Me encanta la bisutería de YSL, aunque a veces sea excesiva y otras veces sea demasiado vulgar bien por sus dimensiones bien porque ha quedado trasnochada. Éstas, en concreto, son piezas que estuvieron a la venta en Decades, la boutique vintage que sube muchas fotos de sus fondos. Nunca he comprado porque las tallas de la ropa suelen ser enormes y los precios carísimos pero alguna vez me he planteado comprar algo de bisutería. De todas estas, sería muy feliz si tuviera el collar de bolas blanco y marrón. Mucho. Porque me parece algo que podría llevar Julia Roberts cuando va a ver jugar al polo en Pretty Woman. Las pulseras de esqueleto, que creo que Lulú de la Falaise llevó alguna vez, se parecen a las que actualmente hace Delfine Deletrez que, aunque un poco grotescas, también me gustan. Soy una urraca. Para que luego digan que la joyería divertida la inventó Victoire de Castellaine o similar.
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domingo, abril 06, 2014
lunes, febrero 10, 2014
Parejas Ideales
Llega San Valentín y no puede uno menos que pensar que, aunque hortera, es una fiesta encantadora. Yo veo Algo para recordar de Meg Ryan, guapísima, antes de las operaciones, y Tom Hanks en la que hacen un remedo muy digno de Tú y yo, película a la que yo nunca he encontrado el punch por ningún sitio pese a que sale Cary Grant que es como... como... ¡ay, qué cosas me hacen decir -y pensar-! Lo mejor de esa película es que una puede sentirse completamente identificada. En primer lugar porque oigo esos programas de radio de llamadas. Soy así, hay gente para todo y yo estoy en ese nivel. En segundo lugar porque el comportamiento obsesivo compulsivo de Meg Ryan es el de toda soltera actual. Es, digamos, una especie de previa de Bridget Jones pero más guapa, mucho más delgada, y con mejor gusto. Menos mal que, cuando la rodaron, no había ni móviles ni Facebook. Esa sería otra película. Pero sería la misma película. Yo dejo caer la idea. Pueden hacer un remake del remake, algo así como la introducción esa de Armando de Troeye que dice Pérez-Reverte en El tango de la Guardia Vieja que era una broma genial porque no introducía nada.
En fin. A lo que voy. San Valentín, lo bueno que tiene, es que uno puede ser pasteloso casi por obligación. Lo otro bueno que tiene es que todos los años cae algún regalo y, oigan, si ustedes tienen algo en contra de los regalos, no sé qué hacen leyendo mi blog. ¿Lo han confundido con Greenpeace, con una web de comercio justo o con la web del Partido Comunista? Aquí no hay sombreros hechos por niños panameños ni sandalias elaboradas a mano por mujeres masais o lo que sea. No soy una modelo. No llevo esas cosas. No voy sin maquillar a Ruanda y poso, toda esbelta y en color caqui, sin maquillaje, con camiseta y vaqueros, con las nativas vestidas con trajes de colores y luego digo en mi egoblog que qué belleza de colores, que qué mujeres tan valientes, que qué niños tan felices. Ay.
Pues eso. Mi anécdota favorita de los Jagger (Bianca y Mick, para los no entendidos) es cuando ella se hizo confeccionar, para mujer, un montón de trajes en Savile Row. Pero no es la única, este matrimonio dio grandes momentos en los setenta. Uno es su boda. Bianca de YSL, con pamelón y un escote como el gran cañón del Colorado. Y la otra es cuando se subió en un caballo y entró en Studio 54. Las fotos de Peter Beard tampoco se quedan atrás.
Sé que ustedes están por encima de las cajas rojas de bombones compradas en el supermercado. Lo sé y les respeto por ello. Amen al amor, por favor. Al amor elegante. Al amor con estilo. Como el de estos dos.
