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lunes, noviembre 05, 2012

Quince Años Tiene Mi Amor

Otoño invierno de 2000: el desfile que le lanzó a la fama.

Nicolás Ghesquiére deja Balenciaga, según fuentes oficiales, de mutuo acuerdo pues el diseñador se encuentra en una fase de "bloqueo". Ghesquiére saltó a la fama en 2000 con una colección negra que se saltaba a la torera todo lo que uno esperaba de Balenciaga. Inició su andadura en la firma en 1997 y cerró su viaje por los archivos del español -a los que se tuvo que ganar el acceso- hoy, 5 de noviembre de 2012. Por ello, su última colección será la de primavera verano de 2013 en la que se nota cómo se ha afianzado el diseñador en el lenguaje del de Guetaria y que, en palabras de Ghesquiére, es su desfile "más sensual". 

Invierno de 2005: la mejor colección de Ghesquiére.

Desde su entrada en la casa, Ghesquiére ha apostado por la multiculturalidad, por la tecnología, por cortar los tejidos a láser, por reivindicar prendas imposibles y acercar culturas. También es verdad que su trayectoria en la firma no ha estado siempre al mismo nivel. Ha tenido colecciones llenas de puro genio, de brío, de talento, no sólo con una estética potente sino con algo que decir, explorando temas, tejidos, texturas, tecnologías y conceptos que los demás no habían considerado ni importantes. Y también ha tenido otras repetitivas y sin mucho sentido: Maria Antonieta tecnófila dice que si los pobres no tienen pan que se compren Ipods y más de lo mismo en esa línea con la excusa de recuperar un tejido de Cristóbal Balenciaga del archivo, un sombrero o el concepto arquitectónico. Lo típico, vamos.

Otoño invierno de 2006: su segunda mejor colección. Hoy se ven peplums por ella.

Pinault vive momentos no muy dulces, como los que ha pasado Arnault en LVMH. Ghesquiére afirma estar descontento con la dirección de su "casa" y también que es una ruptura "de mutuo acuerdo". Ya.  Después de que Hedi Slimane se le fuera de Dior Homme porque no le dejaban diseñar la línea femenina y de que haya conseguido que le nombren diseñador de cabecera de YSL pour femme -a ver cuánto dura la criatura, no mucho, ya verán... si la boutade esa de Saint Laurent Paris no ha durado ni unos meses- en PPR llega otra voz, en este caso, muy reputada -la de Ghesquiére- y pone en jaque al gallo del gallinero haciendo un Slimane. Ja.

Verano de 2006: otra maravilla.

Aparte de todos el ir y venir de PPR y LVMH, Ghesquiére es un nombre por sí mismo. Un creador con personalidad y con sentido propio en la casa Balenciaga que es, además, o bueno de Ghesquiére es que es un diseñador eminentemente urbano. Nunca presenta trajes de noche, eso se lo deja a Elie Saab y sus diseños para putas rusas, musulmanas con burka y estrellas de postureo en la Alfombra Roja y eso me gusta. No me gusta que se le vaya la olla, claro que no. Nunca he comprendido esas chorradas de las cejas verdes y azules, de las modelos que se visten con cosas que parecen sacadas de una lechuga ni nada de eso. Eso está mal. Sin embargo, Ghesquiére ha parido maravillosas colecciones de la primera década del siglo XXI. De las mejores colecciones que se han visto. Y es, sin duda, uno de los mejores diseñadores vivos. Y no sólo de prendas. Ghesquiére ha marcado hitos de la moda actual en los accesorios. Son un punto delicioso en todas sus colecciones: los zapatos. Zapatos bota, sandalias lego, leggings metálicos...Y sólo en quince años de trabajo. 

Invierno de 2007: y sigue.

En realidad, en menos de quince años de trabajo porque las claves de sus diseños ya estaban en sus primeras colecciones. Ghesquiére propone, a diferencia de Galliano y de McQueen, una mujer de hoy. El pantalón que tan desprestigiado está en el mundo de la alta moda -aunque es una tendencia renaciente gracias a la labor reivindicativa que Raf Simons está haciendo en Dior- siempre está en el glosario de Ghesquiére.

