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lunes, abril 22, 2013

La Dama De Hierro

Retrato oficial de Margaret Thatcher. Realizado por Helmut Newton.

Margaret Thatcher, la dama de hierro, falleció el ocho de abril de 2013 a los ochenta y siete años de edad. Probablemente una de las facetas más importantes de su personalidad sea la determinación. De familia humilde, y con acento cockney, la baronesa Thatcher se convirtió en una trendsetter. Ahí es nada. Además de, claro, una personalidad política de primera fila a la que muchos acusan de arrasar las clases medias del Reino Unido, de apoyar a genocidas como Pol Pot -al tiempo que clamaba por el fin del apartheid en Sudáfrica-, de tener el primer contacto con Gorvachov... Hay británicas muy famosas en el tema de la moda. Si uno echa la vista atrás: Ana Bolena fue conocida por su elegancia y su prima, Catalina Howard, por su afición por los vestidos y las joyas y la moda francesa. Aún más atrás, Leonor de Aquitania (aunque cuenta a medias por ser francesa) es un ejemplo destacado. Sin embargo, esto se refiere más bien a la moda francesa. Como el ejemplo de Diana Vreeland...

Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego, la reina Victoria, claro.

Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda, Anna Wintour, emperatriz de Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de Savile Row para Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.

Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a Dianala reina Isabel no vale (de Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y Wallis Simpson... bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de Alexa Chung aquí hoy, no-. Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el punk, es una de las diseñadoras con más talento a día de hoy.

Y la Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del MET trate sobre el punk -después del fiasco Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que Armas de mujer con la buena de Melanie Griffith y la mala de Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".

Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para Helmut Newton había algo más que "morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.

viernes, agosto 31, 2012

Di





Diana, más conocida como Lady Di, murió hace quince años. En Francia. Para entonces, ya estaba desvinculada de la Casa Real inglesa pero era, con mucho, la mujer más famosa del mundo. Difícilmente se puede decir que Diana no fuese hermosa aunque, la verdad, es que sobre todo era atractiva. Diana oscilaba entre la fragilidad y la fortaleza, incluso en sus apariciones públicas. A veces tenía la mirada retraída, ensoñada, casi perdida y, en otras, la tenía alegre, chispeante y vital. Hay quien dice que Lady Di tenía un halo triste, pasivo y sumiso. Yo no lo creo.

Pese a lo que el mito de las amas de casa enamoradas de su figura haya codificado, Diana introdujo muchos cambios en la casa real inglesa al estilo de Jackie Kennedy en la Casa Blanca. Isabel II sufrió un shock cuando se encontró la fotografía de Diana con las joyas a la cabeza, al modo hindú. A Diana le gustaban mucho las joyas y era una princesa, de las de cuento. No tenía nada que ver con Kate Middleton. Nada. Para empezar, Lady Diana era hija de noble, es decir, tenía sangre noble en las venas. Pero, aparte de eso, tenía charme.

Tras el incidente de la frente enjoyada de Diana, Isabel II le cerró su joyero. Sin embargo, una de las cosas más interesantes de Diana, es que llevaba las joyas de forma interesante y original. Diana tuvo vestidos de todos los colores y estilos, más sexys conforme pasaba el tiempo, -fue la única bien vestida en el funeral de Versace- pero, salvo en los que eran del estilo 80s romanticones con volúmenes locos e imposibles, daba bien en cámara y reflejó bien la moda poderosa y un tanto hiperfemenina de los 80s -hasta un punto casi agresivo con aquellas hombreras-...

No creo que nadie piense en Diana en azul -pese a que fue el color que escogió en la pedida- porque su nombre ha quedado ligado a la historia en negro. En negro en el baile con Travolta en la Casa Blanca (que para mí es la eternidad de Diana), el negro con que se presentó en palacio como prometida de Carlos haciendo sonrojarse a todo el mundo (le reprendieron por ello), el negro ajustado que se apodó "jódete" tras su separación del príncipe Carlos y el negro del funeral de Versace. Sin embargo, a mí me gusta también Diana en azul. Con joyas originales o con un vestido lencero de Galliano.

