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miércoles, noviembre 23, 2011

El Comfort


Paul Morand dijo que Chanel tenía mucho de Robinson Crusoe porque construyó su moda como quien hacía un mundo a su medida. No anda falto de razón ni de genialidad en el comentario ya que fue Coco Chanel la mujer que inventó el concepto de la ropa de "sport" en la moda. No se puede negar la influencia que tuvo la gentry inglesa y la campiña británica en tal descubrimiento como no se puede negar que Boy Capel era el hombre que Chanel necesitaba -y maldita la suerte que el destino se le cruzó por medio-. Sin embargo, es igualmente cierto que si bien la ropa de la I Guerra Mundial de Chanel es profundamente cómoda y práctica, en el periodo de entreguerras, Chanel se dejó llevar por la bonanza y el lujo de los treinta que fueron al mismo tiempo gloriosos y miserables como solo pueden serlo los tiempos de decadencia y renacimiento.

Chanel en los años 30 se volvió loca y cosió a sus vestidos negros lamidos toda la gracia que se puede añadir a un traje con flores, encajes y pasamanería. Luego, en plena puja con la chiflada de Schiaparelli que orgasmeaba con los surrealistas y con los delirios de Dalí a la cabeza (quien lo mismo le hacía un perfume con una vela para celebrar todos los días el no cumpleaños que ponía en su tienda un mueble con los labios de Mae West hechos habitación y decoración de interiores o plantificaba una langosta completamente fálica en lo que parecía un ingenuo y delicioso vestidito), Chanel añadió ristras de perlas a todo, se hizo diamantista y creó joyas dignas de Cleopatra y de Nefertiti cuando alguna de ellas se dignaba a salir de su bañera de leche y puso lentejuelas, gasas y pedrería por cualquier sitio.

Mientras Elsa Schiaparelli se hacía más y más famosa y ella coqueteaba con el lado oscuro, París dejaba de ser esa fiesta que Hemingway tanto comentaba y se convertía más bien en un drama de opereta. Madame Gres colocaba una bandera francesa en su tienda en tiempos de la ocupación alemana, los nazis pasaban por alto el detalle encantador de que era judía porque esperaban que hiciese trajes de noche para sus mujeres y Chanel quería salvar el mundo, o condenarlo o vaya a saber esa modistilla que se inició como sombrerera lo que pensaba hacer. Luego se fue a Suiza y esa moda que había creado, esos pantalones de pintor, las camisetas de tirantes de albañil, las chaquetas roídas de pescador, las gorras de marinero y el comfort que había creado se desmoronó como el honor de Francia que acabó empapado por el agua de Vichy.

Chanel era una mujer fascinante con un humor de perros (por no decir simple y llanamente: "con mucha mala hostia") y en Suiza notó cómo hervía su sangre cuando Dior apareció en escena tras la Guerra Mundial y barrió de un plumazo todas las novedades que ella había creado y su nombre que, por cierto, ya estaba más olvidado que el de Rabanne hoy. Y, por envidia, volvió a salir a la palestra. Cuando llegó, el tipo de mujer que imperaba no dejaba de ser el de la mujer jarrón que ella tanto había luchado por erradicar y no pudo sino enfurecerse. Barrió de una patada todos los pintalabios rojos, los perfumes dulzones y amodorrantes, los corsés, los sujetadores cónicos, los zapatos de tacón de aguja que destrozan el parquet de una casa, los bolsos de fiesta donde no cabe nada, las faldas ceñidas que no dejan moverse, los abrigos que no abrigaban, los cambios de vestuario tres veces al día porque una no puede ir a almorzar y a cenar con la misma ropa y a las mujeres ociosas de Dior y sus secuaces que tanto éxito estaban teniendo en un mundo que realmente no se desharía de todos esos conceptos hasta los 70 con Yves Saint Laurent. Chanel volvió a la idea de comfort que anidaba en sus primeras obras.

