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jueves, noviembre 15, 2012

La Sencillez



Nunca hay que confundir la sencillez con la simplicidad. Ser sencillo, ser llano, no es ser simple. O, al menos, no necesariamente. También se puede ser "vulgar" -lo que la gente llama vulgar- pero ser, en realidad, muy sofisticado -y elitista- como lo eran, por ejemplo, las creaciones de Gianni Versace o de Jean Paul Gaultier y, también, las de Coco Chanel.

En realidad, fue Coco Chanel la primera que apreció y sintió la necesidad de sencillez, de claridad, de adaptarse a la vida... que tenía la moda. Es cierto, muy cierto, que Chanel se hizo su propia moda como Robinson Crusoe su cabaña: según sus necesidades. Chanel diseñaba pensando en sí misma, en lo que ella precisaba. Se dio cuenta de que necesitaba vestidos de noches lujosos pero que se pudiesen abrochar sin doncellas mediante y que no oprimieran a la mujer y la dejaran como en una pajarera pues Coco Chanel era el todo París y quería bailar, beber champagne y apostar. Fue consciente también de que la piel se tiene que llevar por dentro, para que abrigue. Y de que la joyería tiene que ser falsa para quitarse a uno mismo importancia pues no se puede pensar en divertirse si uno lleva una caja de caudales atada al cuello. Chanel era una snob. Una snob fantástica y audaz que se dedicaba a joder un poco a las mujeres, ella misma lo dijo (les insto a que lo capten bien, por favor). 

Fastidió a todas las aficionadas a los sombreros de cuatro metros y treinta kilos porque ella prefería un sencillo canotier. Fastidió a todo el demi monde eliminando escotes, pechos punzantes, caderas fértiles y melenones porque se cortó el pelo y fumaba con tanta gracia y desparpajo que, de lejos, parecía un chicuelo. También fastidió a Poiret haciendo que las mujeres pareciesen que iban a un funeral -todas de negro-, que resultasen como secretarias -el miserabilismo del lujo que lo llamó el bueno de Paul Poiret- y que pudiesen andar y correr y trastear un poco porque, por fin, podían trabajar y vivir una vida que no fuese solo de diseño de escaparatista.

Chanel era, aunque snob, una persona llana. Sencilla que no corriente. Chanel era maravillosa: inteligente, audaz, un punto decadente, un puntito sofisticada... y aficionada a los "pequeños placeres de la vida". Chanel diseñaba pensando en su internado de monjas: en las baldas dobladas por el peso de la ropa blanca, en los caballos sin herrar corriendo por la hierba, en los huevos fritos en mucho aceite y con la yema muy naranja, en las vajillas de loza buena, de la que pesa muchísimo, en la madera oscura, pulida, pesada, brillante... Chanel era aficionada a la buena vida. Nunca trasnochaba, apenas salía -de hecho-. Y, sin embargo, qué lujo. Qué lujo... 

Chanel siempre hizo una oda a la vida sencilla. Sencilla pero valiosa podríamos decir. Coco Chanel hizo una automutación en los 50 y en los 60 cuando, Dior mediante, se sacó de la manga sus trajes de Chanel de dos piezas que el ELLE francés aplaudió y que a los americanos les chiflaron. Esa ya no era la Chanel de sus inicios, era una Chanel postmoderna y post II Guerra Mundial. La gente piensa en esa Chanel. La Chanel que fumaba compulsivamente, llevaba los labios muy pintados, lucía sombreros un tanto extraños y era tan persona como personaje -más de lo segundo que de lo primero, me temo-. Ese no es el Chanel de Chanel que interesa. Sí, fue un buen ejemplo de su tiempo y de la vista de Chanel. Una vista larga, de águila... Y también fue un ejemplo de su valeroso corazón para lanzarse, mayor ya, retirada y criticada, con un estilo que no era y una forma de vivir que ya no existía, a diseñar algo nuevo y acorde con los tiempos. Un corazón bravo, de león... Pero la Chanel que interesa es la de antes, la de entreguerras... qué sencilla y qué compleja. Qué trajes de noche, qué lujo... qué maravilla y, tras todo eso, la niña que pensaba que el lujo de verdad eran los cuellecitos blancos relucientes arriba del sobretodo negro que llevaba en el orfanato.