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YSL
viernes, julio 05, 2013
Fantasmas Estéticos, Yves Saint Laurent
YSL con su madre, Lucienne
“Todo hombre necesita fantasmas estéticos para vivir. Yo los he perseguido, buscado, acorralado. He pasado por muchos momentos de angustia y de infierno. He conocido el miedo y la terrible soledad. Los falsos amigos que son los tranquilizantes y los estupefacientes. La prisión de la depresión y la de los sanatorios mentales. De todo ello puede salir un día, deslumbrado pero desengañado. Marcel Proust me había enseñado que ‘la magnífica y lamentable familia de los nerviosos es la sal de la tierra’. Yo, sin ser consciente de ello, formo parte de esa familia”. YSL
lunes, abril 22, 2013
La Dama De Hierro
Retrato oficial de Margaret Thatcher. Realizado por Helmut Newton.
Margaret Thatcher, la dama de hierro, falleció el ocho de abril de 2013 a los ochenta y siete años de edad. Probablemente una de las facetas más importantes de su personalidad sea la determinación. De familia humilde, y con acento cockney, la baronesa Thatcher se convirtió en una trendsetter. Ahí es nada. Además de, claro, una personalidad política de primera fila a la que muchos acusan de arrasar las clases medias del Reino Unido, de apoyar a genocidas como Pol Pot -al tiempo que clamaba por el fin del apartheid en Sudáfrica-, de tener el primer contacto con Gorvachov... Hay británicas muy famosas en el tema de la moda. Si uno echa la vista atrás: Ana Bolena fue conocida por su elegancia y su prima, Catalina Howard, por su afición por los vestidos y las joyas y la moda francesa. Aún más atrás, Leonor de Aquitania (aunque cuenta a medias por ser francesa) es un ejemplo destacado. Sin embargo, esto se refiere más bien a la moda francesa. Como el ejemplo de Diana Vreeland...
Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego, la reina Victoria, claro.
Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda, Anna Wintour, emperatriz de Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de Savile Row para Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.
Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a Diana, la reina Isabel no vale (de Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y Wallis Simpson... bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de Alexa Chung aquí hoy, no-. Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el punk, es una de las diseñadoras con más talento a día de hoy.
Y la Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del MET trate sobre el punk -después del fiasco Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que Armas de mujer con la buena de Melanie Griffith y la mala de Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".
Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para Helmut Newton había algo más que "morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.
Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego, la reina Victoria, claro.
Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda, Anna Wintour, emperatriz de Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de Savile Row para Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.
Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a Diana, la reina Isabel no vale (de Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y Wallis Simpson... bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de Alexa Chung aquí hoy, no-. Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el punk, es una de las diseñadoras con más talento a día de hoy.
Y la Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del MET trate sobre el punk -después del fiasco Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que Armas de mujer con la buena de Melanie Griffith y la mala de Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".
Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para Helmut Newton había algo más que "morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.
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lunes, octubre 01, 2012
Sexy Y Clásico, Lanvin
Flores y metal ha sido el escenario que Alber Elbaz ha preparado para su flamante colección de pret a porter de primavera verano de 2013. No se puede decir que la mujer de Elbaz en Lanvin esté evolucionando mucho desde hace unos cuantos años pues, a diferencia de en sus inicios en la firma, parece que Elbaz ha encontrado unos recursos que le son rentables, le gustan, favorecen y que con ellos se basta y se sobra. Esta estrategia -darle a la clientela lo que la clientela quiere- es exitosa aunque aún está por determinar si sólo lo es a corto plazo. Los desfiles de Lanvin no dejan de estar en un bucle: vestidos con estampados metalizados con forma de caras o de cuerpos (en este caso), trajes de noche cortos y con tul y volantes de colores brillantes (más o menos cálidos según la temporada y, en este caso, tirando más bien a metalizados y a una paleta menos brillante y más encerada que en otras ocasiones) y trajes en negro para la mañana con monos brillantes de lentejuelas y joyería exagerada.
Y, en este caso, la colección tiene todos esos tópicos buceando bien en el imaginario del creador. Es coherente, bonita, ponible, elegante y sofisticada y, si es solvente y no sólo repetitiva, es porque Elbaz apuesta por el sexy. En general, las mujeres de Elbaz para Lanvin son muy femeninas, preciosistas, finas y muy monas. Diseña para un tipo de mujer muy claro que tiene en la cabeza que en París hay un encanto especial y un estilo concreto: liviano, con predominancia de los tonos negros, corto para el día y la noche y con un toque a la moda aunque nunca tan tendencioso como para poder adivinar a simple vista si es de esta temporada o la pasada.