Con Diana me pasa como con la Garbo, supongo que ella querría vivir, claro, pero no envejecer en público.

lunes, mayo 14, 2012

Alcohol Y Belleza



Ayer estuve hablando yo del incombustible Churchill del que, por lo visto, todos mis amigos son fans. En mi caso, no se puede decir que lo sea a pies juntillas, sino que más bien es una admiración a distancia, fruto de la recomendación de uno de sus devotos. En todo caso, el ganador del Nobel de literatura, hijo de Jenny Jerome y amigo de la imbatible Consuelo Marlborough (a la que dibujo Cecil Beaton) -y familiar de aquel famoso Mambrú que se fue a la guerra-, me ha hecho recordar un episodio bastante olvidado en lo que a su persona se refiere. Churchill, que ha quedado para la historia en su sempieterna pose de "la victoria" y con su puro en la boca, era todo un dandi. Bueno, no hay más que mirar su estupenda pajarita de lunares. Es curiosa la cantidad de dandis gordos que ha dado Inglaterra, empezando por Jorge IV y acabando por el señor Churchill, quizá. La cuestión aquí es que el caballero de las citas fáciles y baratas -qué cultos somos todos, madre- recibió un día una dura noticia: Bessie Braddock informó que, el caballero que no perdió la II Guerra Mundial, estaba borracho como una cuba. Churchill -cómo no- se lo tomó mal y le soltó de sopetón un "señora, usted es fea, y yo mañana estaré sobrio".


De repente me he acordado de lo mucho que sacamos las cosas de quicio. Churchill, que no era precisamente Adonis -aunque fuese otras muchas cosas- se quedó más ancho que largo y luego ganó, con el poder de su pluma -y sangre, sudor, !esfuerzo! y lágrimas-, el Nobel. Sin embargo, poco después, John Galliano,  también más borracho que una cuba, le soltó en un bar de París a una pareja "tú eres fea y tu bolso también" y en Dior le desearon mucha suerte en sus próximos proyectos. Galliano se había despacho antes con unos cuantos exabruptos contra los judíos y con unas palabras sobre lo estupendo que era Hitler. La verdad es que a Churchill tampoco le pareció tan mal Hitler al principio, sobre todo porque consideraba que "todo el que es socialista pasados los 18 años no tiene cabeza" -y si no lo es a los 18, no tiene corazón-. Pero bueno, no es ése el tema. Churchill dijo que todo el mundo que le critaba "a sus espaldas", se encontraba con su "culo". Galliano está criando las mismas malvas que Churchill pero, démosle tiempo, Churchill también perdió las elecciones tras ganar la II Guerra Mundial y, luego, mucho después, volvió a ganarlas. Aquí, lo que cuenta, es el segundo tiempo.

lunes, mayo 07, 2012

El Frágil Detalle De La Identidad





Es difícil catalogarme a mí misma como una gran fan de Sexo en Nueva York, no lo soy. Para empezar, creo que la serie ha hecho mucho daño a la sociedad con todo el jaleo de Vattimo, la postmodernidad y la estética sobre la ética. Nunca he identificado el concepto de liberalidad con promiscuidad aunque creo que la serie, extrema como todas las series -y el problema lo tiene el que no lo entienda así, es decir, como ficción, ficción, ficción- fue un hito no solo de las tendencias sino de la forma de tratar a la mujer en televisión. Carrie y sus amigas son cuatro estereotipos con patas pero la serie se deja ver y, en algunos momentos, es incluso genial. Sin embargo, en mi opinión, el problema de una estupenda serie que empezaba diciendo que "no desayunamos con diamantes" y que mostraba que las Cenicientas ya no existían salvo por su interés hacia los zapatos; es que al final Carrie se casa con Mr Big, se compra un apartamento de cinco millones de dólares y en su armario hay más dinero del que se gasta en pagar a una pequeña empresa editorial cada año, no digamos que a trasmano de cualquier periodista de a artículo por semana en un periódico -muy- mediocre. Además del hecho de que SJP se empezó a creer Carrie Bradshaw, una mujer sofisticada, cool y, sobre todo, despampanante. Y no. No.