La sencillez, esa actitud.

martes, julio 24, 2012

Pájaro De Metal





La aviación gusta. Los años 30 fueron muy glamourosos con el enfrentamiento Elsa Schiaparelli y Chanel, con los surrealistas y Madame Grés al quite. Poirot estaba olvidado. Worth estaba acabado. La década de los treinta fue chic. Tuvo su encanto. En el 37 Vogue sacó esta portada. Hoy es el 115 aniversario del nacimiento de Amelia Earhart. Jean Paul Gaultier cuando aún diseñaba para Hermés, se sacó de la manga una magnífica colección donde unía el cuero, el sexo, los 30s, aviadores, aires sado y elegancia. Mucha elegancia. Es que los 30 fueron muy pero que muy chics.

lunes, junio 18, 2012

Verano En Los Diez




Segunda década del XX, la familia Romanov con su descendencia al completo corretea por los campos de Rusia. El gobierno de Kerensky dicen que vendrá pronto aunque el zar no cree nada, sólo Lenin sabe que la Gran Guerra con Rusia entre los aliados es el regalo más preciado para la revolución. Las niñas tienen la belleza de la zarina Alejandra, descendiente de la reina Victoria, y de su padre, Nicolás II. La moda de las últimas décadas del XIX y de inicios del XX fue bastante aburrida hasta que llegaron Poiret y Chanel a darse de cabezazos... pero qué sombreritos me lleva Anastasia. Y qué hermosas hubieran sido las hermanas...


jueves, marzo 10, 2011

La Reina Del Hielo


Lady Sarah Burton, una segunda en la sombra al estilo Frida Giannini o la italiana maldita, la Fachinetti, en el Gucci de Ford, al estilo Stephen Johns de Galliano, al estilo del personal de Prada o del equipo de Lagerfeld o, en general, de las "manitas" de todas las grandes marcas, y de las pequeñas, y, sí, por ejemplo, también de los grandes y buenos diseñadores de Zara, por poner un ejemplo. Pilati para Yves Saint Laurent también era un segundón y demás... incluso Paul Poiret fue un segundón en varias casas, entre ellas, en Worth.


El problema de todo esto es la vieja dicotomía de la que ya Poiret fue consciente, mucho antes de que la tiranicida Chanel eliminase el corsé de forma definitiva y un poco antes de que Fortuny convitiera Europa en un harén griego y persa al tiempo. O montas tu propia firma, o si trabajas para otros tu estilo se difumina, se borra, se diluye, acaba siendo de los otros, acaban comprando en Worth con firma Worth las obras de la mente de Poiret y cuando -hipotéticamente- te arriesgues a crear tus propias obras la gente solo verá Worth pese a que "ese" Worth era Poiret. Básicamente, casi 100 años después, ese es el problema de McQueen. El que es sin ser y sin saber si los sueños son sueños o no.


Sin duda, esta colección inspirada en la Reina de la Nieves, en la Reina del Hielo es, exactamente eso, fría. Todo podría haber salido de la pluma de McQueen: los zapatos altos y descontextualizados, las cascadas de rosa bajo corsés renacentistas casi esmaltados como la porcelana de Sevres, golas españolas ahogando el cuello, androginia modernista casi de ninfa de Mucha e incluso algo de futurismo. Los vestidos parecen cincelados en bloques de hielos de los que sale una mujer como Atenea salió armada de la cabeza de Zeus, la primavera fértil se ve ya en la nieve estéril y se aventura que sí, que será un buen año. La tecnología metálica y extraña, casi sinuosa, se entrevé en los pasos del principio donde los abrigos parecen sacados de aquella colección de Chalayan en la que una mesa se volvía una falda y una mujer vestida entero era absorvida por una pamela hasta aparecer desnuda.


Pero sí, solo hay que fijarse un poco. La Reina del Hielo está muerta, quiere hacer creer que está viva, que el invierno es poderoso, que la muerte recorre los caminos con hielo y que, quizás, antes de la primavera uno se tope con la Parca. Pero, al final, es frío. McQueen sin McQueen se queda en un amago, tierno, bueno, tranquilo, plácido, que no daña la vista pero que tampoco alegra el corazón. Amago al fin y al cabo. Es cierto que de esta forma la casa McQueen no es un fantasma, que no se pierde en el olvido, que uno no se lleva las manos a la cabeza para decir "Dior debe revolverse en su tumba cuando Galliano saca clochards en la pasarela", que uno no dice "Coco Chanel le partiría al kaiser la cara si viera su afectación en la marca, esa afición por repetir y replagiarse a sí mismo y esa defenestración de lo que Chanel fue en sus inicios". Pero no se espera como el agua de mayo con el que -yo- esperaba al Dior de Galliano ni al Chanel de Lagerfeld. Esto está, esto pasa y esto se ve y se comenta y todo está bien porque no está mal.