En cierta manera las mujeres de Elbaz sí que son decididas aunque a veces pequen de cursis. De hecho, guerreras de la fe, de las tendencias y de la resistencia se han visto en sus colecciones sin sonrojar a nadie ni provocar arqueos de ceja. Por otro lado, eso no ha impedido que firmas como H&M hayan colaborado con Elbaz y creado una colección cómoda, frívola y divertida porque parece que Alber Elbaz quiere hacer de su moda algo divertido y que no nos tomemos tan en serio los desfiles de París. Olvidemos la retórica y la sociología porque, al final, todo esto son vestidos. Así sus campañas de publicidad han tenido modelos bailando al ritmo de Pitbull y modelos no profesionales que han sido fotografiados -como hizo Gaultier desde su origen apostando por la multiculturalidad- por ser viejos, altísimos, niños pequeños, jóvenes, blancos o negros.
La primera parte del desfile ha estado formada por una serie de pases inspirados en el smoking y en su deconstrucción y renovación que podrían haber hecho las delicias de YSL si los hubiéramos visto en una pasarela con su nombre o con el de su nuevo flamante director creativo: el ex chico de Dior, Hedi Slimane. Y esto tiene sentido porque Elbaz fascinó al mismo Yves Saint Laurent quien le puso al mando de sus colecciones de pret a porter tras retirarse (aunque no duró mucho después de que la casa fuera absorbida por el conglomerado comercial del grupo Gucci y Tom Ford se ocupase de ella en sustitución de Elbaz). A diferencia de lo que se ve en firmas como Marchesa, Stella McCartney bajo su propio nombre, aquí hay patronaje. Todo tiene unos cortes que hacen que favorezcan las prendas y que se adapten al cuerpo con una caída elegante.
De hecho, Elbaz ha afirmado que ha buscado inspiración en "los clásicos" y en definirlos tanto dentro como fuera. Así, el diseñador que afirma que no puede hacer un desfile basándose en una sola idea, logra encajar a sus rosas de metal en el mundo del día a día (negocios, amor, fiesta, excentricidad, liviandad, hora de estar en casa y hora de ponerse en marcha) con sus prendas que pueden parecer un simple traje negro para ir a la oficina pero que se convierte en una prenda multifaceta pues la vemos en corto y con solapas de smoking para ir a una sofisticada presentación de arte en una galería o en un vestido con aberturas muy sexies para ir de "cacería".
El movimiento y el cambio son, evidentemente, dos partes importantes del desfile de Elbaz que, a diferencia de cuando diseña para chicas "monas" que sueñan con vestidos de tul, tiene un buen componente de sexualidad y de una sexualidad que ha sido definida por los críticos internacionales como "fast and furious" (según la edición digital de Vogue USA, por ejemplo). La asimetría, los cortes que muestran de repente la cadera, un gran escote en la espalda o pronunciadas uves que enseñan pecho aparecen en las propuestas de Elbaz para el verano de 2013 en una colección bastante oscura. Aunque esta no es la primera vez que Elbaz propone una primavera poco luminosa, sí es la primera en la que el poder es tan sobrio, tan evidente al mismo tiempo en su simplicidad, pues, cuando hemos visto tanto negro en Lanvin siempre ha sido en invierno y con un aire casi frívolo, como de melodrama de Hollywood de los años dorados del cine donde todos fuman en boquilla y hay un asesinato en una habitación cerrada.
Así, colgando al cuello de sus modelos torques de oro que podrían salir de una fantasía sadomaso con estilo, Elbaz apuesta por los bodies ochenteros con grandes escotes y atados y cintas de sueño húmedo que se retuercen y reptan por el cuerpo de las modelos. La serie de prendas negras del principio es de ensueño. Quizá no es muy veraniega en cuanto a la gama de colores (en otras ocasiones los rojos brillantes y los rosas dulces y empalagosos han llenado el "ojo" de las fashionistas") pero es indudablemente una colección muy veraniega porque nos hace recordar eso de que "la primavera, la sangre altera" y que el verano es propicio para el libertinaje. Todo un acierto, muy sutil, además. Y eso siempre es bueno.