Verano de 2008: Balenciaga y la arquitectura.

 Y, además, es un diseñador sutil. Está infravalorada la delicadeza y la sutileza que son, en realidad, la verdadera elegancia. Las colecciones de Ghesquiére tienen un punto destroyer -pantalones militares, cortes de amazona, volúmenes imposibles, patchwork de materiales extraños, mujeres droides...- que hacen que pase desapercibido el espectáculo de su genio. Pero, colección tras colección, hay algo genial. Y algo más, hoy lo seguimos llevando. Y lo llevamos porque Ghesquiére lo hizo.

Invierno de 2001: las mujeres de hoy. 

Ghesquiére ha sido el responsable de que se pusieran de moda la lencería a la vista y con una propuesta mucho más interesante que la de Prada. También lo basto y lo vasto, lo que no está refinado: lanas gordas, gruesas, con los mechones sin cardar... y plumas, lo que algunos llaman hueveras. Poco chic o nada chic, al menos en principio. También pantalones militares en verde oliva y prendas plastificadas. Sin embargo, a todo esto Ghesquiére lo dio una vuelta de tuerca: los abrigos de plumón sacados de un supermercado se llevaban con vestidos de la gasa más fina, el neopreno de los trajes de bucear se llevaba con transparencias, las prendas militares con corsés de seda, las palestinas con blazers de las mejores escuelas privadas para niños bien ingleses, los chalecos que parecían sacados de un mercadillo callejero de la India con faldas de seda y sandalitas finas...


Invierno de 2002: la falta de nobleza.

Pero aún había más: lujo. Lujo de verdad. El zorro con un montón de trabillas militares para dejar claro quién manda aquí, las golas dieciochescas del Versalles absolutista borbónico con chaquetas de ante y camisetas con fauces de perro abiertas, faldas de terciopelo con flores que se derramaban sobre ellas y sombreritos hípicos deliciosos, mallas metálicas de oro que llevaban miles de horas de trabajo, vestidos de chifón y de gasa que flotaban al paso de las modelos y que se derramaban y plegaban en torno a sus pechos, sus caderas y sus hombros. 

Invierno de 2003: la ley de la calle.

Después de 2007 y hasta la colección de verano de 2013 -salvo un par de excepciones en el invierno de 2008 y en el invierno de 2009- Ghesquiére entró en una fase de abulia y de droides que repetían lo mismo una y otra vez: el 2.0, los robots, los zapatronchos, la vida sana... pero sus tendencias han sido trabajadas luego por diseñadores posteriores como Prada -lencería a la vista, tejidos vastos- o Ricardo Tiscci en Givenchy -neopreno, encaje, lencería a la vista y perros rabiosos en las camisetas- porque hay algo en las colecciones de Ghesquiére para Balenciaga que es la innovación.

Verano de 2002: la multiculturalidad y las etnias guerreras.

Lo nuevo como concepto luego se ha desarrollado con éxitos y con fracasos. Pero qué éxitos. Es un gusto revisar el archivo personal de colecciones dejadas por Ghesquiére para Balenciaga. Hay tanto aprovechable, tanto que se ve hoy en las tiendas de Zara. Tanto... Por poner un par de ejemplos: el neopreno y las camisetas con estampados brutales -águilas coronadas, perros con las fauces abiertas...- en las más altas firmas de moda. Pero además de todo esto hay que añadir la mezcla indiscriminada de estampados y tejidos y la investigación en estos dos campos. 


Verano de 2003: lo que hizo Ricardo Tiscci después.

