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lunes, enero 21, 2013
lunes, septiembre 17, 2012
Ojos, Ojos Y Ojos
En medio del vaivén de la Semana de la Moda de Nueva York, animada de forma morbosa y poco elegante por la polémica entre Oscar de la Renta y Cathy Horyn (la una le llama perrito caliente y el otro a ella hamburguesa -encantador, ¿eh?-), a uno no le queda sino refugiarse en lo bueno y mi obsesión de ahora se llama: ojos. A Newton le chiflaban, a Von Unwerth también y a todos nos gusta la Princesa de Éboli. Pero no son sólo ellos. Es Desayuno con Diamantes, paladín de los parches falsos, un guiño que muestra bien el reflejo de la sátira social que hace Capote en la obra.
Alain Delon en el Gatopardo lleva algo un poco más original que el típico parche. Es una venda con estilo. Y, por cierto, en negro es mucho mejor que toda esa gasa blanca que te hace parecer la momia.
El recurso del piloto tuerto de ciencia ficción ha sido bastante usado. En unos casos, con sentido, como Angelina Jolie en su papel de Frankie para Sky Captain y el mundo del mañana. No tiene mucho sentido, bien pensado, pues la visión monofocal imposibilita la sensación de profundidad (algo importante si eres piloto). Todo se ve plano. No es como si cierras el ojo momentáneamente, pues entonces, el cerebro recuerda la tridimensionalidad. Otro piloto con parche es Isy de El regreso de la momia (en La Momia sale una bellísima no, lo siguiente, Rachel Weisz) que también lo lleva para decorar. Vamos a decir, con sensibilidad.
Ellen von Unwerth cita a lo que yo me imagino como una condenada a muerte pero que seguro que es una encantadora gallinita ciega. Y, sin embargo, esto no es lo más interesante. Lo más interesante es la próxima portada de octubre de Vogue USA: Keira Knightley. Como si Helmut Newton se hubiera empachado de tarta de manzanas. Pero eso, mañana. Hoy: ojos, ojos y ojos.
viernes, mayo 25, 2012
Encuentro En París
William Holden y Audrey Hepburn ya habían trabajado juntos en Sabrina pero, vaya, Sabrina -con ese nombre tan poco propio de una hija de chofer- prefiere, por lo visto, a Bogart. La verdad es que fue bastante habitual a lo largo de su carrera cinematográfica que Audrey Hepburn compartiera pantalla con galanes mucho mayores que ella que hacían de sus parejas. Es el caso de Paris when it slizzes que en español se conoce como Encuentro en París. No se trata de una gran película pero a mí me resulta muy simpática. En ella, Rick (Holden) es un guionista que está escribiendo La chica que robó la Torre Eiffel y Gabi (Hepburn) es su máquina de escribir. A ella le viste Givenchy -claro- y también le perfuma. Eso es algo que siempre me había resultado curioso. El cine, como medio audiovisual, se limita a ser percibido por los ojos y los oídos pero, en este caso, el dato es muy significativo.
Todo el film trata de los cambios que uno vive. Además, está lleno de guiños a la filmografía de Miss Hepburn (My Fair Lady y especialmente Desayuno con Diamantes...) y es un homenaje al cine en sí mismo (Frank Sinatra o Tony Curtis). Es curioso que Holden y Hepburn fueran pareja en la vida real aunque no funcionaron -no por la diferencia de edad- porque él tenía hecha una vasectomía y ella quería tener hijos. Siempre me ha parecido que el amor entre Mel Ferrer y ella, no tuvo sentido. No sé. Un amigo cuyas opiniones cinematográficas respeto, considera que la mejor película de la Hepburn fue Charada. Yo prefiero Desayuno con diamantes, claro, y My Fair Lady y Charada me resulta histriónica y no me hace mucho tilín pero es verdad que Charada, Encuentro en París y Desayuno con Diamantes tienen muchos puntos en común.