La cosa, por tanto, está en que hasta los estereotipos tienen una identidad: la de los estereotipos. Así Samantha podía llevar lencería con perlas auténticas y manipular a medio Nueva York para lograr un Birkin de Hermés; Charlotte podía casarse de Vera Wang tras contratar a un estilista de bodas y adoptar a un niño vestida de Chanel; Miranda... bueno, la letrada podía pagarle un traje muy muy caro a su novio y Carrie, santo cielo, Carrie. Carrie puede trotar por la ciudad con Manolos, Jimmy Choos, Louboutins, ir a Vogue vestidita de Dior por Galliano, llevar camisas de Cavalli para reafirmarse, hacer que alguien deje a la divina Natacha de Ralph Lauren -venga Big, venga- por ella y desfilar para D&G además de otros muchos varios cientos de delicias más.

Sin embargo hay algo que acompaña a Carrie y que le caracteriza, temporada tras temporada, mucho más que todo el resto del trabajo de Patricia Fields y ese algo es su collar de Carrie. Una baratija que compró en un mercadillo pero que no se aparta de su cuello. La verdad es que Carrie no deja de ser una chica americana de la América profunda y bajo todo el pulimento que va adquiriendo a lo largo de la serie y de algunas divagaciones que tiene el personaje que no provocan, precisamente, que te caiga bien sino demostrar que es una mujer y ya está, con una vida que aunque guionada, no deja de no estarlo y por eso es tan significativa la cosa del collar. La identidad de Carrie pende de su cuello. Siempre. Más alla de Dior, Chanel, Versace y Gucci, la verdad es que Carrie es ese collar que es una corazonada más que un gusto adquirido.

Cuando la neoyorkina por excelencia en uno de los episodios últimos de la temporada final de la serie, cuando se va a París con el ruso, Carrie recibe un regalo: una nueva vida y a juego con ella un collar de diamantes cuyo brillo ciega -t-(sus) ojos. Sin embargo, en medio de la vorágine parisina, Carrie pierde su collar y vive los peores momentos de su vida -en la serie-. ¿Qué hace la Bradshaw en París, sin Big, sin Charlotte-Samantha-Miranda, sin empleo, sin hablar el idioma y con un hombre como el señor artista? Finalmente, Carrie recupera su collar. Claro. Y vuelve a Nueva York a desayunar con diamantes.

Porque, la verdad, es que sí que desayunamos con diamantes.

Lo que pasa en la cena, ya es otra cosa. Ana Bolena, reina consorte de Inglaterra tras casarse con Enrique VIII, perdió la cabeza. Pero eso sí, nunca su identidad. De hecho, siempre llevaba el collar que se puede ver en este cuadro de fines del XVI, copia de otro de la década de 1530 que se ha perdido. La B de Boleyn. O el Carrie de Carrie. Así son ellas.

jueves, enero 05, 2012

La Princesa de Éboli



Nunca me ha interesado demasiado la historia de la personalidad de la Princesa de Éboli, esposa de Ruy Gómez de Silva, el mejor amigo de Felipe II, fue tan hábil como su marido en medio de la jarana de las intrigas de la corte y a mi lo que me interesa es su belleza. De gran carácter, protagonizó algunos de los episodios más oscuros e intrigantes de la vida del misterioso Felipe II, exactamente el hombre del que María Tudor se enamoró viendo un cuadro de Tiziano. Su marido, más de veinte años mayor, fue el hábil cortesano discreto que el Barroco presagiaba que logró enterrar al III Duque de Alba en Italia y apoyó dos grandes fracasos: la guerra contra Inglaterra y el pacifismo en Flandes que ya se encargó a Alba de "solucionar". Y ella tuvo el carisma de ser considerada una de las damas más bellas de la corte española pese a haber perdido el ojo en un accidente de esgrima, aparte de otros episodios, claro.


