Marc Jacobs, en su último desfile para Louis Vuitton de verano de 2014, nombra a Cher como una de sus musas. No puedo negar que me gusta más vestida de Bob Mackie pero la bella Cher, ataviada como la india que es en la primera foto, me chifla. Todas las imágenes son de Vogue de los 60 y los 70, fabulosas.
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domingo, octubre 13, 2013
sábado, octubre 05, 2013
La Hora Del Lobo
Esta colección está dedicada a las mujeres que me inspiran y a la showgirl que hay en ellas, Emmanuelle Alt, Jane Birkin, Betty Catroux, Carlyne Cerf De Dudzeele, Coco Chanel, Cher, Grace Coddington, Sofia Coppola, Victorie de Castellane, Catherine Deneuve, Claude Lalanne, Julie de Libran, Lady Gaga, Judy Garland, Katie Grand, Juliette Gréco, Françoise Hardy, Zizi Jeammaire, Rei Kawakubo, Madonna, Liza Minelli, Kate Moss, Loise Nevelson, Edith Piaf, Miuccia Prada, Lee Radzwill, Millcent Rogers, Sonia Rykiel, Carla Sozzani, Elsa Schiaparelli, Barbra Streisand, Diana Vreeland, Viviane Westwood y Anna Wintour
Ya sean extrovertidas o esotéricas, son las figuras que mantienen el lenguaje visual vital. Su imaginación estilo, creatividad, talento, visión y voz han cambiado nuestro paisaje
Cuando miro alrededor de París no es la profundidad de la ciudad lo que me quita el aliento, es su decoración y la ornamentación lo que me deslumbra. No se trata de pensar, se trata de sentir. No puede haber ninguna sensación más profunda que esto cuando golpea. Mientras diseñé esta colección está sensación cobró impulso. El placer de deleitarse con el adorno puro de la belleza por la belleza. Conectar con algo en un nivel superficial tan honesto como conectar con él a nivel intelectual.
A la showgirl que hay en nosotros.
16 años después de su primera colección para Louis Vuitton, Marc Jacobs deja la firma con su última colección: verano de 2014, toda de negro (y pantalones vaqueros muy 2000). En medio de los rumores sobre su sustitución, apuntando a Ghesquiére, se despide con esta carta en la que, es bastante evidente, que Marc Jacobs se considera un estilista más que un diseñador.
También es evidente que Marc Jacobs tiene muchas amigas en la industria (Kate Moss, Emmanuelle Alt pero no Carine Roitfeld, que no nombra, Grace Coddington y, sobre todo, Anna Wintour). Y, además, en lo que parece un sincerísimo homenaje a diseñadoras que le han inspirado colecciones enteras, nombra a varias de ellas (Rei Kawakubo, muy presente en su colección final; Viviane Westwood, Sonia Rykiel, Schiaparelli, que tanto le influyó en su colección negra sobre el circo de los 40, Chanel y Miuccia Prada, con quien ha compartido temática de desfile en muchísimas ocasiones y temas).
Es sorprendente que, entre toda la fauna que ha mezclado aparezcan tantas mujeres vinculadas al mundo del espectáculo, con más o menos fortuna crítica (Lady Gaga -pfff-, Cher -maravilla-, Judy Garland -icono gay-, Liza Minelli -más de lo mismo- Madonna, Barbra Streisand o Edith Piaf, pero también actrices como la Deneuve y francesitas como Hardy o Jane Birkin y directoras de cine como la Coppola (falta Liliana Cavani) que siempre ha sido amiguísima de Marc Jacobs).
Personalmente, lamento que Marc Jacobs no haya incluido a hombres entre sus "musas". Que ya, que él habla de mujeres, pero podría haber mencionado a diseñadores que le han interesado como YSL, Galliano o McQueen -y Philip Treacy- pero también a directores de cine como Hitchcock, novelistas como Tolstoi o pintores como Vermeer que le han inspirado varias colecciones de forma patente.
En una colección tan negra, situada en los alrededores de una fuente, cabe plantearse que Marc Jacobs sabía de su salida de la firma (no como Galliano en Dior, gracias al vino) y que a nadie le pilla por sorpresa. Los rumores llevaban ya un tiempo fluyendo por la industria por lo que, la metáfora del agua, quizá sea correcta. También la que reflexiona sobre lo efímero y la vanidad ya que, en rigurosa laca negra, figuras de desfiles pasados (las escaleras mecánicas, el ascensor, el carrusel... estaban y el reloj, en concreto, se dio la vuelta al acabar el desfile). Lo que bien puede significar un final como un principio.