Porque Ghesquiére, que aprendió en los talleres de Jean Paul Gaultier -y eso se nota en su afición a la corsetería, a la ropa interior a la vista y al romper moldes con sus diseños y con el material del que los confecciona- ha aprendido mucho en Balenciaga (a combinar lo español y lo austero con lo absolutamente nuevo y rugiente, a sorprender yendo de un polo al otro cada temporada pero siempre en el mismo recorrido...) y ha dejado mucho a todos los aficionados a la moda y a todos los que no lo son -pero que llevan los productos de su mente-. Ahora que Galliano, Theyskens, Lacroix, Mugler, Alaia, Montana, Mizrahi, Cristina Ortiz, Alessandra Fachinetti y etcétera y etcétera ya no tienen casa en la que diseñar, que Valentino se ha retirado de motu propio y que McQueen se ha suicidado e YSL muerto, tras su retirada voluntaria, esperemos que Ghesquiére no se quede en el limbo de los diseñadores. Que tiene algo que decir está claro.

domingo, septiembre 30, 2012

Balenciaga Y Olé


En 1997, Ghesquiére tomó las riendas de la casa Balenciaga. Como quien dice, por aquel entonces, la firma no era una bicoca. Más bien todo lo contrario. Tenía un nombre de prestigio pero eso era más una carga que un aliciente porque todo lo que uno hace, comparado con Cristóbal Balenciaga, queda en nada. Y, en los 90s, Balenciaga no era más que una marca como la de Pierre Cardin: licencias, licencias y licencias. Hasta el año 2000, nadie sabía nada de Ghesquiére. Y, de repente, sorprendió con unas colecciones soberbias en las que tomaba el pasado glorioso de Balenciaga (abrigos de piel que te envuelven, investigación en los tejidos, creaciones rígidas y vanguardia) combinado con las claves de su propio estilo: la tendencia futurista. 


En general, la tendencia mediterránea está fuera de la obra de Ghesquiére quien está mucho más próximo a los de Amberes (como Van Noten o Martin Margiela, a quien admira especialmente) y, aunque retome el archivo de Balenciaga para sus colecciones (estampados, sombreros de pescador...), en general, su estética es norteña. En París ya no hay nadie que le cante a España, antes estaba Lacroix que siempre guiñaba el ojo a las vírgenes andaluzas e incluso Lagerfeld que en los finales de los 80s e inicios de los 90s se llenaba el ojo con Claudia Schiffer tendiendo la colada con luz mediterránea. Al Mediterráneo sólo se canta ya por los sureños, por los propios mediterráneos y, parece que, una vez desaparecido YSL, muerto Versace y jubilado Valentino, lo único que queda del espíritu latino está en Dolce and Gabanna aunque sea más bien únicamente lo siciliano el tema de su devoción. Sólo Ralph Lauren en la Semana de la Moda de Nueva York parece interesarse por lo latino aunque sea pasado por el filtro de México como muestran sus toreritas del pret a porter para el verano de 2013. Y, va Ghesquiére y se vuelve español y, no sólo español, sino de volanterío andaluz.


El éxito de la colección de Ghesquiére reside precisamente en que, aunque es imposible no ver a España en su inspiración y que sin desligarse del espíritu de la firma cuando era llevada por Cristóbal Balenciaga, consigue imponer su sello personal (lo tecnológico, las mujeres robóticas, la investigación en el tejido y el corte por láser y los nuevos volúmenes) pero sin caer en ningún tópico. No es la España negra de Carmen que tanto fascina a los anglosajones y a los germanos, no es la España de la farándula de chisperos y chulos de Goya y tampoco es lo rural del Viaje por España de Antonio Ponz. Al contrario, es una España moderna, progresista, europea y actual que sabe ver en su pasado la oportunidad pero a la que no lastra lo que pasó ayer. 


