Mostrando entradas con la etiqueta Diana Vreeland. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diana Vreeland. Mostrar todas las entradas

jueves, agosto 30, 2012

La Vulgaridad

Madonna para Gaultier.

Hay muchas personas vinculadas al mundo de la moda que han desarrollado sus carreras en torno a la vulgaridad. Los nombres más evidentes son Helmut Newton, Guy Bourdin y Vivienne Westwood. A ellos, hay que añadir Versace. Y también Jean Paul Gaultier. Y Mugler, Montana y Alaia. Todos ellos tienen una vulgaridad auténtica que, por otra parte, no es vulgar. Es excesiva, un tanto irritante y quizá algo cansada pues tiene un poco un deseo de epatar. Pero no es provinciana.

Campaña de Blumarine, fotografíada por Helmut Newton en 1991 con Monica Belluci.

Cuando Newton fotografíaba a putas no lo hacía por escandalizar, no, lo hacía porque las putas le gustaban. Y porque creía que tenían un gran sentido de la moda. El lenguaje de las prostitutas era interesante para Helmut Newton que, consideraba que, ligas y látigo eran sadomaso y combinación y faldita a la rodilla era complejo de Edipo.

A Versace también le inspiraban las prostitutas, de hecho, diseñaba para ellas. Pensando en ellas, se entiende. Versace diseñaba falditas traicioneras, escotes imposibles, melenas rubias al viento, muslos y senos firmes y necesidad/capacidad por/de llamar la atención. Versace sabía convertir a una valquiria en una jovencita virgen y tímida, sonrojada, cambiando el escote y la cintura. Si ponía una faldita de tablas la colegiala era Lolita, si bañaba la falda en un color metalizado, se convertía en un súcubo. Pero no lo hacía por escandalizar.

A Guy Bourdin también le gustaba el sexo. Tiene algo setentero y un poco pasado de moda -en el mal sentido- que no baña las fotos de Newton que son actuales, eternas e inspiradoras. Es atrezzo y ficción pero tan falso que es auténtico. No es vulgar aunque golpea más que la obra de Newton que, ésa sí, se hunde como un bisturí y no como un hachazo.

Vivienne Westwood es magnífica. Tiene esa dualidad de cuando Capote y Marilyn charlaban de que Errol Flyn tocaba el piano con su pene. La Westwood hizo lo propio en una sesión de fotos, aunque la cosa en ella era que no llevaba bragas. Como Isabella Blow.

Jean Paul Gaultier pasa por la enciclopedia de la vulgaridad maravillosamente. Subió a Madonna a la pasarela y la sacó las tetas. Madonna es bastante vulgar porque se le nota el ansia. Ansia viva. Sin embargo, Gaultier no lo hacía para escandalizar sino porque ese es su universo. Bebe de la cultura underground, de los negros, de los tatuados marginales de los 80s/90s que eran neonazis, de las africanas con collares que les deforman el cuello y no se pueden quitar nunca. Gaultier pulió y llevó al paroxismo lo que Chanel ya intuyó: que la moda es lo de la calle. Pero lo que en Chanel era etéreo, en Gaultier era un vómito.

Luego todo degeneró.

Kate Moss para Gucci por Tom Ford, verano de 2001

Llegó Tom Ford -mala copia de YSL- con Carine Roitfeld -que se cree una mezcla entre Diana Vreeland y Betty Catroux- y Mario Testino -haciendo de Helmut Newton, claro, pero con un grano en sus imágenes-. Y la verdad es que ellos lo consiguieron, lo que en Chanel era genial -la moda y la calle-, en Gaultier era la puntilla -azotar a la calle-, en el trío de que definió el porno chic -y que siguen ahí, Carine yendo de brava, Tom Ford de el mejor y Testino de leyenda viva de la fotografía- hay mucha vulgaridad. Sin más. Nada de la perversidad de Helmut Newton, de la artificiosidad de Bourdin -casi daliniana-, de la naturalidad de Versace o del histrionismo de Vivianne Westwood. Qué va. Pero Ford, Carine y Testino creen que son lo nuevo, el espíritu del tiempo. Sí, claro.  De la vulgaridad mala, de la vulgar. Sin sentido ni sensibilidad.

lunes, noviembre 01, 2010

Pollilla, Mariposa O Diatriba De Un Bolso


De nuevo. Otro número de UMNO. Y yo hablo de bolsos, sí. Cuando Diana Vreeland apareció en Bazaar, el primer día, se le ocurrió decir en alto que, como encontraba los bolsos feos, lo que podían hacer era no sacar ningún bolso en el mundo y proponer a las mujeres que hiciesen como los hombres y utilizasen sus vestidos.