Creó en los años 60s el traje de chaqueta que servía para las mujeres ociosas de Park Avenue cuyos maridos son médicos, para las princesas judías de Manhattan, para las parisinas adictas a la moda y las tendencias, para las mujeres poderosas que trabajaban y para todo aquel que encontraba en la moda algo con lo que moverse y respirar, cruzar los brazos, sentarse y echar a correr o apretar el paso sin precisar de un ayuda de cámara -el marido- que Dior veía tan necesario. Chanel dio libertad a las mujeres con ese traje para todo y siempre igual que solo cambia de color y de tejido según la estación oscilando entre la lana, el algodón y el lino y entre las botas, los zapatos y las sandalias.

Hoy, todo es Chanel. Es Chanel el jersey cruzado, el pantalón amplio, la chaqueta que permite movernos, el vestido a la rodilla 24/7 y los zapatos bajos para caminar y altos para resplandecer. Me gusta el concepto de cómoda elegancia lejana de la aparatosidad que Chanel tenía. El estilo de Coco realmente tenía que ver con esa máxima de la señora Rubinstein que decía "no hay mujeres feas solo hay mujeres descuidadas" porque la comodidad no riñe con la elegancia, la moda no se enfrenta con el deber y la contemporaneidad y, sobre todo, la mujer no deja de ser mirada al tiempo que, ahora sí, !ahora sí!, también contempla. Y Chanel lo hizo todo con una aguja y unas tijeras...

sábado, noviembre 19, 2011

La Delicadeza Y La Cursilería


Valentino al final de su carrera pecó, igual que Yves Saint Laurent, de cursi. Igual que Grace Kelly o incluso que Marilyn de cuando en cuando. Sin embargo, su trabajo no es menos delicado ni impresionante por eso. El problema está en la cantidad de veces que confundimos delicadeza y cursilería igual que confundimos lo romántico con lo ñoño. Al fin y al cabo, es una cuestión de matices igual que los distintos conceptos de Armonía que reflejaba Vitruvio en su obra y que hoy nos suenan indistintos. La gracia es la característica principal de la delicadeza porque el encanto no deja de ser mejor que la belleza y los matices son lo realmente trascendental. Algo puede pasar de aburrido a glorioso en un instante pero lo realmente magnífico es que también ocurre al contrario.

No paro de debatir con distintas personas sobre la permanencia del papel o su desaparición y sobre lo demodés que están los blogs y las páginas web e Internet. En mi opinión, el papel se debe volver algo delicado y lujoso. E Internet debe hacer lo mismo. Ya vale de blogs sensibleros que no dicen nada más que lamentaciones de creativos insomnes y de webs donde la cantidad de relleno y de neon que hay te llevan a pensar si no estarás en Los Ángeles. Lo mismo sobre las publicaciones que solo dejan deslizarlas al cubo de la basura tras echarlas un vistazo. Hay algo absurdo en los periodos de transición, hay algo muy poco Chanelesco en el Chanel de antes de la I Guerra Mundial y no deja de ser un tanto desilusionante ver a Balenciaga copiando a sus contemporáneos célebres de París cuando trabajaba en San Sebastián, en vez de explorar los matices de la costa vasca, la sensualidad de las mujeres de carácter de hierro. Hay que reivindicar fervorosamente lo que es nuestro y, es algo que se nos suele olvidar. Y, sin embargo, nosotros estamos en una etapa de transición hacia el conocimiento de las posibilidades de Internet y a la reordenación de esta cultura de la imprenta que tenemos en Occidente desde que el bueno de Gutemberg se decidió a darle caña a una prensa de vino.

Internet no deja de ser una caja desastre en la que todo tiene cabida y nada se encuentra. Es como ese cajón que todos tenemos en casa donde están lo mismo las tijeras que un imperdible que la postal navideña que un ex amigo te envió en el 92 (aunque sin pilas que tarareen el Merry Xmas). El género blogger es casi trágico. Me cuentan que un community manager -esa profesión metafísica- habla de los regalos que se hacen a bloggers (de moda y no) desde las marcas y sobre el quesito de la publicidad que ahora hay que repartir entre tantos. Bueno, la Wintour debe saber algo de eso porque Armani se cogió un buen rebote con la revista por ver sus prendas solo en los anuncios que pagaba.