La verdad es que Ghesquiére ha tenido unos años veleidosos. Tras consagrarse con sus americanas escolares y sus palestinas que lo pudieron todo en el invierno de 2007 y que lanzaron su nombre al estrellato y sus prendas a la consagración (Zara mediante -de hecho, algunas prendas de Zara que se "inspiraron" en la colección de Ghesquiére fueron retiradas de las tiendas), no ha acabado de rematar en sus colecciones, inspirándose demasiado en lo tecnológico y los androides. Sólo ha habido entre el 2007 y hoy (verano de 2013) un par de colecciones interesantes: las fantásticas minifaldas y cuerpos rígidos con sandalias-bota de los sesenta del año 3000 para el verano de 2008, los 80s de neopreno para el invierno de 2008 - 2009 y los estupendos vestidos inspirados en los de Diane Von Fustenberg y la avalancha de drapeados y raso completamente versallescos de invierno de 2010. Y aquí, vuelve la impronta de Ghesquiére: España y Balenciaga, una vuelta a las raíces pero con un punto tecnófilo. 


Ghesquiére ha explicado que para esta colección se ha inspirado en la danza y en el cine, vistos desde el primas de la firma. El diseñador ha afirmado que pensaba que era interesante "jugar con el contraste entre el cubismo de Balenciaga y la rigidez arquitectónica y con la mitología, la antigüedad y el movimiento" (según ha declarado para Vogue América).  En la década de los 30s, Cristóbal Balenciaga se inspiró en la danza para hacer diseños que trataban sobre el movimiento del baile. Por ejemplo, dedicó una serie a la obra de Toulousse Lautrec que citaba el mundo del cabaret y de sus danzas sensuales. Sin embargo, Ghesquiére ha preferido mirar al mundo del flamenco y combinar la fiereza y el movimiento sinuoso y ondulante de los volantes con los cortes limpios, diestros, tecnológicos y agresivos que inspira todo lo que no sale directamente de las manos del hombre. Muy sexy aunque es evidente que a Ghesquiére le gustan los escotes de las mujeres. 


Las críticas al desfile se han centrado en el pragmatismo de la colección. Y es cierto. Los vestidos del final de la colección son todo lo que uno puede desear para el verano: frescos, jóvenes, inspiradores del amor, insufladores del deseo, alejados del exceso, la farsa y el virtuosismo como fin. Ghesquiére nos presenta a una mujer que quiere verse guapa y eso nos gusta siempre. Por supuesto aparecen los puntos fuertes de Ghesquiére en la propuesta: perforaciones hechas a láser y cortes rígidos que no se acaban de amoldar a las formas del cuerpo sino que "encajan" sobre una más bien como una armadura. Se trata, precisamente, de algo que Cristóbal Balenciaga también le gustaba hacer: por respeto, quizá pudor, prefería poner distancia entre sus trajes y el cuerpo de las mujeres. 



Los accesorios son muy interesantes: anillos de oro en cada dedo muy delicados que acaban con todos los excesos de Anna Dello Russo por ejemplo o con el trabajo de Kenneth Jay Lane. Vuelve a sacar al desfile sus sempiternos zapatos cuadrados, de corte masculino, en este caso, acordonados y de charol brillante aunque más sencillos que a lo que Ghesquiére acostumbra -es el autor de las famosas sandalias lego y de zapatos con tacón de plexiglás y cortes imposibles-. Las sombrereras son maravillosas, por cómodas pues se pueden llevar con sencillez y sin afectación, y hacen que la inspiración en los años previos a la II Guerra Mundial y al cierre de Balenciaga sea más patente. 


Como conclusión a la que va a ser, sin duda, una de las colecciones que arrasen en las cadenas de "moda pronta" para el próximo verano y los siguientes, se puede decir que su practicidad no resta su sensibilidad. Se inspira en El testamento de Orfeo de Jean Cocteau, rodada en los 60s, pues para ese film, Balenciaga diseñó algunas piezas. Y, no cabe duda de que los accesorios mostraron bien ese devenir hacia la naturaleza pues Ghesquiére usa el corte al biés de Madame Grés con maestría, maestra en los años 30s y férrea opositora a los nazis en el París ocupado y también se inspira en los ciervos y las aves del bosque para sus tocados: la melena suelta, de diosa griega, pero ubertecnológica, hipertextual e hipermedia. Pues claro, todo es naturaleza.

viernes, septiembre 28, 2012

Cuero


Lo reconozco. Estoy que me derrito con este look de Emmanuelle Alt. Me pasa de vez en cuando en las diferentes semanas de la moda del mundo. Hay alguien que me chifla. No es que yo sea fan de la estilista de Vogue París reconvertida en directora de la edición francesa de la Biblia de la moda pero es que sí, sí rotundo, sí de veras. 

