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miércoles, junio 11, 2014

La Chica Que Nunca Lleva El Mismo Vestido Dos Veces

¿Quién eres tú?


De arriba a abajo.


Lisa


Carol


Freemont


Ah. La chica que nunca lleva dos veces el mismo vestido.

Y si no es la mejor presentación de un personaje de la historia, me dicen.

miércoles, mayo 07, 2014

El Vértigo De Encontrar Un Charles James






No lo es. Pero siempre he encontrado un aire de Charles James en este vestido de Kim Novak en Vértigo. Película que, por otro lado, tiene un vestuario absolutamente brutal. El vestido verde del restaurante en el que Scottie se convence de aceptar el caso de Madeleine-Carlota Valdés me parece sublime. Y eso que Kim Novak resulta en otras películas algo vulgar, y en ésta también durante un rato. La espalda de Kim Novak es maravillosa. Su salida como una modelo es preciosa. Y el vestido en sí es perturbador. Todo el vestuario de la película es sobrecogedor. Por lo inquietante. Por lo moderno. Por lo elegante.  Por lo erótico. Por lo kitsch. Por lo posmoderno. Vértigo siempre me ha sentado muy mal. Pasé unos meses muy malos cuando la vi, por primera vez, a los once años. Sin duda alguna, es de mis películas favoritas. Y el vestuario...

lunes, febrero 10, 2014

Parejas Ideales







Llega San Valentín y no puede uno menos que pensar que, aunque hortera, es una fiesta encantadora. Yo veo Algo para recordar de Meg Ryan, guapísima, antes de las operaciones, y Tom Hanks en la que hacen un remedo muy digno de Tú y yo, película a la que yo nunca he encontrado el punch por ningún sitio pese a que sale Cary Grant que es como... como... ¡ay, qué cosas me hacen decir -y pensar-! Lo mejor de esa película es que una puede sentirse completamente identificada. En primer lugar porque oigo esos programas de radio de llamadas. Soy así, hay gente para todo y yo estoy en ese nivel. En segundo lugar porque el comportamiento obsesivo compulsivo de Meg Ryan es el de toda soltera actual. Es, digamos, una especie de previa de Bridget Jones pero más guapa, mucho más delgada, y con mejor gusto. Menos mal que, cuando la rodaron, no había ni móviles ni Facebook. Esa sería otra película. Pero sería la misma película. Yo dejo caer la idea. Pueden hacer un remake del remake, algo así como la introducción esa de Armando de Troeye que dice Pérez-Reverte en El tango de la Guardia Vieja que era una broma genial porque no introducía nada. 
En fin. A lo que voy. San Valentín, lo bueno que tiene, es que uno puede ser pasteloso casi por obligación. Lo otro bueno que tiene es que todos los años cae algún regalo y, oigan, si ustedes tienen algo en contra de los regalos, no sé qué hacen leyendo mi blog. ¿Lo han confundido con Greenpeace, con una web de comercio justo o con la web del Partido Comunista? Aquí no hay sombreros hechos por niños panameños ni sandalias elaboradas a mano por mujeres masais o lo que sea. No soy una modelo. No llevo esas cosas. No voy sin maquillar a Ruanda y poso, toda esbelta y en color caqui, sin maquillaje, con camiseta y vaqueros, con las nativas vestidas con trajes de colores y luego digo en mi egoblog que qué belleza de colores, que qué mujeres tan valientes, que qué niños tan felices. Ay.
Pues eso. Mi anécdota favorita de los Jagger (Bianca y Mick, para los no entendidos) es cuando ella se hizo confeccionar, para mujer, un montón de trajes en Savile Row. Pero no es la única, este matrimonio dio grandes momentos en los setenta. Uno es su boda. Bianca de YSL, con pamelón y un escote como el gran cañón del Colorado. Y la otra es cuando se subió en un caballo y entró en Studio 54. Las fotos de Peter Beard tampoco se quedan atrás. 
Sé que ustedes están por encima de las cajas rojas de bombones compradas en el supermercado. Lo sé y les respeto por ello. Amen al amor, por favor. Al amor elegante. Al amor con estilo. Como el de estos dos. 

martes, octubre 01, 2013

La Corte De Nicolás II, Alejandra Y OTMA






No es habitual que las películas de dibujos animados sean muy fieles en ambientación histórica a la época en la que se sitúan -ya que ni siquiera suelen ser fieles a la historia canónica- pero hay una pequeña excepción que es la Rusia de la película Anastasia. Comienza con la Rusia dorada de los Romanov (con trajes de estilo ruso y no occidental -luego habrá más trajes de corte-) amenazada por Rasputín y los bolcheviques. El starets, caracterizado con su larga barba de hombre santo de Rusia y esos ojos (que en la realidad eran claros) penetrantes así como por la ropa humilde que llevaba, pronuncia aquel presagio célebre en el que advierte a Nicolás II, a sabiendas de su caída, de que le seguirá en su muerte. Así es y la desgracia se ceba con los Romanov que acaban muertos pese a su belleza, su elegancia, su mala fortuna, la riqueza y grandeza de Rusia ya que, igual que el país, eran gigantes con pies de barro. 








¿Todos?


No. 


En Rusia, y por toda Europa, circula la leyenda de la hija perdida del zar que logró escapar: Anastasia.
El problema es que no se sabe dónde está.





Y, diez años después de la Revolución Soviética, comienza la verdadera historia. Con una Rusia atrapada en un sistema en el que abunda la miseria y la picaresca para sobrevivir. Es extraño el contraste entre los dos mundos: el pasado de los Romanov y el presente de Anastasia. Y eso es quizá lo más hermoso de la película.










Aparecen también el zar Nicolás II, la zarina Alejandra, el pequeño Alexei y Olga, Tatiana y María, bellísimas.
















Pero también aparece París, la ciudad de la luz de entreguerras, con todo su encanto: Chanel, la nueva moda, la vieja gente, los emigrantes rusos que eran príncipes exiliados que vendían café o perfumes (o eran costureras en chéz Coco) pero también los criados que se hacían pasar por nobles y un poco de gente de mundo y del Paris-la-nuit.




Chanel.


Freud pierde el equilibrio ante una flapper descocada... las pulsiones del sexo, ya se sabe.


Monet y Josephine Baker que admira su cuadro del Moulin Rouge.


El Moulin Rouge y unos viriles remeros.


Las bailarinas del can cán.






Isadora Duncan bailando... ¡cuidado con la bufanda, Isadora, que luego pasa lo que pasa!


El pensador de Rodin.




La luna impresionista, las muchachas haciendo cabriolás sobre un avión y la torre Eiffel.




La Ópera de París.













Y el amor y los trajes de corte
Seguro que le gusta a Maribel.