En principio, Marc Jacobs se vuelve a Nueva York a centrarse en su marca (que va a salir en Bolsa). Como en todos estos años no sólo no ha perdido la simpatía de Anna Wintour -la ha aumentado- sino que ha conseguido que varias de sus prendas (las blusitas y vestiditos de piqué, por poner un ejemplo del verano pasado o los vestidos con detalles lenceros este invierno) hayan sido mainstream, parece que MJ tampoco tiene mucho de qué preocuparse. Vuelve a NY con la lección aprendida. Personalmente, nunca he sido una gran defensora de MJ (del que se decía que obró su mejor colección cuando su equipo se encargó del desfile mientras él se rehabilitaba) pero no sólo me apena su marcha de LV, una marca que, sin ser Hermés, es marroquinería de lujo pero sin ropa y que, precisamente esa carencia de histórico, permitía a MJ obrar con total libertad y sin que nadie levantara ni una ceja.
Ahora, dieciséis años después de que empezara a trabajar, se despide con una colección de color negra, alejada de histrionismos y puestas en escena pasadas. Los cortes son, sin duda, poco modernos. Sobre todo esos pantalones vaqueros con ese aire tan 00: ni pegados al cuerpo, con la cadera en la cadera -pero ancha-, que ni es de los 80 ajustado para una valkiria sino un tanto noventero. Pero bueno, un funeral tampoco es exactamente un desfile de moda y, si un desfile de moda es un funeral, tampoco es tan tan funeral. Quizá por eso la gasa cubriéndolo todo, con grandes aplicaciones, o las plumas de pavo real... O el mono, con el logo de LV de Stephen Sprouse como si fuera body-art que llevaba Edie Campbell. En realidad, Marc Jacobs será recordado por esa colaboración. Y por nada más. Pero cómo hay que echarle de menos.
Ahora, dieciséis años después de que empezara a trabajar, se despide con una colección de color negra, alejada de histrionismos y puestas en escena pasadas. Los cortes son, sin duda, poco modernos. Sobre todo esos pantalones vaqueros con ese aire tan 00: ni pegados al cuerpo, con la cadera en la cadera -pero ancha-, que ni es de los 80 ajustado para una valkiria sino un tanto noventero. Pero bueno, un funeral tampoco es exactamente un desfile de moda y, si un desfile de moda es un funeral, tampoco es tan tan funeral. Quizá por eso la gasa cubriéndolo todo, con grandes aplicaciones, o las plumas de pavo real... O el mono, con el logo de LV de Stephen Sprouse como si fuera body-art que llevaba Edie Campbell. En realidad, Marc Jacobs será recordado por esa colaboración. Y por nada más. Pero cómo hay que echarle de menos.
domingo, octubre 21, 2012
LV Es Mucha Gente
Unas enormes escaleras mecánicas bajan, como del cielo, transportando a las modelos. Los centros comerciales están de moda. Surgen por todos lados como las setas. Pequeñas poblaciones que, de repente, reviven gracias a un centro comercial. ¿Y por qué no?, ¿acaso vivir en Albuquerque (que está tan perdido que ni sé cómo se escribe) implica no tener cultura suficiente para comprar, por ejemplo, la última colección de Marc Jacobs? Por primera vez en la historia del mundo, vivir en el quinto pino no te excluye de nada. Lo primero, por Internet y lo segundo, por los centros comerciales. Una maravilla. Vas allí y tienes un día perfecto. Veinticuatro horas de diversión para toda la familia. Es como irse a vivir a Las Vegas y pasar por París, por Roma, por Venecia, por Gucci, por Dior, por McDonalds, Starbucks, por las tragaperras, por los fuegos artificiales, por los camiones monstruos y las acrobacias de los motoristas. Porque, para qué vamos a engañarnos, este modelo es completamente americano. Va la suegra, la madre, el padre, los niños... y comen, compran, sudan, corren y juegan, gastan algo de dinero y para casa. Sin embargo, ahora no se queda la cosa ahí, ahora para Louis Vuitton los centros comerciales son lo más.
