los años dorados de Hollywood. 



A diferencia de la colección de pret a porter para el verano de 2007, la Alta Costura abandona a las jovencitas en short y en micromini que se pasean por la Costa Azul francesa y que pueden confundirse con masajistas con semejante uso y abuso del hit parade Paris Hiltoniano (enormes gafas de sol, cadenas, bañadores, camiseros blancos y minivestidos negros) y se decanta por las señoras de verdad, por las grandes mujeres, por las damas casi reales. 



A Chanel no le gustaba diseñar vestidos de novia, que generalmente eran el cierre de una colección de pasarela, porque los veía aparatosos. No se puede decir que le pase lo mismo a Lagerfeld pero se puede tolerar y aplaudir su desvío de los códigos de la casa porque, generalmente, sus novias van blancas, felices y radiantes. En este caso, Freja Beha vestida de blanco no es una excepción pues muestra el virtuosismo técnico de la Alta Costura con un diseño opulento que es la quintaesencia del lujo. La tendencia, sin duda alguna, son los años 20s. Una costura moderada pero realmente lujosa, es decir, el lujo real.