Sin embargo, Internet me parece mágico. Y algo muy sutil y terriblemente delicado. No sé, quizá tiene algo de "La elegancia del erizo" porque nada es lo que te esperas. La Universidad española e internacional fue la madre de un efecto postapocalíptico de Internet: los enlaces. Es curioso que algo tan obsoleto y rancio como la bibliografía acabe sirviendo para algo. Desde que nuestra civilización ha comprendido que los dioses están en las pequeñas cosas, que la felicidad la dan los pequeños logros (una pequeña mansión y una pequeña fortuna que diría Groucho Marx) me parece que lo más delicioso es vivir una vida valiosa y sencilla.

Chanel en su etapa con Iribe, ese hombre terrible, (no sé en qué sentido, pero terrible de todas todas), también intentó vivir la sencillez que ya proclamaba con su inefable estilo del "quitar, todo es quitar". Sin embargo, no resultó porque Chanel estaba acostumbrada a la sencillez del lujo y no de la miseria. La sencillez no tiene porqué ser sencilla y austera, es más bien una cuestión de espíritu. Es díficil explicar esto, naturalmente, quizá más que entenderlo. Por eso, he decidido dar un rodeo a Chanel y añadir en vez de quitar, para muestra, tres -delicados- botones, un veneno, una filia y un inadvertido. Tres botones de una obra delicada.

jueves, noviembre 10, 2011

Poder


Isaac Bashevis Singer dijo: "qué extraña fuerza posee la ropa". Qué razón tiene. Freud estudió largamente la relación de la desnudez humana con la inseguridad. Nos sentimos más protegidos, más seguros cuando vamos vestidos. ¿Por qué? Quizá esa vinculación se relaciona con los mismos motivos por los que ir vestido "de marca" -sigh- nos reafirma. Uno se pregunta, ineludiblemente, qué demonios pensaban los pobres Adán y Eva allí, en el Paraíso, desnuditos. Toda la cosa esa de desnudos estamos mejor y no, resulta que no, vestidos estamos mejor. O nos sentimos mejor. Es una hermosa paradoja, como eso de la utopía y el camino empedrado al infierno. Qué se le va a hacer. Además, ya no hay nada que temer, Chanel le dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder. A nadie le extraña la fuerza de la ropa...

lunes, agosto 22, 2011

La Elegancia


Es curioso que el patrimonio de la elegancia quede reservado para lo más acartonado en ciertas ocasiones. Sin duda, el lápiz negro que Chanel descubrió a las mujeres en los años 20 se ha convertido en la esencia de una época que ha quedado plasmada para la posteridad como el "quiten, no añadan". La audacia de la elegancia despreocupada de Coco Chanel se basaba en la autoridad de quien cosntruye su moda para el mundo que ve crecer y en el que vive. Sin embargo, las propuestas trasngresoras de Chanel distan mucho de ser futuristas en el sentido más común de la palabra. Gaultier peca de futurista, Margiela también, la escuela de Amberes o Rei Kawakubo se encuentran en las puertas de semejantes actitudes que están heredadas del movimiento de los 60 inglés en el que Mary Quant ponía minifaldas y cortes de pelo de cinco puntas mientras Rabanne hilaba la historia con placas metálicas. Chanel va más allá de las décadas sin costuras de los 20s, del racionamiento empalado de fatalidad de los 30s, del glamour pesaroso de los 40s envuelto en la guerra mundial, del febril estallido de felicidad comercial y de latas de Coca Cola de los 50s, de esa extraña manía persecutoria de las estrellas de los 60s... va más allá del futuro de los 70s llenos de hippies que luego serías tiburones en los 80s y que morirían de sida y de éxito en los 90s lavándose la cara con los vaqueros de Saint Laurent y los niños malos del mundo de la moda que mezclaban el XVIII francés con la deliciosa tribalidad y marginalidad de los bajos y los altos fondos. Lagerfeld dice en su última campaña para Chanel que "la moda lo es si baja a la calle" y, de hecho, se lo pinta a su modelo como si fuera la Libertad Guiando Al Pueblo de la Revolución Francesa... pero ah !ah!... la elegancia está lejos de modas y tendencias aunque sí que es cierto que tiene que resistir al paso del tiempo... y eso es lo que hacía Ferragamo... el tiempo que pasa pisando con los zapatos... Audaz. Un genio. Y, díganme de cuándo...no se sabe, su tiempo es el de la elegancia... A todas horas...

