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domingo, noviembre 23, 2014

Un Abrigo Rosa




Los de Gucci han hecho un vídeo en el que Kate Moss hace de algo así como una estrella a la que persiguen los fotógrafos y va vestida setentera, con botas con la punta y el tacón cuadrado, abrigos de leopardo, pantalones de tiro alto y con campana y . El motivo es la campaña de publicidad del bolso inspirado en Jackie Kennedy, Jackie, con el que pretenden seguir la estela en la que ya llevan trabajando unos años (y que qué tiene que ver con el trabajo de Frida Giannini) indagando en el pasado de la firma como marca de estrellas al estilo de Sophia Loren o la misma Jackie en sus años como señora Onassis (además, hace no mucho, restauraron El Gatopardo gracias a la fundación Gucci). 

Bueno, la cosa da bastante igual en sí misma y el vídeo es tremendamente insustancial, aunque los dos abrigos largos que aparecen, me encantan. No traigo aquí el vídeo por la buena de Kate Moss que sale bastante guapa y, por cierto, con una imagen no demasiado retocada lo que me gusta. A veces se ve a la Moss en las fotos de las revistas de cotilleos o en cualquier cosa sin Photoshop y luego se la ve en las páginas de, generalmente, el Vogue inglés y uno se asusta. No se sabe cuál de las dos es. Aquí aparece bastante natural y muy favorecida y eso me gusta. Pero el motivo es el abrigo rosa, y el de leopardo también, qué pasa, que me tiene chifladita. No paro de ver abrigos rosas que me encantan. Aquí unos cuantos y una recomendación: cuanto más pastel sea el rosa, mejor.









Efectivamente, me gustan todos. Y el de Gucci, más.
Sería un buen regalo navideño, por ejemplo, para que el señor del anuncio de Navidad de la marca me ponga un sello y me llene de cajas. Que entre Gucci por la puerta, como quien dice, en forma de Reyes Magos o Papá Noel o lo que sea.

lunes, septiembre 24, 2012

Siete Veces Gucci










No es que el mundo Gucci de Frida Giannini sea muy fascinante. Es un mundo comercial, adaptado a las famosas que quieren lucir como chicas de la calle pero de alta gama. Desde que se calzó los zapatos que había llevado Tom Ford en Gucci, sus colecciones nunca han rozado siquiera lo interesante ni lo maravilloso pero ha tenido buenas colecciones y, especialmente, un gran sentido de la comercialidad y de saber leer en lo que la calle busca. Año tras año, especialmente en primavera verano, Zara, H&M y Mango se han disputado sus estampados, sus cortes y sus chicas sin muchas neuronas, sin muchas pretensiones y con un poco de morro. 

Frida Giannini vende algo bastante sencillo: chicas guapas, chicas a la moda, chicas como las celebrities. Así, Blake Lively se pasea por los anuncios de sus perfumes (lo que es, sin duda alguna, una elección mucho más afortunada que la de su no muy racional campaña para Chanel con un bolso, unos espejos y caras que pretendían ser orgásmicas). Se le critica que copia a Tom Ford -tan original él, que nunca ha calcado a YSL- y, precisamente por eso, desde hace unas temporadas afirma desligarse de ese bagaje. 

¿Cómo? Paradójicamente con caftanes setenteros, colores bloque y ropa que podría tener Marisa Berenson colgada en su armario. Se ha aplaudido a Gianinni por ello. Lo mejor, con diferencia, son los detalles: volantes, colgantes inmensos, escotes en V para veladas con coca y bandoleras de colores intensos. Y luego dicen que no vuelven los sesenta -setenta-. Ja.

viernes, septiembre 14, 2012

En Busca De La Inspiración Perdida



Tom Ford. Tom Ford en Gucci. Invierno de 2003. Carmen Kaas parece Bimba Bosé y todo tiene un aspecto pecaminoso, sexy y lujoso. Muy lujoso y muy actual.



Siete años, catorce temporadas después, Altuzarra invierno de 2010 presenta una colección basada en esa colección. Inspiración lo llaman los críticos generosos. Copia, los mucho menos generosos. -A mí me chifló la capa, lo reconozco-.


Para el verano de 2011, una desconocida marca (Tufi Duek) que desfila en Brasil, presenta una colección tecnológica, de factura limpia, con marcada raya al medio como peinado y unos preciosos zapatos.


Y, cuando Alexander Wang presenta para verano de 2013 una colección que toma el vocabulario de esa de Tufi Duek, se arma un escándalo en la Semana de la Moda de Nueva York.


