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lunes, junio 18, 2012

Verano En Los Diez




Segunda década del XX, la familia Romanov con su descendencia al completo corretea por los campos de Rusia. El gobierno de Kerensky dicen que vendrá pronto aunque el zar no cree nada, sólo Lenin sabe que la Gran Guerra con Rusia entre los aliados es el regalo más preciado para la revolución. Las niñas tienen la belleza de la zarina Alejandra, descendiente de la reina Victoria, y de su padre, Nicolás II. La moda de las últimas décadas del XIX y de inicios del XX fue bastante aburrida hasta que llegaron Poiret y Chanel a darse de cabezazos... pero qué sombreritos me lleva Anastasia. Y qué hermosas hubieran sido las hermanas...


martes, enero 24, 2012

Las Carreras de Ascot































-No vienes vestido para Ascot...
-!Estreno camisa!
(...)
My Fair Lady. El profesor y su madre.

10 centímetros de mínimo en la base es lo que se exige en Ascot para poder entrar con algo encima de la cabeza ya sea hombre o mujer. Sin embargo, se han prohibido los tocados de forma definitiva.

A Ascot se va con sombrero o no se va.

Yo también lo creo señores británicos, yo también lo creo. Nada de Kate Middlettons con sus fútiles cabecitas rodeadas de plumas de Philip Treacy. Queremos sombreros. Grandes, delirantes, que sean casi como el mascarón de un barco. Y para muestra un botón. Cuando Ascot era Ascot, contaba con Audrey Hepburn y con el profesor Higgings. Ah, y el vestuario lo diseñaba Cecil Beaton. Sin duda, eso ayuda.

Henry, haces bien en ponerte una taza en el sombrero.
!Válgame dios!

miércoles, noviembre 23, 2011

El Comfort


Paul Morand dijo que Chanel tenía mucho de Robinson Crusoe porque construyó su moda como quien hacía un mundo a su medida. No anda falto de razón ni de genialidad en el comentario ya que fue Coco Chanel la mujer que inventó el concepto de la ropa de "sport" en la moda. No se puede negar la influencia que tuvo la gentry inglesa y la campiña británica en tal descubrimiento como no se puede negar que Boy Capel era el hombre que Chanel necesitaba -y maldita la suerte que el destino se le cruzó por medio-. Sin embargo, es igualmente cierto que si bien la ropa de la I Guerra Mundial de Chanel es profundamente cómoda y práctica, en el periodo de entreguerras, Chanel se dejó llevar por la bonanza y el lujo de los treinta que fueron al mismo tiempo gloriosos y miserables como solo pueden serlo los tiempos de decadencia y renacimiento.

Chanel en los años 30 se volvió loca y cosió a sus vestidos negros lamidos toda la gracia que se puede añadir a un traje con flores, encajes y pasamanería. Luego, en plena puja con la chiflada de Schiaparelli que orgasmeaba con los surrealistas y con los delirios de Dalí a la cabeza (quien lo mismo le hacía un perfume con una vela para celebrar todos los días el no cumpleaños que ponía en su tienda un mueble con los labios de Mae West hechos habitación y decoración de interiores o plantificaba una langosta completamente fálica en lo que parecía un ingenuo y delicioso vestidito), Chanel añadió ristras de perlas a todo, se hizo diamantista y creó joyas dignas de Cleopatra y de Nefertiti cuando alguna de ellas se dignaba a salir de su bañera de leche y puso lentejuelas, gasas y pedrería por cualquier sitio.

Mientras Elsa Schiaparelli se hacía más y más famosa y ella coqueteaba con el lado oscuro, París dejaba de ser esa fiesta que Hemingway tanto comentaba y se convertía más bien en un drama de opereta. Madame Gres colocaba una bandera francesa en su tienda en tiempos de la ocupación alemana, los nazis pasaban por alto el detalle encantador de que era judía porque esperaban que hiciese trajes de noche para sus mujeres y Chanel quería salvar el mundo, o condenarlo o vaya a saber esa modistilla que se inició como sombrerera lo que pensaba hacer. Luego se fue a Suiza y esa moda que había creado, esos pantalones de pintor, las camisetas de tirantes de albañil, las chaquetas roídas de pescador, las gorras de marinero y el comfort que había creado se desmoronó como el honor de Francia que acabó empapado por el agua de Vichy.

