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lunes, junio 25, 2012

Westwood Y Watteau



En 1995-96, Vivianne Westwood se inspiró en el rococó francés para su colección. El artista en el que centró su trabajo fue, cómo no, Watteau. Junto con Boucher, este artista representó como ninguno -¿y Chardin?- el espíritu del XVIII francés ilustrado por Luis XIV, XV y un poco del XVI. El rococó trajo una nueva forma de ver la vida: más cómoda. Se alejaron de Versalles todos los aristócratas franceses porque tenía una etiqueta muy rígida y muy fría y optaron por despreciar el nuevo clasicismo de Bernini y del Barroco y por preferir los muebles llenos de dorados y cajones, los vestidos de escote bajo, los cuadros de escenas galantes -y con un puntito erótico- y las charlas los jueves en casa de Madame la Comtesse.

El rococó que la Westwood ilustró en este traje de Linda Evangelista es más impactante que el auténtico rococó, más en la línea de los colores pastel, de las medias sonrisas y de los amoríos discretos. La donna que la inglesa aficionada a los polisones y a los corsés refleja es algo más agresiva, más impresionante. No tiene que ver con la ternura de Maria Antonieta jugando con sus corderos en el Trianon... sino que tiene más bien que ver con una nueva femimeidad que también trajo el rococó.

No fue la única la inglesa a quien le fascinaron los pintores para sus obras, Balenciaga también se inspiró en Lautrec, otro francés, de imaginario algo distinto.


domingo, mayo 06, 2012

Un Detalle


Qué bonito es el collar de Giovanna Battaglia. Hay algo fascinante en los accesorios que se ciñen al cuello, en los collares muy ajustados. Generalmente se llaman choker pero este no lo es. Es un collar que a mí me lo recuerda aunque no tiene nada que ver. El choker se puso de moda en la época de Maria Antonieta, por ejemplo, en pleno XVIII francés o en la época georgiana en Inglaterra. A muchas personas no les gusta y hay a quien le recuerda a la sumisión quizá porque los punks de la buena de Vivianne Westwood hicieron mucho daño en los 80s -aunque la señora es estupenda-. A mí me encantan. Es cierto, sin embargo, que no son el accesorio más favorecedor que hay en el mundo pues se necesita un cuello como el de Nefertiti o mucha actitud. Otro día hablaré de porqué Ana Bolena era más moderna que Carrie Bradshaw, pero eso será otro día. Hoy es esto.

viernes, abril 27, 2012

La Reina


A todos nos gustan las mujeres poderosas. Lagerfeld dijo de la Schiffer que es una gran actriz de cine mudo. En mi opinión, la Schiffer solo es una gran actriz de instantáneas porque no aguanta en movimiento. No tengo ni idea de cuál es la razón. De Maria Antonieta decían que era una persona que solo existía en movimiento, que tenía mucha gracia en sus movimientos y que, por su carácter, su personalidad refulgía siempre que andaba, bailaba, gesticulaba... pero no cuando estaba en silencio, absorta, concentrada... Sin embargo, la Schiffer es justo al contrario. Los pómulos rectos, los ojos abiertos, la mandíbula endurecida, la clavícula hercúlea, las manos en tensión, el áspid proyectando sombras sobre el cuerpo, la serpiente de oro enroscada en el brazo sin atreverse siquiera a morder a tan bella dama... me encanta la Schiffer en este instante, encaja tan bien en una reina egipcia. Paradójicamente la germana no podría estar más lejos de aquella Cleopatra nubia o incluso de Nefertiti pero es la rubia, la alta, la esbelta y la sofisticada y acerada modelo, la única mujer de piedra, como si fuera una estatua egipcia. Sin duda, reina.

miércoles, abril 11, 2012

El Gusto


El "buen gusto" es un concepto que nació en el XVIII en Francia. La culpa la tuvo Luis XIV y los pecados los pagó Maria Antonieta. Por el medio hubo un incesante chorreo de diamantes y champagne, botas cortadas de una sola pieza para el Rey Sol, tiránicas y despóticas afirmaciones, un escándalo con un collar, una batalla épica en el dormitorio de la loba austriaca para sacar al lobo que había en el cordero del futuro Luis XVI y una guerra que acabó en una tragedia para la honra de la futura Madame Déficit -y sobre todo para Polonia- cuando las dos caras de una mujer -¿no?- se encontraron en medio de Versalles: la virgen y la puta, Maria Antonieta y la Du Barry en lo que viene siendo una lucha de egos.

"Hay, hoy, mucha gente en Versalles" dijo Maria Antonieta cediendo ante la mujer que daba placer al rey y que era de forma oficialista la primera dama de la corte frente a ella que lo era de forma oficial. Luego la buena mujer le quiso regalar unos pendientes de diamantes que equivalían justamente a 700.000 razones para que la archiduquesa de Austria y la delfina de Francia la recibiera con gusto. A la buena hija de Maria Teresa de Austria no le interesó el trato porque si alguien le tenía que regalar sus diamantes era el pobre cerrajero de su marido que llamaban cariñosamente "manos negras" en toda Europa por su afición al yunque y a la fragua.