Sin embargo, hasta aquí, es lo que todo el mundo ha dicho. Yo añado una cosita más: Helmut Lang, hace doce años y veinticuatro temporadas, en primavera verano de 2001.



Qué poco cambiamos.
Aunque Angela Lindvall sigue tan guapa como siempre.

lunes, mayo 07, 2012

El Frágil Detalle De La Identidad





Es difícil catalogarme a mí misma como una gran fan de Sexo en Nueva York, no lo soy. Para empezar, creo que la serie ha hecho mucho daño a la sociedad con todo el jaleo de Vattimo, la postmodernidad y la estética sobre la ética. Nunca he identificado el concepto de liberalidad con promiscuidad aunque creo que la serie, extrema como todas las series -y el problema lo tiene el que no lo entienda así, es decir, como ficción, ficción, ficción- fue un hito no solo de las tendencias sino de la forma de tratar a la mujer en televisión. Carrie y sus amigas son cuatro estereotipos con patas pero la serie se deja ver y, en algunos momentos, es incluso genial. Sin embargo, en mi opinión, el problema de una estupenda serie que empezaba diciendo que "no desayunamos con diamantes" y que mostraba que las Cenicientas ya no existían salvo por su interés hacia los zapatos; es que al final Carrie se casa con Mr Big, se compra un apartamento de cinco millones de dólares y en su armario hay más dinero del que se gasta en pagar a una pequeña empresa editorial cada año, no digamos que a trasmano de cualquier periodista de a artículo por semana en un periódico -muy- mediocre. Además del hecho de que SJP se empezó a creer Carrie Bradshaw, una mujer sofisticada, cool y, sobre todo, despampanante. Y no. No.

La cosa, por tanto, está en que hasta los estereotipos tienen una identidad: la de los estereotipos. Así Samantha podía llevar lencería con perlas auténticas y manipular a medio Nueva York para lograr un Birkin de Hermés; Charlotte podía casarse de Vera Wang tras contratar a un estilista de bodas y adoptar a un niño vestida de Chanel; Miranda... bueno, la letrada podía pagarle un traje muy muy caro a su novio y Carrie, santo cielo, Carrie. Carrie puede trotar por la ciudad con Manolos, Jimmy Choos, Louboutins, ir a Vogue vestidita de Dior por Galliano, llevar camisas de Cavalli para reafirmarse, hacer que alguien deje a la divina Natacha de Ralph Lauren -venga Big, venga- por ella y desfilar para D&G además de otros muchos varios cientos de delicias más.

Sin embargo hay algo que acompaña a Carrie y que le caracteriza, temporada tras temporada, mucho más que todo el resto del trabajo de Patricia Fields y ese algo es su collar de Carrie. Una baratija que compró en un mercadillo pero que no se aparta de su cuello. La verdad es que Carrie no deja de ser una chica americana de la América profunda y bajo todo el pulimento que va adquiriendo a lo largo de la serie y de algunas divagaciones que tiene el personaje que no provocan, precisamente, que te caiga bien sino demostrar que es una mujer y ya está, con una vida que aunque guionada, no deja de no estarlo y por eso es tan significativa la cosa del collar. La identidad de Carrie pende de su cuello. Siempre. Más alla de Dior, Chanel, Versace y Gucci, la verdad es que Carrie es ese collar que es una corazonada más que un gusto adquirido.

Cuando la neoyorkina por excelencia en uno de los episodios últimos de la temporada final de la serie, cuando se va a París con el ruso, Carrie recibe un regalo: una nueva vida y a juego con ella un collar de diamantes cuyo brillo ciega -t-(sus) ojos. Sin embargo, en medio de la vorágine parisina, Carrie pierde su collar y vive los peores momentos de su vida -en la serie-. ¿Qué hace la Bradshaw en París, sin Big, sin Charlotte-Samantha-Miranda, sin empleo, sin hablar el idioma y con un hombre como el señor artista? Finalmente, Carrie recupera su collar. Claro. Y vuelve a Nueva York a desayunar con diamantes.

Porque, la verdad, es que sí que desayunamos con diamantes.