Una pareja de modelos vestidas de cuadros amarillos y blancos abrió el desfile de primavera verano 2013 de Louis Vuitton, todo geometrismo (tendencia que ya se había visto en la colección de Marc Jacobs para su propio nombre en la Semana de la Moda de NY para verano de 2013) y marketing. El amarillo, chillón, te traslada a una de esas heladerías de Estados Unidos en los 50s donde podías encontrar una pandilla de motoristas y a chicas con sujetadores cónicos y grandes ojos de gato. No son nada sexies pero son como un sorbete: monas y refrescantes que es lo que parece que a las mujeres les gusta ser, sobre todo, por el éxito de la pasada colección de primavera verano 2012 de Marc Jacobs para Louis Vuitton: todo azúcar y candidez.
De hecho, la colección tiene un aire de continuación. Ahora es menos fifties y más sixties pero la idea es la misma. Lo que los hombres desean encontrar en una mujer parece quedar relegado a un muy lejano segundo puesto porque estas chicas compran porque comprar es divertido y porque ser guapa y estar guapa es divertido. Por favor, esto son los sesenta: padres divorciados, perder la virginidad en la parte de atrás de un coche tras el baile de graduación del instituto y la sensación de que todo esto puede acabar cualquier día porque o vienen los comunistas o nos sueltan una bomba atómica. El país -EE UU- es joven (como su presidente: JFK) y el mantra de la generación no es "haz el amor y no la guerra" -eso se lo dejamos a los que fuman maría- sino "consume, compra y sé feliz".
O muy corto o muy largo, o muy cerrado o muy abierto. El concepto de los gemelos, del yo y mi otro yo (yo y mi alter ego) está sobre la mesa en Louis Vuitton. En general son niñas buenas pero con un punto chillón. Son la niñita de papá y la camarera que masca chicle del auto-bar. No hay que tomárselas muy en serio porque es evidente que están un poco locas. Son chicas, van juntas a todas partes (al baño, a clase, a la cafetería...), llevan lazos en el pelo y se ríen demasiado fuerte. El juego de las modelos a pares podría distraer, podría pecar de frívolo (en LV casi siempre hay un exceso de ruido, de cosas que suben y bajan, de accesorios y música estridente) pero la verdad es que funciona. Así, en 33 pases, vemos 66 modelos sin cansarnos. Eso está bien, no hay nada peor que desfiles eternos con prendas cambiadas de color...
Además, los 60s no fueron la civilización de la individualidad sino la de la homogeneidad total (escondida bajo horas de psiquiatra e intentos de ser original). Al final todos deseamos que nuestro hijo sea "normal" y no vaya al loquero, tenga pareja, hijos y tal. Que no le vaya demasiado mal. Eso es lo importante. Hubo algunos en los 60s que se creyeron lo de la Era Acuario y tal pero no pasaron de irse a Ibiza y poco más. Sin embargo, los 60s trajeron la semilla del low cost que hoy conocemos y, especialmente, de la producción en serie de, por ejemplo, Inditex. Coco Chanel se hizo famosa de nuevo (ya estaba olvidada tras la II Guerra Mundial y su exilio en Suiza) gracias al Elle americano porque, en Europa y más concretamente en París, poco pusieron de su parte para con aquellos trajes de chaqueta sin más ni más que Coco lanzó al horrorizarse con el New Look de Dior.
Por si fuera poco, Coco Chanel en los 60s se chifló por las copias. Los diseñadores vivían en una obsesión constante -y justificada- porque otras cadenas (americanas, sobre todo) compraban uno de sus trajes y luego los copiaban más baratos. Entre eso y la guerra fría, es comprensible el "estado de alerta" de la música del desfile de LV (que a mí, personalmente, me crispa los nervios). No hay ni una pizca de hilo musical agradable para comprar en el centro comercial sino más bien un espíritu "taxi" de Nueva York -verbigracia del amarillo/blanco- que imprime rapidez a todo. Rapidez y furia. Coco Chanel dinamitó todo lo del no poder dibujar en los desfiles y el vender un par de modelos para cubrir el riesgo del espionaje de moda (el concepto de hacer un Carine Roitfeld hates Balenciaga and loves Max Mara ya estaba visto y superado). Abrazó a un hombre que vendía chaneles -ejem- como los suyos -ejem- en la calle y (aparte de provocar ríos de furia y de tinta por parte de los diseñadores y la prensa francesa) consiguió lo que quería porque de pronto todo el mundo empezó a llevar esos trajecitos chanelescos y se olvidaron de aquellas locuras de Dior (corsés, faldas casi al tobillo y caderas anchas).