Ahí está el quid de la cuestión, hay quien piensa que la princesa ni siquiera había perdido el ojo, que lo hacía para seducir -por los pocos datos que refieran su defecto y porque se transparenta su ojo mirando en la dirección correcta en el retrato-. Otros opinan que la bella con la que el poderoso "Rey" Gómez tuvo diez hijos había sufrido una caída de un caballo que le produjo una atrofia ocular.  Sea como fuese, que al caso nos da igual, a mí -como a Helmut Newton- todo esto me parece fascinante. De hecho, Newton confesaría que en muchas de sus fotos salían chicas con monóculos y que "una chica que trabajaba conmigo en el laboratorio de Yva, en 1936, llevaba monóculo... cosa que me volvía loco sexualmente... Un día cuando Paloma Picasso estaba en mi estudio, saqué un monóculo y le dije: 'De prisa, Paloma, póntelo en el ojo'. Y ella lo hizo y le tomé la foto".

Se sabe que el parche de Ana de Mendoza de la Cerda le permitía pestañear y que era de anacoste, un tipo de lana fresca y ligera de Normandía y que debía ser miope pues tenía una letra muy grande y usaba una plantilla con renglones para escribir. Al margen de todo esto, aquí la altiva dama era una enamorada del lujo y cuando a la muerte de su marido entró en el convento de las Carmelitas de Santa Teresa, la vida de la celda no era lo suyo y se mudó a una casa llena de criadas y repleta de joyas y vestidos por lo que la Santa hizo que toda la comunidad de religiosas la dejara sola y ella se encargó de tomarse su revancha. De vuelta a su palacio de Madrid, inició una relación íntima con Antonio Pérez y cayó en desgracia ante los ojos de Felipe II, del que se dice que fue su amante cuando estaba casado con Isabel de Valois, y él la encerró en su Palacio de Pastrana hasta su muerte.

Se dijo de ella que era la única mujer "capaz de entretejer alrededor del cuello de todo un rey, una soga hecha con pasiones que estuvo a punto de acabar con un gran imperio". Felipe II siempre la llamaba "la hembra" y otros la tildaban de "animal imperfecto" y si Ana Bolena fue el espejo de la moda de la corte de Enrique VIII, la princesa tuerta lo fue de la española. Una dama tan hermosa... eso es vivir con un defecto. Y convertirlo en una virtud. Cada vez me interesa más.

jueves, septiembre 22, 2011

Burberry, Un Verano Inglés


Semana de la moda de Londres, desfiles para el verano de 2012 y Burberry (´s). Bailey está exultante. En un par de años ha logrado sacudir a la marca de todo su rancio abolengo y hacerla deseable para las jovencitas trendsetters. Sin embargo, Burberry sigue manteniendo también ese lado innegablemente inglés de rosas en la mansión de campo, troncos ardiendo en la chimenea y ponche de huevo en Navidad.


Lo bueno de la colección de Burberry es que se deja de delirios de grandeza y de cosas absurdas que les da a los diseñadores por querer hacer, leáse convertir la marca de gabardinas en una de trajes de noche o leáse prohibir a cierta tribu urbana, completamente alejada del cánon estético de la marca, usar sus complementos. Bailey retoma la tela de gabardina y la revisa y la actualiza. Algo como lo que hacía Ghesquiére en Balenciaga con sus glamoamazonas de los 60s que parecían flores de loto tecnológicas -o sea, antes de que se le fuese la pinza con la construcción-deconstrucción y los cortes por láser-.