Para empezar, el vestuario es de sensación. Hepburn hace su entrada en Encuentro en París vestida de verde, poco a poco, se va soltando la chaqueta y la melena. Avanza hasta una fantasía nocturna y luego se convierte en lo que debe ser el verano en París: vestidos blancos camiseros y trajes rosas. Es curioso que ese esquema aparezca también en Charada y en Desayuno con Diamantes. Pero eso, os lo cuento mañana.
lunes, mayo 07, 2012
El Frágil Detalle De La Identidad
Es difícil catalogarme a mí misma como una gran fan de Sexo en Nueva York, no lo soy. Para empezar, creo que la serie ha hecho mucho daño a la sociedad con todo el jaleo de Vattimo, la postmodernidad y la estética sobre la ética. Nunca he identificado el concepto de liberalidad con promiscuidad aunque creo que la serie, extrema como todas las series -y el problema lo tiene el que no lo entienda así, es decir, como ficción, ficción, ficción- fue un hito no solo de las tendencias sino de la forma de tratar a la mujer en televisión. Carrie y sus amigas son cuatro estereotipos con patas pero la serie se deja ver y, en algunos momentos, es incluso genial. Sin embargo, en mi opinión, el problema de una estupenda serie que empezaba diciendo que "no desayunamos con diamantes" y que mostraba que las Cenicientas ya no existían salvo por su interés hacia los zapatos; es que al final Carrie se casa con Mr Big, se compra un apartamento de cinco millones de dólares y en su armario hay más dinero del que se gasta en pagar a una pequeña empresa editorial cada año, no digamos que a trasmano de cualquier periodista de a artículo por semana en un periódico -muy- mediocre. Además del hecho de que SJP se empezó a creer Carrie Bradshaw, una mujer sofisticada, cool y, sobre todo, despampanante. Y no. No.
La cosa, por tanto, está en que hasta los estereotipos tienen una identidad: la de los estereotipos. Así Samantha podía llevar lencería con perlas auténticas y manipular a medio Nueva York para lograr un Birkin de Hermés; Charlotte podía casarse de Vera Wang tras contratar a un estilista de bodas y adoptar a un niño vestida de Chanel; Miranda... bueno, la letrada podía pagarle un traje muy muy caro a su novio y Carrie, santo cielo, Carrie. Carrie puede trotar por la ciudad con Manolos, Jimmy Choos, Louboutins, ir a Vogue vestidita de Dior por Galliano, llevar camisas de Cavalli para reafirmarse, hacer que alguien deje a la divina Natacha de Ralph Lauren -venga Big, venga- por ella y desfilar para D&G además de otros muchos varios cientos de delicias más.
Sin embargo hay algo que acompaña a Carrie y que le caracteriza, temporada tras temporada, mucho más que todo el resto del trabajo de Patricia Fields y ese algo es su collar de Carrie. Una baratija que compró en un mercadillo pero que no se aparta de su cuello. La verdad es que Carrie no deja de ser una chica americana de la América profunda y bajo todo el pulimento que va adquiriendo a lo largo de la serie y de algunas divagaciones que tiene el personaje que no provocan, precisamente, que te caiga bien sino demostrar que es una mujer y ya está, con una vida que aunque guionada, no deja de no estarlo y por eso es tan significativa la cosa del collar. La identidad de Carrie pende de su cuello. Siempre. Más alla de Dior, Chanel, Versace y Gucci, la verdad es que Carrie es ese collar que es una corazonada más que un gusto adquirido.
Cuando la neoyorkina por excelencia en uno de los episodios últimos de la temporada final de la serie, cuando se va a París con el ruso, Carrie recibe un regalo: una nueva vida y a juego con ella un collar de diamantes cuyo brillo ciega -t-(sus) ojos. Sin embargo, en medio de la vorágine parisina, Carrie pierde su collar y vive los peores momentos de su vida -en la serie-. ¿Qué hace la Bradshaw en París, sin Big, sin Charlotte-Samantha-Miranda, sin empleo, sin hablar el idioma y con un hombre como el señor artista? Finalmente, Carrie recupera su collar. Claro. Y vuelve a Nueva York a desayunar con diamantes.