Goethe, cuenta Zweig, se escandalizó cuando vio que para la boda de la joven se decoraban las salas con tapices de Medea y Jasón que acabaron como la marimorena porque ella era una bruja y se comió a sus hijos tras la infidelidad de él. Los revolucionarios también acusaron de eso a la buena de la reina, de comerse a los hijos de Francia. Sin embargo, la alegoría tan desgraciada con la que los dos iniciaron su ¿viaje? no resultó nada desatinada. Maria Antonieta se conviritó en delfina de Francia dejando una mancha de tinta en su escritura. Fue la única que cometió tal borrón. La letra de Luis XV, un viejo gotoso amamantado por las lúbricas tetas de la condesa Du Barry, era todo lo firme que puede ser la decadencia pero la de los futurísimos era más bien... infantil. Maria Antonieta se olvidó de hablar alemán en Francia cuando aún no dominaba perfectamente el francés y las clases no eran, lo que se dice, su cualidad. Su letra era pésima, grande y tenía faltas de ortografía legendarias. Sin embargo, es la gran víctima de la moda. La gran fashion victim. La que en sí misma y por la historia fue tachada de puta y de santa.

La película de Coppola, que a mí me encantó, recoge bien el detalle de las firmas de Luis XV, XVI y de la buena de Maria Antonieta. Cuando Maria Antonieta llegó a Versalles, jugaba con los hermanos de su marido. Ella tenía quince años, él tenía uno más y sus hermanos, trece y catorce. Maria Antonieta pensaba que el buen gusto era un juego. Y acabó con la cabeza separada del cuello acabando su historia con una mancha de sangre roja. Un buen final para una historia que comenzó con una mancha rosa.

jueves, diciembre 22, 2011

Las Nuevas Princesas

Lara Stone por Testino para Vogue Uk diciembre 2010.

La navidad. Artificio. Sin embargo, Capote estaba completamete en lo cierto cuando dijo que alquien era auténtico por ser genuinamente falso y, claro, viceversa. Quiénes somos y quién queremos ser es la eterna dicotomía a la que se enfrentan nuestras aspiraciones y nuestras realidades. El quién somos y lo que realmente somos junto con la forma en que los demás nos descodifican es clave. Las monarquías son cosa del pasado pero las niñas siguen queriendo ser princesas. No sé, quizá tenga algo que ver con lo que opina Elie Saab de que representan el cúlmen de las aspiraciones o quizá sea algo atávico relacionado con Jung y el inconsciente colectivo o con Freud y una pulsión sexual sobre la virginidad y el deseo.

Lara Stone por Willy Vanderperre para Vogue China diciembre de 2010.

El deseo es un elemento fundamenal en nuestras vidas y, de hecho, quizá debiéramos plantearnos si el amor no existe para vender vestidos y el Nuevo Testamento para que hagamos regalos. En lo que se ha venido llamando Biblia de la Moda, lo saben bien. y, por eso, cuando llegan las fechas de delirio y espasmo navideño, de celebración burguesa y ancestral, apelan a lo que más nos gusta. Y no tiene nada de malo.

Vogue España enero 2012. Maryna Linchuck.

¿No es una meta loable convertir la vida en arte y el arte en belleza? Estoy harta y aburrida de la cantinela del qué significa. Nada. No significa nada. Somos seres compulsivos, nacemos y nos reproducimos hasta morir igual que uno de los virus que se instalan en nuestro cuerpo hasta matarnos, pero nosotros lo hacemos a gran escala en el planeta. Llevamos dándole vueltas a la cabeza sobre el significado de la vida, probablemente, desde que aparecimos en el Universo y, además, seguimos en igual situación. Somos unas fieras. Quizá con piel de cordero. Y por eso nos gustan tanto las princesas.

Editorial de Lara Stone por Testino para Vogue Uk diciembre 2010.

Parece que en Dior han acertado de pleno con sus tres iconos para 2012: Marilyn Monroe, Grace Kelly y Marlene Dietrich porque los caballeros sí que las prefieren rubias. Y no sólo  los caballeros. A las puertas del aniversario de la princesa de Mónaco, su chic, su boda, su estética y toda ella se convierten en tendencia. Eso es lo que Vogue jura. Sobre todo Vogue España que, en su número de enero de 2012, apuesta por las nuevas princesas de las tendencias con la rubia favorita de Hitchcock en el punto de mira.


Un cisne es el ideal de mujer que se lleva. De alta cuna y de baja cama. Elegante, grácil, serena, de hielo, con pedigrí, con clase -y clasista- y envuelta en tules como una flor. Dior, Balmain y Charles James convirtieron desde los 50s a la mujer en un objeto, en un bello maniquí de miles de pétalos que brillaba envuelto en el rocío de la mañana. Poderosamente sexualizada, la intimdiad se guardaba entre bustos armados, capas de tela y zapatitos diminutos. Aquel viejo cuento de cómo Cenicienta perdía su zapato a posta para volver loco al príncipe con su pie diminuto... El príncipe resultaba ser un ingenuo y Cenicienta, la pobre, una mujer fatal. Qué bonita historia sobre el fetichismo.


No hay nadie más royal que un burgués y eso somos nosotros: pequeñoburgueses. Nos encantan las bodas de los príncipes -sobre todo vistas en la televisión-, comprar Hola para diseccionar quién llevo qué y cómo y soñar, desde la intimidad de nuestras casas, con una existencia menos funcional y un tanto más absurda. Antes de que el siglo XX fuera convulsionado por la Gran Guerra, el XIX aún no había acabado y tampoco la hermosa confianza en el progreso. Y, en medio de toda la decadencia previa a la Primera Guerra Mundial había una noción deliciosa: la belleza.


Lo bello es un concepto tan pasado de moda como el honor y, probablemente, igual de pedante. Sin embargo, igual que en el trabajo de Lagerfeld para Chanel y el de Valentino e Yves Saint Laurent al final de su vida para sus respectivas marcas, la decadencia es hermosa. Algo debe tener el ser humano inmerso en su código genético que le hace volverse más y más romántico con los años. Quizás sea la mediatización o un componente biológico que se basa en el mero afán de conservación. Quién sabe. Lo que sí que sabemos es que de las chicas de los 80s con cazadora de cuero llena de tachuelas que se protegen como un erizo de cualquier agente externo, hemos pasado a las beldades frías, virginales, delicadas y deliciosas que viven como Mariantonietas de hoy (y que incluso puede que tengan su mismo final trágico).