Chanel era una mujer fascinante con un humor de perros (por no decir simple y llanamente: "con mucha mala hostia") y en Suiza notó cómo hervía su sangre cuando Dior apareció en escena tras la Guerra Mundial y barrió de un plumazo todas las novedades que ella había creado y su nombre que, por cierto, ya estaba más olvidado que el de Rabanne hoy. Y, por envidia, volvió a salir a la palestra. Cuando llegó, el tipo de mujer que imperaba no dejaba de ser el de la mujer jarrón que ella tanto había luchado por erradicar y no pudo sino enfurecerse. Barrió de una patada todos los pintalabios rojos, los perfumes dulzones y amodorrantes, los corsés, los sujetadores cónicos, los zapatos de tacón de aguja que destrozan el parquet de una casa, los bolsos de fiesta donde no cabe nada, las faldas ceñidas que no dejan moverse, los abrigos que no abrigaban, los cambios de vestuario tres veces al día porque una no puede ir a almorzar y a cenar con la misma ropa y a las mujeres ociosas de Dior y sus secuaces que tanto éxito estaban teniendo en un mundo que realmente no se desharía de todos esos conceptos hasta los 70 con Yves Saint Laurent. Chanel volvió a la idea de comfort que anidaba en sus primeras obras.

Creó en los años 60s el traje de chaqueta que servía para las mujeres ociosas de Park Avenue cuyos maridos son médicos, para las princesas judías de Manhattan, para las parisinas adictas a la moda y las tendencias, para las mujeres poderosas que trabajaban y para todo aquel que encontraba en la moda algo con lo que moverse y respirar, cruzar los brazos, sentarse y echar a correr o apretar el paso sin precisar de un ayuda de cámara -el marido- que Dior veía tan necesario. Chanel dio libertad a las mujeres con ese traje para todo y siempre igual que solo cambia de color y de tejido según la estación oscilando entre la lana, el algodón y el lino y entre las botas, los zapatos y las sandalias.

Hoy, todo es Chanel. Es Chanel el jersey cruzado, el pantalón amplio, la chaqueta que permite movernos, el vestido a la rodilla 24/7 y los zapatos bajos para caminar y altos para resplandecer. Me gusta el concepto de cómoda elegancia lejana de la aparatosidad que Chanel tenía. El estilo de Coco realmente tenía que ver con esa máxima de la señora Rubinstein que decía "no hay mujeres feas solo hay mujeres descuidadas" porque la comodidad no riñe con la elegancia, la moda no se enfrenta con el deber y la contemporaneidad y, sobre todo, la mujer no deja de ser mirada al tiempo que, ahora sí, !ahora sí!, también contempla. Y Chanel lo hizo todo con una aguja y unas tijeras...

jueves, julio 14, 2011

Cool And Chic



Uno. Dos. Tres. Cuatro. !Cinco? Cinco años ya con este blog en medio de momentos bochornosos, instantes encantadores y de la historia, al fin y al cabo, somos historia. Normalmente los aniversarios son aduladores pero quizás se pueda hacer una excepción. Yo acuso, y yo, y yo... Me acuso a mí misma de muchas cosas y veo en este blog carencias evidentes, olvidos terribles, ausencias notables y faltas que me hacen sonrojar. También veo cosas buenas pero eso lo aparco. Debo decir que, como todo el mundo sabe, los blogs están pasado de moda. ¿Y qué?.

Acabada la semana de Alta Costura de París con cada vez más urgencia en la boca, es evidente que no hay nada nuevo bajo el sol. Unos entran, otros salen y al final, año tras año, es idénticamente lo mismo. Tom Ford que no es, a diferencia de muchos, santo de mi devoción, trata de cambiar un poco las cosas como ya hizo cuando entró en Gucci aunque, en mi opinión, Tom Ford es demasiado Yves Saint Laurent y, lo que importa, es que todo lo que hace ya lo hice Yves, antes y mejor. Tom Ford me deja fría. Tiene ropa preciosa, un concepto inserto en su mente y no niego que es un buen especialista del marketing. Tiene un concepto que encaja con la filosofía de nuestra moda, esa en la que se abre un blog cada minuto -o más- y la mitad se cierran en menos de un año.

Ahora, Ford, le ha dado la vuelta a la sartén para seguir teniéndola por el mango, por supuesto. No quiere fotos, no quiere que sus colecciones se vean en todos los sitios ni que todas las estrellas las luzcan. Quiere privacidad e intimidad, algo que, por cierto, descubrieron al final de la Edad Media los nobles y que causó más estragos que la tan cacareada Guerra de los Cien Años.