Porque, la verdad, es que sí que desayunamos con diamantes.
Lo que pasa en la cena, ya es otra cosa. Ana Bolena, reina consorte de Inglaterra tras casarse con Enrique VIII, perdió la cabeza. Pero eso sí, nunca su identidad. De hecho, siempre llevaba el collar que se puede ver en este cuadro de fines del XVI, copia de otro de la década de 1530 que se ha perdido. La B de Boleyn. O el Carrie de Carrie. Así son ellas.
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domingo, julio 03, 2011
Grace
En el 56 se casó Grace Kelly. La princesa de Hollywood se convirtió en Princesa de Mónaco y aquello que dijeron de ella "si hay algo que sabe hacer es llevar un vestido", se convirtió en verdad. Grace Kelly para mí vive congelada en Atrapa a un ladrón, la verdad. Es la hija de un millonario, atraída por lo prohibido, que conduce como una loca por las carreteras de Mónaco, toma el sol y palpa la felicidad y la infelicidad al tiempo, es más inteligente de lo que parece y al tiempo es impulsiva y es una revolucionaria del corazón y una enamoradiza... maravillosa en medio de la elegancia, el cielo azul, el mar vibrante y Hitchcock, pollo y Cary Grant con quien, por cierto, siempre se besa y luego hay fuegos artificiales.
En Mónaco con Robbie -él Gato-, Grace le cuenta que "no lleva joyas porque no le gusta tener nada frío en la piel". Debía ser verdad porque Grace rechazó ser la esposa del Sha de Persia pese a que le regaló bellísimas joyas y a que tenían una relación pública. Cary Grant siempre dijo de ella que era una gran actriz y que lograba ser ella misma en pantalla, simplemente se interpretaba a sí misma que es cuando se ve la talla de un actor, según dicen -oigan-.
Para mí, la noche de bodas de Grace Kelly está en su villa de Mónaco. A punto de descubrir dónde está el pájaro enjaulado y dónde la libertad del pájaro que escoge libremente su jaula y, bueno, también está, como el ladrón de joyas, cazando marido o... lo que se tercie. Aunque, eso no quita que Grace Kelly tuvies casi una boda (con Oleg Cassini), una boda que la dejó "prácticamente casada" con Rainiero -la civil- y la boda religiosa con Rainiero. Probablemente, uno de los enlaces más famosos del mundo junto con el de Lady Di quien, por cierto, la conoció. A su enlace civil, Grace llevó un vestido confeccionado por la modista de la Metro, Helen Rose, en encaje rosa antiguo de Bruselas comprado a un museo europeo.
Precisamente era su educación prusiana completamente germana la que hizo de ella una musa para Hitchcock que la encontró turbadora, de fuego cuando parecía de hielo y completamente fascinante. Grace dijo que deseaba ser recordada como alguien "decente" aunque en su trayectoria personal contaba con diversos escándalos por su apasionada vida amorosa que fue descrita por Zsa Zsa Gabor (ésa que los Borbones se trajinaban sin saber que había que pasar por caja- como más intensa en un mes que la suya a lo largo de la vida. La bella Kelly leía Bazaar con James Stewart (no pudo ser Grace) pero hacía bromas fuera de guión con Grant, se enamoró de Holden, persiguió a Clark Gable, fue amante de John Kennedy (Jackie nunca se lo perdonó), de Khan antes de que se casara con la bella, bellísima y lo siguiente Rita Hayworth y de Tony Curtis, Gary Cooper o Bing Crosby. Justo antes del matrimonio con Rainiero, estuvo prometida con Oleg Cassini -naturalmente el diseñador de Jackie Kennedy, esa que tanto odiaba a Grace...- pero no resultó y... tras Rainiero... bueno, Grace siguíó cruzando a toda velocidad la carretera de Monaco.