Pero este fantasma ni siquiera viste de negro como la muerte, porque no sabe que está vivo. Sarah Burton puede hacer una balance, sin duda, positivo. Nada es criticable, nada está mal, nada es horrible. Pero nada te deja sin aliento. Todo es bonito. Sí. Como el Valentino de Fachinnetti. Ser más Tom Ford que Tom Ford no augura nada bueno, ni ser más Valentino que Valentino. Al final, como no eres ni el uno ni el otro, desapareces. Hizo bien la Iglesia en quitar el limbo, ¿qué es el limbo?. Mucho peor que el infierno. Háganme ustedes caso, agénciense una moneda nueva para pagar a Caronte que es peor esperar que desesperar.

sábado, octubre 09, 2010

LV Es Una Fiesta


A veces pienso en Hemingway. Él que veía París como una fiesta y España como una corrida de toros. También pienso que uno los temas como quiero porque no tienen ni que ver en el blanco de los ojos. No obstante, nadie desprecia un dulce así que... Marc Jacobs en Louis Vuitton vio una femnineidad exagerada para el otoño invierno: pechos, caderas, tacones medios, bolsos rígidos, años 50s y una carretera con curvas y chicas guapas. y ahora ve una especie de Años 20s. Es el mismo proceso.


Entre 1900-1914, el fin del siglo, las mujeres llevaban xorsés, los pies trabados, escotes imponentes, pechos turgentes y caderas fértiles pero llegó la Gran Guerra, ellas se arremangaron, ellos se fueron a la tumba y cuando Alemania cayó ya era todo muy diferente. Ellas llevaban vestidos de flecos, bailaban el tango para olvidar, enseñaban piernas, hombros y escote y se cortaron el pelo, tan corto, que parecían ce cedillas.


Chanel tuvo su porción de culpa, las Callot Soeurs el resto y Estados Unidos con el charleston, el capitalismo y el jazz hizo el resto. Un montón de dinero fue lo que faltaba para que todo pudiese ser como fue. De repente, en USA había explosiones de riqueza y, mientras Europa se lamía sus heridas, también aprendía a ser chic, a deshacerse de todo lo viejo y a apostar por lo nuevo.

Marc Jacobs llega justo a ese momento. Japón también ha vencido la guerra y, de hecho, Europa se tiñe de una especie de fiebre oriental que ya había llegado con el orientalismo moderista y que continúa con todo el jaleo de Mata Hari, Diagilev y el Ballet Ruso de las palomitas de colores que tanto inspiró a Poiret.


Chanel es la reina indiscutible de esos años. Pelo corto, sencillez con un vestido negro, mucho lujo y glamour y un halo de sofisticación. Una ristra de perlas. Un bolsito pequeño. Un poco de bello indiferente. Rojo de labios y... champagne.

Hemos perdido la guerra y no nos importa. Marc Jacobs para LV sólo piensa en las jóvenes, esas que están hartas de no haber sido unas señoritas por culpa de una sucia guerra, que saben que sus hermanos murieron en el frente y se qeudaron sin pulmones por culpa de los gases de Verdún. No quieren oír nada de generaciones perdidas, de que antes todo era mejor, de corsés, de cintas, de lazos, de volver a casa pronto, de guardar la preciada virginidad, de ser ama de casa o de criar a un montón de niños. Joder.


Ellas también tienen vida. Pienso mucho en Diana Vreeland, una mujer maravillosa, de la que Warhol dijo que tenía perfil de tucán y que era un ave exótico. Pienso en que contaba que poca gente olía el aire de Vogue y todo lo que eso conllevaba. Estas chicas sí lo han olido.


Están en la cumbre. Son la cumbre.


Un Studio 54 en los años 20s.


Con belleza y desenfreno.

jueves, septiembre 30, 2010

Old Fashioned


Yo ya lo avisé. Se llevan las cerezas. Las chicas un poquito antiguas que comulgan con los antiguos cánones. Maria Carla Boscono -modelo italiana única en su especie porque no hay modelos ni italianas ni francesas- hace un come back en Vogue París -y ya no es novia del hijo de la Roitfeld- y para Meisel -que ya se autodenominó Padrino y que, además, ejerce como tal.

La portada parece sacada de uno de aquellos antiguos Harper´s Bazaar con buenas señoritas, con damas muy bellas y con trajes de Alta Moda: abrigazos de leopardo, bolsazos de cocodrilo, tacones medios, sombreritos chapeau y un montón de joyas.

Ya ya, todos nos sabemos la cantinela de las señoritas de Prada y de LV, esas que tienen tetas, cadera y culo. Ésa que les gusta más ellos que a ellas. Ésa que ama en vez de languidecer. O llora en vez de cortarse las venas.