Lo que pasa en la cena, ya es otra cosa. Ana Bolena, reina consorte de Inglaterra tras casarse con Enrique VIII, perdió la cabeza. Pero eso sí, nunca su identidad. De hecho, siempre llevaba el collar que se puede ver en este cuadro de fines del XVI, copia de otro de la década de 1530 que se ha perdido. La B de Boleyn. O el Carrie de Carrie. Así son ellas.

jueves, julio 14, 2011

Cool And Chic



Uno. Dos. Tres. Cuatro. !Cinco? Cinco años ya con este blog en medio de momentos bochornosos, instantes encantadores y de la historia, al fin y al cabo, somos historia. Normalmente los aniversarios son aduladores pero quizás se pueda hacer una excepción. Yo acuso, y yo, y yo... Me acuso a mí misma de muchas cosas y veo en este blog carencias evidentes, olvidos terribles, ausencias notables y faltas que me hacen sonrojar. También veo cosas buenas pero eso lo aparco. Debo decir que, como todo el mundo sabe, los blogs están pasado de moda. ¿Y qué?.

Acabada la semana de Alta Costura de París con cada vez más urgencia en la boca, es evidente que no hay nada nuevo bajo el sol. Unos entran, otros salen y al final, año tras año, es idénticamente lo mismo. Tom Ford que no es, a diferencia de muchos, santo de mi devoción, trata de cambiar un poco las cosas como ya hizo cuando entró en Gucci aunque, en mi opinión, Tom Ford es demasiado Yves Saint Laurent y, lo que importa, es que todo lo que hace ya lo hice Yves, antes y mejor. Tom Ford me deja fría. Tiene ropa preciosa, un concepto inserto en su mente y no niego que es un buen especialista del marketing. Tiene un concepto que encaja con la filosofía de nuestra moda, esa en la que se abre un blog cada minuto -o más- y la mitad se cierran en menos de un año.

Ahora, Ford, le ha dado la vuelta a la sartén para seguir teniéndola por el mango, por supuesto. No quiere fotos, no quiere que sus colecciones se vean en todos los sitios ni que todas las estrellas las luzcan. Quiere privacidad e intimidad, algo que, por cierto, descubrieron al final de la Edad Media los nobles y que causó más estragos que la tan cacareada Guerra de los Cien Años.

De repente, todos los conectados tras las pantallas del ordenador se sorprenden ¿cómo es posible que llevemos ropa que salió a las pasarelas ayer, que aún no ha salido, en marzo la de verano, en febrero un entretiempo futuro y en invierno vayamos de tirantes? En eso parece basarse la nueva propuesta de Tom Ford. Y, también en una europeización extrema que siempre ha caracterizado al diseñador aunque, sí, Tom Ford es americano hasta las trancas. Y, como decía Oscar Wilde, los americanos son ese pueblo que recuerda que en Roma se compraron unas medias.

Por eso, yo acuso.

Sobre todo acuso de que no conocemos la historia y que, por ello, estamos condenados a repetirla. Lo que hoy vivimos, ya se vivió en la Belle Epoque. Chanel lo vivió y Chanel se lo cargó. Pero, soy de la opinión que hay que echar el muerto al hollo y el vivo al bollo. Aún así, aunque me maravilla el fenómeno de la moda actual, los millones de blogs de moda, las páginas ¿especializadas? y los portales de Alta Moda que abren un nuevo mundo tan increíble que es, precisamente, difícil de creer y, aunque, hay blogs maravillosos en los que uno no puede dejar de maravillarse del buen gusto, la hondura de la sabiduría de sus autores y de la generosidad que los lleva a escribirlos, no queda más remedio que acusar.

Empiezo yo, claro.
Este blog me deja fría muchas veces. No pasa nada.
El resto de la blogosfera y de Internet en general me da tan igual como muchas revistas.

Vogue USA se va al carajo poco a poco, Vogue París vive momentos de contricción, Vogue España no sabe si es una Voguette cuando el furor se ha pasado o si ser original es lo más -ja- y Vogue Italia es tan inestable como bailar sobre un volcán. La crisis económica está convirtiendo nuestro mundo en algo similar al de los Años 20. Mucha pompa y mucha miseria. No digo pobreza solo, digo miseria. Es como si todo ese aire mágico de Vogue y de la moda en general -y la Alta Costura en particular-´se estuviese esfumando a pasos agigantados.

La nostalgia no vale nada.
Por eso precisamente hay que acusarse.
Yo acuso, la primera a mí.
Y por eso, les digo:
"abran los ojos, nos espera un mundo de oro pero hay que ayudar a levantarlo".
¿Dispuestos?
Pues qué demonios, se ha abierto la veda.
A ver si así entramos en calor y dejamos de vivir en este apático frío. Yo la primera.

viernes, marzo 18, 2011

Tres Olas


Como un tsunami. Tras la primera y la segunda ola del feminismo, tras la primera revolución de Coco Chanel y su segunda rentré en el mundo de la moda, tras el sexo descarnado en Gucci y la segunda versión de la hiperfemineidad de Tom Ford, Karl Lagerfeld decide que hay una nueva era Chanel en la que la luz se enfrenta a las tinieblas, el mal se enfrenta al bien, la noche lucha contra y el día y el resultado... el resultado es quizás lo más bello porque... ni hay noche, ni hay día, ni hay luz ni hay oscuridad... tan solo queda la bruma.


