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lunes, abril 22, 2013

La Dama De Hierro

Retrato oficial de Margaret Thatcher. Realizado por Helmut Newton.

Margaret Thatcher, la dama de hierro, falleció el ocho de abril de 2013 a los ochenta y siete años de edad. Probablemente una de las facetas más importantes de su personalidad sea la determinación. De familia humilde, y con acento cockney, la baronesa Thatcher se convirtió en una trendsetter. Ahí es nada. Además de, claro, una personalidad política de primera fila a la que muchos acusan de arrasar las clases medias del Reino Unido, de apoyar a genocidas como Pol Pot -al tiempo que clamaba por el fin del apartheid en Sudáfrica-, de tener el primer contacto con Gorvachov... Hay británicas muy famosas en el tema de la moda. Si uno echa la vista atrás: Ana Bolena fue conocida por su elegancia y su prima, Catalina Howard, por su afición por los vestidos y las joyas y la moda francesa. Aún más atrás, Leonor de Aquitania (aunque cuenta a medias por ser francesa) es un ejemplo destacado. Sin embargo, esto se refiere más bien a la moda francesa. Como el ejemplo de Diana Vreeland...

Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego, la reina Victoria, claro.

Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda, Anna Wintour, emperatriz de Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de Savile Row para Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.

Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a Dianala reina Isabel no vale (de Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y Wallis Simpson... bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de Alexa Chung aquí hoy, no-. Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el punk, es una de las diseñadoras con más talento a día de hoy.

Y la Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del MET trate sobre el punk -después del fiasco Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que Armas de mujer con la buena de Melanie Griffith y la mala de Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".

Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para Helmut Newton había algo más que "morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.

lunes, junio 25, 2012

Westwood Y Watteau



En 1995-96, Vivianne Westwood se inspiró en el rococó francés para su colección. El artista en el que centró su trabajo fue, cómo no, Watteau. Junto con Boucher, este artista representó como ninguno -¿y Chardin?- el espíritu del XVIII francés ilustrado por Luis XIV, XV y un poco del XVI. El rococó trajo una nueva forma de ver la vida: más cómoda. Se alejaron de Versalles todos los aristócratas franceses porque tenía una etiqueta muy rígida y muy fría y optaron por despreciar el nuevo clasicismo de Bernini y del Barroco y por preferir los muebles llenos de dorados y cajones, los vestidos de escote bajo, los cuadros de escenas galantes -y con un puntito erótico- y las charlas los jueves en casa de Madame la Comtesse.

El rococó que la Westwood ilustró en este traje de Linda Evangelista es más impactante que el auténtico rococó, más en la línea de los colores pastel, de las medias sonrisas y de los amoríos discretos. La donna que la inglesa aficionada a los polisones y a los corsés refleja es algo más agresiva, más impresionante. No tiene que ver con la ternura de Maria Antonieta jugando con sus corderos en el Trianon... sino que tiene más bien que ver con una nueva femimeidad que también trajo el rococó.

No fue la única la inglesa a quien le fascinaron los pintores para sus obras, Balenciaga también se inspiró en Lautrec, otro francés, de imaginario algo distinto.


domingo, mayo 06, 2012

Un Detalle


Qué bonito es el collar de Giovanna Battaglia. Hay algo fascinante en los accesorios que se ciñen al cuello, en los collares muy ajustados. Generalmente se llaman choker pero este no lo es. Es un collar que a mí me lo recuerda aunque no tiene nada que ver. El choker se puso de moda en la época de Maria Antonieta, por ejemplo, en pleno XVIII francés o en la época georgiana en Inglaterra. A muchas personas no les gusta y hay a quien le recuerda a la sumisión quizá porque los punks de la buena de Vivianne Westwood hicieron mucho daño en los 80s -aunque la señora es estupenda-. A mí me encantan. Es cierto, sin embargo, que no son el accesorio más favorecedor que hay en el mundo pues se necesita un cuello como el de Nefertiti o mucha actitud. Otro día hablaré de porqué Ana Bolena era más moderna que Carrie Bradshaw, pero eso será otro día. Hoy es esto.

jueves, septiembre 22, 2011

Burberry, Un Verano Inglés


Semana de la moda de Londres, desfiles para el verano de 2012 y Burberry (´s). Bailey está exultante. En un par de años ha logrado sacudir a la marca de todo su rancio abolengo y hacerla deseable para las jovencitas trendsetters. Sin embargo, Burberry sigue manteniendo también ese lado innegablemente inglés de rosas en la mansión de campo, troncos ardiendo en la chimenea y ponche de huevo en Navidad.


Lo bueno de la colección de Burberry es que se deja de delirios de grandeza y de cosas absurdas que les da a los diseñadores por querer hacer, leáse convertir la marca de gabardinas en una de trajes de noche o leáse prohibir a cierta tribu urbana, completamente alejada del cánon estético de la marca, usar sus complementos. Bailey retoma la tela de gabardina y la revisa y la actualiza. Algo como lo que hacía Ghesquiére en Balenciaga con sus glamoamazonas de los 60s que parecían flores de loto tecnológicas -o sea, antes de que se le fuese la pinza con la construcción-deconstrucción y los cortes por láser-.

