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viernes, marzo 07, 2014

Chicas Y Trapos, Mujeres Y Sueños








No me pueden gustar más las editoriales antiguas con las top model: Claudia, Naomi, Helena. El último traje rosa, de Chanel, de la Schiffer... se parece tanto -y tan poco- al del último desfile de Chanel que dan ganas de llorar. Qué tiempos. Y el contexto es casi el mismo.


viernes, septiembre 20, 2013

Blanca Claudia En Chanel














Aunque al principio de su carrera en Chanel, Karl Lagerfeld utilizó en muchas ocasiones escenarios mediterráneos, su afición por el norte de Europa fue patente desde el inicio y, actualmente, el sur casi nunca aparece en las colecciones. Esto es algo que le distingue de Coco Chanel que gustaba de escaparse al País Vasco y a la Costa Azul y que no sólo le gustaban las mujeres morenas (popularizando ella misma el bronceado, para escándalo de la buena sociedad) sino que admiraba el estilo de las gitanillas y de la gente del campo, recreando, en versión de lujo, sus prendas para su casa de costura. Así fue como llegaron a Chanel prendas tan dispares como boinas vascas -la txapela-, pantalones de pintor blancos, camisetas marineras, alpargatas, faldas de volantes y blusones de romaní y chaquetas de punto, muy marineras, convertidas en abrigos largos que se ponía para dar paseos por la playa.

Aunque es cierto que a Chanel le fascinaba el sur de Europa, su inspiración no se limitó al ambiente que mejor conocía, el francés, sino al eclecticismo. A Chanel le vino bien conocer al gran duque Dimitri para incorporar las pieles, los bordados y brocados rusos y esa imagen de la elegancia y la opulencia tan excesiva y, al mismo tiempo, tan consustancial a la personalidad del ruso que siempre vive rodeado de una camaradería que hizo que, evidentemente, la revolución comunista fuera posible al tiempo que, su gusto por el lujo, produjo que la revolución comunista fuera un fracaso. También le vino bien conocer a Bend´Or que le enseñó lo que era la elegancia inglesa con esas casas de campo llenas de criados que lo mismo te pueden envenenar que salvar la vida, y todo sin alzar las cejas, caballos y un sabor añejo y un poco rancio pero confortable y encantador al tiempo.

No obstante, hay una obcecación, un deseo de trabajo y trabajo, una creatividad inagotable incluso en su decadencia y una negativa a apartarse porque el alma no aguanta lo que el cuerpo pide que les son comunes a Chanel y Lagerfeld. Si a Coco le molestaban las rubias en Chanel y también el sexo por el sexo, el sexo que no era sofisticado e íntimo, Lagerfeld plantificó a Claudia Schiffer en Chanel. Y qué hermosa, qué divina, qué ángel vestida de blanco, en diferentes años, haciéndose lo mismo gaucha que nueva rica, lo mismo señora de los años treinta que actriz de cine mudo... y es que Lagerfeld lo supo ver, supo ver lo que revoloteaba en ella... Porque Claudia Schiffer, la más grande modelo de la historia, sólo hubiese podido ser buena actriz... de cine mudo. Lagerfeld estaba en lo cierto, no hay más que verlo. 

lunes, abril 22, 2013

La Dama De Hierro

Retrato oficial de Margaret Thatcher. Realizado por Helmut Newton.

Margaret Thatcher, la dama de hierro, falleció el ocho de abril de 2013 a los ochenta y siete años de edad. Probablemente una de las facetas más importantes de su personalidad sea la determinación. De familia humilde, y con acento cockney, la baronesa Thatcher se convirtió en una trendsetter. Ahí es nada. Además de, claro, una personalidad política de primera fila a la que muchos acusan de arrasar las clases medias del Reino Unido, de apoyar a genocidas como Pol Pot -al tiempo que clamaba por el fin del apartheid en Sudáfrica-, de tener el primer contacto con Gorvachov... Hay británicas muy famosas en el tema de la moda. Si uno echa la vista atrás: Ana Bolena fue conocida por su elegancia y su prima, Catalina Howard, por su afición por los vestidos y las joyas y la moda francesa. Aún más atrás, Leonor de Aquitania (aunque cuenta a medias por ser francesa) es un ejemplo destacado. Sin embargo, esto se refiere más bien a la moda francesa. Como el ejemplo de Diana Vreeland...

Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego, la reina Victoria, claro.

Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda, Anna Wintour, emperatriz de Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de Savile Row para Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.

Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a Dianala reina Isabel no vale (de Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y Wallis Simpson... bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de Alexa Chung aquí hoy, no-. Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el punk, es una de las diseñadoras con más talento a día de hoy.

Y la Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del MET trate sobre el punk -después del fiasco Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que Armas de mujer con la buena de Melanie Griffith y la mala de Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".

Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para Helmut Newton había algo más que "morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.

miércoles, enero 30, 2013

domingo, enero 06, 2013

Pulcritud



Hay un proverbio chino que dice "la gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?". Me recuerda a ese pensamiento sobre que "la belleza es la perfección del alma"

jueves, noviembre 15, 2012

La Sencillez



Nunca hay que confundir la sencillez con la simplicidad. Ser sencillo, ser llano, no es ser simple. O, al menos, no necesariamente. También se puede ser "vulgar" -lo que la gente llama vulgar- pero ser, en realidad, muy sofisticado -y elitista- como lo eran, por ejemplo, las creaciones de Gianni Versace o de Jean Paul Gaultier y, también, las de Coco Chanel.

En realidad, fue Coco Chanel la primera que apreció y sintió la necesidad de sencillez, de claridad, de adaptarse a la vida... que tenía la moda. Es cierto, muy cierto, que Chanel se hizo su propia moda como Robinson Crusoe su cabaña: según sus necesidades. Chanel diseñaba pensando en sí misma, en lo que ella precisaba. Se dio cuenta de que necesitaba vestidos de noches lujosos pero que se pudiesen abrochar sin doncellas mediante y que no oprimieran a la mujer y la dejaran como en una pajarera pues Coco Chanel era el todo París y quería bailar, beber champagne y apostar. Fue consciente también de que la piel se tiene que llevar por dentro, para que abrigue. Y de que la joyería tiene que ser falsa para quitarse a uno mismo importancia pues no se puede pensar en divertirse si uno lleva una caja de caudales atada al cuello. Chanel era una snob. Una snob fantástica y audaz que se dedicaba a joder un poco a las mujeres, ella misma lo dijo (les insto a que lo capten bien, por favor). 

Fastidió a todas las aficionadas a los sombreros de cuatro metros y treinta kilos porque ella prefería un sencillo canotier. Fastidió a todo el demi monde eliminando escotes, pechos punzantes, caderas fértiles y melenones porque se cortó el pelo y fumaba con tanta gracia y desparpajo que, de lejos, parecía un chicuelo. También fastidió a Poiret haciendo que las mujeres pareciesen que iban a un funeral -todas de negro-, que resultasen como secretarias -el miserabilismo del lujo que lo llamó el bueno de Paul Poiret- y que pudiesen andar y correr y trastear un poco porque, por fin, podían trabajar y vivir una vida que no fuese solo de diseño de escaparatista.

Chanel era, aunque snob, una persona llana. Sencilla que no corriente. Chanel era maravillosa: inteligente, audaz, un punto decadente, un puntito sofisticada... y aficionada a los "pequeños placeres de la vida". Chanel diseñaba pensando en su internado de monjas: en las baldas dobladas por el peso de la ropa blanca, en los caballos sin herrar corriendo por la hierba, en los huevos fritos en mucho aceite y con la yema muy naranja, en las vajillas de loza buena, de la que pesa muchísimo, en la madera oscura, pulida, pesada, brillante... Chanel era aficionada a la buena vida. Nunca trasnochaba, apenas salía -de hecho-. Y, sin embargo, qué lujo. Qué lujo... 

Chanel siempre hizo una oda a la vida sencilla. Sencilla pero valiosa podríamos decir. Coco Chanel hizo una automutación en los 50 y en los 60 cuando, Dior mediante, se sacó de la manga sus trajes de Chanel de dos piezas que el ELLE francés aplaudió y que a los americanos les chiflaron. Esa ya no era la Chanel de sus inicios, era una Chanel postmoderna y post II Guerra Mundial. La gente piensa en esa Chanel. La Chanel que fumaba compulsivamente, llevaba los labios muy pintados, lucía sombreros un tanto extraños y era tan persona como personaje -más de lo segundo que de lo primero, me temo-. Ese no es el Chanel de Chanel que interesa. Sí, fue un buen ejemplo de su tiempo y de la vista de Chanel. Una vista larga, de águila... Y también fue un ejemplo de su valeroso corazón para lanzarse, mayor ya, retirada y criticada, con un estilo que no era y una forma de vivir que ya no existía, a diseñar algo nuevo y acorde con los tiempos. Un corazón bravo, de león... Pero la Chanel que interesa es la de antes, la de entreguerras... qué sencilla y qué compleja. Qué trajes de noche, qué lujo... qué maravilla y, tras todo eso, la niña que pensaba que el lujo de verdad eran los cuellecitos blancos relucientes arriba del sobretodo negro que llevaba en el orfanato.

La sencillez, esa actitud.

lunes, octubre 15, 2012

Nº 5




No es un viaje.
Los viajes terminan pero nosotros continuamos.
El mundo gira y nosotros giramos con él.
Los planes se desvanecen.
Triunfan los sueños.
Pero adonde quiera que vaya.
Ahí estás tú.
Mi suerte, mi destino.
Mi fortuna.
Chanel Nº 5.
Ineludible.


