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miércoles, junio 11, 2014

La Chica Que Nunca Lleva El Mismo Vestido Dos Veces

¿Quién eres tú?


De arriba a abajo.


Lisa


Carol


Freemont


Ah. La chica que nunca lleva dos veces el mismo vestido.

Y si no es la mejor presentación de un personaje de la historia, me dicen.

miércoles, agosto 03, 2011

Distinción


Hay escenas terriblemente elegantes en el mundo del cine. Como ésta de Fred Astaire y Ginger Rogers. Me gustan los años dorados de Hollywood en los que las damas cenan con vestido largo y guantes blancos y en el club se baila antes y después de declararse. No lo puedo remediar. Me gsutan los vestidos que tienen vueltos para poder bailar con ellos y la naturalidad que todo el mundo rebosa en los ambientes elegantes. Cary Grant es Cary Grant cuando se topa con la Hepburn en La fiera de mi niña, ella, toda dorada y tecnológicamente fría y dominante. Con sombrero de copa, claro.  Y también lo es cuando en Con la muerte en los talones, todo de gris, se hace pasar por el sorprende señor Kapland... Hayworth es Gilda con su vestido negro y sus guantes para ir a emborracharse al casino y con sus deslumbrantes joyas y abrigos de noche para ir a... "nadar". Hay un halo tremendamente decadente en todo lo que se ve en el cine en esos años, Gloria Swanson vestida de Chanel, Adrian y Edith Head cortando el bacalao y Veronica Lake en el recuerdo de todos, con un cigarrillo, un vestido de fiesta y el pelo tapándole el ojo...

Hay imágenes nostálgicas y que transmiten elegancia...
Como ahora...

martes, septiembre 28, 2010

Estrella De Variedades


Justo ayer estuve viendo imágenes de viejos rodajes. En una, Rita Hayworth se peinaba para Gilda y fumaba jugando a las cartas con Glenn Ford. En otra, Ava Gardner metía los pies en una cubitera helada. Hitch jugaba al ajedrez y Grace Kelly le miraba. Marilyn estaba tan rubia como siempre, mirando a la cámara como si fuera un hombre al que seducir y Audrey Hepburn charlaba con Gregory Peck en una y en la otra, peinada para Desayuno con Diamantes tenía a su bebito en brazos. Inmortales. Estrellas con algo más que la fama.


A veces nos olvidamos del backstage. Vivimos en un mundo en el que, por ejemplo, sin haber visto la línea de Tom Ford presentada en exclusiva en Nueva York que pretende volver a los circuitos tradicionales -puro marketing-, todos los fashion-algo (escojan ustedes si victims, si istos o si stupids) se saben de memoria las fotos tipo polaroid de backstage en las que se atisba. Ojo, se atisba algo de la dichosa colección del demonio. También se han filtrado dibujos: de ellos todo lo que se puede decir es que vuelven al Paleolítico, por unos naturalismo -Beyoncé con mucho pelo de Grace Coddington- y por otros idealismo, un montón de líneas entrecruzadas por Hamish Bowles -un tío sensacional, ¿no?-.


Pero en las viejas producciones del cine clásico americano, no puedo dejar de mencionar la screwball comedy, siempre pienso en el vestuario y en el detrás de las cámaras. En las fotos con filtros, el favorecedor blanco y negro, la comedia de sexos femenina y el estilo de vida relajado, distendido y chic de, por ejemplo, Historias de Fladelphia. Nos olvidamos habitualmente de nombres tan grandes de la moda como Adrian o como Edith Head -injusta ganadora del Oscar de la academia por el vestuario de Sabrina que en realidad debió haber sido para Hubert de Givenchy-.

Como además tenemos un poco de complejo de voyeurs, nos encanta mirar. Los estudios lo sabían y solían retocar las fotos, incluso las del backstage. Por ejemplo, borrando cigarrillos de las manos de los actores. Pero en el mundo de la moda, que parte de la premisa básica de que el revés es tan bonito como el derecho, se dice que es mejor estar entre bastidores. Porque es donde se tejen los sueños y uno realmente aprende.


No tengo opinión formada. Las buenas estrellas siempre son estrellas. Con y sin maquillaje. Con y sin focos. Así que supongo que en el fondo da igual. Y Vogue Deutschland también lo cree.