De repente, todos los conectados tras las pantallas del ordenador se sorprenden ¿cómo es posible que llevemos ropa que salió a las pasarelas ayer, que aún no ha salido, en marzo la de verano, en febrero un entretiempo futuro y en invierno vayamos de tirantes? En eso parece basarse la nueva propuesta de Tom Ford. Y, también en una europeización extrema que siempre ha caracterizado al diseñador aunque, sí, Tom Ford es americano hasta las trancas. Y, como decía Oscar Wilde, los americanos son ese pueblo que recuerda que en Roma se compraron unas medias.

Por eso, yo acuso.

Sobre todo acuso de que no conocemos la historia y que, por ello, estamos condenados a repetirla. Lo que hoy vivimos, ya se vivió en la Belle Epoque. Chanel lo vivió y Chanel se lo cargó. Pero, soy de la opinión que hay que echar el muerto al hollo y el vivo al bollo. Aún así, aunque me maravilla el fenómeno de la moda actual, los millones de blogs de moda, las páginas ¿especializadas? y los portales de Alta Moda que abren un nuevo mundo tan increíble que es, precisamente, difícil de creer y, aunque, hay blogs maravillosos en los que uno no puede dejar de maravillarse del buen gusto, la hondura de la sabiduría de sus autores y de la generosidad que los lleva a escribirlos, no queda más remedio que acusar.

Empiezo yo, claro.
Este blog me deja fría muchas veces. No pasa nada.
El resto de la blogosfera y de Internet en general me da tan igual como muchas revistas.

Vogue USA se va al carajo poco a poco, Vogue París vive momentos de contricción, Vogue España no sabe si es una Voguette cuando el furor se ha pasado o si ser original es lo más -ja- y Vogue Italia es tan inestable como bailar sobre un volcán. La crisis económica está convirtiendo nuestro mundo en algo similar al de los Años 20. Mucha pompa y mucha miseria. No digo pobreza solo, digo miseria. Es como si todo ese aire mágico de Vogue y de la moda en general -y la Alta Costura en particular-´se estuviese esfumando a pasos agigantados.

La nostalgia no vale nada.
Por eso precisamente hay que acusarse.
Yo acuso, la primera a mí.
Y por eso, les digo:
"abran los ojos, nos espera un mundo de oro pero hay que ayudar a levantarlo".
¿Dispuestos?
Pues qué demonios, se ha abierto la veda.
A ver si así entramos en calor y dejamos de vivir en este apático frío. Yo la primera.

miércoles, mayo 04, 2011

Novia Blanca Y Radiante


Con toda la historia de Lady Di (el traje era espantoso pero increíble al tiempo) y con el jaleo Boda Real de Inglaterra, una reina burguesa y el amor feliz o infeliz de una nueva noble nos volvemos casi al siglo XIX aunque con privilegios. El "divino seto" de Shakespeare para con los reyes se va cayendo, derrumbándose hasta agonizar. No es que yo no sea muy proIsabel II (con amarillo jilguero o superticioso según quien) y tampoco es que no sea republicana, sino que esta boda me ha dado que pensar. Las novias van horribles. Caprile lleva razón cuando dice que lo bueno del traje de Sarah Burton para Midlleton es que es "soso" y clásico y discreto. Bueno, falta espectacularidad de reina.

Si no me puedo casar como Elizabeth Taylor con flores en el pelo o con un Mainbocher como los que Capote soñaba para Holly Golightly -si es que me caso, señores- quizás pueda emular no a Diana of Wales que con ese traje épico era un lirio dentro de un huerto cerrado -como la Virgen María- (la figura de Diana es realmente preciosa, soy muy dianista, sí). Tampoco es para decir que no al Mainbocher azul que el modisto hizo para Wallis Simpson en su boda con el que debió ser por primogenitura rey de Inglaterra. 

Pero, por el momento, e imbuida un poco del espíritu Dowtown Abbey he pensado en acabar con ese XIX de reyes y reinas y llegar al XX. Un poquito antes de que la II Guerra Mundial lo cambiase todo de nuevo había otra edad dorada. Y como las penas con pan son menos, puedo transigir un anillo en el dedo a cambio de este vestido. Ahora solo me falta el pretendiente. Y decir que sí, claro.

jueves, diciembre 09, 2010

El Vestido De Noche, Baile y Fiesta



Navidad. La mejor época del año. Tiempo de ser mejor persona. De fiestas de gala y de despedirse del año por todo lo alto. Y de ser los que deberíamos ser. A estas alturas del año, las prendas “de navidad” empiezan a llegar a las tiendas, la edición especial y mejorada de nosotros mismos también aparece. Compramos regalos, vamos a fiestas, nos reencontramos con los seres queridos y, bueno, todo el mundo espera el día de los regalos para descubrir que el mejor regalo siempre viene en la caja más pequeña. Aunque, un poco antes de eso, hay que acostarse tarde y besar a alguien a la medianoche. Quizás con un Lanvin diseñado por Alber Elbaz para H&M o, quizás, con un vestido largo que nos convierta, aunque sea por una noche, en príncipes y princesas.