Carine Roitfeld ha sido sustituida por Emmanuelle Alt al frente de Vogue París y aún apuesta por Bowie (Kate Moss es su portada de diciembre de 2011 con semejante "transfiguración" reptiloide) pero es la única. Bueno, siempre hay algún despistado más pero ya no queremos ser superwoman. Ahora queremos ser damas. Se acabó toda la cantinela de chico y chica y de todo lo strech, estamos en crisis, se venden más barras de labios y Dior ya nos devolvió la moral bajando las faldas y embutiéndonos en un corsé. Y lo que nos gustó...


El icono de la mujer de los 90 (y de hoy) -!cuánto daño!- es Sexo en Nueva York. En el primer capítulo Carrie mataba todos los tópicos de un golpe: sexo sin amor, vida corriente y glamour. Soltera sin aspiración de matrimonio y con un cuerpo para lucirlo. Nadie desauyuna con diamantes, dijo. La periodista, la abogada, la galerista y la representante eran el prototipo de todos los tipos de mujer y de sus aspiraciones: guapas, con éxito, trabajadoras y con problemas. Nada de malo. Al contrario. Sin embargo, será eso de que nos vamos haciendo ñoños con el paso del tiempo porque "mis" chicas -las chicas- pasaron a casarse, reproducirse, comprarse un ático en medio de Nueva York y comer perdices con el guapo millonario.


Va a ser que no desayunamos con diamantes pero que lo seguimos queriendo.
Y, de verdad, no hay nada de malo.
Solo hay que atreverse a ser una princesa.


domingo, octubre 16, 2011

La Señora De Las Moscas


Somos hijos de nuestro tiempo y, como tales, nos gusta lo que o bien es antiguo o bien es actual. Sin embargo, nos perdemos en la indefinición. El concepto que no se puede definir es precisamente la meta de Rei Kawakubo en sus investigaciones estéticas que tienen como punto de partida la prenda. La japonesa trabaja con un concepto de belleza alejado del ideal occidental y propone unos volúmenes ajenos a la ortodoxia esa de "como Dios Manda". En su última colección para Comme des Garçons, presentada en la Semana de la Moda de París, propone para la primavera verano de 2012 una serie de novias androides que lo mismo resbalan de un cuadro de Velázquez, de un baile de Mariantonieta o de una pesadilla ciberconceptual.


La colección me parece una exploración vanguardista del historicismo. Sus mujeres pueblan las obras de arte de los grandes maestros y, sin embargo, tienen ese punto casi futurista de lo que nos es tan ajeno. El desfile de Comme des Garçons es un motín de Esquilache, pero femenino y !tan virtuoso todo de blanco!. La inspiración española es innegable: el corte amplio de las capas, casi armadas; las mantillas blancas que tapan la cara de la novia virgen; las telas pesadas rodeando y ciñendo el cuerpo como una armadura de satén y, un detalle que casi se pierde: la novia camina firme pero con las manos atadas. No deja de ser un regalo de mujer, uno alienado. Pero hermoso... muy hermoso.


Es interesante descubrir qué mensajes escondidos guarda la obra conceptual y mental de Kawakubo. La escuela japonesa de diseño se ha centrado en la investigación y la anatomía pero de una forma bien distinta a la que se ha estudiado tradicionalmente en las Semanas de la Moda parisinas. En esta colección, propone un volumen entresacado de los cuerpos con guardainfante de los retoños reales que pintaba Velázquez; entremezclado con las lecheras casi monjísticas de Vermeer y con una crítica a la sumisión que se esconde bajo velos, tradiciones y artilugios que constriñen el cuerpo.


 No puedo evitar que la mujer de Comme des Garçons me recuerde a un insecto. Quizás sea por el exoesqueleto que sus ropas crean para ella. También me da la sensación de desvestir, de eliminar, de romper barreras, de tirar ídolos que se tambalean... pero sin violencia alguna. La garra de Kawakubo es de seda. Llevaba razón Dalí con aquello de vestirse de mosca por Cristóbal... hay algo terriblemente balenciagesco en la colección. Quizá sea por la inconfundible traza española, quizás por el tratamiento del cuerpo. Cristóbal Balenciaga siempre prefería dejar espacio a sus mujeres, sus estudios de la anatomía son siempre externos. Diseñaba para mujeres con ropa interior y con carne, armadas que no se dejaban meter en sus trajes desnudas. Nada de Sissis que se cosen sobre la piel cada día el traje de montar ni de Marilyns que salen a cantar el Happy Birthday casi desnudas... nada de eso.


Tan sólo mujeres envueltas en el peso de una sociedad como el muerto en el sudario. Buena comparación. Es bien cansado eso de ser la novia en la boda y el muerto en el entierro...

viernes, septiembre 30, 2011

La Dulzura


Nina Ricci -esa marca de perfumes- ha presentado su colección de primavera verano 2012 en París. Nada memorable. Todo muy pasable. Adolece de la misma comercialidad y de la misma sutileza prosaica que la Semana de la Moda de Nueva York, es decir, de ser pret a porter. El término listo para llevar encaja a la perfección con el espíritu de casi todas las prendas que componen la colección. No hay nada que esté fuera de lugar, no hay una puntada que provoque palpitaciones ni un solo diseño que llegue al corazón. Sin embargo, hay amor en la rutina, por así decirlo.