Por culpa de un Grimaldi, el Príncipe Rainiero del siglo XVIII, que violó a una virgen eslava que se convirtió en bruja tras la agresión y maldijo a la familia a que "ningún Grimaldi tuviese un matrimonio feliz". Grace se iba a casar con Rainiero y pasaría de reina de las pantallas a princesa de Monaco por obra y gracia de Onassis -y Jackie vuelve a aparecer-. Y entonces Rainiero se consagró a sus amantes y Grace a Brando, a Sinatra -y Jackie vuelve a hacer su aparición- y al amor eterno con David Niven. Y Hitch, ese que dijo que el problema del siglo XX era que no torturaba lo bastante a las mujeres, que quería ser Cary Grant y que amaba desaforadamente a Grace, la definió como una dama siempre, salvo en el dormitorio.
Pero, al margen de todo eso que son avatares de la vida, lo que importa es que Grace fue una de las novias más bellas vistas nunca. El traje, regalo de la Metro, diseñado por Helen Rose e inspirado en el XIX americano partiendo de una idea de la diseñadora para "Alta Sociedad", en la que salía Grace. Grace Kelly se probó varias veces el vestido antes como si fuera un ensayo de vestuario. Hoy hace 55 años -19 de abril de 1956- de su boda y su vestido marcó un hito en el mundo de la moda nupcial: de hecho, Sarah Burton de McQueen ha creado este año para Kate Midlleton, señora esposa del hijo mayor de Diana de Gales, un diseño calcadito al de Grace. El trabajo de Burton, por cierto, se basa en ser más McQueen que McQueen y más Helen Rose que Helen Rose pero del sello SB no hemos visto aún nada.
Al margen de ello, el diseño fue confeccionado por 35 costureras. Se empaquetó en una caja de aluminio de más de dos metros de largo y se recubrió de algodones impregnados en perfume francés para que oliese como un estallido de flores. En ella también se incluyó el traje de la ceremonia civil, un devocionario, el velo y el negligé. Se elaboró en seis semanas y Grace sugirió que se le añadiera cola. Se confeccionó con 20 metros de tafetán de seda. El velo se elaboró con 90 metros de tul. Fue peinada por el estilista de la MGM, Sidney Guilaroff. Al enlace acudieron mil invitados. Hitch era el padrino. También fueron Cary Grant y Ava Gardner y la reina Victoria Eugenia de España preparó a la novia para ser aceptada en las casas reales, todo el mundo comentó que era la Kelly la que parecía la princesa y todas las monarquías hicieron boicot a la mujer que había ganado un Oscar en el 54. Toda la jarana se llamó la boda del siglo. Lo era, sin duda. 30 millones de personas la siguieron por televisión. Sin duda, la película de Grace Kelly más vista. De hecho, la Metro obtuvo los derechos de la filmación.
Lo trascendental de este vestido de película es que se cumple aquello que dijo Capote sobre Holly Golightly "es falsa" pero es "genuinamente auténtica". Grace parecía una virgen, una santa, una novia, una estrella, una Venus parada en la Costa Azul para siempre, preservada en el inconsciente colectivo, en el culto a la belleza, en la eternidad... Más de cincuenta años después, la historia del Príncipe Azul, del Desayuno con Diamantes y del "se casaron y comieron perdices" vuelve a la actualidad con el enlace de Charlene y el Príncipe Alberto de Mónaco, el hijo mayor de Grace.

Cumpliendo la tradición monegasca, la novia llegó antes que el novio a la catedral de San Patricio. Llevaba las tres enaguas adornadas con lazos azules, uno de sus colores favoritos, por cierto. Ayer y anteayer cuando Charlene Winstok y el Príncipe Alberto, hijo de Grace, se casaban, nadie se olvidó de la Kelly. Al fin y al cabo, una estrella es una estrella. Y siempre van primero. Para siempre.