Así que sí, la mujer de Lanvin convence esta temporada. Al menos hasta que los monos brillantosos, los vestidos ochenteros con mangas jamón y la pedrería hacen su aparición a la mitad del desfile. Sobre esta parte de la colección no hay mucho que decir porque esas piezas no aportan nada. Es evidente que el pantalón (igual que en el Dior con aires de Jil Sander de Simons) es la parte que centra la atención de Elbaz en Lanvin y donde se concentran las propuestas interesantes. Pantalón y reconstrucciones del traje pantalón (en vestido, por ejemplo). El lado maximalista de la propuesta decae en interés y provoca un poco de aburrimiento porque, aunque está bien, ya lo tenemos muy visto. Sin embargo, es comprensible que aparezcan: repito, hay que dar al público lo que el público quiere.
La llegada del color se hace esperar pero aparece. En realidad, más que los colores, pues hay una predominancia del blanco y del negro como en el desfile de Marc Jacobs para el verano de 2013 presentado en Nueva York, lo que importa son los tejidos. Es evidente en la colección que, igual que Ricardo Tiscci para su colección de pret a porter de primavera verano de 2013 en Givenchy, Elbaz quiere volver a lo esencial: a la pureza y a lo preciso. La pureza se ve en el poco color que aparece y también en la precisión de los cortes, en las telas con un punto tecnológico -como las de las colecciones Ghesquiére en Balenciaga que parecen neopreno- y las novedades en la sexualidad y la coquetería de siempre pero en su versión agresiva.
Los complementos dan el toque de gracia al desfile, discretos pero con algo que decir. Zapatos con pulseras de strass y puntiagudos pero también plataformas con glitter y piel de reptil. También hay botas de cowboy labradas -tendencia especialmente gracias a Isabel Marant- y, ¡gracias!, sandalias. Casi transparentes pues las tiras son de color carne, de tacón bajo y de aspecto cómodo pero elegante. Lo más interesante, sin duda, son los bolsos: pequeños, inútiles y casi pops porque, las cajas rígidas y cuadradas del inicio parecen cámaras de fotos antiguas y las bomboneras de esmalte negro del final parecen petacas de alcohol para los locos años 20s. Sin duda son como vaginas dentadas, lo que veía Freud en ese adminículo femenino tan práctico y poco práctico al tiempo.
La sexualidad, lo sexy, no siempre aparece en las colecciones de Lanvin y, de hecho, es desde hace unas cuantas temporadas de forma más o menos abierta donde se puede entrever lo "agresivo". Es verdad que se combina con los "clásicos" que Elbaz ya ha conseguido asentar en Lanvin (aunque esta vez no hay volantes ni tules) con una fuerza que se ha visto en colecciones pasadas (otoño invierno de 2011) pero hay algo nuevo -si bien la experimentación de Alber Elbaz parece haberse parado cuando ha encontrado el lenguaje de tules y volantes- y lo nuevo no es sólo la actitud sino toda la deconstrucción del smoking que alcanza un cénit de creatividad para Alber Elbaz que, por muy deseadas que fueran sus propuestas, se estaban resumiendo en chica fina y rica busca novio prometedor y quizá llegue virgen al altar tras petición de mano en la Torre Eiffel. Ahora no hay nada de eso y, al contrario del amaneramiento y remilgos que se le pueden echar en cara a Elbaz en sus colecciones algo cursis y pastelosas, aquí hay poder, un poder digno de Yves Saint Laurent cuando se plantó y diseñó smokings para mujer y también una sexualidad digna del Gucci de Tom Ford que desplazó a Elbaz en YSL porque todo es rígido, cuadrado e imponente y los cortes son muy muy sexies. Pues es verdad, flores y metal es una buena conclusión. Si es que decimos tanto con los detalles...
domingo, septiembre 30, 2012
Miss Dior
Las mujeres de la primera colección de pret a porter de Raf Simons para Dior (primavera verano de 2013) se inspiran fuertemente en lo propuesto en su colección de costura de otoño invierno 2012, la primera que diseñó para la marca. Parece que ha escogido un imaginario que le permite, como a Ghesquiére en Balenciaga cuando está inspirado, combinar sus propios códigos y referencias con el universo visual de la casa. Aunque la colección tiene menos que ofrecer y muchos menos alicientes que la HC con la que abrió su era en Dior, lo cierto es que no por ello deja de ser bonita y ponible. A diferencia de las mujeres imposibles de Galliano para Dior, Simons retoma un tema que parecía casi desterrado de la casa que Christian Dior creó al acabar la II Guerra Mundial y ese discurso, precisamente, se centra en la femineidad.