Desde la casa, han presentado una colección muy dulce y etérea que encaja con el espíritu de Nina Ricci: hay polvos rosas que dan color a las mejillas de las jóvenes enamoradas, trajes blancos que convierten a las vírgenes en novias y elegantes conjuntos en azul marino y en negro que se entremezclan con estampados para pasear por la orilla del Sena o bailar en una barca sobre el río con una copa de champagne en la mano. Todo es fresco. Nada es novedoso. La lencería superpuesta a las prendas la hemos visto en las pasadas colecciones de Dolce & Gabbana y, a través de ellos, en las portadas de casi todas las revistas de moda de este verano (de hecho, el debut de Alt como directora de Vogue París fue con una de esas creaciones). Los abrigos años 60s sacados de las últimas colecciones de Prada y estampados en tonos hogareños y confortables, tampoco son una excepción. Los cortes con formas de corazón, las tocas que convierten a las jovencitas en princesas, los zapatos de salón estampados y forrados en tela con un discreto tacón y los accesorios sencillos y comerciales con abundantes brillos han poblado las pasarelas las pasadas temporadas. No hay nada que llame la atención.


Y, sin embargo, la colección tiene encanto. El pret a porter fue concebido para colgar la ropa directamente tras la pasarela en una percha, de ahí ser cogida en una mano, pagada en la caja, metida en la bolsa y puesta en casa -rpimero ante los ojos cómplices del espejo y luego ante los de la multitud- para salir con ella a la calle inmediatamente. El pret a porter, en realidad, debería poder estar colgado de las perchas de Zara. Aunque, claro, cuando se toca, cuando se lleva, cuando se disfruta, no puede uno sino conmocionarse por la pequeña maravilla que tiene entre manos. Todo debe ser delicado, estar bien confeccionado pero ser sutil.


Y no cabe duda posible acerca de la dulzura de la colección de Nina Ricci. Sin duda, dista de ser un proverbial ejemplo de maestría al estilo de las creaciones con las que Lagerfeld para Chanel, Galliano para Dior -en sus años buenos- o Alexander McQueen creaban para sus colecciones. No hay ni un ápice de sorpresa, no hay nada que deje boquiabierto, no hay bacos rampantes, no hay Mariantonietas desangradas y no hay icebergs que se derriten ni leones plantados en medio de la pasarela. Tampoco están Claudia, Linda, Naomi o Christy comiéndose la pasarela con sus melenas al viento, no hay nada del salvaje magnetismo voraz de Gisele en sus años mozos pre Victoria Secrets y tampoco hay nada demasiado memorable.


Pero, a mí, la colección me evoca disfrutar de la vida. No pasar a la historia. Los parisinos siempre han sabido vender muy bien su vocación hedonista y su lisonja zalamera de amor por la moda nacida en el XVIII francés al más puro golpe despótico de gobierno absolutista. Sin embargo, es interesante saber que ellos mismos son conscientes de que su fama -como todo- no puede durar. Por eso, las pequeñas marcas francesas basan su filosofía -su razón de ser- en la pura fugacidad. Y eso es lo que venden desde Nina Ricci: venden la juventud que todos perdemos, enseñan los momentos que deseamos repetir, los sueños que deseamos, los instantes de ensueño que nos reavivan el alma.


No se trata en realidad de grandes cosas, dejemos todo eso aparte -si quieren para la Alta Costura, si quieren para los grandes hombres- y vivamos la vida como si fuésemos a morir mañana. Quizá podamos colarnos como Cenicienta en un baile y encontrar la felicidad, quizá tengamos que regresar con las manos vacías y convertirnos en polvo gris. Pero, ¿hasta entonces podemos ser mariposas y volar lejos y lejos con nuestras alas de colores? Por favor, que sean de color lila como las de Nina Ricci...


miércoles, septiembre 14, 2011

La Femenina Frivolidad


Winterhalter pintó a Eugenia de Montijo, Emperatriz de los franceses, vestida del tono de sus ojos. Worth había hecho que un tintorero crease artificialmente el color exacto y la vistió con él a menudo. Hasta la llegada de la española, el buen gusto proverbial de los franceses había caído en el olvido. En Inglaterra, la reina Victoria era la que realmente mandaba y fue su estilo de vida el que se importó por todo el mundo. Sin embargo, sería coetánea de dos mujeres maravillosas: Sissi y Eugenia de Montijo. Claro está que mientras que Sissi era un espíritu libre, Eugenia era más bien un general. Y lo era en todo.

Lo fue hasta en el mundo de la moda y la frivolidad. La joven tenía los hombros caídos y consiguió que todas las mujeres de Francia llevasen escotes que produjesen ese efecto. Cuando estaba embarazada de su único hijo, no le gustaba su figura, por lo que Worth hizo que´la crinolina fuese completamente circular y tuvieron que ensanchar las puertas para que las damas pudieran pasar. Al margen de las pequeñas anécdotas relacionadas con la moda como por ejemplo que Worth -el muy tirano- le regalase a la Montijo un bolero para llevar con sus trajes que es la chaquetilla torera que llevaban los majos de España en época de Fernando VII, Eugenia reorganizó la corte imperial de arriba a abajo y fue la impulsora del Canal de Suez pero eso, al caso, no importa. Eugenia creó el diseño de la vajilla de Napoleón III, se rodeó de joyas imponentes que contribuyó a inventar -como un cinturón de diamantes articulado- y, además, siempre hizo que todo el mundo le diese tratamiento de emperatriz.