domingo, julio 24, 2011

Verano En África


Hay algo del verano que tiene que ver con el lugar donde estás. Es intrínseco. En Los Hamptons todo el mundo parece salido de una de esas producciones norteamericanas en un solo color -beige y azul muy rebajado, blanco y negro- y con un aire festivo-pasivo. En París, hay un halo melancólico que se palpa sobre todo en el calzado y en los pañuelitos que encajan, con aires mod, la esencia de Briggite Bardot. En Londres, en vez de pecar con los deliciosos 60s o con los absurdos 70 de Biba e incluso con los descarnados 80 de Westwood, se decantan por un prototípico y proverbial atuendo campestre que une vestiditos floreados cortitos con bolsitos de paja o cestitas -sigh- y bicicletas. En Milán, hay un arrebatador aliento en blanco, vestidos blancos e incluso chaquetas blancas masculinas -!me encantan los italianos!- y también lunares más al sur. En cambio, en Venecia y en Roma donde hay concentración turística es díficil Ver, ya saben. Aún así, yo diría que en Roma hay mucho rojo y púrpura obsceno y que en Venecia hay mucho aire antiguo, como sacado de una atmósfera cargada de humo. En Madrid, siempre veo una invasión vaquera y muchas cazadoras y me gusta especialmente el Norte de España donde hay vestidos con chaquetas en agosto y jerseys sobre los hombros igual que en Normandía hay botas de agua en verano y rosas en la misma mano. En Suecia siempre veo muchísima gente de tirantes, exageradamente corto, minifaldas con sandalias de tiras tan finas que ni se ven y con camisetas de tirantes reducidos al mínimo --para aproevchar, supongo--... y en Los Ángeles hay colores fluor, lentejuelas, tacones exageradamente altos, vaqueros y skaters en calles llenas de palmeras deliciosas y mujeres hipermaquilladas, al menos, como en Miami donde hay un moreno androide realmente espectacular- no se ya si por bien o mal...-

Pero, quizás, como europea, lo que más me llama la atención es la esencia del Norte de África; que sigue siendo mediterránea pero no tiene ese aire europeo que rezuma en la UE. Saint Laurent es perfecto para mostrarlo. Tiene esa americana setentera que seguro que es de color caqui o un tono similar a la arena del desierto, hay algo en las noches frescas con el cielo lleno de estrellas maravilloso y se puede seguir siendo europeo si uno quiere, por ejemplo, con una camiseta de rayas. Ah Europa... la vieja Europa... muy joven si te comparamos con África, ¿no? Delicioso.

domingo, mayo 15, 2011

Belleza


Dicen en Muerte en Venecia que todo aquel que contempla la belleza, muere.
Como esto de la humanidad es mortal, mejor morir joven y habiendo vivido que morir mayor sin nada que contar.
Pensaré en la risa de mis mujeres y en sus lágrimas. En las fiestas que son casi lutos y en los lutos que son casi fiestas. Pensaré en la luz dorada queinunda las viejas mansiones, en los cuadros con rasgos nobles que heredamos, en las camas que el tiempo ha amado y mantenido, en los perros que hemos querido junto a nosotros y en los doseles que nos han acariciado la cara como si fueran el viento que mueve las velas de un barco blanco.
Y tras contemplar la belleza, moriré.
No aspiro a más.  
Sólo a poder morir tras contemplarla porque entonces, la habré disfrutado.

