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martes, noviembre 05, 2013

Las Seis Vueltas De La Zarina


La joya más famosa de la zarina Alejandra fue, probablemente, su collar de seis vueltas de perlas. A Alix, a quien nunca le interesó demasiado la moda aunque no por ello dejó de tener un vasto guardarropa ni de encargar más de 50 trajes por temporada..., lo que le fascinaban eran las joyas. Los Romanov tenían la colección de joyas más espectaculares del mundo y la zarina disfrutó de ellas pero también del encargo anual del zar a Fabergé -o a Bolin- que siempre reservaban, además, las piezas mejores para Alejandra. Sin embargo, aunque la zarina lució muy distintas piezas de joyería a lo largo de su vida, su joya preferida siempre fueron las perlas y llegó a tener una buena cantidad de prendas de día, además de vestidos de noche -lo que era más normal-, ribeteadas con perlas.


Para conseguir las joyas de la corona, Alejandra tuvo que luchar contra la emperatriz viuda, con quien tenía mala relación, porque no se las dejaba. Sin embargo, en pocas ocasiones las lució y, cuando lo hizo, las llevó todas juntas lo que causaba estupor en quienes la veían, especialmente entre los ingleses -que, al fin y al cabo, eran los compatriotas de la nieta de la reina Victoria que llegó a zarina (por cierto, Ena estuvo enamoriscada de Niki también, aunque él nunca tuvo ojos para otra y Alejandra siempre amó al zar con gran devoción)-.


Por ello, la joya más famosa de la zarina es su collar de seis vueltas de perlas que lució en muchas ocasiones y con el que fue retratada. Actualmente, las joyas de los Romanov se conservan sobre todo en el Hermitage y en manos de coleccionistas privados. Stalin realizó una subasta de los objetos que los zares y sus hijos se dejaron en el palacio a su marcha, en 1930 -con una legalidad muy discutida-. También hay varias joyas perdidas. Sin embargo, las joyas más famosas de los Romanov, sin lugar a dudas, son las que se llevaron en su penar por Rusia, tras la abdicación del zar. Las llamaban "medicinas", en clave, para que los rojos no se enteraran de que se las cosían a los corsés y dentro de los cojines para llevarlas con ellos. Cuando los soldados comunistas abrieron fuego en Ipatiev contra los Romanov, se sorprendieron de que las balas no les pasaban: las joyas se habían convertido en chalecos antibalas. Así se descubrió todo. Así acabó todo. Con mucho estilo. Con mucha tristeza. Sublime, bello y terrible. 

martes, octubre 01, 2013

La Corte De Nicolás II, Alejandra Y OTMA






No es habitual que las películas de dibujos animados sean muy fieles en ambientación histórica a la época en la que se sitúan -ya que ni siquiera suelen ser fieles a la historia canónica- pero hay una pequeña excepción que es la Rusia de la película Anastasia. Comienza con la Rusia dorada de los Romanov (con trajes de estilo ruso y no occidental -luego habrá más trajes de corte-) amenazada por Rasputín y los bolcheviques. El starets, caracterizado con su larga barba de hombre santo de Rusia y esos ojos (que en la realidad eran claros) penetrantes así como por la ropa humilde que llevaba, pronuncia aquel presagio célebre en el que advierte a Nicolás II, a sabiendas de su caída, de que le seguirá en su muerte. Así es y la desgracia se ceba con los Romanov que acaban muertos pese a su belleza, su elegancia, su mala fortuna, la riqueza y grandeza de Rusia ya que, igual que el país, eran gigantes con pies de barro. 








¿Todos?


No. 


En Rusia, y por toda Europa, circula la leyenda de la hija perdida del zar que logró escapar: Anastasia.
El problema es que no se sabe dónde está.





Y, diez años después de la Revolución Soviética, comienza la verdadera historia. Con una Rusia atrapada en un sistema en el que abunda la miseria y la picaresca para sobrevivir. Es extraño el contraste entre los dos mundos: el pasado de los Romanov y el presente de Anastasia. Y eso es quizá lo más hermoso de la película.










Aparecen también el zar Nicolás II, la zarina Alejandra, el pequeño Alexei y Olga, Tatiana y María, bellísimas.
















Pero también aparece París, la ciudad de la luz de entreguerras, con todo su encanto: Chanel, la nueva moda, la vieja gente, los emigrantes rusos que eran príncipes exiliados que vendían café o perfumes (o eran costureras en chéz Coco) pero también los criados que se hacían pasar por nobles y un poco de gente de mundo y del Paris-la-nuit.




Chanel.


Freud pierde el equilibrio ante una flapper descocada... las pulsiones del sexo, ya se sabe.


Monet y Josephine Baker que admira su cuadro del Moulin Rouge.


El Moulin Rouge y unos viriles remeros.


Las bailarinas del can cán.






Isadora Duncan bailando... ¡cuidado con la bufanda, Isadora, que luego pasa lo que pasa!


El pensador de Rodin.




La luna impresionista, las muchachas haciendo cabriolás sobre un avión y la torre Eiffel.




La Ópera de París.













Y el amor y los trajes de corte
Seguro que le gusta a Maribel.