Ni que decir tiene que fue la principal valedora del enlace de la buena de Victoria Eugenia de Battenberg con el simpático Alfonso XIII y tampoco hay que dudar de que algunas de sus joyas siguen estando en España. No obstante, la Montijo tuvo muchos enemigos a lo largo de su vida. Aunque fue aclamada como emperatriz de los franceses y las mujeres la imitaban en todo lo que podian, fue severamente criticada por la excesiva dedicación que ponía en montar por ejemplo y también en mantenerse en forma -aunque tuvo una época en la que engordó mucho y se avejentó rápido tras todo el asunto de Suez y del más que evidente fin de su marido como emperador-. Compartía esa afición con Sissi por ejemplo. También compartia con la Emperatriz de Austria el hecho de que ambas se teñían el pelo ya que Eugenia era pelirroja. Además, Eugenia siempre había sido pobre.

Todo el mundo conoce la historia de las violetas que se ponía en el vestido porque hacían juego con sus ojos y porque -sobre todo- no tenía para joyas. Sin embargo, en el momento en el que los franceses la comenzaron a llamar "la española" le pasó como a la otrora reina de Francia que ella también había emulado para Winterhalter: la despidieron. Cuando a Mariantonieta la llamaron "la austríaca" y Madame Déficit -el que Napoleón III había creado, por ejemplo- no tardó mucho en ser largada a toda prisa del trono de Francia. A la Montijuela le pasó igual...

Además también era tildada de derrochona insufrible y de generala. Cuando Winterhalter pintó el dulce cuadro de Eugenia con sus damas de compañía vestidas a la última moda en medio de un escenario paradisíaco, la sociedad lo considéró frívolo. Hoy en día rezuma alegría de vivir -pese a que las mujeres iban metidas en esa espantosa jaula de pájaros- pero, en aquel momento, la apariencia fue un engaño.

Y, sin embargo, Eugenia pudo pasar a la historia con la misma dulce calma que en el cuadro... es posible que -aunque sus nervios no se lo permitieran- ahora esté haciendo algo similar... quizá convertida en violeta al borde de la costa vasca por ejemplo. Una del color exacto de sus ojos. Del mismo que el lazo de su vestido. Quizá aún charla con Sissi de sus problemas aunque, probablemente, simplemente se den un baño en el mar. Luego se pueden encontrar en una pintura de Winterhalter, en una en la que Sissi tenga estrellas en el pelo y en la que Eugenia tenga los ojos de un morado rabioso haciendo juego con su carácter irreductible. Bonito sueño, claro, pero bueno, quizás ya están en el paraíso... al menos, en esa hierba, parece muy cómoda. Es todo un consuelo Montijuela.

miércoles, abril 20, 2011

El Propio Pasado Y El (Im)Previsible Futuro



Sabía que había visto estos colores en alguna parte. Y no solo porque el rosa sea el color de la temporada, que lo es, sino porque también estuvo en nuestro pasado. Este rosa émpolvado se llevó a finales de los 80 cuando los tonos de Miguel Ángel parecieron ponerse de moda en la ropa. Mucha gente no lo recuerda o no lo sabe porque la memoria colectiva de los 80s se reduce a ciertas veleidades Almodovarianas o la era del sida y Halston que es barrida automáticamente por Mugler, Montana y Alaia o Versace con sus melenas rubias, sus caderas estériles y los andares de valquiria del inframundo. Pero estos años también estuvieron.


Unos años en los que a Lagerfeld le dio por un Mediterráneo que tiene muy abandonado. A Lagerfeld le interesó la luz del sur de Francia, el mar que parece de postal, los cielos azules y los campos de lilas llenos de trigo en los que vino, vida y amar se hacen uno entre sábanas blancas y los sonidos propios de la cosecha y la jornada de sol a sol. Es cierto que su visión era lírica, melancólica y propia de una Arcadia que no podía ser pero aún así la bellísima teutona rubia, la Schiffer, tendía y recogía su ropa entre una luz celestial vestidita de negro Chanel, miraba al sol y al cielo con un vestido blanco y el pelo hecho trenzas en lo alto de la cabeza o paseaba entre campos de espigas verdes y oro buscando la vida que se escapaba entre respiraciones.


Luego Karl Lagerfeld volvió a Alemania, se olvidó del sur de Francia que es España con sus toros, sus acueductos romanos, sus templos antiguos a los que las floren les crecen por las esquinas, se olvidó de las manos ancianas que bordan, de los niños vestidos de perlé cuando gatean y las niñas vestidas de piqué cuando corren. Se olvidó de las mañanas de domingo, de las tardes de viernes y de las mañanas de lunes y puso sus ojos en una Europa más fría, menos cálida, menos risueña, más desarrollada y envolvió a la rubia que vivía en el cielo de los viñedos en tweeds, en cueros y en insignias metálicas delante de las puertas de Berlín.


Poco más tiempo le ha dedicado Lagerfeld a la melancolía después. Más bien nada. Le ha absorvido el presente, el presente convulso de la tecnología, la acción, las heroínas de ciencia ficción, el poderoso dolar verde y los desvaríos de cantantes de rock, de Briggite Bardot y de la adolescencia teen que tiene blogs y ego y dinero para gastar ("pasta larga" que diría Vivian en Pretty Woman). Los pantalones llegaron a la Costura, el vaquero revolucionó el mundo de tweeds, perlas y acolchados en Chanel y Lagerfeld se plantó el mundo por montera haciendo que en Chanel se vetara a todos los que tuvieran demasiada edad celebrando los cantos a Narciso, bello, joven y maldito antes que a la senectud del invierno.