La historia del vestido de gala se remonta tan lejos como la propia historia de la humanidad. Una fiesta requiere una vestimenta diferente de la de lo ordinario. En realidad, hasta que Chanel no llega al panorama de la moda del siglo XX, la ropa de diario era para las personas pobres: llevaban ropa gris, de colores apagados, cómoda, de trabajo y nada glamourosa. Y las ricas llevaban siempre una especie de traje de gala perpetuo que, en fiestas, se ampliaba: más joyas, más metros de tela, lentejuelas, bordados, encajes y más escote pero en realidad, todo igual que de diario. Al fin y al cabo, las fiestas no eran más que la culminación de una existencia de por sí ya ociosa.

Pero con Chanel, la ropa de lujo -inventa el sport y el auténtico lujo- se convierte en prendas de la Alta Sociedad y de mucha más personas. Naturalmente el acceso a la alta moda seguía reservado a la clase más alta pero, también van iniciándose los grandes almacenes que copian y permiten llegar a las mujeres a la moda.

Son los años del avant garde, de la vanguardia japonesa y de los impresionistas. Y con ello, llega un nuevo estilo: la mujer sin corsé lleva trajes que empiezan a enseñar su cuerpo. Fortuny y Madame Gres crean sus diseños partiendo de la cultura clásica, que ven como la antecesora de todo. Al mismo tiempo conviven aún con Worth y sus hijos que siguen proponiendo un estilo algo más antiguo: el del polisón y el miriñaque, la silueta eduardiana y un físico largo, recto y severo.

Incluso en Lanvin, madame Jeanne Lanvin, crea vestidos únicos para el momento. Su robe de style triunfa tanto que abre todas las portadas de Vogue y define buena parte de los inicios del siglo XX. Introduce los colores brillantes para la noche y el corte es una audacia: no se sabe muy bien qué pasa con el corsé pero el juego de volúmenes es maravillosamete delicioso. Las mujeres elegantes llevan Lanvin en esos años.

Pero no falta mucho para que Poiret destierre todo eso. El corsé desaparece, las mujeres se convierten en mariposas japonesas y andan a pasitos muy pequeños porque la falda del francés que ama las 1001 noches no las deja caminar. Mientras, Madame Gres plisa sus vestidos, pliega la tela como la de las viejas estatuas griegas y en París todo el mundo habla de los rusos que llegan exiliados de Rusia tras la salida del país de la Gran Guerra y el triunfo de la Revolución Rusa comunista.

Chanel está con el Gran Duque Dimitri y su casa se vuelve rusa. La Gran Duquesa María borda en el taller y aparecen las pieles sobre los vestidos de noche. Ya no hay duda de que Coco Chanel es la gran dama de la moda del siglo XX, su talento se empieza a ver aquí: vestidos largos blancos y negros. Especialmente es conocida por su vestidito negro, ese que se lleva con el perfume sintético que ella ha creado, el Nº5, y que es el uniforme de la mujer moderna. Un Ford firmado Chanel como lo llaman en Vogue está cambiando el mundo, de repente, todo es negro. Incluso las bailarinas del Folies Berguere donde Josephine Baker brilla con su falda de plátanos.

En cuanto llega 1929 y la bolsa se desploma el jueves negro dando lugar a la Gran Depresión, todo se tiñe de blanco. El cine y la moda van parejos de la mano de los grandes estudios que, crean sus estrellas más bellas. Incluso Chanel hace una pequeña incursión en Hollywood. Luego llega el vestido Letty Lynton y, sobre todo, de veras que empiezan las variantes baratas, las copias, de los trajes de las grandes estrellas.