El nuevo anuncio de Chanel Nº5 con Brad Pitt ha llegado para quedarse. Por primera vez en la historia de la marca, el frasco de perfume más famoso del mundo, tiene la esencia de un hombre, la cara de un hombre y la psicología de un hombre


¿Por qué? 
¿Qué es lo que ha hecho que se marque un punto y aparte en el mundo de la publicidad?
Porque, si alguien tiene dudas sobre si lo marca, lo marca.



Los publicistas dicen que hacer un anuncio para un perfume es lo más difícil del mundo porque no puedes decir "qué bien huele" o "con extractos de café y unas notas de gardenia en la entrada para acabar con unas notas de salida con un ligero toque de bergamota". Lo primero, no se puede decir. Lo segundo, no le importa a nadie. Un perfume es, sobre todo, su envoltorio. Por ello no hay que infravalorar el diseño del frasco y parece que hay un nuevo hálito renovador en Chanel en lo referente a esto pues el paso previo al diseño de su último perfume, el Nº 5 negro inspirado en Venecia titulado Coco Noir, nació precisamente de lacar en negro el frasco del famoso primer perfume completamente químico de la historia, el Nº5. 


Generalmente, la publicidad de perfume sigue un esquema bastante típico que es el poner en lenguaje audiovisual las características que tiene el tipo de mujer -u hombre- que usa la fragancia. En el caso de los antiguos perfumes de YSL, por ejemplo, se veía a París y a mujeres muy bien vestidas. Cuando diseñaba para transgredir, YSL se desnudó y salió así en la publicidad. En el caso de Eau Sauvage de Dior, la publicidad mostraba a un hombre con un toque salvaje pero con humor: un macho alfa con un lado tierno cuando cae en las redes de su amada. 



Porque, para qué nos vamos a engañar, el sexo vende muy bien en perfumería. De hecho, vende tan bien que, en general, los frascos de los perfumes de mujer tienen una forma redondeada y los masculinos tienen un envase que recuerda a formas fálicas. Por ello, la historia más antigua en la publicidad de perfumes es: chica conoce chico (anuncio para mujer) o chico conoce chica (anuncio para hombre. 



Por ello, esta publicidad de Chanel es desconcertante. Es cierto que lo que hace Brad Pitt es narrar una carta de amor. Imaginamos que a una mujer. Pero, a una mujer que, no vemos. Porque, la presencia de la mujer en el anuncio -y digo la mujer- resulta ser inexistente o, mejor, no ser. Porque, usando un elegante ejercicio de metalenguaje, el referente del amor de Brad Pitt es, en realidad, el Nº5. No ella, ella no. Es el perfume



Ama al perfume.
Ama una esencia.



Esta es la clave del anuncio. Amamos la esencia -lo auténtico- de una persona. ¿Y qué es un perfume sino una "esencia"? Así, Brad Pitt, que en ninguno momento se identifica como Brad Pitt sino que es un reflejo -la esencia, de nuevo- del hombre soñado e inalcanzable, nos dice qué es lo que aman los hombres. El hombre. El Hombre. Porque aquí todo es muy básico. El Hombre, La Mujer. El Perfume. El Amor. 



Me gusta, especialmente, el uso de la palabra "ineludible"". Es un término muy sofisticado que, a día de hoy, no se usa por el común de las personas. Es, en el último segundo, cuando ese "ineludible" cae con todo su peso. Marca una diferencia. Chanel no es para todos. El Número 5 no es para todos. Es como entrar en un club secreto, exclusivo, en el que está tu hombre perfecto, el perfume perfecto -tu perfume- y tú misma. Para tí.



Por ello, alegra la vida y el corazón que en Chanel se alejen de fuegos artificiales, del anuncio más caro de la historia -en el que Nicole Kidman (la mujer más famosa del mundo según el anuncio) corría envuelta en un vestido de plumas bajo la batuta del director de Moulin Rouge- y escojan a Brad Pitt, que parece pillado de improviso -sin smoking, sin producción- en una habitación gris a medio iluminar. Habla y mira a la cámara y todo lo que se mueve es la luz, muy suave y nada agresiva. Es, incluso, shakespiriano. Vamos entrando cada vez más y más en Brad Pitt, en su mente. Pasamos del plano medio -a la cintura-, a un plano corto y a un primerísimo primer plano que se abre al mundo, a la ciudad iluminada, quizá a la noche estrellada y al color y, por supuesto, a Chanel Nº5 para acabar, de nuevo, con un primer plano de Brad Pitt y la verdad: "ineludible". 


Ineludible.