miércoles, abril 06, 2011

Verano


Hay imágenes que transmiten. Y no es por la gran producción, ni por la gran modelo, ni por ser el mejor instante o por nada.... simplemente es por todo eso. No más. Miren, ya es verano. El cuello, el vestido blanco, el pelo, el rayo de sol, el cabello mojado... es todo y no es nada. ¿A que es maravilloso?

martes, marzo 29, 2011

Cisne Blanco, Cisne Negro


No es que Natalie Portman no estuviese bella con su Rodarte en los Oscar, no es que no estuviera hermosa con su Oscar dorado reluciendo entre sus brazos. Simplemente, es que hubiera estado divina con estos Charles James de los años 50s. Un diseñador americano especializado en este tipo de creaciones naturales. Lo mejor, que se llama cisne. Cisne negro, cisne blanco. Hay más, se llaman mariposas, trébol y árbol. Pero este es particularmente interesante, dos cisnes. Iguales, claro. Y muy distintos.



viernes, diciembre 24, 2010

Previa


Lo crucial de la forma de vida de cada persona es lo que desvela con sus manías. Cuando Turlington decidió dar un giro a su vida de fumadora empedernida y empezar a hacer yoga supuso un antes y un después mientras que la razón por la que Wintour usa gafas es -según ella- por problemas de vista. Madame Bricard usaba un pañuelo de leopardo en la muñeca, que entusiasmaba a Dior pero que en realidad ocultaba una cicatriz y Mata Hari se ponía aquellos famosos pechos cónicos de metal porque era su punto débil. Chanel dijo que vistió a las mujeres de luto para "joderlas" y Versace las vistió de putas porque de pequeño le fascinaba un burdel.

Decimos tanto... con lo que no decimos.

martes, noviembre 23, 2010

Príncipes Y Princesas


Éstas últimas semanas han sido ajetreadas en el amargo y dulce mundo de la prensa rosa, prensa del corazón, prensa amarilla y entorno social de la clase alta y baja, la media no porque esto no atrae tanto su interés como no sé, la llegada de nuevos productos a Massimo Dutti o a Zara.com o dónde cenar el sábado. Kate Midleton, Catherine ¿no?, se casa con el hijo de Lady Di. Le regala el mismo anillo que tuvo su madre y ella va vestida, muy en la línea de Von Fustenberg con un vestido azul. Nueva princesa en una Europa cada vez más republicana aunque, como todo el mundo sabe, la Casa Real Británica permanecerá mucho tiempo después de nuestra extinción porque ellos viven en su espléndido aislamiento.

También la semana ha sido sacudida en el terreno fashion -agh- por el regreso de Tom Ford con fotos que es lo que cuenta, al fin y al cabo. El rey del porno chic vuelve, ese hombre de pecho sudoroso, camisa abierta, actitud poderosa, algo de heroín chic y un poco de lesbian chic también entremezclado con Terry Richardson, camisas de seda, antiguos bolsos de Gucci, antiguos disgustos con Saint Laurent y nuevos acuerdos comerciales en perfumería y belleza así como una reputada línea masculina que comienza a despuntar para el hombre del siglo XXI, ese que quiere ser un hombre, ni un macho ni una nena. -Sigh-.