Emmanuelle Alt bebió de los aires del trío de Tom Ford - Testino - Carine Roitfeld cuando el texano diseñaba para Gucci, para YSL y vendía perfumes y blusas depilando una "G" en el pubis de Carmen Kaas. Sin embargo, Alt, en los inicios de los 2000, dio una vuelta de tuerca a toda aquella hipersexualidad y lo hizo apostando -mucho, mucho antes que Carine- por Ghesquiére para Balenciaga. Lució todo lo que luego se pondría de moda en Balmain, firma de la que realmente ella es la responsable, y ha conseguido que la próxima exposición del MET, que va sobre el punk, haga que toda la moda de las tachuelas, los pitillos, el cuero, el tabaco en los sitios prohibidos, el grunge, Cobain, la primera colección de Marc Jacobs, las gorras de camionero o de poli de los Village People y las cadenas, chupas de los Ángeles del infierno, George Michael, Linda Evangelista y tal no se evapore de repente quedando tan en nada como en los difuntos 80s.

Y es que, realmente, Emmanuelle Alt es una gran estilista -sobre todo, en otros... aunque también en ella misma si bien su imagen es completamente intercambiable de un día a otro de un tiempo para acá-. Sus 80s más masculinos, sus mujeres no andróginas sino directamente con un punto arrabalero y marginal y su actitud frente al streetstyle del look casual producido y pulido hasta dejarlo limpio y sin ostentaciones son sus señas de identidad. No es una buena editora de revista y Vogue París, desde que lo dirige, no consigue hacerse con una línea identitaria propia que sí tenía bajo la bandera de Carine Roitfeld. Es verdad que no lleva tanto tiempo con el timón, también es verdad que a uno, en los negocios de altos vuelos, no le suelen dar grandes segundas oportunidades. Digamos, pues, que la Alt calienta banquillo para un giro radical en la revista. No bajo su mando, tras él. Por ahora, sigue el cuero y las tachuelas y la coca: Anna Wintour pretende así reflotar el fracaso del binomio Prada Schiaparelli en el MET. Y, de otra cosa no, pero de comercialidad, los americanos saben un rato largo.  Aún tenemos Alt hasta en la sopa. Aunque sólo hasta 2005/2007 molaba.

lunes, octubre 04, 2010

Givenchy, Arde La Oscuridad


Hay algo muy severo rondando el desfile de Givenchy. El nombre de Ricardo Tiscci fue uno de los que se manejaron para sustituir a McQueen. El creador está fascinado también por el gótico, la oscuridad, los huesos, el arte, las pesadillas, la muerte y los ángeles. No obstante, su imaginario se diferencia completamente del imaginario del inglés. Donde McQueen escribe con trazo fuerte, Tiscci lo hace con trazo suave. Donde McQueen no ve a mujeres, Tiscci ve a princesas, a monjas, a damas medievales de cuento de hadas pero siempre a personas. McQueen en cambio, psicoanalizaba su mente en cada colección. Quizás fuera un artista total o, tan sólo, una bella alma perdida. Pero lo que está claro es que Tiscci es un diseñador.
Un convento. Sí, puede ser que sea eso lo que vemos. Monjas 2.0 que inauguran una nueva sensualidad: la que ni enseña ni sugiere pero resulta igual de sexy. Auguran una nueva época sin tener que desplazarse al futuro de Ghesquiére para Balenciaga o sin tener que ir al pasado como Galliano.