Warhol, en sus pensamietnos íntimos, pensaba que los bolsos eran feos. Que las chicas, por muy bonitas que fueran, quedaban ridículas con esas cosas colgando y los hippies decidieron que nadie que fuera alguien dentro de su comunidad, llevaba bolso. Pero a Diana Vreeland, como a los otros, la verdad les dio de frente.

El bolso es no sólo el complemento más vendido, mucho más que zapatos y gafas de sol, el que más viste, el que más reluce, el que menos se desgasta y el que se lleva todo el tiempo independientemente de la temperatura, del ánimo o del lugar al que se vaya. Es necesario, una característica que brilla por su ausencia en el mundo de la moda.

Valentino piensa que el bolso es lo único que te puede hacer parecer una mariposa cuando en tu vida real eres una polilla porque tiene algo fascinante. Brilla, es pequeño, apenas cabe nada, pero todas las miradas se posan en él. Los bolsos de fiesta son el colmo de la frivolidad.

En los siglos XVII y XVIII recibieron el nombre de ridículos por su escasa utilidad. Las mujeres, hubo un tiempo, en el que se avergonzaban de sus bolsos pues eran bolsas de costura -feas- que no se podían mostrar en los lugares elegantes. Luego, aprendieron a cargar con sus cosas al marido, al criado o a quien fuese porque una mujer con las manos llenas era, más que sospechoso.

Luego, las novias en sus lunas de miel llevaban bolsos con caras de porcelana en la que los pintores dibujaban lo más célebre de su recorrido por Europa: Notre Dame, la Torre de Pisa, San Pedro el Vaticano o la costa española del norte, eminentemente, el País Vasco. Y los hombres encontraban aquella obsesión algo ridícula.

¿Para qué sirve lo que no sirve y porqué es tan caro?

Es una buena pregunta, supongo.
Quizás la clave sea esa, convertirse de polilla en mariposa.
Y eso tiene un precio.
Más y más en Umno.

sábado, octubre 30, 2010

Los Buenos Tiempos


Lagerfeld e Yves Saint Laurent despegaron su carrera a la vez, ambos se hicieron un -gran- hueco en el mundo que conquistaron y grabaron su nombre con letras de oro que ellos mismos labraron en el tapiz del éxito. Lagerfeld con Chanel e Yves, primero en Dior, y luego ya, refulgente en su propia casa con la que definió buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

La enemistad entre ambos se hizo tangible en los años 80s. Esos mismos en los que Studio 54 y Halston estaban a la orden del día, en los que Bianca Jagger montaba a caballo en Nueva York mientras Capote se hacía operaciones estéticas y Diana Vreeland lo veia todo de rojo. Cuando YSL murió, Lagerfeld no fue al funeral.

Pero mandó unas bonitas palabras,

Por los buenos tiempos.

Porque, realmente fueron buenos.

sábado, octubre 16, 2010

Warhol


Hay gestos ominosos y otros orgullosos.
Hay hombres completamente fascinados por algo a lo que consagran su vida.
¿Era el arte a lo que se consagró Warhol?
Puede. O puede que no.

Cuando creó Interview, estaba fascinado por las eelebrities. En Studio 54 ya se trasladaba de celebritie a fotógrfo haciendo fotos a los que no eran nadie. Pero, cuando creó su revista, estaba más interesado por toda la gente guapa, por todos los VIPS, por todos los que vestían de Fiorucci y se reían con Halston. Por Capote, por Diana Vreeland, por Nati Abascal o Carmen Martinez Bordiú y, por Sinatra o los Jagger. También por YSL.

Fotografiaba con esta extura. Con ese fondo blanco. Con la sombra. De perfil. Con el cuello estirado.
Creo que a Warhol le hubiera gustado Grace Kelly.
La princesa, la dama del hielo, la diosa del sexo.

Pero bueno, Carolina sale radiante en la imagen.

viernes, octubre 15, 2010

Los Buenos Tiempos


No siempre estoy pensando en los otros tiempos. Los buenos tiempos. Bien es verdad que suelo pasar por encima los malos tiempos, los creadores mimados y sin talento, las fotos vacías, los artículos estúpidos y demás males. Pero hay veces que hay que echar la vista atrás de verdad. Y lamentarse un poquito por no amar más el pasado. Y por ver correr tanto este presente.

Diana Vreeland, a quien me siento muy próxima esta semana, dijo una vez que "los vaqueros eran lo mejor desde las góndolas" y a YSL le dio por quejarse de que "sólo lamentaba no haber creado el vaquero". Como Yves Saint Laurent creó la sahariana, el smoking femenino, la blusa transparente, vestidos de cuadros y un montón de prendas fabulosas -amén de una bisuteria espectacular- se lo perdono. Como Diana Vreeland dijo que "era bueno lavar a los niños el pelo con champagne" y que "se podía poner una alfombra de leopardo en el baño" se lo perdono también.