Por eso, y por la dificultad de reunir a ambos protagonistas en una imagen para resumir lo último del mundo del lujo, el glamour y las élites, surfeo mi archivo de fotos -robadas, ilegalmente, con intrusión, sin licencia de autor pero sin ánimo de lucro- y recuerdo a una Claudia Schiffer magistralmente pálida y féerica vestida con un Tom Ford de cuando diseñaba en YSL y le dio por crear La Blusa de la temporada -que Zara fusiló en unas horas por cierto- inspirada en las gitanas, en las mujeres romaníes, en el luto negro español, largo, siniestro, Zurbaranesco pero altivo, extracorpóreo y de una elegancia altiva y manierista casi como si se tratase de un Greco sin colores fríos teñido de drama español y que la Schiffer, aria donde las haya, se puso para una recepción en la que el Príncipe prometido-cuasi heredero - hijo de Lady Di estaba presente. Del lenguaje corporal del amigo no hablo. Pero Claudia está muy bella. Ustedes me entienden.

jueves, noviembre 04, 2010

Tópicos


Holly le contaba a Paul que iba a Tiffany´s a calmarse los dias que tenía un día rojo. Él se sorprendía porque no lo entendía. ¿Rojo? Será negro... ¿no?. No, dice ella, un día negro es cualquiera, lo tienes por cualquier cosa, te engordas o no te dan las cuentas lo que deberían, es igual. Pero los días rojos, tienes miedo de todo y no sabes porqué y sólo te puedes calmar al ir a Tiffanys y respirar el ambiente tranquilo que allí hay porque nada malo puede pasarte allí.

La mayor parte de la gente estaría de acuerdo con este Paul inicial que piensa que los días malos, son los negros. Y no los rojos. Otra loca más, aunque no más loca que cualquier otra persona, que decide cambiarle el color al mal humor. Pero, lo curioso de todo, es que, por ejemplo, cuando estás enamorado se dice que se ve todo de color de rosa.

A Holly le pasa lo contrario. Los malos días, son de color rosa.
¿Qué quiere decir eso?
Al final, sólo hay que ir a Tiffanys.
Nada malo te puede pasar allí.
Hay diamantes.

viernes, octubre 15, 2010

Los Buenos Tiempos


No siempre estoy pensando en los otros tiempos. Los buenos tiempos. Bien es verdad que suelo pasar por encima los malos tiempos, los creadores mimados y sin talento, las fotos vacías, los artículos estúpidos y demás males. Pero hay veces que hay que echar la vista atrás de verdad. Y lamentarse un poquito por no amar más el pasado. Y por ver correr tanto este presente.

Diana Vreeland, a quien me siento muy próxima esta semana, dijo una vez que "los vaqueros eran lo mejor desde las góndolas" y a YSL le dio por quejarse de que "sólo lamentaba no haber creado el vaquero". Como Yves Saint Laurent creó la sahariana, el smoking femenino, la blusa transparente, vestidos de cuadros y un montón de prendas fabulosas -amén de una bisuteria espectacular- se lo perdono. Como Diana Vreeland dijo que "era bueno lavar a los niños el pelo con champagne" y que "se podía poner una alfombra de leopardo en el baño" se lo perdono también.

No tengo nada en contra de los vaqueros. Son una prenda fenomenal: cómoda, resistente, combinable, inteligente, útil, práctica, chic y muy versátil. Sirven para todo, los puede llevar todo el mundo y el target es inexistente porque todo el mundo entra dentro de ese grupo de compradores. Pueden ser modernos, antiguos, vintage, de Alta Costura, de pret a porter, rotos, de punkis, de firma, de Levis, de Zara, de algodón, con otros tejidos sintéticos elásticos. E incluso la tela vaquera puede servir tanto para camisas, vestidos, petos y demás en la América Profunda de la Coca Cola y los metodistas como para un desfile de Haute Couture de Chanel -como Lagerfeld ejemplificó hace unas temporadas-. Pero los vaqueros no son el fin del mundo.

A veces me obligo a mí misma -y eso que no soy muy de vaqueros- a volver a todo lo que hemos perdido. Versace, la firma a quien pertenece la imagen de Naomi Campbell, imponente, en Roma, como una valquiria desbocada, ahora calmada, que pronto sacará una espada, también tuvo líneas de vaqueros. No hay que andarse con chiquitas ni remilgos y juzgar de antemano. Además, en sus campañas, fotografriadas por Avedon, salía Claudia Schiffer desnuda, con Nadja Auermann enfundadas en unos vaqueros que insinúaban algo muy lésbico y poderoso o Naomi rodeada de dioses desnudos del Olimpo para sujetarla.