Bailey hace gabardinas más ajustadas, que podría llevar Twiggy en un arrebato de genialidad y con las que Viviane Westwood podría correrse una buena juerga con los Sex Pistols sin desentonar un ápice. Por otro lado, la marca sigue sonando con su verano sombrío y lluvioso a escapadas por el campo con botas de agua de color verde loden salpicadas de barro -eso sí, con un vestido blanco inmaculado digno de Jane Austen- y a trencas y gabardinitas beige que cortan el viento húmedo y permiten correr por la playa, hacer el amor y ser feliz mientras llueve.


La pieza mítica de la firma, la gabardina, se renueva. Pero de verdad. Son las prendas las que han cambiado porque las chicas siguen siendo las mismas: quieren correr, quieren jugar, quieren gustar a su novio, poder mancharse un poco y salir de fiesta a un pub a tomar algo en la hora feliz. Quieren ser rosas inglesas con pétalos de gabardina, y también quieren ser simplemente chicas más allá de la ropa.

Son bonitas las declaraciones de intenciones. Tanto como las tradiciones. Tanto como las viejas cosas nuevas. Es nuevo y hay nostalgia... !tan honesto!

jueves, abril 23, 2009

La Etiqueta Del Precio




La etiqueta del precio es la barrera física que se pospone a la psicológica: dependientes maleducados y ariscos y guardias de seguridad tras las puertas trasparentes y los escaparates sin precios. Pero la verdadera barrera es el precio. Esa etiqueta cuadrada que tras el 100% seda/ante/piel tiene escrito en deliciosa y pastelosa cursiva el precio. La frivolidad de saber que nada de lo que hay en la tienda tiene menos de cuatro ceros detrás de dos números y que, unos zapatos equivale a la letra de la hipoteca, a los ahorros de todo un año o a un coche. Un Master, un yate o un bolso de Prada.


Lo que diferencia a una Voguette del resto de mujeres es que la tía vive en su país de caramelo y leche y miel donde el fuego y el azufre sólo son ecos de un infierno de Dante pero tiene loquehayquetener o carece de loquehayquetener para vivir de alquiler con cuatro compañeras de piso y gastarse el dinero de la beca en zapatos en vez de víveres.


Además, así adelgaza. No hay Voguettes gordas. Borrachas y colgadas por Internet, pasadas de rosca, de vueltas y de tuerca sí. Pero gordas. NO. ¿Quién demonios te crees que es ella?


¿A que te parece idiota? A mí también pero es muy triste guardar en un bote de cristal monedas de céntimo para comprar unos zapatos de suela roja. Además, mañana igual te pilla un camión. Y, ¿qué crees que harán con el bote?

 
A veces, dan ganas de quemar la tarjeta de crédito. Pero hay que tener coraje e inconsciencia. Falta de inteligencia, evidentemente. ¿Y? Carpe Diem, de vez en cuando.

miércoles, abril 01, 2009

Ciudades, Londres



Londres es una ciudad de extremos. Londres es una ciudad de tópicos y anti-tópicos. Por un lado Londres es una ciudad que abre la mente a experiencias, sensaciones y vivencias nuevas pero, por otro, todo el mundo ha estado en Londres. La idea del Londres de oficinistas trajeados que almuerzan sandwiches y manzanas en el parque a la hora de comer con maletín y gabardina junto al Londres exagerado de consumo, fiestas, moderneo y pijos all-over-the-world que viajan a London.

Otoño. En Londres hace el suficiente frío para ponerse una antigua parka y un bolso con el estampado típico de Burberrys. De esos que acumulan polvo en verano y gotas de lluvia en invierno. Paraguas negros o grises oscuros mientras la lluvia vertical cae. No llueve en ningún sitio como en Londres. Cuellos arriba y bufandas de cuadros en rojo.

Invierno en Londres. Frío, nieve en las aceras y tráfico. Una gloriosa combinación. Londres en invierno es una ciudad con un tono oscuro, tiene una luz hermosa y un viento que corta la cara. Sabe a abrigos de lana negra y grandes totes de color azul marino y botines. A pieles aristocráticas y bufandas de cachemire. Huele a fragancias frescas pero contundentes que impregnan jerseys de punto y chaquetas de lana. Sabe a oficina, a tecnología, a hielo.

Primavera. La primavera es una de las estaciones más hermosas en Londres. Es trenchs en el tono entre arena y caramelo con pashminas y foulares de flores anudados a su libre caer por el cuello y flotando al viento. Sabe a vaqueros con camisas azules con los cuellos altos y totes en azul marino. A hierba, a que "nosotros no tenemos clima, tenemos tiempo".

En verano, Londres estalla de turistas. Entre boquiabiertos y maravillados. Oyen hablar mil lenguas, comen comida tradicional inglesa que es la hindú y pasean por Notting Hill y Portobello. Londres, de repente se vuelve todo tópicos. -Sandalias y calcetines blancos sigh- Parece que Londres vive un carnaval. El verdadero Londrés huele a estanque y a nenúfar, a reposada tranquilidad y a té. Es un té más colono que inglés, más sarcástico que amarillista. Más mansión de verano y reposo. Y, claro, más tópico. Sabe a campo el verdadero Londres. A prados y a flores.

Londres siempre maravilla. Casi todo el mundo se imagina Londres envuelto en bruma y lluvia. Desde que sanearon el Támesis ya no es lo mismo. De todas formas, Londres es un titular. Cuando en la II Guerra Mundial, el Canal de la Mancha quedó envuelto en las nieblas, los alemanes no pudieron penetrar en el espacio aéreo británico y el gran titular era !El continente aislado!, niebla en el Canal. Lo dice todo de Londres.