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domingo, abril 10, 2011
Caprichos
Oscaw Wilde decía que los caprichos eran la forma más importante de deseo y que duran mucho más de lo que uno podría esperarse. Un ejemplo podría ser Ana Bolena con Enrique VIII que es además un ejemplo de que el capricho suele acabar mal cuando se logra porque, vuelvo a Wilde, lo cierto es que hay dos males en la vida, tener lo que se quiere y no tenerlo y el primero es el mayor de ambos. No obstante, no todos los caprichos tienen que ver con hombres. Algunos tienen que ver con mujeres, especialmente si pensamos que la Iglesia Católica consideraba que el capricho estaba a merced de la mujer especialmente, porque fue Eva la que comió la manzana primero. Un gran ejemplo de capricho es Escarlata O Hara con Ashley Wilkes. Otro gran ejemplo sin duda es Holly Golightly. Actualmente podría citar buena parte del trabajo de Galliano, de Valentino, de McQueen y de Tiffanys como grandes caprichos para mí, eso sí, al menos por un tiempo porque los caprichos son efímeros, son.... volátiles y a veces pueden ser destructivos pero, oigan, la vida está hecha de pequeñas cosas.
sábado, marzo 26, 2011
Perfume
Necesito encapsular un olor como sea... como sea...
me he dado cuenta de que lo que cuenta no es nuestro perfume, es nuestro olor.
Que es tanto como decir nuestra esencia.
He descubierto mi olor favorito.
Realmente es un activador de recuerdos.
De sensaciones y momentos.
Por ejemplo, en Desayuno Con Diamantes, Holly guarda un perfume en su portal. Debajo de un espejo pequeño que usa para pintarse los labios. La frivolidad queda entre ella y Paul. Es, sin duda, definitorio.
Un poco más tarde, completamente borracha de alcohol y de inmoralidad inmaduramente falsa, Holly malgasta su esencia por la escalera. Trata de dar más énfasis a sus palabras con ella pero cada uno sabrá si lo consigue... sin duda, ahí tan solo emana alcohol.
Y, finalmente, el otro gran momento del perfume en la película es cuando muere Fred. Holly rompe todos sus frascos de perfume. Y su esencia se va... en el aire.
Y el que no me crea, es porque no ha encontrado su olor.
martes, diciembre 28, 2010
2010
Llega Ford, se va Carine de Vogue Paris y se acaba una década. The Sartorialist sigue en la cresta de la ola mientras que los 60, las mujercitas de Mad Men, Jackie Kennedy y el Swinging London se convierte con los mods en el epítome de la modernidad. El lujo sufre un golpe cuando Jean Paul Gaultier firma su salida de Hermés y cuando la crisis económica sentencia el fin de las grandes agujas españolas como Berhanyer que cierra su taller. Audrey Hepburn sigue Desayunando con Diamantes, aunque cada vez mirando más lejos al atrás y Alexander McQueen se suicida diciendo que sueña con ángeles pero que no puede más.
Y si a la Belle Epoque le sucedieron los años 20...
Miuccia Prada propone una revisión de esa década prodigiosa.
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jueves, noviembre 04, 2010
Tópicos
Holly le contaba a Paul que iba a Tiffany´s a calmarse los dias que tenía un día rojo. Él se sorprendía porque no lo entendía. ¿Rojo? Será negro... ¿no?. No, dice ella, un día negro es cualquiera, lo tienes por cualquier cosa, te engordas o no te dan las cuentas lo que deberían, es igual. Pero los días rojos, tienes miedo de todo y no sabes porqué y sólo te puedes calmar al ir a Tiffanys y respirar el ambiente tranquilo que allí hay porque nada malo puede pasarte allí.
La mayor parte de la gente estaría de acuerdo con este Paul inicial que piensa que los días malos, son los negros. Y no los rojos. Otra loca más, aunque no más loca que cualquier otra persona, que decide cambiarle el color al mal humor. Pero, lo curioso de todo, es que, por ejemplo, cuando estás enamorado se dice que se ve todo de color de rosa.