Poiret presentó su ciclo de las tendencias y explicó el funcionamiento de las modas. De la atracción-fascinación que es deseo de compra pasa al aburrimiento, relegado en el fondo del armario, se convierte en motivo de sonrojo y de verguenza en instántaneas familiares o en el recuerdo y, un poco después, los hijos lo encuentran "enrrollado" y los diseñadores hablan de su infancia y de lo que ellos idealizaban de sus padres y todo vuelve. Algunos rebuscan en el vintage, otros en la tienda del Ejército de Salvación y el resto fondean en Zara y fusilamientos de cadena rápida para proveerse de las novedafes -sigh- de la temporada.

Maria Carla, tan maniquí en la portada. Tan estirada. Tan ajena. Tan lejana. Tan de otra época. Tan sola con el fondo blanco no hace más que evidenciarnos que en el fondo sólo estamos pasados de moda siempre.

Es decir, que también estamos siempre de moda.

sábado, septiembre 04, 2010

Inspiraciones


Marchesa ha revelado su inspiración para la primavera 2011. Es decir para la colección que presenterá próximamente en Nueva York. No es que sea una novedad. Marchesa es princesas neoyorkinas de Valentino entremezcladas con Oscar de la Renta con más celebrities y menos talento. Al mismo precio. Made in USA. Diseñadora con novio productor y con contactos en el mundillo. ¿Y por qué no? Arrasa en la Alfombra Roja y la verdad es que sus chicas son guapas.
Se parecen un poco a las chicas de Devil Wears Prada, las Runwayers -clakers- y tienen ese halo posh-stupid-sofisticado ¿? (ha salido de mi teclado, y de mi mente que es peor) pero acaparan flashes y ellas se ven como princesas, sin duda alguna.
Esta temporada parece que en Marchesa gusta Poiret. Los turbantes. Y el rosa. ¿Y por qué no? Repito. Es una de las colecciones que se disfrutan de NY. Vale, lo admito. No cosen los bajos. No son lo que se dice exactamente puristas. Ni tienen una línea fantástica. Ni nada de esas cosas. Pero la verdad es que su ropa es bonita. Todas las que se lo ponen parecen sacadas de una Alfombra Roja (que si ese es tu objetivo, pues es estupendo) y no hay que pensar nada al ver su colección.
Y eso me gusta.
No más.

martes, julio 20, 2010

Belleza Negra


A Yves Saint Laurent le gustaban las bellezas negras, como aquellas que descubrió Alejandro Magno. Y Gaugin también cuando viajó, como Poiret, por los Mares del Sur.

viernes, julio 16, 2010

Prisma



Cuenta Karl Lagerfeld que era francamente díficil encontrar a alguien que le hiciera a uno el look book de la colección y que por eso él dio los primeros pasos en el mundo de la fotografía de modas que más allá de la que rozaba el arte era, prácticamente, inexistente.
Pero no es Lagerfeld el gran renovador. Sino Poiret.
Poiret, después de que Worth crease las sosias-modelos para enseñar sus colecciones, las quiso hacer llegar a un público más amplio y decidió fotografiarlas. Claro. La idea era una gran idea pero tenía el inconveniente de la calidad de las imágenes de la época y de que si Poiret era un enamorado de Oriente, lo era, sobre todo por el color.
Porque aunque Diaghilev veía palomitas blancas en Chanel y Misia Sert, Poiret lo que veía eran tonos grises y terrosos donde debían estar los deslumbrantes rosas, los inconmesurables verdes limas que él usaba convirtiendo a las mujeres en florecillas salvajes en vez de un mustias flores de un color borroso.
Así que contrató a ilustradores -Lepape e Iribe- para que brillasen sus colores. Y Vogue lo aplaudió.
Aunque, la verdad, es que Worth ya fotografiaba sus vestidos con elegantes trucos ópticos y que sería la foto la que de verdad calase en la moda hasta hoy. Porque el dibujo se quedó en sustitutivo de la pobre calidad que tenían las fotos en vez de la gran calidad que debían tener.
Y, por cierto, fue a Worth al que se le ocurrió poner un espejo para hacer trucos ópticos y enseñar el vestido por todas las caras.

sábado, marzo 20, 2010

Silueta


Contonearse. Este vestido me trae a la mente la silueta primitiva y al mismo tiempo femenina de esas que ya casi no se ven. El obligado tambaleo al que obligan los tacones. El puente exageradamente curvado, el pecho volcado hacia delante, la garganta sedienta de deseo y los ojos, los ojos astutos, seductores, dispuestos a tergiversar la realidad.
Para Poiret el vestidito negro era una cosa de telegrafistas ordinarias y mal alimentadas que creó Chanel en un ataque de furia contra sus orígenes. Para la moda, el vestidito negro se ha convertido en algo más que un icono o una tendencia, se ha convertido en su sello de identidad.
Con el tiempo uno piensa en que tan mal alimentadas pero no tan mal pagadas. Al menos, viendo los precios...