Tras la muerte de Christian Dior, YSL sucedió al que había sido su maestro. Hizo colecciones muy jóvenes, muy interesantes, con investigación en los volúmenes que aportaron grandes novedades al panorama de la moda del momento y que preconizaban la revolución del pret a porter que pronto Saint Laurent llevaría a cabo en una casa con su propio nombre. Los años de YSL en Dior fueron novedosos y delicados, femeninos también, pero más atrevidos. Cuando fue despedido y Marc Bohan le sustituyó, el británico que se hizo íntimo de Carolina de Mónaco cogió la estela innovadora de Saint Laurent pero se despidió de su delicadeza para sustituirla por estampados pop y por un Dior tan acorde a los tiempos (los setenta que fueron los sesenta míticos, casi los ochenta en su versión cool y no la de los yupies sin alicientes) que la firma fue un férreo objeto de deseo al que aspirar para ser alguien. Tras él llegó Ferré que hizo un buen trabajo en la firma tomando las riendas en los excesivos 80s y en los convulsos 90s y fue cuando Dior se hizo señorial y opulento, todo muy adecuado a la burbuja económica y a la estética de quienes preferían obviar que trabajaban con mucho éxito diseñadores como Narciso Rodríguez, Jil Sander o incluso Donna Karan y Calvin Klein. Cuando apareció Galliano a finales de los 90s, todo Dior saltó por los aires: mendigos, prostitutas inglesas de principios de siglo XX, dragones y kimonos japoneses, mujeres sacadas de los cuadros de Klimt, Vermeer y Goya, Juanas de Arco, esfinges y faraones y raperas llenas de logos que compartían cigarros con creaciones inspiradas en el origami en la historia, Marlene Dietrich y droides futuristas o Mariantonietas. Y también el espíritu de Dior.
Ahora llega Simons y presenta unas mujeres que llevan pantalones sobre todo. Lo que es toda una declaración de intenciones en la casa que reinventó la femineidad de la mujer al acabar la II Guerra Mundial y que convirtió a las dulces y apocadas criaturas bélicas con sus vestiditos escasos de tela con botoncitos y gorros de paja que eran un visto y no visto sobre sus bicicletas en reinas del glamour que tomaban cócteles en el bar del Ritz y que marcaban a su hombre con besos de carmín rojo mientras movían sus caderas en un contoneo que remarcaba lo cónico de sus pechos verbigracia de un corsé. Simons apuesta por una femineidad que hace que algunos piensen en azafatas -asistentes de vuelo- con sus pañuelitos anudados al cuello con gracia mientras se pasean, firmemente, conquistando por el avión.
Y es que la mujer que Simons propone en Dior no tiene nada de sumisa. Puede que le gusten las flores, puede que le guste mirarse y remirarse en un espejo, puede que le atraigan los zapatos de tacón, las cosas "monas" y vestirse para seducir y para verse favorecida pero, desde luego, no tiene un punto débil. Realmente recuerda al estilo "femenino pero no débil" que ha sido siempre el mantra de Prada aunque, a diferencia de Miuccia que cree que negar el atractivo de la belleza y sustituirlo por una fealdad que aspira a encantadora o graciosa, lo que Simons hace, simple y llanamente, es permitir a las mujeres vivir en un mundo de hoy pero con todas las gracias que se le pueden atribuir históricamente: belleza, elegancia, estilo y sensualidad porque, pueden ser hermosas, pero no por ello estúpidas o sin carácter.
Tras la serie de azafatitas con sus conjuntos de pantalón negros que anuncian, claramente, que el minimalismo nos vuelve a interesar. Que los 90s en Dior no tienen porqué mirar a los brocados, los peinados exagerados y el maximalismo de Ferré, Simons entra de lleno en lo "mini": las americanas, magníficamente armadas, se besan con las piernas interminables de las chicas y se hacen, algo que no suele aparecer en las firmas de realmente Alta Moda como Chanel: sexies. Pero sexy sin vulgaridad. Las americanas se alargan hasta ser vestidos cortos con cortes que favorecen la silueta natural de la mujer: la cadera al vuelo, la cintura estrecha y el pecho marcado.