A Holly le pasa lo contrario. Los malos días, son de color rosa.
¿Qué quiere decir eso?
Al final, sólo hay que ir a Tiffanys.
Nada malo te puede pasar allí.
Hay diamantes.
miércoles, octubre 13, 2010
Blanca Va La Novia
Pienso en la contemporaneidad y en las tradiciones. A veces uno se estanca con un target de mercado y cuesta salir -o entrar- en la mente y en la vida de cierto público. Marilyn Monroe cantaba que los diamantes son los mejores amigos de la mujer pero Holly Golightly borraba de un plumazo todo aquello al decir que "veía los diamantes divinos para señoras mayores pero no para ella".
Y ahí se encontraban las firmas de diamantes. Las abuelas de la 5º Avenida no vivirían para siempre y, las nuevas fashonistas parecen preferir un bolso de Dior o de Gucci a unos chatones de brillantes o a una pulsera comprada por su flamante marido. Parece ser que un Porsche está más valorado que una tiara y que, además, !qué demonios!, ya nadie se pone eso.
Las joyerías, aparte del halo de glamour y de lujo, de prestar joyas a estrellas del cine, surtir a unos cuantos snobs y dar anillos de compromiso a algunos jóvenes yuppies y a algunas prometedoras pijas ven cómo su clientela va muriendo o desapareciendo.
El reclamo de la belleza y la elegancia perenne se desvanece con las chicas que quieren estar de moda cinco minutos con un vestido de 30.000 dólares para pasar a la semana siguiente al bochorno si no llevan el Nuevo It Must de la temporada en forma de, no sé, ¿un bolso de pitón morado con cascabeles azules y una ristra de pelo falso prendida del hombro?. No hay sitio en nuestra vida para los diamantes.
Sobre todo porque Audrey Hepburn logró hacer auténtico lo falso y actualmente casi todas las ¿estrellas? logran hacer falso lo auténtico. Con iconos así, entrar en Harry Winston parece improbable, muy improbable, en cambio, entrar en el nuevo garito de Prada es un hecho. ¿Cafetería, ropa, bombones, flores y alguna celebritie? Por supuesto. ¿Miradas por encima del hombro, bandejas con chucherías, miradas de soslayo y el vigilante pegado a tu chepa si miras cualquier cosa o pides probarte algo en Chopard?. No gracias.
No obstante.
Parece que se han dado cuenta y que vuelven a cargar.
Por lo pronto, la publicidad deja a las matronas enseñoreadas, a las sirenas del Old Hollywood y pillan de sopetón a una novia joven, tersa, poco convencional y muy moderna que mata el hambre con un sandwich. Y que además, oh casualidad, lleva un brillantón en el dedo.
Estamos cambiando.
A bien o a mal, según se mire.
Pero cambiando.
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martes, septiembre 28, 2010
Estrella De Variedades
Justo ayer estuve viendo imágenes de viejos rodajes. En una, Rita Hayworth se peinaba para Gilda y fumaba jugando a las cartas con Glenn Ford. En otra, Ava Gardner metía los pies en una cubitera helada. Hitch jugaba al ajedrez y Grace Kelly le miraba. Marilyn estaba tan rubia como siempre, mirando a la cámara como si fuera un hombre al que seducir y Audrey Hepburn charlaba con Gregory Peck en una y en la otra, peinada para Desayuno con Diamantes tenía a su bebito en brazos. Inmortales. Estrellas con algo más que la fama.
A veces nos olvidamos del backstage. Vivimos en un mundo en el que, por ejemplo, sin haber visto la línea de Tom Ford presentada en exclusiva en Nueva York que pretende volver a los circuitos tradicionales -puro marketing-, todos los fashion-algo (escojan ustedes si victims, si istos o si stupids) se saben de memoria las fotos tipo polaroid de backstage en las que se atisba. Ojo, se atisba algo de la dichosa colección del demonio. También se han filtrado dibujos: de ellos todo lo que se puede decir es que vuelven al Paleolítico, por unos naturalismo -Beyoncé con mucho pelo de Grace Coddington- y por otros idealismo, un montón de líneas entrecruzadas por Hamish Bowles -un tío sensacional, ¿no?-.
