Mostrando entradas con la etiqueta Greta Garbo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Greta Garbo. Mostrar todas las entradas

lunes, octubre 08, 2012

Roland Barthes

Kate Moss de John Galliano en el número de Octubre de Vogue USA de 1999.

Roland Barthes es conocido por analizar el rostro de Greta Garbo como si fuera una máscara africana o una calavera azteca, quizá una momia egipcia. Sin embargo es un filósofo que no se ha limitado a la belleza por sí misma, esa belleza de Garbo que trascendía la pantalla. Greta Garbo era la gran estrella de los 30s, la dama del cine por excelencia, aunque la gente opinaba que Marlene Dietrich -Goebbels la adoraba aunque sin ningún tipo de reciprocidad- tenía mejores piernas. 

Sin embargo, Rholand Bartes no se hizo famoso sólo por eso ya que también se dedicó a reflexionar sobre la moda. Así dijo: "se sabe que la vestimenta no expresa a la persona sino que la constituye. O más bien es sabido que la persona no es otra cosa que esa imagen deseada en la que la prenda nos permite creer".

Si analizamos desde ese punto de vista lo que significa la moda, obtendremos algo muy distinto de lo que en principio habíamos imaginados. Nos vestimos para los otros dijo Schiaparelli y, señaló que, especialmente, las mujeres se visten para dar envidia a las otras mujeres. La moda femenina, la industria más potente del mundo, se basa en el deseo. No en un deseo positivo -estar guapo, estar bien, ir acorde con el espíritu de los tiempos, mantener el capitalismo y el empleo o lo que sea- sino por un deseo más bien de un tono verde envidia: ser mejores de lo que somos y ser mejores que los demás. 

Todos los creadores visualizan un prototipo de mujer, una especie de arquetipo físico-psicológico para el que diseñan. Muchos hablan de su madre como inspiración aunque rara vez esa progenitora coincide con su mujer ideal. Sin embargo, cuando una clienta compra una marca, podemos afirmar que se identifica o busca identificarse con el espíritu de la marca.

Cuando una mujer lleva un vestido rojo, probablemente, quiera ser una mujer Valentino. ¿Qué es eso? Una mujer con la vida resuelta en cuanto a lo económico y con un abanico de posibilidades delante de ella que probablemente se inspira en aquella desconocida radiante que destacaba sobre el resto, vestida de rojo, en la Ópera. La dama misteriosa. Este es el cuento del seductor seducido. Cuando, en vez de Valentino, escoge, por ejemplo, Stella McCartney la ecuación es sencilla. Stella McCartney diseña para ella misma. Una generación cuyos padres partieron los 60s y los 70s, modernos, preocupados por la vida sana y el ecologismo pero también por ser cool e ir a la moda. O sea, un poco como John Lenon pero si la pesada de Yoko Ono. En los años 30s, por ejemplo, las señoras de Chanel eran libres, elegantes y muy bellas. Todas eran un poco remedo de la propia Coco Chanel que se hizo su moda como "Robinson su cabaña", a medida que las necesidades iban surgiendo porque Chanel diseñaba según veía, conocía y precisaba. En cambio, las chicas de Schiaparelli eran modernas, surrealistas y divertidas. Duraron poco. Pero también las de Chanel. Todo muy en la "onda" de los efímeros tiempos de entreguerras.

La moda, señores, semiótica: significados e información. Piensen un poco en sus referentes estéticos y en su armario. Quizá sean sus sueños -o sus pesadillas-. Tranquilos, tiene fácil arreglo: Z...a...r...a!. 

lunes, abril 16, 2012

Barras Y Estrellas


No puedo decir que Lagerfeld no sea un buen fotógrafo en muchas ocasiones pero siempre desconfío de él cuando firma sus trabajos en blanco y negro porque no tiene profundidad física o emocional. Es desconcertante, pues, la importancia del tratamiento de la luz cuando se trata de la ausencia de todo color pero es que la fotografía en su misma esencia es luz y, por ello, no puede sino resultar tan esencial como desconcertante. Cuando Lagerfeld coquetea con Claudia Schiffer en medio de un prado rebosante de luz blanca casi mediterránea pero más bien centroeuropea es radiante. Cuando convierte a la dulce Brigitte Bardot germana en una Greta Garbo, en una Marlene Dietrich resabiada y con tendencias erotómanas y casi maniacas, todo es tan excesivo que su blanco y negro resulta. Sin embargo, la luz. La luz plena en blanco y negro no está, por el momento, a su alcance.


Es bien cierto que el blanco y negro está irremediablemente asociado a la melancolía y quizá sea por eso por lo que a Lagerfeld no le funciona. Sus dioses, más que de piedra, son sencillamente de cartón. Sus ninfas jadeantes de primavera verano 2012 son acrobáticas imposturas que, ni tan siquiera son novedosas, pues pese a toda la juerga de los Juegos Olímpicos y este homenaje -tan dudoso, por otra parte- la verdad es que en el imaginario de Lagerfeld las barras ya estaban presentes. En los 90 cuando fotografiaba para Chanel en color y hacía pasar por las páginas publicidad de las revistas de alta gama mulatas, el ver a una mujer vestida de negro rampante sobre una barra más en exposición que en acrobacia era, no un portento, una delicia.