No tengo nada en contra de los vaqueros. Son una prenda fenomenal: cómoda, resistente, combinable, inteligente, útil, práctica, chic y muy versátil. Sirven para todo, los puede llevar todo el mundo y el target es inexistente porque todo el mundo entra dentro de ese grupo de compradores. Pueden ser modernos, antiguos, vintage, de Alta Costura, de pret a porter, rotos, de punkis, de firma, de Levis, de Zara, de algodón, con otros tejidos sintéticos elásticos. E incluso la tela vaquera puede servir tanto para camisas, vestidos, petos y demás en la América Profunda de la Coca Cola y los metodistas como para un desfile de Haute Couture de Chanel -como Lagerfeld ejemplificó hace unas temporadas-. Pero los vaqueros no son el fin del mundo.

A veces me obligo a mí misma -y eso que no soy muy de vaqueros- a volver a todo lo que hemos perdido. Versace, la firma a quien pertenece la imagen de Naomi Campbell, imponente, en Roma, como una valquiria desbocada, ahora calmada, que pronto sacará una espada, también tuvo líneas de vaqueros. No hay que andarse con chiquitas ni remilgos y juzgar de antemano. Además, en sus campañas, fotografriadas por Avedon, salía Claudia Schiffer desnuda, con Nadja Auermann enfundadas en unos vaqueros que insinúaban algo muy lésbico y poderoso o Naomi rodeada de dioses desnudos del Olimpo para sujetarla.

Lo que se trata es de dar otra vuelta de tuerca.
No es mejor la Alta Costura que los vaqueros.
Pero no nos perdamos tampoco.

Al pan, pan, y al vino, vino.

sábado, octubre 09, 2010

LV Es Una Fiesta


A veces pienso en Hemingway. Él que veía París como una fiesta y España como una corrida de toros. También pienso que uno los temas como quiero porque no tienen ni que ver en el blanco de los ojos. No obstante, nadie desprecia un dulce así que... Marc Jacobs en Louis Vuitton vio una femnineidad exagerada para el otoño invierno: pechos, caderas, tacones medios, bolsos rígidos, años 50s y una carretera con curvas y chicas guapas. y ahora ve una especie de Años 20s. Es el mismo proceso.


Entre 1900-1914, el fin del siglo, las mujeres llevaban xorsés, los pies trabados, escotes imponentes, pechos turgentes y caderas fértiles pero llegó la Gran Guerra, ellas se arremangaron, ellos se fueron a la tumba y cuando Alemania cayó ya era todo muy diferente. Ellas llevaban vestidos de flecos, bailaban el tango para olvidar, enseñaban piernas, hombros y escote y se cortaron el pelo, tan corto, que parecían ce cedillas.


Chanel tuvo su porción de culpa, las Callot Soeurs el resto y Estados Unidos con el charleston, el capitalismo y el jazz hizo el resto. Un montón de dinero fue lo que faltaba para que todo pudiese ser como fue. De repente, en USA había explosiones de riqueza y, mientras Europa se lamía sus heridas, también aprendía a ser chic, a deshacerse de todo lo viejo y a apostar por lo nuevo.

Marc Jacobs llega justo a ese momento. Japón también ha vencido la guerra y, de hecho, Europa se tiñe de una especie de fiebre oriental que ya había llegado con el orientalismo moderista y que continúa con todo el jaleo de Mata Hari, Diagilev y el Ballet Ruso de las palomitas de colores que tanto inspiró a Poiret.


Chanel es la reina indiscutible de esos años. Pelo corto, sencillez con un vestido negro, mucho lujo y glamour y un halo de sofisticación. Una ristra de perlas. Un bolsito pequeño. Un poco de bello indiferente. Rojo de labios y... champagne.

Hemos perdido la guerra y no nos importa. Marc Jacobs para LV sólo piensa en las jóvenes, esas que están hartas de no haber sido unas señoritas por culpa de una sucia guerra, que saben que sus hermanos murieron en el frente y se qeudaron sin pulmones por culpa de los gases de Verdún. No quieren oír nada de generaciones perdidas, de que antes todo era mejor, de corsés, de cintas, de lazos, de volver a casa pronto, de guardar la preciada virginidad, de ser ama de casa o de criar a un montón de niños. Joder.


Ellas también tienen vida. Pienso mucho en Diana Vreeland, una mujer maravillosa, de la que Warhol dijo que tenía perfil de tucán y que era un ave exótico. Pienso en que contaba que poca gente olía el aire de Vogue y todo lo que eso conllevaba. Estas chicas sí lo han olido.