Son Pandoras. Tienen algo de inmemorial, con su aire distante, su mirada fría, su cuerpo envuelto en negro. Tienen algo de materia presa del alma, del alma presa en la materia, de cuerpo sin alma y de alma sin cuerpo. Tienen algo de hielo abrasador y de fuego helado.

Son las extrañas damas negras. Las extrañas damas blancas. Ni vienen del frío ni caminan al calor. Parece que todo en ellas está tomado por el aliento de la muerte pero que, al mismo tiempo, tienen la vida, la potencia, el poder ser respirando en su interior, tal y como advierten sus garras de leopardo que asoman en la selva en la que se mueven por mucho que sea el triste Hades o el feliz lugar de los Bienaventurados.
 
Parecen frías, muy frías. Completamente aceradas, como sacadas de una probeta o de un gélido maleficio. Oriundas de la Tierra, desconocen la materia que las fundó. La sangre vivificante, el calor comfortable que te envuelve en el sentir. Parecen robots elegantes.

Eso nos vuelve a llevar a Pandora.


La bella Pandora era un regalo envenenado. Prometeo le dijo a su hermano Epimeteo que no aceptara nada de los dioses, ellos le odiaban porque su lealtad estaba con los hombres. Un día, los dioses pidieron a Hefesto, emparentado con las ataduras, la magia y la tecnología más allá de la materia en sí misma, que crease a Pandora. Un autómata como el de Creta, Talo, que hacía de vigía. Sólo que, en esta ocasión, la bellísima Pandora se encargaría de deshacer todo el bien conseguido por Prometeo para los humanos.

Incapaz de resistirse a su belleza, Epimeteo aceptó el “presente”. Un día que estaba sola, Pandora abrió la caja que llevaba su nombre por curiosidad. Estamos ante una Eva más fría, menos virginal, menos humana, pero igualmente “humana”. Cuando abrió la caja, todos los males del mundo salieron: enfermedad, vejez, muerte, peste, pesadilla, miedo, desesperanza, temor y... la esperanza quedó presa en el fondo.

Para compensar todo el perjuicio que podían causar, los dioses dieron a los hombres la bella y ardiente esperanza.




Y esto nos enseña que la humanidad no es la sangre que corre por las venas sino los sentimientos que ahondan en nuestro material cuerpo, quizás ese alma perdida o siempre presente.


Porque Tiscci siempre diseña para mujeres. No importa si son silfos, si son brujas, si son hadas, si son personajes de cuento, princesas de mundos lejanas, imprudentes y elegantes urbanitas sofisticadas frivolonas, temerosas sirenas que se deslizan con la niebla hijas de la mañana y el sudor de los estibadores. Él siempre diseña para mujeres


Sobre todo, si ampliamos un poco las miras y pensamos que los extraños sólo son personas que aún no conocemos y que lo que nos une es más de lo que nos separa.

viernes, marzo 05, 2010

Nueva Era


Nicolas Ghesquiére comentó que lo que se trataba al hacer una colección era de crear y sorprender. Futurizar podríamos decir pero con un sello personal. Futurizar en Balenciaga parece ser fácil -como todo, del dicho al hecho hay un trecho- porque Balenciaga ya era un visionario. Un maestro del saber hacer conjugado con la maestría más absoluta, un aire palaciego y exclusivo y, sobre todo, cargado de lujo, de algo de extravagancia y con un punto de locura pero al mismo tiempo sobrio, regio y extraordinario.


Pero para Ghesquiére el concepto de futurizar se inclina menos en la parte visionaria y más en la futurista. Corta al láser la ropa, convierte en hoodies a las cortesanas del Petit Trianon y crea delirios voluminosos que lo mismo salen de un jardín en flor que de una amazona interestelar. Ghesquiére delira sobre el futuro, se imagina a hermosas ninfas asépticas sobre estanques con puentes de acero, titanio y un mundo inmaculado, pulcro y sofisticado.