La nueva era de Chanel es sencilla, ya no hay dudas ni temores, ya no hay fríos ni calores sino tan solo personas.Seres, casi hadas, casi ninfas, casi Morganas, casi medievales, casi renacentistas, casi griegas, casi contemporáneas, casi industriales, casi comunistas, casi años 20, casi hermosas, casi antiguas, casi ... mágica.


Evidentemente, esto es Camelot. Morgana ahora lleva pantalones, Arturo tiene el pelo blanco pero está completamente en forma como último rey de la Costura y Ginebra.... ah la bella Ginebra. Ha encarnado a Lancelot ahora, como en aquella vieja historia en la que la doncella se vuelve guerrero y combate, no por un príncipe, sino por el alma de su reino. Karl es Arturo y Freja es Ginebra, bella, inmensamente bella. Stella Tennant debe ser Morgana, la hermana, la amante querida y olvidada...

martes, noviembre 23, 2010

Príncipes Y Princesas


Éstas últimas semanas han sido ajetreadas en el amargo y dulce mundo de la prensa rosa, prensa del corazón, prensa amarilla y entorno social de la clase alta y baja, la media no porque esto no atrae tanto su interés como no sé, la llegada de nuevos productos a Massimo Dutti o a Zara.com o dónde cenar el sábado. Kate Midleton, Catherine ¿no?, se casa con el hijo de Lady Di. Le regala el mismo anillo que tuvo su madre y ella va vestida, muy en la línea de Von Fustenberg con un vestido azul. Nueva princesa en una Europa cada vez más republicana aunque, como todo el mundo sabe, la Casa Real Británica permanecerá mucho tiempo después de nuestra extinción porque ellos viven en su espléndido aislamiento.

También la semana ha sido sacudida en el terreno fashion -agh- por el regreso de Tom Ford con fotos que es lo que cuenta, al fin y al cabo. El rey del porno chic vuelve, ese hombre de pecho sudoroso, camisa abierta, actitud poderosa, algo de heroín chic y un poco de lesbian chic también entremezclado con Terry Richardson, camisas de seda, antiguos bolsos de Gucci, antiguos disgustos con Saint Laurent y nuevos acuerdos comerciales en perfumería y belleza así como una reputada línea masculina que comienza a despuntar para el hombre del siglo XXI, ese que quiere ser un hombre, ni un macho ni una nena. -Sigh-.

Por eso, y por la dificultad de reunir a ambos protagonistas en una imagen para resumir lo último del mundo del lujo, el glamour y las élites, surfeo mi archivo de fotos -robadas, ilegalmente, con intrusión, sin licencia de autor pero sin ánimo de lucro- y recuerdo a una Claudia Schiffer magistralmente pálida y féerica vestida con un Tom Ford de cuando diseñaba en YSL y le dio por crear La Blusa de la temporada -que Zara fusiló en unas horas por cierto- inspirada en las gitanas, en las mujeres romaníes, en el luto negro español, largo, siniestro, Zurbaranesco pero altivo, extracorpóreo y de una elegancia altiva y manierista casi como si se tratase de un Greco sin colores fríos teñido de drama español y que la Schiffer, aria donde las haya, se puso para una recepción en la que el Príncipe prometido-cuasi heredero - hijo de Lady Di estaba presente. Del lenguaje corporal del amigo no hablo. Pero Claudia está muy bella. Ustedes me entienden.

jueves, noviembre 18, 2010

El Regreso


Con todo el jaleo de que vuelve Tom Ford, de su portada en Vogue Paris con esmoquin y los labios orjos, de su reportaje en Vogue USA vestidas ellas de gala envueltas en las nubes brumosas del misterio lejano y el glamour pasado, me acuerdo del triunfo de Christian Dior.

