Mostrando entradas con la etiqueta Naomi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Naomi. Mostrar todas las entradas

martes, diciembre 03, 2013

Viva Mexico, Viva Vogue










Naomi Campbell es una de las tops que menos tiempo ha ocupado mi pensamiento. Y eso que era negra, escultural y con un atractivo físico poderoso. Naomi  tenía garra en la pasarela y en las fotos. Sin embargo, este editorial, fotografiado por Ellen von Umwerth, para Vogue USA en su edición de marzo de 1998, acompañada de Tony Ward y ubicado en México, me encanta y me parece un retrato perfecto de lo que siempre ha representado Vogue para mí, de lo que hecho de menos en Vogue y también de esos tiempos, de los que la propia Grace Coddington habla con nostalgia en sus memorias, en los que la moda era lo fundamental.

Ahora, la edición de Vogue USA se basa tanto en sus patrocinadores, en las estrellas de Hollywood y nuevas promesas de Anna Wintour y en meter cientos de páginas de publicidad, que la moda queda un tanto en suspenso. Hubo una época en la que los anunciantes de Vogue estaban desesperados porque sólo salían entre sus páginas cuando pagaban ellos mismos la publicidad y, ni esa ayuda al mantenimiento de la revista, les daba acceso a ser tratados como marca en sus páginas y en sus fotos. Anna Wintour acabó con eso de una forma más o menos radical, aunque sigue habiendo piques y resquemores (como el de Armani de hace no tanto en realidad), pero también hizo aparecer de la nada un tipo de revista muy distinto al anterior Vogue que Condé Nast nos tenía acostumbrados.

Es verdad que Anna Wintour no ha hecho sino seguir el ritmo de los tiempos además de crear tendencia desde su publicación y no es que yo sea especialmente dada a criticar a la Wintour porque, como dijo Hearst, si una persona lanza un periódico y no gana dinero, es que es idiota (dejo a su imaginación que decida qué somos entonces los bloggers). Sin embargo, también es verdad que la globalización y el aumento del nivel de vida y la extensión de las clases medias tras la II Guerra Mundial y, especialmente, tras la caída del muro de Berlín, e incluso, tras el atentado contra las torres gemelas de Nueva York, hacen que sea imposible pensar en un Vogue -más- elitista, -más- minoritario y/o -más- especializado que el que se hace ahora. Vogue ya no es el territorio de Diana Vreeland o incluso de Grace Mirabella porque los tiempos han cambiado, los negocios han cambiado y nosotros, los potenciales clientes de la revista, hemos cambiado.

Sin embargo, es curioso revisar números antiguos de Vogue y ver lo poco y lo mucho que, efectivamente, hemos cambiado. Este editorial podría ser actual, podría estar en el número de marzo de 2014, e incluso podría llevar prendas de pasarela. Es verdad que hay un no se qué que al ojo entrenado le lleva irremediablemente a finales de los noventa (Naomi, Tony Ward, von Unwerth, México, la ausencia de fondos blancos y de ese retoque digital tan cacareado... y la ropa, claro) pero qué maravilla, qué maravilla... Los noventa quizá fueron una época en la que la moda a pie de calle fue un tanto a la deriva pero, en las revistas, rondando el principio de siglo XXI, muchas cosas molaban. Y esta, es una. 

viernes, octubre 25, 2013

Bazaar, Las Portadas









 




























Las portadas de Harper´s Bazaar, siempre en competición con Vogue para ser la cabecera insignia de la moda, a menudo pasan desapercibidas. Sin embargo, tienen portadas que me impresionan, también y no sólo. Hay portadas de Bazaar míticas, quizá tienen ese punto menos transgresor que Vogue que siempre han sido un poco más grotescas y dementes ("insane"), pero la imagen actual de Bazaar es sumamente convencional. Yo estoy muy de acuerdo con el sopor general que provocan las portadas protagonizadas en serie por actrices en promoción ese mes de Vogue USA, dirigidas por Anna Wintour y preferentemente fotografiadas por Testino, pero aún más sopor me provoca el Bazaar americano que es como de muñecas recortables: señorita en primer plano o de cuerpo entero sobre fondo blanco con vestidos extraños, tocados extraños y tal.

Es verdad, sin embargo, que las portadas de Bazaar España son fabulosas en general (pese a esos titulares, que son de locura. Eso sí que es insane) y que hubo un tiempo, inmediatamente posterior al lanzamiento de Bazaar en España, que Vogue España se puso las pilas y subió el nivel de sus portadas para ganar el duelo (porque el de titulares nunca está a la altura, eso es así). 

Pero al margen de estas cosas de la contemporaneidad, las portadas de Harper´s Bazaar hay un archivo fotográfico fabuloso. Está Diana, vestida de Versace y fabulosa con el pelo para atrás -fotografiada por el inefable Testino-, Madonna, Uma Thurman y Nadja Auermann con primerísimos primeros planos imposibles, Linda Evangelista que tiene las mejores portadas de su trayectoria (sobre todo la del encaje negro y en la que se ven sus maravillosos ojos azules y ella todo de amarillo, como quinceañera mexicana o reina del baile del instituto envuelta en un pastel -que es mi portada favorita de Harper´s Bazaar-), la Schiffer fabulosa, pero también Steve McQueen -en una portada fabulosa- y sobre todo Lauren Bacall en la portada que llevó a Slim Keith, señora de Howard Hughes, a hacerla actriz de cine. Portadas sin ton ni son, también, pero qué portadas. Qué maravilla.

lunes, octubre 21, 2013

Portadas Que Impresionan Sin Ton Ni Son

































Lo interesante de Vogue es que trata de la belleza pero, en muchas ocasiones, también de la fealdad e, incluso, de lo relacionado con el adjetivo inglés "insane". Es difícil traducir el concepto "insane" en español, sería algo como "demente" pero en realidad no se trata de eso. Yo creo que es más bien algo o alguien "sin juicio" o, parafraseando las malas traducciones de Jane Austen, sin sentido ni sensibilidad. Hay mucha belleza, muchas chicas guapas, mucha ropa bonita, mucho estilo y mucho glamour entre las páginas de Vogue pero también hay algo que hace que Vogue sea la Biblia de la moda y que revistas como Harper´s Bazaar, Elle o el equivalente local (Marie Claire, Telva y demás) y es la fantasía, eso que Grace Coddington tanto hecha de menos hoy en Vogue (y eso hace que sus editoriales sean los mejores, claro). Vogue son chicas y aviones, modelos con plumas de maribú, un toque grunge, un toque punk, un toque hortera, locas de los gatos, mujeres engañadas, maniquíes que parecen humanos, ilustraciones extrañas, glamoamazonas, dominatrix, sirenas en el agua, porno de los 70 y ligueros, abrigos de piel de 100.000$, la Loren y cosas como las Amish de Meisel. Y eso, y no las cosas de pasarela y el auge y caída de las modelos (o de las estrellas de cine) son lo que en el libro se bautizó "Beauty in Vogue". Una belleza peculiar.