Con la colección ocurre como con todos los delirios futuribles, son extraños. Ahora las híbridas humanas que pasean su ropa 7.0 parecen incomprensiblemente ingenuas. ¿Androginia, obsesión por lo depurado, lo perfecto, lo artificial?


En el mundo del futuro de Balenciaga nadie parece muy ardiente, pasional, febril o socavado por su vida diaria. Todo parece fácil aunque con algunos trámites. A mi me da la sensación del que está en una burbuja, en un mundo prístimamente pulcro pero jerarquizado y burocratizado en el que todo ocurre porque debe ocurrir y nada es espontáneo. ¿Prefabricado?


Sí, creo que esa exactamente es la palabra. Artificial. Comida sin sabores. Placeres sin tensiones. Excesos sin excesos. Humanos sin motivaciones. Libertades sin riesgos.


¿Belleza?
En los pequeños detalles.


Porque siempre hay algo hermoso. De la misma forma que la orquídea crece entre la basura.

jueves, octubre 01, 2009

A Maria Antonieta Le Va El Rock


Las tribus urbanas despiertan fascinación o absoluta desidia. Al fin y al cabo, no son más que pluralidades de la individualidad o viceversa, según cual sea el caso. O, claro, mucho más. Son señas de identidad y trazos de la contemporaneidad y la manida ética del desinterés.


No hay tribu urbana -o rural- sin seña de reconocimiento. Los neo nazis llevan botas con punta de hierro, los Emos exceso de eyeliner y lágrimas negras y poca sangre en las venas, los góticos delirios mortuorios en negro. Los hippies -de palo o no- el irritante Peace And Love y los fotologueros, Wayfarer, Las voguettes se mueren por Balmain y las parisinas suspiran por Lanvin. Las señoras de la Quinta Avenida escogen Chanel y llevan pieles de CH y los pijos escogen Ralph Lauren y TH. Y los punks, crestas. Y los paletos, chapela.


Nicolas Ghesquiére ya se ha dejado llevar por la multiculturalidad en otras ocasiones. Si sus delirios ondean entre androides del Nuevo Orden Mundial y damiselas que hilvanan los hilos de sus vestidos en flor, el París de la coqueta Maria Antonieta, fashion victim donde las haya, siugue trayéndole de cabeza. Primero fueron las blusas blancas, que parecían negligés de chifón y ondeaban entre americanas tapizadas en tela de sillón o papel de pared en tonos acaremalados y empolvados.


Luego siguieron las jóvenes aristócratas que huían de Versalles llevándose sus cortinas, sus mantos, sus capas, sus joyas y su maleta con ellas. Llevaban prendas de encaje y pantalones actuales para confundirse con el resto de la plebe y pasar desapercibidas pero sus maneras las traicionaban. Ellas eran damas de chantilly y no de denim. C´est la vie.


Ahora a Maria Antonieta le va el rock y las tribus urbanas. Se pasea por Versalles como si todo fuera Le Petit Trianon y decide que las pelucas empolvadas están out y las capuchas cual hooker de cualquier barrio de mala muerte están en la cresta de la ola. Si antes se tapaba del sol en general ahora se protege de cualquier mirada en particular. Si antes caminaba entre chapines de terciopelo por las alfombras bordadas con flores de lís, ahora impone con sus plataformas sadomasoquistas y lo mismo te baila ballet que chuta por la banda.-¿?-


Si Maria Antonieta se hizo la sueca con la recesión francesa que le costó la cabeza, ahora se pone hot. Primero no llevaba nada sin perlas y su vestuario parecía sacado de una lámpara francesa -¿también le gustará Prada?- pero ahora escoge cortar al láser y romper antes que epatar.

Sigue siendo una fashionista con golpes de talonario para pagar sus caprichos aunque se lo quite de comer (¿pan o pasteles?) pero con peores modales. Sorprende al personal con sus minifaldas y su actitud. Se calza las señas de identidad de los marginados pero sigue paseando por sus salones de espejos donde parece que te vas a encontrar una ninfa en vez de un fantasma. Pasea por sus jardines barrocos, absolutistas, decadentes anunciando que ella es más Nueva Era que vieja.