Bailey hace gabardinas más ajustadas, que podría llevar Twiggy en un arrebato de genialidad y con las que Viviane Westwood podría correrse una buena juerga con los Sex Pistols sin desentonar un ápice. Por otro lado, la marca sigue sonando con su verano sombrío y lluvioso a escapadas por el campo con botas de agua de color verde loden salpicadas de barro -eso sí, con un vestido blanco inmaculado digno de Jane Austen- y a trencas y gabardinitas beige que cortan el viento húmedo y permiten correr por la playa, hacer el amor y ser feliz mientras llueve.


La pieza mítica de la firma, la gabardina, se renueva. Pero de verdad. Son las prendas las que han cambiado porque las chicas siguen siendo las mismas: quieren correr, quieren jugar, quieren gustar a su novio, poder mancharse un poco y salir de fiesta a un pub a tomar algo en la hora feliz. Quieren ser rosas inglesas con pétalos de gabardina, y también quieren ser simplemente chicas más allá de la ropa.

Son bonitas las declaraciones de intenciones. Tanto como las tradiciones. Tanto como las viejas cosas nuevas. Es nuevo y hay nostalgia... !tan honesto!

miércoles, mayo 25, 2011

Una Boda Real


Hay hombres que son capaces de hacer todo por contentar, encontrar y amar a la mujer que desean.
Los ingleses conocen dos reales ejemplos: el de Ana Bolena y el de Wallis Simpson.


Por la primera, el rey Herny VIII dio su cielo, casi su reino, alianzas con otros países, el fin del catolicismo en Inglaterra, su hija Mary y las vidas de todo el que se opuso minímamente. Bueno, es verdad que le cortó la cabeza a Ana pero fue "a la francesa" que es más delicado (y pese a ser inocente).


Lo que no acabó tan mal, sino simplemente algo triste, algo extraño, algo ... delirantemente extravagante fue el romance de Wallis Simpson y chez David. Americana y divorciada y experta en artes amatorias cual Mata Hari destronó a un rey por su amor y vivió cubierta de joyas: él nunca se perdonó que no hubiese sido reina. No tengo que decirle que Aline Griffith, sí -esa señora muy elegante, con el pelo lleno de laca al más puro estilo cool y con un pasado como espía americana y el nombre en clave de "Butch"-, subasta sus joyas. Aunque es otra historia, entre ellas tiene un delirante reloj de brillantes de la señora Simpson con una fecha grabada por detrás que ella heredó de Wallis. La fecha es del 36, la boda fue más tarde. Aline dice "tuvieron relaciones íntimas antes de la boda, un escándalo en la época, él lo marcó para siempre en el reloj". Aparte de eso, la señora Simpson tenía el broche panter de Cartier, collares de esmeraldas y pulseras de rubíes y otro millar de joyas para acompañar a ese hombre elegante que llevaba trajes azul noche porque son los únicos que parecen negros.

Aunque no crean ustedes que el hombre solo vive de joyas, como diría la propia Wallis "yo no era hermosa así que me vestía mejor que todas las otras mujeres".

En Vogue se saben una anécdota genial de ella, para mejorar su imagen, hicieron un reportaje con ella en Vogue. En una de las escenas, lleva el vestido langosta del combo Schiaparelli-Dalí. Llovieron críticas. Sobre todo cuando Dalí aclaró el significado freudiano y sexual de la langosta. De todas formas, para mí Wallis Simpson ES Wallis Simpson con este vestido de Mainbocher. Y sí, cuando Sarah Burton acabe de fulminar el estilo-archivo-esencia de McQueen puede empezar a hacer lo mismo con la historia inglesa. Esperen, que eso ya lo ha hecho.Vive Dios. El vestido de la hermanísima Pippa Midlleton se inspira claramente en la modernidad de la línea I de Wallis Simpson. Bueno, otra vez será Sarah. Wallis desde luego está maravillosa.