Se ha dedicado a las jovencitas de risa fácil, de taconeo tonto, de murmullo demasiado alto, de fugacidad contenida, de juventud ignorante y ha olvidado un poco a aquellas grandes damas que corrían por la Ópera diciendo no, que cantaban con sus balcones en pleno París la balada al desamor del egoísta, que creían que a un hombre nunca se le odia tanto como para devolverle los diamantes y que no sabían nada de gatas sobre tejados de cinc calientes olvidando que Tiffanys no era una primera necesidad sino una bagatela de la indiferencia. Chequera, pitillera de oro y pluma Cartier. Perfume algo antiguo y ramilletes de peonías por una casa con más de Gagosian que de Colette. Y desde luego, más de Sorolla que de Warhol.


Supongo que las jovencitas le han traído alegría a Lagerfeld sobre todo en los pequeños detalles. Son coquetas, caprichosas como gatitas y divinas. Tienen ese joi de vivre que entusiasma y que lleva a hincar la rodilla en tierra con un anillo que no se puede pagar dentro de una caja de terciopelo y de prometerse por toda la vida cuando solo se alcanza a pensar en los siguientes veinte minutos. Se contonean deliciosamente, aún no saben nada de amarguras y solo piensan de la femineidad que es algo que sirve para divertirse y disfrutar, teniendo que arquear las cejas cuando oyen esa vieja consigna de Prada que las habla de "femeninas pero no débiles" porque ellas no saben aún ni de fortaleza ni de adversidad ni de vacas flacas. Piel tersa y expresiones candorosas es lo que tienen... y bueno, quizás también... ganas de príncipe azul.


Porque al fin y al cabo, el amor es lo que ronda por todas las colecciones de Lagerfeld. Amor que se consigue por la belleza, por el ingenio, la sofisticación y el querer ser mejor para estar con el otro. Lagerfeld no sé si sabe mucho de amor, de amar... tiene el lirismo de un poeta  y la frialdad de un genio para con las pasiones, cuando quiere fuego es un volcán y al siguiente segundo extiende una lengua de hielo por el magma dejándolo muerto. En sus colecciones veo mucha más sofisticación, mucha más delicadez, mucha más amabilidad, simpatía y erotismo que amor.


Aunque siempre destaca el amor por el trabajo bien hecho. Que supongo que para los solitarios como Lagerfeld o como la propia Chanel es una prima de satisfacción. Coco se paseaba con aquel cigarro de obrero entre los labios dando órdenes y diciendo "esa sisa así no, que tira, cruza los brazos para que no sea estrecho, muévete, ven ven, aquí, si, aquí, dejénme a mí, yo lo haré, no saben hacer nada, a ver... cruza ahora los brazos, ¿ven? todo está bien cuando se pueden cruzar los brazos..." y seguía fumando mientras tanto. En cambio, Lagerfeld se deleita en los bordados -esta colección de HC primavera verano 2011 está confeccionada bordada íntegramente, hilo a hilo sobre una mesa con pasador- y en el brillo de las aves que vuelan en la noche.


A veces parece que se vuelve francés porque veo sus Maria Antonietas, sus recogidos versallescos, su afectación excesivamente brillante, vibrante, cursi, ñoña, rosa pastel, blanco cristantemo y ampuloso el perifollo pero otras me parece solo delicado. Se que todas sus Maria Antonietas piensan en su Petit Trianon, en sus gallinitas, en sus huevos, en la vida silvestre, en las margaritas, la leche fresca, el agua del abrevadero, la noche estrellada y en el amanecer. Y eso sólo tiene una explicación...


Cuando le preguntan, Lagerfeld dice que se inspiró en aquel cuadro de Marie Laurencin que Chanel rechazó porque no se encontraba en él, porque aquel delirio de los años 20 con una Coco modosa, lánguida, perfumada como una diva de Cabaret apartada de la vida de cocotte poco tenía que ver con esa Chanel que ella era y que ya no recordaba nada de las canciones que le susurraba a Etienne Balsan. Pero yo sé la verdad. Lagerfeld nunca ha podido quitar de su mente aquella rubia riseuña que corría por los prados del cielo envuelta en violetas y en rosas frescas que aún conservan su olor, que tomaba vino apoyada en la baranda y que lo mismo era capitana que timonel con tal de arrancar una sonrisa al hombre de su vida, sí, ese que hace la foto. No quiero decir nada más sobre los viejos tiempos, son viejos pero... fueron tan buenos. 

lunes, marzo 07, 2011

Peregrinos Camino De La Vida


Me viene ya pasando desde el pasado invierno, las mujeres de Elbaz que hasta hace un poquitín eran muy muy muy finas, muy muy rosas, muy muy Sofias Coppola con su Mariantonieta con tacones y sus Miss Dior Chérie con un gato de angora, se han ido convirtiendo en bohemias y elegantes parisinas que se crecen en las dificultades pese a que, de normal, como diría Proust, como hizo Saint Laurent a su Belle de Jour, se podían haber pasado la vida de carnaza cuando en realidad, las mujercitas de Lanvin son la guinda del pastel.


En cuanto París empezó a arder, la damisela pasó a conquistadora y los héroes se reclutaron entre los verdugos. De repente, los tacones estaban hechos para correr y las sonrisas para esperar la libertad que se estaba conquistando. De dulces, sagradas, meliflúas y un popco ñoñas parisians que soñaban con comer tarta de cerezas y parecer zarzamoras quedaba poco. Elbaz hizo que se dieran una vuelta por las arenas del tiempo de la historia, que defendieran con fiereza su patria, centímetro a centímetro, seduciendo a Holofernes el asirio si era necesario para salvar al pueblo, quedando -eso sí- sin mácula.