La buena publicidad hace feliz.

miércoles, agosto 29, 2012

Up In The Air


Septiembre es año nuevo pero más emocionante. Lo malo es que acaban las vacaciones, lo bueno, que vuelve mi blog favorito, Cianuro espumoso . Por ejemplo. Otra cosa interesante es que las revistas ya son todo lo nuevo, campañas, perfumes y editoriales de modelos llenas de piel, ligueros y joyas. Una maravilla. Sin embargo, la publicidad de moda está un poco en el limbo. ¿Stella Tennant en Chanel y en Givenchy?, ¿de verás, querida?. Pues sí. Menos mal que siempre nos queda Air France. Así podemos irnos a, no sé, Namibia, o un sitio así, donde piensen, como yo, que la Tennant debería irse a tomar un té. Ese es otro motivo por el que me he acordado de Alexa.

miércoles, agosto 01, 2012

El Secreto De Thomas Crown





























El secreto de Thomas Crown es una película de finales de los años 90, cuando Sexo en Nueva York empezaba a hacer furor. Eran los años en que Patricia Field ponía de manifiesto que todo valía, que sí, que esos zapatos de setecientos dólares de, por ejemplo, Jimmy Choo con perlas, flecos y cristalitos se podían -y se debían- combinar con un vestido vintage de siete dólares rescatado en una maratoniana jornada de compras -aderezada con un Frapuccino de Starbucks (es un nombre que siempre me hace pensar en una librería, no sé la razón) y con covnersaciones picantes o sensibleras (eso al gusto)- de una partida defectuosa de Pucci de los 70s o incluso de Halston si eres ávida compradora. A comprarlo habías ido con un 2.55 de Chanel y con un juego de collar y pendientes comprado el domingo al vendedor de gafas de sol que espera al lado de los carruajes de caballos de Central Park. Ese bolso combinaba con los pantalones de algodón grises de pijama que llevabas para ir de tiendas y con el chaleco de lentejuelas moradas y, con ese look, cuando llegabas a casa completabas el de fiesta con, no sé, una riñonera dorada y unas bragas de La Perla.

Pues sí, así es la vida.

Sin embargo, en el caótico final de los 90s había más mundo aparte de los escarceos de Carrie and friends. Ese mundo era una mezcla, en Estados Unidos, de Oscar de la Renta, Marc Jacobs y Calvin Klein. Según la edad, el estatus, las aspiraciones sociales -arribismo, vamos- y el sueldo. Lo que sí que funcionaba era que los ricos lo eran mucho y que los pobres, bueno, ayunaban para pagarse una chuchería en Hermés. Los 00s ya no eran los años de las tops. Sobre todo porque Gianni Versace había muerto y también porque Christy, Claudia, Tatjana, Helena y Nadja se retiraron para ser mamás -agh-. Eran los años del reinado de Gisele y de Carmen Kass. John Galliano y McQueen hacían sus apariciones triunfales como buenos chicos malos sacados de Saint Martins y el Chanel de Lagerfeld era mucho mejor que el de ahora. Pero mucho. Mucho mucho.

A lo que vamos. Los años 90 fueron los que de verdad alumbraron una auténtica mujer trabajadora (en el sentido que nosotros damos al término). Es decir, la que dirigía el cotarro. Eran todo uno: guapas, agresivas, sexualmente activas y con un guardarropa de infarto. Un poco como Kate Parker de Armas de mujer. Ese tipo, casi dominatrix, imperaba. Al menos en el imaginario colectivo. A ese tipo responde Rene Russo en la película. Una atractiva investigadora para una agencia de seguros que busca un Monet robado -por Crown, aka Pierce Brosnan en su línea Bondiana-. Su vestuario está compuesto por ropa cara. Elegante y sexy. Hay por ahí alguna aberración estética del tipo Doc Martens que se cuela siendo fiel testigo de la época. El resto se puede llevar hoy perfectamente. Más que perfectamente. Lo interesante de este maniqueo punto de vista (Crown va siempre impecable también) es que el vestuario de los personajes refleja sus climas emocionales. Cuando Catherine se relaja, su estilo cambia a más desenfadado y cassual. También a menos elegante. Y, desde luego, a menos sobrio y severo. Bond -perdón, Crown- en todo momento -en casi todo momento- va vestido de típico hombre de negocios. La película deja claro que, la ropa, muestra quiénes somos. Que es nuestra... imagen de marca. Especialmente hay un momento dado en el film, por obra de Magritte, que es especialmente elocuente al respecto.

La otra cosa interesante de la película es que sale Esther Cañadas. Bella no, lo siguiente. Sin embargo, me quedo con Rene Russo porque creo que gana pese a que es mayor que la Cañadas y a que no es modelo como la española. En esta época Eugenia Silva también se divertía en Nueva York y en París. Y desfilaba en Dior subida en una locomotora, toda vestidita de india. Que se quemó, dijo luego. Ay reina.