domingo, abril 10, 2011

Caprichos


Oscaw Wilde decía que los caprichos eran la forma más importante de deseo y que duran mucho más de lo que uno podría esperarse. Un ejemplo podría ser Ana Bolena con Enrique VIII que es además un ejemplo de que el capricho suele acabar mal cuando se logra porque, vuelvo a Wilde, lo cierto es que hay dos males en la vida, tener lo que se quiere y no tenerlo y el primero es el mayor de ambos. No obstante, no todos los caprichos tienen que ver con hombres. Algunos tienen que ver con mujeres, especialmente si pensamos que la Iglesia Católica consideraba que el capricho estaba a merced de la mujer especialmente, porque fue Eva la que comió la manzana primero. Un gran ejemplo de capricho es Escarlata O Hara con Ashley Wilkes. Otro gran ejemplo sin duda es Holly Golightly. Actualmente podría citar buena parte del trabajo de Galliano, de Valentino, de McQueen y de Tiffanys como grandes caprichos para mí, eso sí, al menos por un tiempo porque los caprichos son efímeros, son.... volátiles y a veces pueden ser destructivos pero, oigan, la vida está hecha de pequeñas cosas.

martes, noviembre 23, 2010

Príncipes Y Princesas


Éstas últimas semanas han sido ajetreadas en el amargo y dulce mundo de la prensa rosa, prensa del corazón, prensa amarilla y entorno social de la clase alta y baja, la media no porque esto no atrae tanto su interés como no sé, la llegada de nuevos productos a Massimo Dutti o a Zara.com o dónde cenar el sábado. Kate Midleton, Catherine ¿no?, se casa con el hijo de Lady Di. Le regala el mismo anillo que tuvo su madre y ella va vestida, muy en la línea de Von Fustenberg con un vestido azul. Nueva princesa en una Europa cada vez más republicana aunque, como todo el mundo sabe, la Casa Real Británica permanecerá mucho tiempo después de nuestra extinción porque ellos viven en su espléndido aislamiento.

También la semana ha sido sacudida en el terreno fashion -agh- por el regreso de Tom Ford con fotos que es lo que cuenta, al fin y al cabo. El rey del porno chic vuelve, ese hombre de pecho sudoroso, camisa abierta, actitud poderosa, algo de heroín chic y un poco de lesbian chic también entremezclado con Terry Richardson, camisas de seda, antiguos bolsos de Gucci, antiguos disgustos con Saint Laurent y nuevos acuerdos comerciales en perfumería y belleza así como una reputada línea masculina que comienza a despuntar para el hombre del siglo XXI, ese que quiere ser un hombre, ni un macho ni una nena. -Sigh-.

Por eso, y por la dificultad de reunir a ambos protagonistas en una imagen para resumir lo último del mundo del lujo, el glamour y las élites, surfeo mi archivo de fotos -robadas, ilegalmente, con intrusión, sin licencia de autor pero sin ánimo de lucro- y recuerdo a una Claudia Schiffer magistralmente pálida y féerica vestida con un Tom Ford de cuando diseñaba en YSL y le dio por crear La Blusa de la temporada -que Zara fusiló en unas horas por cierto- inspirada en las gitanas, en las mujeres romaníes, en el luto negro español, largo, siniestro, Zurbaranesco pero altivo, extracorpóreo y de una elegancia altiva y manierista casi como si se tratase de un Greco sin colores fríos teñido de drama español y que la Schiffer, aria donde las haya, se puso para una recepción en la que el Príncipe prometido-cuasi heredero - hijo de Lady Di estaba presente. Del lenguaje corporal del amigo no hablo. Pero Claudia está muy bella. Ustedes me entienden.

jueves, febrero 11, 2010

God Save McQueen


El canto de gloria de los ingleses es God Save The Queen, un icono bajo el que se agrupa el Imperio inglés que, si bien no es tal Imperio, nunca ha dejado de serlo sea por el carácter de los ingleses sea por su condición de isla, sea por que quien domina los mares domina el comercio y, por ende el mundo. Nostradamus profetizó que un día por trescientos años los ingleses dominarían el mundo. Y, así lo hicieron.