Salvo la primera imagen en la que el mar transmite sensaciones y la última donde ese mar igualmente rugoso se vuelve hermosísimo, el resto son bastante impostadas. Lagerfeld siempre se ha autodenominado un contador de historias y, en este caso, es un poco díficil hallarla.  Quizá se trata tan solo del canto del cisne: mujeres bellas que en medio del inmenso mar, en medio de la desgracia, hacen su último tributo a la belleza: contorsiones absurdas pero hermosas. Y, luego, la muerte.








viernes, febrero 25, 2011

Adior


Galliano y sus hazañas... va a ser verdad que los diseñadores son los nuevos rock stars. La cosa está en el aire y nada mejor dicho porque Galliano, en un ataque de furia y con ¿algunas copas de más? y henchido de orgullo patrio, español francés o lo que sea, le plantó cara a unas gachís -permítanme la licencia- y se despachó a gusto con insultos antisemitas. La noticia ha dinamitado la red. Galliano, un pollo de barra de bar como aquél marqués de Sotoancho de Alfonso Ussía... En Dior no se lo han tomado a la ligera y Sidney Toledano ha explicado su política de "tolerancia 0". Por el momento, Galliano está suspendido.

Tras la impetuosa salida de Carine Roitfeld de Vogue París no se veía cosa igual, aunque la verdad es que en Dior tienen un buen historial de escándalos, dimes y diretes y chascarrillos en su pasado... primero fue YSL que fundó con la indemnización por despido su propia casa de modas, luego fue Marc Bohan que ante la sorpresa de su despido y el horror ante lo desapercibido de su trabajo vio cómo sus fieles se ponían de su lado, por ejemplo, Carolina de Mónaco que viste de Lagerfeld al ser despedido su íntimo Bohan; luego Gianfranco Ferré que si sí que si no, que si pim pam pun y fuera y que llega Galliano, tras un paso fulgurante -a la par que triunfal- por Givenchy y se asienta en el trono de la casa Dior.

Nunca ocultó que era su objetivo y Arnault siempre le apadrinó como a un hijo. "No entienden su genialidad" decía en los buenos tiempos cuando los mendigos poblaban los desfiles de Dior de Alta Costura y lo mismo aparecía Anubis, que Bastet, que una fulana de a tres cuartos o una dama del XIX envuelta en tules, carrozas y nebulosas sifilíticas románticas. "Es un genio" comentaba la prensa embebida de sus Madames Butterflies, sus Maria Antonietas, sus vírgenes españolas devotas, sus mujeres de Klimt, su Revolución Francesa, la pintura hecha tela y sus marineras de agua dulce, sus princesas de porcelana de Sevres, sus glamoamazonas británicas, las queridas vestidas de Dior, sus mujeres de Cocteau, las pesadillas de Gala, los cisnes de África ecuatorial, los ángeles entre los tacones, Sudamérica, las ricas herederas, Jackie Kennedy y Grace Kelly, los pilluelos, la vulgaridad y el color verde fértil, os locos y fascinantes 60s, las estrellas de los años 40 como la Dietrich, la Garbo y las orquiídeas con diamantes entremezcladas como gotas de rocío de la mañana e incluso Juana de Arco, las flores salvajes de Normandía y, en definitiva, un cosmos propio en el que las mujeres siguen teniendo las medias de seda, los labios rojos y copas de champán en la mano.

De su vida no hablo, separo la mano de la obra, aquí, señores, yo me paro en el cuadro, no reparo en el marco. No veo las pinceladas, sólo la mente ordenadora. Me da lo mismo el hombre, yo lo que quiero, es el espíritu.

domingo, agosto 01, 2010

Sucedió Una Noche

Cuando el galán en ciernes, Clark Gable, se quitó la camisa en Sucedió Una Noche, con Claudette Colbert vestida al más puro estilo Schiaparelli con sus jerseycitos de punto, su mohín de niña buena y su sombrerito, toda América vio que no llevaba camiseta interior bajo la camisa.


Las ventas cayeron en picado.

De repente los hombres de Estados Unidos, que no sólo era por ahorrar pese a estar en la Gran Depresión, se dieron cuenta de que los galanes como Gable no lo usaban. Y que aquella idea de que las mujeres fueran al cine por la ropa, a Chanel le dieron 1.000.000 de dólares por vestir a, entre otras Gloria Swanson, se podía extender a los hombres.
Naturalmente, esta no es la paradoja de la metrosexualidad. Pero, el papel masculino a veces no es tan reconocido como el femenino. Cuando a Gilda le da por ser de rojo fuego todas quieren ser rojo fuego, si Marilyn se vuelve platino, todas son platido. Cuando Audrey Hepburn vestía de Givenchy, tout le monde quería ser chic y si la Garbo reía, todos querían reir. Pero olvidamos, a menudo, a los hombre en el mundo de la moda.
JFK no llevaba sombrero. Y de repente, todos dejaron de llevarlo.
Y cuando Clark se desnudó.
Chica.
Vas a ver cómo se desviste un hombre...