La gala del MET trataba sobre las modelos. Esas musas mudas que deben ser sólo perchas, nada de caderas, poco pecho y mucha espectacularidad. A las modelos se las trata como mercancía -ganado, carne, jarrón- son, sencillamente vitrinas en movimiento. Y, no tiene nada de malo. Ya hay cabezas pensantes y, de la misma forma que los filósofos no viven, los modistos no se visten, las modelos no son musas. Y, nunca lo fueron. Y, no lo serán.

Las modelos son como antiguas estatuas griegas. Se las escoge para el culto, la contemplación. La hermosura. Son personificaciones del alma, de la belleza extrema, de la sofisticación, la elegancia, el erotismo divino. Son diosas. Son Afrodita.
Las modelos son efigies egipcias. Perfiles dinásticos de cuello largo y rostro afilado. Felinas. De ojos peligrosos, de mirada altiva, descendientes de los dioses, prístimas damas del Nilo. Exóticas, panteras, ágiles. Animales, fieras, damas, reinas...

De alguna forma, son instantes impresonistas. El reflejo del sol sobre un vestido, los rayos de la luna resbalando por el cuerpo desnudo, el carmín rojo devorando el rostro, Olimpia tendida en su diván. Damas de un día, damas para toda la vida.

También deseo. Sexo, pasión y calor. Juventud, vanidad y superficialidad. Sexo, drogas y Rock And Roll. Impulsos. Descargas eléctricas. La tentación. Y, ni siquiera necesitas serpiente.
Otras son tentaciones. Rubia, femme fatale, insignia. Mil rostros o actrices de prendas. Quizás la primera rubia en Chanel. Quizás el deseo. Psicoanálisis de una mujer. O de cientos.
Otras son los fuera tópicos. Supermodelos de las que coreaban su nombre al final de la pasarela y de las que se contoneaban como gatos en celo por la alfombra roja convencidas de que allí arriba son la perdición.
Hay modelos que son, clones de un ejército. Sigen un patrón e identifican una tendencia. Y una clase social. Son modelos wanna be. La moda de hoy. Las niñas bien. Voguettes. Y exclamaciones. Personajes de cómic, casi. Y, siempre con alma de NY.

Etnias. Modelos que son excepciones. Puntos y apartes en el mundo de la moda. Modelos negras cubiertas de diamantes y vestidas de YSL, modelos negras de piel del color del ébano y cuerpo de atleta. Modelos que nunca hablan de lo exótico, hablan del color del alma.

Hay modelos que son ángeles. Ángeles rubios. De Berlín. De Goethe, de tragedia, de pactos con el demonio. O con Mefistófeles, al que, obligarían a comprender las más altas aspiraciones del ser humano quizás hipnotizándole con su mirada.
También hay modelos que hablan de los tipos de belleza. De una androgeneidad muy femenina, muy masculina, muy atemporal. Una especie de divinidad de piedra y cielo, de eternidad, un ser superior muy especial, muy distinto de los rasgos divinales. Una suerte de conciencia última con la frente de mármol y el rostro de cristal.
Y modelos de esas que sirven para todo. Sexo, refinamiento. Y, al final acaban siendo celebrities. Mujerones que miran por encima del hombro y son todo sonrisas y vestidos brillantes. La novia del superhéroe.
Y, otras mujeres... Pero, a veces, las modelos juegan a ser celebrities.