Lo que se trata es de dar otra vuelta de tuerca.
No es mejor la Alta Costura que los vaqueros.
Pero no nos perdamos tampoco.

Al pan, pan, y al vino, vino.

sábado, septiembre 04, 2010

Inspiraciones


Marchesa ha revelado su inspiración para la primavera 2011. Es decir para la colección que presenterá próximamente en Nueva York. No es que sea una novedad. Marchesa es princesas neoyorkinas de Valentino entremezcladas con Oscar de la Renta con más celebrities y menos talento. Al mismo precio. Made in USA. Diseñadora con novio productor y con contactos en el mundillo. ¿Y por qué no? Arrasa en la Alfombra Roja y la verdad es que sus chicas son guapas.
Se parecen un poco a las chicas de Devil Wears Prada, las Runwayers -clakers- y tienen ese halo posh-stupid-sofisticado ¿? (ha salido de mi teclado, y de mi mente que es peor) pero acaparan flashes y ellas se ven como princesas, sin duda alguna.
Esta temporada parece que en Marchesa gusta Poiret. Los turbantes. Y el rosa. ¿Y por qué no? Repito. Es una de las colecciones que se disfrutan de NY. Vale, lo admito. No cosen los bajos. No son lo que se dice exactamente puristas. Ni tienen una línea fantástica. Ni nada de esas cosas. Pero la verdad es que su ropa es bonita. Todas las que se lo ponen parecen sacadas de una Alfombra Roja (que si ese es tu objetivo, pues es estupendo) y no hay que pensar nada al ver su colección.
Y eso me gusta.
No más.

miércoles, septiembre 01, 2010

Últmos Días De Verano


Como quien dice.
Pronto empezarán de nuevo las colecciones de verano. Y llegará el invierno. Podré ponerme pieles. Botas altas. Zara que vende online. Muere Corine Day la fotógrafa del KKK (aka Kate Moss). Y todas esas cosas.
Pero, siempre nos quedará París.
O Manolo y Angelica y los 70s.
Ya, ya sé que los 70s vienen en invierno. Con sus gafas de sol. Lauren Hutton. Las rubitas vestidas de beige. Betty Drapper rondando en Prada con su cigarro y su escopeta y todas esas cosas con guantes de noche y congresista. Pero no es lo mismo.
Hay que vivir el bonito verano perpetuo.
Esto de la costa. El yate. El martini. El vestido de Halston. El collar que se desliza por el cuello. La copa de champagne. La pulsera de platino y brillantes. El anillo de compromiso que se entreve en la chaqueta. Las sandalias de tacón. El pelo recogido. El helado de melón. Y la cuenta muy cara para pagar.
Ay Vogue...
Ya sabía Diana Vreeland que pocas personas habían respirado el aire de una chica Vogue.
Sin duda.

miércoles, agosto 11, 2010

La Tentación Vive Abajo


Fue Salvatore Ferragamo el culpable de la imagen. Relativamente al menos. Los zapatos de tacón siempre han sido sexo, "sexo", !sexo!. Marilyn, la imagen provocó (la gota que desbordó el vaso) su divorcio. Como dicen en España, un hombre hace de Rodríguez y Marilyn hace de tentación. Ella es una mujer hecha para la cámara. Y a veces, sólo se necesita un pie en una rejilla del metro.

miércoles, agosto 04, 2010

Colores En Las Sombras


Estilo.
Balenciaga pinta fresones con sus vestidos.
Porque las fresas deben ser grandes.
Para ser sabrosas.
Y la moda, para ser sueño, debe ser vestido de noche.