Pero en las viejas producciones del cine clásico americano, no puedo dejar de mencionar la screwball comedy, siempre pienso en el vestuario y en el detrás de las cámaras. En las fotos con filtros, el favorecedor blanco y negro, la comedia de sexos femenina y el estilo de vida relajado, distendido y chic de, por ejemplo, Historias de Fladelphia. Nos olvidamos habitualmente de nombres tan grandes de la moda como Adrian o como Edith Head -injusta ganadora del Oscar de la academia por el vestuario de Sabrina que en realidad debió haber sido para Hubert de Givenchy-.
Como además tenemos un poco de complejo de voyeurs, nos encanta mirar. Los estudios lo sabían y solían retocar las fotos, incluso las del backstage. Por ejemplo, borrando cigarrillos de las manos de los actores. Pero en el mundo de la moda, que parte de la premisa básica de que el revés es tan bonito como el derecho, se dice que es mejor estar entre bastidores. Porque es donde se tejen los sueños y uno realmente aprende.
No tengo opinión formada. Las buenas estrellas siempre son estrellas. Con y sin maquillaje. Con y sin focos. Así que supongo que en el fondo da igual. Y Vogue Deutschland también lo cree.
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martes, abril 27, 2010
Premio Blog De Moda De Marie Claire

Los blogs están de moda.
Los bloggers también.
Las estilistas son las nuevas modelos, las directoras (in chief) las reinas del mundo, las modelos las musas, las chicas it de fotonovela y romance fugaz las protagonistas de campañas y dadoras de nombres, las nuevas celebrities son aquellas anónimas que Warhol retrataba "era una locura, el famoso fotografiaba a la gente normal".
Y los bloggers...
Bueno, los nuevos Narcisos.
No puedo dejar de pensar en Eróstrato, el hombre que quemó en Éfeso el templo de Artemisa para ser recordado. Sin más.
Es la historia del hombre que quería la fama a cualquier precio.
Siendo recordado como " "...
Bueno, este egoblog dice que "uno no puede luchar contra un monstruo sin convertirse en uno" así que... en Marie Claire organizan un concurso para elegir al mejor blog de España sobre moda.
Gracias, de antemano.
jueves, marzo 25, 2010
Tener Estilo

Tener estilo.
Tener estilo. De eso se trata. Compramos apariencia. Una imagen. Un deseo. Un algo a lo que parecernos. Compramos aspiraciones al fin y al cabo. Una forma de ser y un estilo de vida. Quizás si te pones su vestido aparezca tu príncipe azul. O tu parezcas una princesa pues.
La última moda se puede comprar. El último estilo se puede comprar. Pero, ¿cómo comprar El Estilo? En letras mayúsculas. El estilo, esa clase, esa elegancia, esa diferencia entre ser y estar. Entre ser visto y no. Entre "romper" y no. Entre aparecer, ser la foto, la imagen, la fiesta o el día frente a simplemente haber pasado por allí.
Quien tiene estilo tiene un bien que ni es privilegio de la edad, ni del dinero. El estilo es un arma de seducción, un delicioso encanto, una magia atrayente del que captura a cualquiera. Magnetismo.
De eso se trata.
El estilo es una magia, una ola que te arrastra, un imán que te tira, un latido que te devora y ni se nota, ni pesa, ni se vende, ni se compra ni muchas veces se ve pero siempre, siempre, el alma sensible lo percibe.
Para los elegantes de antaño, ser elegante era que nadie recordarse lo que llevabas puesto.
Hoy los conceptos sobre el estilo son algo... diferentes pero aún así siguen estando vigentes las viejas normas. Estilo es Chanel. No Prada. Por mucho que valgan lo mismo.
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