Así, estos 60s tan americanos se imponen en Louis Vuitton. A algunos críticos, a Sarah Mower de Vogue.com por ejemplo, el desfile le recordó a un juego de ajedrez. Esto de las piezas por arriba y por abajo ya lo hizo Alexander McQueen hace unos cuantos años pero con más drama. Aquí todo es más light y menos perturbado. Hay uniformidad porque Chanel decía que una bailarina solo tenía sentido en su fila de muchas bailarinas y que por sí sola era absurda y también hay minimalismo y felicidad. Un poco prefabricado todo pero es que así fueron los sesenta con sus batidos llenos de anilinas y sus gominolas y Buicks llenos de pintura para tapar las rozaduras. No se puede decir que la colección no sea bonita y veraniega, lo es. Dan ganas de comer helados, quedar con las amigas para beber té muy frío y engatusar a algún chico guapo para irse a dar un chapuzón a la piscina. Todo envuelto en un halo de ingenuidad y, si no buen gusto, por lo menos sí de rabiosa actualidad. Va a ser verdad eso de que la vida es un centro comercial: llegas, entras en las diferentes tiendas, compras y te vas. Y mientras te cruzas con mucha gente.
domingo, octubre 07, 2012
Marc Jano
Jano era el dios romano de las dos caras y, el ser camaleónico, es un adjetivo frecuentemente usado para describir a Marc Jacobs. No es que sea decir mucho de un diseñador al que se le presupone que su mejor colección fue la que hizo su equipo cuando él se estaba desintoxicando pero lo que se puede decir de Marc Jacobs es que es un buen estilista.
Personalmente, opino que le falta impronta y carácter para ser un buen diseñador pero suele hacer estupendos ejercicios de combinación de prendas y de estilos sacados del tiempo. Un día cita a Eddie Segdwick y, al siguiente, prefiere a Anna Karenina. Después de la Belle Epoque escoge unos marchosos años 20s que saben más a Cantando bajo la lluvia que a lecciones de historia de la moda, antes prefirió a Portero de noche y luego a las secretarias de Mad Men. Otras veces, en cambio, prefiere el drama. A veces incluso escoge pesadillas galácticas. Y, casi temporada tras temporada, y especialmente este verano de 2012 con sus chicas sacadas de un tiovivo con nubes de algodón en las manos y falditas de plumas, vestiditos calados y mucha ñoñería ha conseguido triunfar.
Sin embargo, para el verano de 2013, sin duda, Marc Jacobs se ha hecho Jano. Su resort fue divertido, interesante, atractivo, lleno de colores y de vitalidad. Se inspiraba en los gitanos y en su serie de estampados buceaba tanto en Lacroix como en el pop art de Warhol -inspiración recurrente para el post grunge Marc Jacobs-. También había aires de Biba, Londres años 70s y de Giorgio Saint Angelo. Todo era divertido, pronto a caducar y muy luminoso y optimista. Te podía gustar o no, pero daban ganas de comprarlo porque sí, como esas piruletas inmensas de las tiendas de caramelos antiguas o como los globos de helio para niños con forma de Bob Esponja -Marc es muy fan- y de La Sirenita o Nemo. Y eso auguraba un buen pret a porter para el verano de 2013, que fue, en comparación, algo decepcionante aunque chic.
De hecho, la colección era, incluso, interesante en los volúmenes y las proporciones. Enormes faldas pantalón caían después de vestidos que acababan en la rodilla, la línea recta predominaba y le daba un aire a la vez romántico y nostálgico pero muy actual -como si Carolyn Besette Kennedy se hubiera hecho gitana y pop- y los escotes cubiertos de lentejuelas bien usadas combinaban con faldas acampanadas y camisetas de geek que, juntas, resultaban fascinantes, como las ilusiones ópticas.
Incluso Marc Jacobs volvía a su lenguaje de temporadas pasadas: seda estampada de su colección flapper y escotes en la espalda -que estuvieron de moda tras la I Guerra Mundial- y volúmenes de su colección ferroviaria pero bien desarrollados y con entidad hasta el punto de que las lánguidas gitanas del principio se convertían en fértiles meninas del final. Ni siquiera se podía disimular un toque grunge y de feísmo noventero de Prada, incluso en los cortes y en la presentación sobre fondo monocromo que hacía resaltar más y mejor los acabados. En definitiva, estupendo.