El gran imperio será para Inglaterra
El Pempotam de años más de trescientos:
Grandes ejércitos pasarán por mar y tierra
Los lusitanos no estarán contentos.


Bajo esta cuarteta podría McQueen escribir la historia de su propia biografía. Nacido bajo el nombre de Lee pasó a Alexander por obra y gracia de Isabella Blow que fue además de musa, descubridora. Tuvo un fugaz paso por Givenchy hasta que su imaginario brillante, delirante e inglés estalló bajo su propia firma con su propio nombre.


La historia de Alexander McQueen comienza a escribirse bajo el influjo del Océano y de las románticas aventuras que se confunden en la metrópoli y la costa. Historias de piratas, de corsarios bravucones y de chicas facilonas bajo mucho maquillaje y poca reputación con el corsé más estrecho que su reputación y el Océano más amplio que sus miras. Comienza con ron, alcohol y reparto del tesoro, parches y patas de madera y perlas en el broche.

Continúa con historias de amores malditos, de fantasmas y espíritus, del Holandés Errante, de amores a pie de costa y despedidas en pañuelos de hilo. El olor a salitre se le pega en el pelo mientras su mirada se embarra entre lágrimas. Él hace de tripas corazón y embarca, madera recién pintada, el timón girando, las velas se despliegan, el espíritu se agranda... ¿volverá? Siempre quedará el anhelo del corazón y el latido ante la aventura.

Y el alma que contempla el vasto mar. Peligro, atracciones, sirenas, cánticos y antorchas, vigías, playas, marineros, princesas, mensajes en botellas, tesoros escondidos, piratas, botines, corsarios... Audacia y aventura. Leyendas... Cánticos de sirenas y aventuras dignas de otro Telémaco en busca de su Odiseo.


Y el desembarco en los peores puertos o en las mejores costas. ¿Quién sabe qué espera el destino en este viaje? Y así se construye un imperio. Y una leyenda. Y la vida aunque nos cueste sangre sudor y lágrimas porque con esfuerzo... con esfuerzo... perseguimos la victoria. Cueste lo que cueste. Como último fin y destino.


A veces desembarcamos en costas turcas repletas de odaliscas. Y aprendemos historias como la de las delicias turcas que fueron creadas para mantener a raya el harén del jeque. El problema es que no lo fueron para mantener la línea y que luego narramos y difundimos hasta que acaban apareciendo en Narnia. Otras veces nos imbuímos del baile y nos perdemos entre exhalaciones de opio.


Otras veces en India y nos toca la joya de la Corona. Especias exóticas, indianas, bellísimas indias adornadas de oro y pulseras como diosas de la destrucción y la belleza que mecen calaveras y esmeraldas de Birmania. Fruta fresca y ritos de purificación en el Ganges donde uno aprende lo que es la riqueza y la miseria, la tristeza y la alegria. El castigo y la expiación y añade noches de calor sofocante bajo el recuerdo de la patria añorada y la tierra fértil que ahora nos cobija.


Otras veces Tierra Santa. La fe y las armas contra otra fe y otras armas. Un mismo dios bajo dos guerreros que se enfrentan con el mismo destino: el paraíso y quizás la tierra santa se bañe en sangre roja y quizás mueran las águilas y los halcones y los marineros se enfrenten con los musulmanes. Anhelan el paraíso y van cubiertos de sangre. Sin saber que sus únicos enemigos son el odio, la ira y el fanatismo.