Cuando Dior presentó el New Look, es decir la línea Corolla para verano en ese frío invierno del 47, Carmel Snow, de Harpers Bazaar se fascinó completamente por sus propuestas y las llamó New Look. La imagen era nueva: no había rastros de la guerra en ella, volvía la mujer mujer, esa que alimentaba las mentes de los muchacos en el frente y, al mismo tiempo, la extrema elegancia era el símbolo de la casa. Se insinuaba mucho sexo entre esos labios ardientes, esos pechos turgentes y esas caderas fértiles bajo una cintura marcada pero también se ocultaban las piernas con la nueva largura de la falda, sólo se dejaba a la mujer reducida a forma y no a acción y aquel corsé, !!, volvía.

Chanel, exiliada en Suiza se removía en su tumba. Ya en los 50s, y ella anciana, volvió porque no soportaba la jaula de pájaros de Dior y quería que la gente siguiese llevando lo que Ella proponía y no lo que aquel normando que se había pasado la vida disfrazándose y oliendo flores se atrevía a sugerir, con tanto éxito además. Volvió, vio y no venció. El triunfo aún esperaría. Apoyada por USA y por el Elle Francés -que poco tiene que contar la revista Elle en cuanto a una verdadera repercusión- plantaría cara a las Diorissimas con sus Chaneles.

Ahora que vuelve Tom Ford, ahora que vuelve el sexo, el pubis depilado con una G de Gucci, el YSL enfrentado a Ford y Ford haciendo y deshaciendo y todo ese universo de Richardson, modelos lesbianas, delgadas y altas columnas vestidas de seda y el porno chic, ¿volverá alguien a ser su contrapunto? Qué sabe nadie.

miércoles, julio 29, 2009

Pretty Woman


Pretty Woman es, probablemente, la peor historia sobre sueños escrita nunca. También, una gran película. De esas que puedes ver un buen número de veces y no acabar harto porque siempre esperas que él aparezca ante Vivian y confiese que la quiere como nunca ha querido a otra y que, ella con champagne y fresas es todo lo que se puede a pedir a una persona.


Han llamado a la película la versión moderna de Cenicienta. Sólo que, ella ha pasado de princesa a pareja y, de maltratada cenicienta a puta de "the dream hill". Es el precio de la modernidad y de los remakes made in Hollywood. Aún así, la historia de Vivian y Edward marcó una suerte de antes y después en la historia de las comedias románticas.


Ya todo no tenía que ser tan perfecto. Ella no tenía porqué ser Doris Day y, él, podía ser un cretino, algunas veces. Además Pretty Woman marca la filosofía de la época, los 80s fueron la década de los yuppies que se hicieron ricos y de las mujeres jarrón más anchas en los hombros que en la base por obra y gracia de las hombreras. Además, en los 80s la marca clave era Cerruti y no Gucci.


Quizás lo más importante que Pretty Woman hizo no fue mostrar que las dependientas de las tiendas de lujo eran tremendamente antipáticas sino que, el dinero no puede comprarlo todo. De alguna forma, Pretty Woman decía que, a veces la vida nos da sorpresas que no nos esperamos. Y que, resultan agradables.


Uno se pasa la película sabiendo que, en el momento en el que llegue el final, no acabará de entender los mecanismos del hombre. Uno no sabe si al final todo volverá a ser igual, o cambiará drásticamente y, al fin y al cabo, todo el mundo sabe que son dos caras de la misma moneda.


Sí, quizás la escena más famosa es la de Vivian en el probador. Pensando que las cosas no son como parecen, que los sueños acaban con la mañana pero, al mismo tiempo, mientras la música resuena dentro de tu cabeza, los sueños no acaban nunca. Vivian sabe que su historia tiene un final, lo que pasa es que es difícil atisbar cuál es el que nos corresponde.


Edward también lo sabe pero ninguno quiere reconocerlo. Es triste que por no reconocer las cosas el último sonido que oigamos sea el pitido del ascensor que indica que nuestra estancia en el hotel ha terminado. Y que nuestra vida, ésa que empezamos en esa habitación sin nombre, con el amario vacío y con la ventana abierta, ha terminado.


Pero no siempre se pueden arreglar las cosas. Lo único que cuenta es saber si eres o no una de esas personas.


De esas personas que no mueven un dedo por una causa perdida o, de esas personas que sólo viven para las causas perdidas.



Y, al final, es otra historia que trata sobre la salvación.
Pero, de otra forma, que es lo que cuenta.

miércoles, junio 03, 2009

Las Cosas Cambian


90. Tom Ford. Carine Roitfeld. Gucci.


Cuero negro. Piel. Sexo.


Porno Chic.


Sado.


Sexo. Mucho sexo.


Lesbianismo.


Chic y no tan chic.

Los 2000...

Si es que las cosas cambian pero poco.