Están en la cumbre. Son la cumbre.


Un Studio 54 en los años 20s.


Con belleza y desenfreno.

lunes, septiembre 06, 2010

Basp, Beige, Anglosaxon And Protestant


Nuevo número en UMNO, la revista, en septiembre. Todas esas cosas que hacen las revistas: qué se lleva, cómo, por qué y un montón de imágenes. En cambio, para mí el invierno, por el momento, se promete de un sólo color: el beige.

A las señoritas bien, a la élite de Manhattan, la llaman WASP, acrónimo elegante de White (blanca), Anglosaxon (de ascendencia anglosajona) y Protestant (protestante en su confesión). Pero éste invierno el juego de palabras debería ser BASP, porque más que blancas, son beiges.

Cierta persona me dijo una vez que "eres oficialmente mayor cuando todo tu armario es beige". Pero lo que dicen los diseñadores, parece más bien lo contrario. Eres madura y elegante cuando tu armario también lo es. La seriedad comienza en las proyecciones que lanzamos a los otros, en lo que ellos decodifican y en lo que nosotros les proponemos.

En Prada y en Louis Vuitton vuelven las mujeres. Nada de anoréxicas estériles. Vuelve el pecho, el vientre redondo y las caderas fértiles todo mezclado con humo (metiéndosete en los ojos) y un poco de alcohol y de amor, y de sexo y de perdición o lo-que-dios-quiera. Pero en Chloé, la mujer mujer, porque eso es lo que nos espera, no precisa vestirse de otra época ni empezar a comer "emparedados" en vez de sándwiches. (No sé cómo se escribe sándwich, así que va a resultar que yo tambíén voy a tener que decir emparedado. Ay ay. Ay. !Ay!)

Las chicas de Chloé son eso. Chicas. Pero que son mujeres. Nada de lolitas intensas. Nada de pequeños polluelos. No. Son fuerte. Pero son femeninas. Son actuales sin ser blandas. Y tienen determinación y carisma. Trabajan pero cuidan de sus hijos. Se quieren por encima de todo pero aman. Son. Están. Se las nota. Y para eso, visten de beige. Se ve a la mujer. Mujer mujer.

A Armani también le gustó la idea. Eso de los setenta. De trabajar y tomar un poco de hierba suave. De tumbarse entre el tendedero cuando hace bueno en la azotea y envíar al trabajo informes estupendos va con la eficacia pulcra y la elegancia distendida de Armani. ¿Y por qué no? Además en la Alta Costura.

Y es que nos encantan los 70s y esa sexualidad ligera, nada obvia, pero muy erótica que tiene esa década consigo. En la que todo fluye entre Frank Sinatra para el amor, los Beatles para la diversión light, el rock para los momendos hardcore y los pañuelos para el pelo, el vive y deja vivir y el haz el amor y no la guerra. Toda la bagatela de la Era Acuario. Los desayunos con champagne. La cuenta vacía y los guantes de cuero ajados.

¿Y por qué no?
Ya lo decía Diana Vreeland.
Además, a Madame Chanel siempre le gustó el beige. De hecho, ella tiene en buena medida la culpa de esta invasión desde que decidió, de repente, batir la tierra de su apartamento con un montón de alfombras beige y convertir a sus chicas en damas con un vestidito de punto que insinúaba y no insinúaba todo.

Y todo esto.
Y más en UMNO.

miércoles, septiembre 01, 2010

Últmos Días De Verano


Como quien dice.
Pronto empezarán de nuevo las colecciones de verano. Y llegará el invierno. Podré ponerme pieles. Botas altas. Zara que vende online. Muere Corine Day la fotógrafa del KKK (aka Kate Moss). Y todas esas cosas.
Pero, siempre nos quedará París.
O Manolo y Angelica y los 70s.
Ya, ya sé que los 70s vienen en invierno. Con sus gafas de sol. Lauren Hutton. Las rubitas vestidas de beige. Betty Drapper rondando en Prada con su cigarro y su escopeta y todas esas cosas con guantes de noche y congresista. Pero no es lo mismo.
Hay que vivir el bonito verano perpetuo.
Esto de la costa. El yate. El martini. El vestido de Halston. El collar que se desliza por el cuello. La copa de champagne. La pulsera de platino y brillantes. El anillo de compromiso que se entreve en la chaqueta. Las sandalias de tacón. El pelo recogido. El helado de melón. Y la cuenta muy cara para pagar.
Ay Vogue...
Ya sabía Diana Vreeland que pocas personas habían respirado el aire de una chica Vogue.
Sin duda.