Bien, tras todo este ir y venir de ideas e inspiraciones afortunadas, de cosas "guays" y deseables, de colores que te hacían aborrecer todo lo de invierno y esperar a que saliese un rayo de sol para ir a la hierba a disfrutar del amor, de la benevolencia de los dioses y de las tarjetas de crédito y las cestas de pic nic, la Semana de la Moda de Nueva York presenta un Marc Jacobs que se aparta sideral y radicalmente de su propuesta para el resort -algo que suele pasar, sin duda- pero que, a mí -y soy de los pocos, lo sé- me convence. No me fascina pero me gusta.
La cita con la que Marc Jacobs habla de su colección de pret a porter para el verano de 2013 es con una apología del sexy distinto, la inefable bibliotecaria de Prada, sí. “Young girls need to learn that sexiness isn’t about being
naked,” dijo nada más presentar su colección. Había rayas, muchas rayas. Luego, en París, hemos visto a Van Noten con cuadros, así que lo geométrico y el pop estarán, evidentemente, a la cabeza de las tendencias para el verano de 2013 por lo que, la colección, se verá en muchas revistas. Las rayas tienen su punto de fascinación, especialmente el vivo color rojizo y los suaves tonos crema que se ondulan sobre un fondo blanco y, la mayoría de las prendas, eran favorecedoras -algo raro, como todos sabemos-.
Hasta que aparecen los monos psicodélicos han desfilado por la pasarela prendas olvidables, muy olvidables. Bonitas, sí. En algunos casos. Y prescindibles: jerseys con Mickeys bordados -Marc Jacobs siempre decepciona diseñando mujeres fuertes-, camisetitas estiradas hasta ser vestidos y bermudas sin ton ni son que se alternan con gorgeras con volantitos que reptan por el cuello. Los accesorios tampoco son nada del otro mundo, zapatitos de niña buena con taconcito original, bolsitos de mano rígidos para guardar el móvil, un par de billetes, las llaves y las ilusiones de la cita y nada más. Pero, cuando hay monos ochenteros, todo cambia.
En general, la noche de Marc Jacobs es bastante prescindible cuando no muy mediocre. Parece mentira pero hacer buenas prendas de noche, elegantes, con cuerpo, con carácter y con estilo es muy difícil. No se trata de poner una falda acampanada y un río de lentejuelas y, además, es más difícil innovar en esas siluetas pues se esperan unos códigos muy concretos para esas prendas. El pantalón está, además, injustamente tratado en el mundo de la noche.
Sólo en momentos concretos de la historia de la moda reciente se ha podido llevar con libertad por las mujeres y, aún más, para la noche. En la Belle Époque, Poiret diseñó pantalones harén para las mujeres que causaron escándalos por doquier. Una guerra más tarde y dos décadas de por medio, en los años 30s estaban reservados para las mujeres de bandera que iban acorde al fascismo y a los tiempos: así Chanel diseñó pantalones de satén blanco inspirados en el vestuario de los obreros y Elsa Schiaparelli los bordó en oro y con botones y se vio más o menos bien. Tras la II Guerra Mundial fueron borrados del mundo de la noche al regresar la hiperfemineidad con Dior. Sólo tras el cambio de valores hippies y la llegada de los 80s y de una nueva sociedad de la Guerra Fría el pantalón de lamé, los monos con grandes escotes y todos los excesos que se pudieran reunir se vio bien y se deseó. Sin embargo, en los 90s volvió a morir y, a día de hoy, parece que su principal valedor es Raf Simons que en su primera colección para Dior para verano de 2012 ha dado todo el protagonismo a esa prenda.
No se puede decir que la colección de Pret a porter de verano de 2013 sea maravillosa, no lo es. Es una colección con prendas interesantes, muy ponibles y muy actual pero no tiene encanto, a diferencia del resort de 2013. Reafirmada la tendencia de los dibujos geométricos sacados del op art y del pop de Warhol así como la vigencia de los 80s reafirmada por la exposición del MET sobre el punk para el 2013 y del grunge y el rock and roll en Vogue París y en las diferentes colecciones que se han visto en la pasarela (Dries Van Noten, por ejemplo), el PAP de Marc Jacobs tiene un lugar asegurado en los editoriales de moda de todas las revistas de tendencias pero, el encanto, la gracia y el deseo, en realidad, están un poco antes: en la dulce primavera gitana del resort del verano 2013.
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