En esta colección de Lanvin, invierno 2011, Elbaz no propone nada que no haya visto, incluso nada que no haya visto en sus pasadas colecciones ni, nada que no haya visto entre sus trabajos. Rojo, negro, parisinas, vestidos, pliegues, negras yvesaintlaurentianas, blancas de piel de porcelana y delgadas, delicadas, frágiles mujeres que bajo su cuerpo de maniquí esconden un corazón con pasiones. Sin duda, lo interesante son los accesorios. Lo que uno añade a lo que Dios -amablemente o no- le da.


Veo bastante, en este caso, de la Edad Media y sus largos brazos. Zapatos que se cierran con las hebillas al talón, casi posesivos y caprichosos, como sacados de una pesadilla de los Tudor, de Catalina o Enrique o los Bolena. Pulseras que podrían ser un regalo de bodas para los Reyes Católicos. Bolsos que parecen arquetas de marfil o de nácar del Al Andalus.


Incluso veo la vida... Las flores de Holanda en las manos, los dulces de frutas del bosque hechos con mangas pasteleras que podrían salir de Vermeer en los puños de los vestidos, los sombreros de religiosa, el pelo recogido en una trenza de peregrina... que sí, señores y señoras, que eso es lo que cuentan las puntadas... los hilos de la vida.

viernes, febrero 25, 2011

Adior


Galliano y sus hazañas... va a ser verdad que los diseñadores son los nuevos rock stars. La cosa está en el aire y nada mejor dicho porque Galliano, en un ataque de furia y con ¿algunas copas de más? y henchido de orgullo patrio, español francés o lo que sea, le plantó cara a unas gachís -permítanme la licencia- y se despachó a gusto con insultos antisemitas. La noticia ha dinamitado la red. Galliano, un pollo de barra de bar como aquél marqués de Sotoancho de Alfonso Ussía... En Dior no se lo han tomado a la ligera y Sidney Toledano ha explicado su política de "tolerancia 0". Por el momento, Galliano está suspendido.

Tras la impetuosa salida de Carine Roitfeld de Vogue París no se veía cosa igual, aunque la verdad es que en Dior tienen un buen historial de escándalos, dimes y diretes y chascarrillos en su pasado... primero fue YSL que fundó con la indemnización por despido su propia casa de modas, luego fue Marc Bohan que ante la sorpresa de su despido y el horror ante lo desapercibido de su trabajo vio cómo sus fieles se ponían de su lado, por ejemplo, Carolina de Mónaco que viste de Lagerfeld al ser despedido su íntimo Bohan; luego Gianfranco Ferré que si sí que si no, que si pim pam pun y fuera y que llega Galliano, tras un paso fulgurante -a la par que triunfal- por Givenchy y se asienta en el trono de la casa Dior.

Nunca ocultó que era su objetivo y Arnault siempre le apadrinó como a un hijo. "No entienden su genialidad" decía en los buenos tiempos cuando los mendigos poblaban los desfiles de Dior de Alta Costura y lo mismo aparecía Anubis, que Bastet, que una fulana de a tres cuartos o una dama del XIX envuelta en tules, carrozas y nebulosas sifilíticas románticas. "Es un genio" comentaba la prensa embebida de sus Madames Butterflies, sus Maria Antonietas, sus vírgenes españolas devotas, sus mujeres de Klimt, su Revolución Francesa, la pintura hecha tela y sus marineras de agua dulce, sus princesas de porcelana de Sevres, sus glamoamazonas británicas, las queridas vestidas de Dior, sus mujeres de Cocteau, las pesadillas de Gala, los cisnes de África ecuatorial, los ángeles entre los tacones, Sudamérica, las ricas herederas, Jackie Kennedy y Grace Kelly, los pilluelos, la vulgaridad y el color verde fértil, os locos y fascinantes 60s, las estrellas de los años 40 como la Dietrich, la Garbo y las orquiídeas con diamantes entremezcladas como gotas de rocío de la mañana e incluso Juana de Arco, las flores salvajes de Normandía y, en definitiva, un cosmos propio en el que las mujeres siguen teniendo las medias de seda, los labios rojos y copas de champán en la mano.

De su vida no hablo, separo la mano de la obra, aquí, señores, yo me paro en el cuadro, no reparo en el marco. No veo las pinceladas, sólo la mente ordenadora. Me da lo mismo el hombre, yo lo que quiero, es el espíritu.

viernes, julio 23, 2010

Los Últimos Serán Los Primeros




Dice el Evangelio que los últimos serán los primeros y, parece que en esta época postmoderna, ¿quién sabe si decadente?, se cumple. Y no sólo porque niños de todo el mundo puedan ser fashion icons o porque, de repente, todo el mundo habla de Worth como si perteneciese a la familia o chismorrea sobre la muerte de Christian Dior -bombón o sardina, quién da más-. Sino por la nueva fama que proporciona Internet.

Cualquiera puede ser famoso, célebre, por cualquier motivo pues ya no es necesario pertenecer al Todo París, a la nobleza, a los ricos y famosos, a las estrellas de cine o, siquiera, a la intelectualidad que hace algo -aunque sea pensar-. Hoy, vestirse, hacerse una foto y subirla a Internet permite acceder a la fama, si bien efímera que diría Warhol, fama.

El Diablo Viste de Prada, película, permite que toda una generación ame la moda difundida por el cine tanto como por las series de televisión al estilo Sexo en Nueva York que, permite a los espectadores -mujeres- comprender que, cuando un ladrón te atraca es juicioso no resistirse a no ser que ... que ... que ... !mis manolos?