martes, julio 27, 2010

Belleza


Estaba pensando en la belleza y en el estilo.
No tienen nada que ver.
Wallis Simpson, decía que como no era la más bella, estaba obligada a ser la mejor vestida.
Y, aunque la belleza siempre ayuda.
Como dijo Chanel, el verdadero estilo es el que viene de dentro.
No de fuera.

sábado, junio 19, 2010

El Paso Del Tiempo


Eso que también se conoce como decadencia.
Como era o etapa, o incluso -si se apura un poco- como vida.
No puedo parar de pensar en verano en el curso de los tiempos, presuntuosa expresión donde las haya verbigracia de lo que quiero comentar. El número de prendas.
Increíble, hace cincuenta años el número de prendas que llevaba una mujer encima se multiplicaba por dos y, especialmente en verano, se solía llevar siempre un chaqueta o una foularina por ese "frío" -sigh- veraniego. El zapato cerrado, nada de sandalia de pecadora y pelo suelto de pecadora, obligaba a llevar medias y las más chics, liguero. Que si las bien vestidas llevan combinación que si viso que si demás y no olvidemos el pañuelito al cuello, el bolso para las criaturas y lo que cayese.
Hace cien años se multiplicaba por tres o por cuatro. Valga el ejemplo ese del ir a la playa recatadamente y el inicio del turisteo, la afición desmedida de los americanos por Europa y el todoParis en Biarritz, Montecarlo y luego Cannes y !ay! Mónaco. Eso de Oscar Wilde sobre que los americanos buenos van a París y los malos, a América en vistas de la fascinación americana por Europa, la vieja y ruinosa Europa. Por cierto, eso en la época se veía en ilustraciones en las que un viejo noble inglés preguntaba a las jodidamente ricas americanas si habían visto Roma, madre e hija se quedaban en un tris de no saber y al final la hija con determinación decía !Mamá, fue allí donde compramos las medias!. Y luego dicen de la tontería y las fashion victims....
Si seguimos indagando en la historia de la moda, en la antropología sólo tenemos que dar un pequeño salto al Barroco cumbre con Maria Antonieta para precipitarnos a multiplicar por seis y por siete el número de prendas que se llevaban, por ocho en volumen, por diez en altura y con una maravilla a tus pies. Maria Antonieta tenía una sirvienta sólo para cuidar sus delicadas zapatillas que no eran como las de las matronas romanas con suela de papel pero casi... para no dar más de diez pasos a riesgo de quebrar -certeza- la suela.
Por supuesto, como en todo, seguir hacia más atrás nos vuelve a reconectar con el ahora.
La práctica semidesnudez o la desnudez que ya no es ni la hoja de parra...
Y qué bonito es el verano y... cuánto o qué poco hemos cambiado.
Sobre todo, las bellas hijas de Eva.

martes, mayo 11, 2010

Tras Las Cámaras


Warhol decía que le fascinaba la basura

"A mi lo que me gusta de las películas son las escenas que no se ven.
Por ejemplo, en Escuela de Sirenas me fijo en lo perfecta que sale la coreografía.
Esther Williams se tira a la piscina entre una caracola de chicas que la abren paso.
Yo quiero ver la escena que tiran, en la que una tímida chica no se atreve y no se tira a tiempo.

Se ha convertido en la protagonista de esa escena.
Eso me interesa.
No ver nadar a una chica."



Karl Lagerfeld viste a Vanessa Paradis de Eddie.


La encaja una mirada pérfida. Aires de mujer fatal. Morritos pintados de rojos.


Camiseta marinera. Mucho khol. El pelo muy rubio. Las cejas morenas.


Caniseta de rayas, marinera. Minifalda. Abriguitos de leopardo. Minivestidos y zapatitos de tacón.


Una americana con alma de francesa.


Como diría Warhol, si todo fuera tan fácil...
La actitud...

domingo, mayo 09, 2010

Intimidad


La magia de un instante capturado en una foto es un poco como el recorrido hacia el beso o un gesto que desvela la confianza que tenemos en alguien.
Ni más ni menos.
Y, casi, que nada más.