Maria Antonieta se ha puesto dura. ¿Sans Culotte, toma de la Bastilla? Estás de guasa. Mano dura, actitud dura y delirios en Balenciaga. Versalles francés por el caleidoscopio del nihilismo. Falsas voluntades y falsos malos modales antes que sonrisas falsas. En un Versalles que no es francés y sí lo es.


Y es que Ghesquiére sabe que con la buena de Maria Antonieta, empezó la época actual. Esa de revoluciones y liberales. Esa de sangre a raudales. Esa de democracias y golpes de estado. Esa de chicas malas que parecen buenas. Esas de chicas buenas que quieren ser malas... Como mi amada reina francesa que perdió la cabeza y el trono de Francia.


Y a quién le preocupa que le corten la cabeza. Desde luego, no a esta Maria Antonieta.

Y por el viejo Versalles, se pasean nuevos rockeros.

jueves, marzo 05, 2009

Balenciaga, Cada Día Una Pequeña Muerte


Balenciaga es una firma de culto. ¿Para quién?. Por un lado los "entendidos", por otro el engendro de Vattimo en todas sus variantes desde la Sartorial hasta la Cory Kennedy. Desde la de Prada a la de ropa second hand-army of USA. Por otro, los que reverencian todo lo que huela a caro, suene a caro y sea caro.


Balenciaga se ha convertido en una firma de culto otra vez. Por segunda vez. Tras Monsieur Balenciaga, Cristóbal. De la mano de Ghesquiére y sus delirios futuristas y futuribles. Debido a sus androides, sus amazonas, sus sueños cosmopolistas e integradores, su culto a la civilización abocada a caminar. Sin dirección. Con la traba del zapato de tacón.


Ghesquiére ha tenido sus deseos y sus experimentos en Balenciaga. Juega como un niño pequeño en una pastelería cerrada para el resto con los anaqueles llenos de dulces y con una corte plebeya que le dice al pequeño emperador !hurra!.


Es fácil triunfar si tu desfile viene precedido por Balenciaga. Como marca. Como esencia. Como concepto. Si eres la marca de la vanguardia, la contemporaneidad, la conceptualidad, los deseos. Si tus plataformas hacen tropezar -con la misma piedra, múltiples veces- a todas las fashion victims del mundo. Si Carine te idolatra. Si Wintour te guiña el ojo.

También es fácil defraudar. Cada seis meses un éxito. Cada seis, una pequeña muerte.


Eso es lo que ha sentido el pequeño -tout- mundo de la moda. Todo el que se considere digno de sus Manolos, de su tote YSL y de sus cazadoras de Balmain. Decepción. Ah. Fracaso. Silenciosas palabras. Ausentes finanzas. Descontento por parte del hombre -del traje- gris.


Otra parte del mundo de la moda (los que aún no se han rendido a la palestina seismildólares de la multiculturalidad. De la pobreza no, you know. De la multiculturalidad, dicen.) dice que la colección es buena. Sublime dicen.


Usan con ligereza la palabra. Es buena. Mujeres desdichadas que recuperan la femineidad del vestido cansadas de fingir armadura y cerrar escote para parecer amazonas sin corazón. Mujeres que deciden que ésta vez, quizás hayan perdido el corazón. Pero aún son mujeres. Y van a demostrarlo.


Algunos entreveen a Diane Von Fustemberg en la colección. La femineidad del vestido que hace la mujer, la sigue, la desliza, la posee. Otros ven sólo actitud. Valkirias gélidas que no conquistan corazones pero que quizás conquisten bajas pasiones. Quizás vestidas así.


O quizás no. Pero cada seis meses debe cambiar la moda. Si la sigues, cada día una pequeña muerte. Si no, eres un ingenuo. No se escapa del mundo de la moda. Ahora, hagan juego.