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viernes, marzo 02, 2012

La Declaración De Amor, El Amante y Lady Dior


La colección de Raf Simons para Jil Sander otoño invierno 2012 2013 es toda una declaración de intenciones de amor. Según Suzy Menkes será el futuro diseñador de Dior tras la salida de Galliano y las arenas movedizas en las que se encuentra ahora. ¿Qué será de Dior sin Galliano, el hombre que le dio su imagen y su esplendor? Es una pregunta que persigue a todos y sobre todo a Arnault y a Toledano pero especialmente al qeu se haga con el timón de la defenestrada casa a día de hoy. Dior es un pastel y envenenado. Igual que Chanel cuando muera Karl.


En su trayectoria en Jil Sander, Simmons siempre ha hecho gala de una mesura, una concisión y un minimalismo propio de la firma en la que los Prada echaron a su creadora inaugurando un despliegue de butacas vacías para el puesto de diseñador creativo. En una oda al menos es más, a la depuración de líneas y de colores sólidos, Simmons ha continuado el espíritu de la firma y, al tiempo, ha sabido colar en los últimos tiempos algunas de sus propuestas en la Alfombra Roja y en editoriales. Las camisetas blancas sobre faldas largas entubadas y algo armadas de color hueso, en tonos vivos o con flores multicolores se convirtieron en una apuesta que la crítica de moda alabó con entusiasmo de entre sus propuestas.


Si la línea de la firma de la buena de Jil Sander se basaba en una occidentalización radical de los principios de japoneses como Kawakubo o Yamamoto y en una germanización funcionalista en sintonía con el movimiento moderno en arquitectura y una racionalización del vestuario femenino para el mundo actual, Simmons que continuó esa línea con su trabajo, parece bastante alejado del universo de Dior. Christian Dior, ese normando fascinado por la exhuberancia de las rosas y los vestidos de cócteles que metió de nuevo a las mujeres en vereda bajando las faldas y con la gracia de un corsé, no puede estar más alejado -¿no?- de ese concepto.


No tanto en realidad. Las líneas de Dior siempre fueron depuradas -como las pintó Gruau-: la línea H, la línea A, la línea Y... Es evidente que la casa ha pasado por distintas etapas: la romántica de Monsieur, la renovadora y chispeante de YSL, la sofisticada y pop de Bohan, la lujosa, sublime y madura de Ferré y la alocada, bulliciosa, tormentosa y orgásmica de Galliano. A la salida del gibraltareño, el equipo -las manitas que dirían ellos- ha continúado -y fracasado estrepitosamente- en la estela del imaginario del genio de Saint Martins: años 40s, lencería a la vista, los 60s de Jackie entremezclados con el circo, el cabaret, la revolución bohemia de Montmartre y el encanto discreto y chirriscante de la Francia del Moulin Rouge y del barón Haussmann (que era tan barón como yo, más o menos). Así que Arnault va a hacer su tercer salto mortal.


El primero fue poner a Galliano en Givenchy para luego mandarlo a Dior; el segundo fue poner a McQueen en Givenchy de donde salió su firma y su imaginario -pobre Arnault- y luego, bueno, el tercer salto mortal, pudo haber sido Tiscci en -oh sí, ¿adivinan?- Givenchy para pasar a Dior -cuando estuviese bacante- pero parece que Givenchy es adonde ha llegado Tiscci y que ahí se va a quedar un tiempo, al menos. Así que... ¿no es suficiente Raf Simmons para Dior, tan alejado de la magnificencia versallesca de Galliano, de sus ansias de exposición, de su halo de corsario con melena rubia?, ¿no es el cambio lo que mueve el mundo?


Simmons ha hecho una pasarela que pretende ser el primer paso en el abordaje a Dior. "Lo puedo hacer" dice esta colección. Tan femenina, tan sutil, tan deliciosa. El abriguito completamente delicado y el gesto recatado salido de una dama que va al salón de té, el abrigo rosa con el forro amarillo que promete una noche en la Ópera y un estuche de terciopelo lleno de joyas, el satén moviéndose en torno a los muslos y al pecho descaradamente bajo pero ingenuamente cubierto... Todo es tan increíblemente Dior... Es verdad lo que decía Chanel sobre que Chanel no era una moda sino un estilo, Dior también lo es. No es más que mantener la esencia...


Y Simmons sabe hacerlo.
Por mí, vía libre a Dior, señor.

domingo, septiembre 26, 2010

Kramer Vs Kramer, Jil Sander Vs Raf Simons


En Jil Sander siempre tuvieron grandes problemas con su diseñadora, Jil Sander. De hecho, cuando il sposso de la señorita Prada compró su firma con Jil al timón, la colaboración duró tan poco y salió tan mal que Jil Sander abandonó su firma hecha una furia. Claro que, en Prada se quedaron con su nombre. Jil Sander, la dama del color liso, los tonos bloque, las piezas rectas y los diseños mono-tonos, vió cómo su firma se quedaba sin ella. En Prada buscaron un nuevo creativo y resultó ser Raf Simons.

La crítica ha celebrado un desfile que trata sobre el volumen junto con los clásicos de la firma. Es un jardín japonés en el que las flores, de vivos colores, son sobrias y sofisticadas en vez de explosivas o sensuales y sinuosas. Se trata de calas, de lirios e, incluso, de nenúfares pero no hay ni rosas, ni claveles ni hortensias.


Si me gustan los ingleses es porque tienen expresiones como "ok, this is not my cup of tea". Exactamente, eso es lo que siento cuando veo estos desfiles. No son mi punto fuerte, más bien al contrario, no acabo de encontrar esa cosa de Miuccia Prada de buscar algo feo y encontrar lo bello o de explorar la pureza de líneas en lo más fundamental.


Bueno, el desfile es estupendo. Es un jardín precioso. Muy sofisticado. Si Holly Golightly se paseara ahora por Manhattan, podría ir vestida de esta colección. Es el nuevo Givenchy, en cierta forma. Es un jarrón con flores de papel, en volumen del viejo arte japonés combinado con lo sofisticado y lo absurdo -¿por qué no?- de la moda.


Pero es cierto. John Galliano veía flores en invierno y Raf Simons ve flores en verano. Ve flores del té hechas arrebatar de colores pero que se mantienen solemnes. Rectas como juncos. Imperturbables. De agua. De aire pero no de fuego...


Como cuando Lacroix cerró -qué pronto olvidamos- uno se pregunta lo mismo. A los editores les encanta, los críticos aplauden, los fashionistas asienten con la cabeza al ritmo de los tacones, las prendas son ponibles, estilosas, combinables, son perfectamente aptas fuera del juego de las pasarelas pero nunca aparecen en el mundo de la moda. Balmain en cambio...

Hay veces que se ponen pegas a las colecciones. Se dice: en Prada no hay trajes de noche, no hay glamour. En Comme des garçons no hay prendas ponibles y Marc Jacobs acierta la mtiad de las veces y se equivoca estrepitosamente el otro cincuenta por ciento; Alexander McQueen sería un genio pero no puede ir uno de McQueen y Alexander Wang de verdad que debería irse a casa porque ¿roer camisetas?. Eso ni "lo puede hacer mi hijo de cinco años como tu jodido Pollock".


Bueno, ya la han aplaudido.
Pero, ¿los que van a morir te saludan, Oh César?