La discreción es una de las claves, un emblema, de lo que Simons propone para Dior. Los accesorios son bastante templados: los bolsos icónicos de la casa, el Miss Dior sobre todo, reinterpretado en todos los colores. Especialmente delicado en tonos coral y blancos que acompaña bien, discreto pero con un "algo" más que marca la diferencia respecto a un bolso b-a-r-a-t-o y también de una piel muy flexible, muy fresca y blanda para lo que, realmente es, una colección de verano. Aparte del pelo apartado del rostro y unos ojos maquillados con algo de teatralidad, los pañuelos cortos al cuello son el único complemento que podría no estar porque, aparte, sólo hay pulseras y collares (metálicos, bastante sencillas) que combinan con los zapatos (que recuerdan un poco a los de LV primavera verano de 2012 diseñador por Marc Jacobs) y algún velo sobre gafas de sol que parece ser el único guiño al pasado que el imaginario de Simons se permite en cuanto a los tocados, siempre discretos y nada excéntricos (y que ya usó en sus colecciones en Jil Sander).
El negro es realmente el color estrella de la obra de Simons en Dior. Hay que esperar bastante y luego, cuando aparecen ya los colores, siempre se vuelve a colar, para que nos deleitemos con algo de color. La apuesta es la iridiscencia y los tornasolados que parecen fascinar al diseñador quizá como fascinaban a la reina Victoria de Inglaterra cuyas joyas favoritas eran las que llevaban ópalos. Lo que realmente interesa de esta arriesgada selección de tejidos es que necesitan ser muy muy caros y muy muy buenos para que algo que cambia de color según la luz, resulte hermoso. No se pueden admitir estos tejidos que cambian al sol (torna-sol) ni que brillan (iridiscentes) si no son de una marca de la más alta calidad porque, el efecto, no es otro que el de madrina de boda de pueblo. Sin embargo, en Dior se confía y Simons da un resultado muy satisfactorio en pasarela que hace que la colección tenga ese toque transgresor que dinamita todas las críticas que acusan a la firma del lujo por excelencia de miserabilismo: no somos azafatas, rey, somos princesas.
Es una colección que gana mucho en movimiento y en detalle lo que, paradójicamente se ha usado como crítica, y que, sin embargo, es la esencia de la calidad y, casi, de la Alta Costura. La verdad es que nos pasa a menudo y es que los prejuicios nos ciegan. Es una colección muy contemporánea y que aporta exclusividad, una baza que todas las marcas deberían tener en cuenta. ¿Por qué íbamos a pagar una blusita de piqué de Louis Vuitton cuando había la misma en Zara en verano de 2012? Bien. La apuesta de Simons en Dior es parecida a la de Tom Ford en su propia marca: Tom Ford, aunque mejor llevada porque esa aspiración a contentar de verdad a sus compradoras y a diferenciarlas de quien no puede permitirse sufragar un Dior, no le impide pasar por los circuitos comerciales de exhibición y disfrutar de la siempre tan necesaria publicidad que asegure el éxito de la colección.
La colección ha sido larga (54 pases) pero no por ello aburrida( al menos, en movimiento porque en foto, sí lo es). Todos echamos de menos los delirios de Galliano y su Dior colosal y terrible que siempre dejaba con la boca abierta (aunque desde 2008 sus colecciones estaban en decadencia) pero esto es el mundo de la moda, no podemos reverenciar para siempre los cadáveres de los que han caído. Precisamente la esencia de la moda es dinamitar lo antiguo, no tener tolerancia con lo que ya no está "in", hacer que lo que ayer era la rabiosa actualidad, hoy sea lo mortalmente aburrido. El Dior de Simons es muy interesante, con muchas posibilidades y completamente desligado del Dior de Galliano al tiempo que respetuoso con los códigos de la casa. Es cierto que esta colección es menos interesante que la de HC otoño invierno de 2012 con la que se estrenó en Dior no hace muchos meses y que, a su vez, son menos Dior que su última colección de Jil Sander que ha sido el preludio de lo que iba a desarrollar en CD desde su estreno, pero -aunque se ha relajado- los pases tornasolados merecen la pena.