Y como el que vuelve a la patria tras arder Troya, el que se marcha de Ilión al sitio que le correspode emprende su viaje de regreso. Ha aprendido mucho. Es un hombre nuevo. Se ha empapado de nuevos puntos de vista. Ha cambiado las dimensiones de su espíritu. Ha templado su ánimo y enarbolado su coraje por la victoria. Y ahora vuelve a los brazos de la madre patria. La que siempre nos quiere.

La que siempre nos ama... Y la que siempre nos espera por mucho que nos marchemos. Por mucho que huyamos y a la que siempre pertenece nuestro espíritu. Podemos amar a una mujer pero sólo a la tierra a la que pertenecemos pertenecen nuestro último suspiro y nuestro final reposo.

Polvo somos y en polvo nos convertimos. Polvo inglés. Polvo de espíritu. Polvo de nuestro alma. Que jamás se marcha. Jamás se aleja. Jamás desfallece ni mejora con el recuerdo. Es como lo recordamos. Siempre nos espera. No hay más horizonte que el que nos depara nuestro destino. No hay más amanecer que el que nos vio nacer.

No hay más noche que el amargo temor de no regresar nunca.

Y no hay nada mejor que volver por la puerta del triunfo y la victoria. Con la Atenea victoriosa, alada, maravillosa, acompañándonos. Abriéndonos las puertas de nuestro mundo. ¿Qué mundo? Eso ya no lo sé.

Porque a veces... en vez de descansar en el Océano, lo hacemos en la laguna Estigia. Reposando bajo nuestra propia historia esa que no empezamos pero decidimos concluir. Sobran los porqués y nadie entiende los motivos pero, la única certeza que nos queda es la Muerte. La dama encapuchada, teñida en negra que, como diría Bergman, hace tiempo que venía siguiéndole. Aunque el no se hubiera dado cuenta. Alexander disfrutó ya de sus fresas -salvajes fresas- ahora nos queda el resto. La nada, la esperanza o el cielo. Negra es la muerte pero blanca es la vida.

lunes, enero 25, 2010

Imposturas


Inglaterra. Auge y declive del Imperio Brítánico. Caza del zorro. Marina "two keels to one" y el espléndido aislamiento. Salvajes correteando por las colonias. Y la política de manos libres, ya saben, los ingleses tienen intereses permanentes pero no amigos permanentes.


Las mujeres inglesas, serias, rectas, con rosas en el jardín y té a las cinco. Perros, sofas de cuero y copas de bourbon y vasos de whisky. Amazonas. Traje de terciopelo y espuela ágil.


El carácter inglés con esa mano de ida y vuelta, ese humor ágil y seco del norte que tiene esa mezcla de agrio, inteligente y cortante.


La nobleza inglesa, de casta, tirante, regia, rígida, protocolaria, enguantada, sofisticada y altiva. Sobre todo altiva. Recta como una flecha, flexible como un arco.


Carreras. Ópera. Rondas de licores. Perfume. Ladridos. Encajes. Botas de cuero. Lodo. Y ropa estrenada por criados. Mantillas francesas y esmeraldas de Kurdistán.


Extraño gusto ciertamente y algo atractivo aunque distante. Fria, soberana, poderosa. El mundo se ahoga y ella a flote. Isabel, su reina. Virginia, su zona. Amores corsarios y lengua de oro.


Sillones tapizados, tapices, leones de piedra y amores con el jardinero en la caballeriza. Rasi, Cestas de coser. Pic nics en la hierba. Porcelana francesa y tardes de lluvia golpeteando los cristales. Chimenea y troncos y velas.


Escopetas cargadas. Pólvora y rosas.


Abrigos de zorro y chinelas de seda.



Y estas no son princesas...
Son arquetípicos tópicos enlacados del maestro de las mujeres jarrón, John Galliano para Dior.
¿Visto? Revisto. ¿Triunfo o derrota?
Ya lo dijo Churchill, sangre sudor y lágrimas.
Y en su biografía, triunfo y derrota.