Hacer o no hacer algo no es motivo suficiente de celebridad pero, no obstante, como de todo tiene que haber, asistimos al reconocimiento de lo que antes estaba anonimatizado. Las profesiones no se reconocían tan dignas y los famosos o bien eran conocidos por no hacer nada, o por su belleza en pantalla o por otros motivos. A Jane Birkin le persigue la sempieterna cesta de paja y el bolso de Hermés, a Bardot le sigue de cerca el mohín de los labios, las piernas, el culillo respingón patrimonio nacional francés y el pelo pajizo dorado al sol. A Josefina, el corte imperio y a Rita Hayworth, un guante y un vestido negro.

Quizás por eso dijo que "los hombres se acuestan con Gilda y se levantan conmigo".

Pero la verdad es que, el ser famoso ha adquirido un concepto muy vago. Antes, ser famoso, era algo muy concreto. En tiempos de Casanova y antes, bien lo sabía él, era el nombre el que importaba. La facha ya era cuestión de cada uno. La gente no conocía rostro, ni imagen ni nada. Pero sí el nombre. De ahí la posibilidad de escapar y abandonar la efigie y el pasado cambiando el nombre. De ahí que Mariantonieta pudiese ir a las fiestas de París y que los reyes de España charlasen con serenos en Madrid.

El común conocía el nombre pero no el rostro por tanto cuando se hablaba de el Conde Fersen uno podía imaginar ciertas habilidades amatorias y presuponer una bella gallardía pero todo quedaba ligado al nombre. Bueno, esto, si me permiten, es un poco eso de "unos crían la fama y otros cardan la lana". O eso de ponerle Chanel a unas raquetas o, de ponerle Dior a un jamón.

Llega la tofografía, la expansión del saber quién es quién, la moda como importante distribuidor de la imagen y todos saben quién es quién. La bella Otero, Mata Hari y el Zar de Rusia que graba en vídeo a sus hijos -era un gran aficionado- y, con la llegada definitiva del cine y "el conquistar la inmortalidad venciendo la muerte por los Hermanos Lumiére y la Black María" los famosos se consagran y todo el mundo quiere ser -y de hecho, casi conocen- a Claudette Colbert, a Katherine Hepburn, a Vivien Leigh, a Marilyn Monroe o a Audrey Hepburn.

Y, luego aparencen famosos del corazón como Grace Kelly reconvertida en princesa, Jackie Kennedy que pasa a ser Jackie O., Maria Callas, Onassis, Studio 54, la panda de Warhol, un montón de modelos, Bianca Jagger encima de un caballo, el sida, Carolyn Bessete Kennedy, Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Cindy Crawford y Christy Turlington.

Y, con la democratización de la moda, llega el punto y aparte.

Con el Street style surge la consagración de los rostros sacados del anonimato. Anna Wintour, otrora Carmel Snow, o el jovencito Avedon en sus tiempos mozos, dejan de ser conocidos por insiders para ser reconocidos. Todo el mundo sabe que Anna Wintour juega al tenis, no saluda porque quita tiempo, toma café, lleva gafas de sol y al parecer, es un diablo vestido de Prada con mucho, mucho, mucho poder.

Pero no sólo llega ahí. Cory Kennedy, Tavi, Rumi, Betty (sigan sigan sigan) son lo nuevo cada temporada. Brian Boy recibe un bolso de Marc Jacobs y Steven Meisel saca las redes sociales en Vogue Italia con Natalia Vodianova teniendo un bonito affaire con un vestido de lunares.

Y, en medio de esa marea de desconocidos, !oh, oh, oh! aparecen nuevos conocidos. ¿Anna Wintour me dices, esa vieja que lleva con un bob los últimos cuatrocientos años? Sí que estás al día sí... Yo prefiero a Anna Dello Russo que es mucho más auténtica. ¿Anna Dello Russo, esa fashion victim que se pirra por Balmain y con joroba -pardon? Sí sí, prffff... Yo prefiero a Giovana Bataglia que fue modelo de Dolce & Gabbana y siempre saca los bolsos de su hermana y parece simpática. ¿Y no te gusta más Carine, que sonríe más, tiene una hija más guapa y es más sexy? ¿La del pelo rubio, muy morena, que va de joven siendo vieja? Sigh. Qué va, el que más mola es Scott Schumman el blogger o leer The Huffington Post. ¿No?

Una nueva fama.
Para rematar la jugada, la Dello Russo saca perfume. Sí, todo esto ha surgido de ahí.

lunes, julio 05, 2010

Dior Es Un Jardín, Galliano Es Un Jardinero


Christian Dior tenía un jardín en Normandía.


Y Galliano lo sabe.


Flores llenas de pétalos. Corolas hechas explotar. Impresionantes enredaderas. Rosas hechas andar e invertidas.


Orquídeas, peonías, jacintos, nomeolvides...

No se puede decir nada de la Costura de Dior.


Sus mujeres son femmes fatales, lacrimosas manzanas venenosas hechas para tentar, orquídeas caras y algo tenebrosas, promesas de amor llenas de colores para el invierno, miradas a la crisis desafiantes llenas de vida y prosperidad, anuncios de primavera y de amor eterno, de promesas, de encanto, de sofisticación y estilo. De colores hechos explotar de brillo y candidez... de mujeres que se visten como reinas, como jacintos de Mariantonieta, como rosas púrpuras del Cairo, que diría Allen, que se pasean como maravillosas duquesas y archiduquesas barrocas llenas de honor, de orgullo y de capas de ropa.

Pero qué señorito inglés está hecho.
Y cómo le gusta cuidar su jardín de rosas.