Realmente las siluetas no son sorprendentes. Karl Lagerfeld en Chanel ha presentado ya en otros veranos colecciones sobre la iridiscencia (por ejemplo su desfile de temática marina para el verano de 2012 donde cantó Florence Welch) y que ha desarrollado formas (tanto en Alta Costura como en PAP) que hemos visto en este desfile de Simons (vestidos más largos por detrás que por delante, con volúmenes de tul a la cadera para dar movimiento y americanas que se hacen minivestidos y que permiten enseñar pierna y pierna). Pero no sólo Lagerfeld ofreció esas siluetas, los vestidos de noche finales, con faldas acampanadas que acaban a media pierna y que se complementan con un cuerpo muy sencillo están -casi- calcados de la colección de ninfas y mujeres elfo de Prada deverano de 2008 y Armani ofreció iridiscencias en su colección de Alta Costura de invierno de 2011.
Lo que es maravilloso es la tela tornasolada. Hace un par de temporadas, Armani intentó hacer una colección inspirada en el agua y así diseñó prendas que eran sobre todo de color azul. Simons da una vuelta de tuerca a esos convencionalismos y propone algo radical, novedoso y muy muy vistoso y deseable. Sus falditas tornasoladas que brillan con los focos y hacen juegos de luz sinuosos como agua de un estanque que uno se ha puesto por encima son deliciosas. Hacen que la colección parezca excesiva y que, desde la distancia de no estar allí en persona, sean quizá un poco falsas y como envolver a la mujer en papel de celofán como el que Galliano usó para hacer de sus modelos en la HC de verano de 2010 un montón de flores de floristería listas para pedir disculpas o una cita a una mujer. Sin embargo, está muy lejos de ese trazo grueso que podemos imaginar. Son tan livianas, tan etéreas... que parecen hechas para ninfas, para seres feéricos que solo saben peinarse al borde de un estanque de piedra con cepillos de oro.
Es cierto que no es oro todo lo que reluce y que hay momentos y pases de la colección que son definitivamente un fracaso (sobre todo los tornasolados aplicados en vestidos estampados con rayas que parecen retales desechados de Ágata Ruiz de la Prada) y también parte de los conjuntos "profesionales" en gris, en negro y en marino que se deslizan entre las piezas pensadas para la noche de la colección y que siguen sin llenar el vacío que hay en las firmas francesas que no son Vanessa Bruno o similar para el día.
Los trajes cortos para la noche son muy atractivos, especialmente los que tienen aplicaciones que los hacen brillar y cambiar a medida que las modelos caminan o las luces los rozan. Es una colección que sin duda trata el movimiento como un tema principal muy presente en todas las creaciones, desde las ideadas para la mañana como, especialmente, las que tienen un marcado acento "nocturno". Así, minivestidos creados con costuras diagonales que dan al tableado gran movilidad, alas traseras de gasa que crean la sensación de que la portadora flota y cortes irregulares que se entrecruzan con las piernas al andar mostrándonos que el vestido que nosotros veíamos rojo es, en realidad, de forro rosa y, así, esa sorpresa, nos saca una sonrisa en los labios.
Los juegos de color amarillo-rosa y rojo-rosa aparecieron en la colección de otoño invierno 2012-2013 para Jil Sander y, quizá por su éxito, los ha repetido. La gran baza de la temporada es que todo parece cómodo y lujoso al mismo tiempo pero en ningún momento ostentoso. Quiero decir que todas estas chicas son ricas, de buena familia, guapas y listas pero no por ello renuncian a tomar un helado apoyada en una barandilla a orillas del Sena o incluso a tumbarse en la hierba sin gran preocupación porque se manchen. Pueden dejar el bolso tranquilamente en una silla de una terraza y guardar en él una revista sin pensar en que el peso es excesivo para esas pequeñas asas.
Son monas pero sin ser ñoñas y eso es lo que nos gusta. Simons junta en esta colección un cúmulo de referencias que abarcan tanto su propia semántica como la de la casa Dior. De Christian Dior retoma la línea Bar y la línea corola de la colección debut de Dior para la primavera del 47. Hay gris, el tono icónico de Dior, negro, blanco, rojo y rosa (los tonos de las flores) y, de hecho, la mayor parte de las prendas tienen un volumen en el bajo que las hace parecer capullos de flor. En algunos momentos cita la línea A -por ejemplo en los trajes con tul- y también la línea H (más rígida y arquitectónica).
Dior siempre ha sido la casa de los trajes de noches y, el cierre del desfile, está plagado de ellos. La línea es la de Prada de hace unos cuantos veranos aunque con otro enfoque: más elegante y chic. Al parecer, la tela iridiscente es un nylon que desarrolló Christian Lacroix en los 80s -que es lo maravilloso del desfile- pues ondea ligero, ligerísimo, en las prendas en las que se usa. Sin embargo, la inspiración de estos trajes hay que buscarla más atrás: Liz Taylor en 1961 recogió su Oscar (el de la traqueotomía y la muerte de su marido contra Shirley Temple) vestida de Dior en un "gown" -que dirían los americanos con el volumen globo, estampado con flores en la falda y muy sencillo de cuerpo. Incluso esto parece explicar lo exagerado del maquillaje: fue el año en que la Taylor rodaría Cleopatra y, no cabe duda, de que esos ojos de gata encajan bien con la diosa de los ojos violetas.
Simons se suma, por otro lado, a las tendencias de la temporada de calor de 2013 con una colección más primaveral que veraniega quizá porque es más glamuroso que haga "bueno" que que haga "calor". Como Marc Jacobs o Dries Van Noten, a Simons le interesan las rayas del optical art -Op Art- y los tejidos sintéticos lo que hace que la colección tenga un regusto a los años 80s de forma inevitable aunque no evidente. El fin de la colección evidentemente son vestidos de baile, no largos porque parece que ese cliché aburre a Simons. Y, para compensar el ambiente tecnológico de su nylon iridiscente, escoge pintar a mano las rosas cincuenteras que añade a sus diseños.
Al final del desfile, Anna Wintour no aplaudió ni una sola vez, a diferencia de Grace Coddington que sí lo hizo aunque tímidamente -que no deja de ser el carácter público de Grace o sea que tampoco es algo que diga mucho-. Raf Simons salió a saludar vestido con una cazadora vaquera, ojo al dato, después de que sus modelos recorrieran la pasarela al paso marcial de la percusión que marcaba el ritmo del desfile. Difícilmente se puede considerar a la colección magistral pero hay cosas muy interesantes. Especialmente los dos conjuntos tornadosalados (faldita rosa y azul) de la primera mitad del desfile y los cuatro últimos pases finales. La colección no es memorable, vista en su conjunto es más bien mediocre -hay pases espantosos de verdad, al estilo de los engendros que Lagerfeld también perpetra temporada tras temporada en Chanel- y, desde luego, es peor que la última de Simons en Jil Sander y que la primera y bien recibida colección para Dior para la HC de invierno de 2013.
¿Qué se puede decir, entonces, como cierre y broche final a esta colección? Que a Raf Simons le puede esperar un futuro prometedor en Dior porque tiene mucho que ofrecer. Es un acierto que se haya desligado completamente de la línea de Galliano porque Galliano es Galliano, está vivo y no pertenece al pasado lejano, y por ahí no queda nada por explorar. Es un acierto que busque que Dior siga las tendencias, que Zara pueda sacar sus americanas hechas vestidos, sus volúmenes sacados del archivo de Dior (la línea Bar, H y A) y también sus vestiditos cortos y sus shorts con cuerpos con pliegues estratégicos y simpáticos con juego bicolor pero sobre todo es un acierto que se incline a hacer cosas que sólo se puedan tener si uno paga lo que vale Dior y prueba de ello son todos los conjuntos iridiscentes que precisan ser de la más alta calidad y que sólo se pueden conseguir si se compran los originales porque no van a ser presa de la masa de Zara y H&M o Mango porque no se pueden hacer en un ciclo de explotación rápido. Apostar por la exclusividad y por el lujo discreto son dos buenas bazas. Quizá se ha dormido un poco en los laureles, toda adaptación lleva su tiempo -y eso no hay que olvidarlo- pero Raf Simons tiene qué decir en el futuro. Oigámosle.
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