Elsa Schiaparelli hizo su aparición en los años 30s de la mano de los surrealistas. Les decía a las mujeres que, para la vida diaria y para las situaciones extraordinarias, lo mejor era el surrealismo. Si se inicia trabajando con Poiret, continúa siendo amiga de Dalí y de Cocteau. Propone a las mujeres que lleven zapatos de sombreros, vestidos de langosta con mahonesa y guantes con notas de música. Vestidos de noche de muchos colores e, incluso, en tejidos sintéticos. Schiap crea vestidos de nylon, de goma, de caucho, de punto.... y Chanel la odia. Claro.
En los años 40s, cuando la II Guerra Mundial se va tejiendo, Chanel cierra su casa de modas y apenas queda Balenciaga y cuatro modistos más que le plantan cara a Hitler para que no se lleve la Costura a Alemania. El problema es que Francia tiene los brazos en alto y, hay racionamiento para los civiles. Apenas si hay seda, porque se usa para los paracaidas. Las medias están racionadas. Las mujeres se pintan los labios con vino y es el pelo de Veronica Lake, el peak a boo, el corte de pelo que se pone de moda a juego con vestidos que vuelven a la femineidad. El pecho, la cadera y la cintura se marcan para devolver a los hombres las ansias de femineidad.

El culmen llegará tras la II Guerra Mundial cuando en 1947 Christian Dior enseñe en febrero a todos los periodistas de moda su New Look, una forma de vestir pensada en las mujeres como flores, se llamaba Corola originalmente, y luego finalmente llevada a cabo por un normando que quiere que vuelva la femineidad, el corsé y las caderas fértiles. Cuando Chanel lo oye, casi no se lo puede creer.

En los 50s, las mujeres se convierten en las amas de casa perfectas, algo desquiciadas quizás, pero en medio de la bonanza económica de la Guerra Fria, de los ganadores de la guerra, en USA se vive una explosión de riqueza. La mujer se convierte en una rubia, con estilo, que sueña con Marilyn Monroe y con Jackie Kennedy. Grace Kelly y Audrey Hepburn contemplan el plantel de estrellas con el que soñar y, son, precisamente, sus estilos los que triunfan hasta los años 60s.

Givenchy para Audrey, Oleg Cassini para Jackie, Marilyn enterrada con su Pucci verde agua como toda la Alta Sociedad ociosa y Grace Kelly vestida de Edith Head, de Adrian, de Pucci, de Givenchy y de Chanel. Las mujeres desean parecerse a ellas. Aunque los jóvenes se mantienen un poco al margen: si en los años 20s eran las flappers que Lanvin creaba, ahora el movimiento hippie ve todo eso un poco mal. Como mucho, los vestidos de Rabanne, los Swinging London de Twiggy con la minifalda de Mary Quant y el corte de cinco puntas y nada más. A finales de los 70s apareció Halston, todo el mundo trataba de ser el mejor y Capote, Andy Warhol y Bianca Jagger se disputaban con YSL el título del más escandaloso: Saint Laurent creó blusas transparentes que dejaban al aire el pecho de la mujer y adaptó para ellas el smoking. Una vuelta de tuerca.

Cuando llegaron los 80s y los yuppies, Armani creó una mujer oficinista. La versión femenina del tiburón de los negocios. Y Versace creó a sus valkirias con Claudia Schiffer hecha una sirena, con Naomi Campbell convertida en una amazona vestida de rosa, con Cindy Crawford envuelta en dorado, Christy Turlington envuelta en imperdibles y teñida de rubio y Linda Evangelista entronada como la reina con un vestido verde transparente. Antes de morir, definió su estética como la ropa que llevan las putas mientras que Armani era la ropa que llevaban las señoras. Junto con Mugler, Montana y Alaia los 80s se convirtieron en lo mejor. Las estrellas de cine llevaban rojo Valentino.

En los 90s, llegó Tom Ford. Y el sexo con él. Y toda una revolución en el concepto de la marca y de la fiesta. El sexo de Versace se reescribía. Las mujeres eran poderosas y los hombres respiraban sexualidad por los poros. John Galliano hacía de chico malo en Dior y McQueen creaba pesadillas y sueños desde su marca, ángeles y demonios y locas de la Revolución Inglesa. Actualmente, el panorama ha cambiado poco: más nombres y más variedad.

Quizás, lo único que merece la pena señalar es la llegada de la moda rápida. Zara, H&M, Mango, Primark, PromoD... y, bueno, Karl Lagerfeld diseñó para los suecos, luego Viktor & Rolf, Madonna, Sonia Rykiel, Comme des Garçons y... !Alber Elbaz! Por fin, vestidos de ensueño a bajo precio. Por fin de “marca”. Ya no son copias, ya no son inspiraciones. Llega la moda de verdad. Al menos desde el 23 de noviembre en H&M. Mucho tul, muchos escotes y una nueva mujer que no quiere flores, quiere Lanvin. Al menos, eso cuento en UMNO.

jueves, diciembre 02, 2010

El Demi Monde


Antes de que Chanel apareciese de sopetón en el mundo de la moda, las mujeres eran algo muy diferente a lo que ahora conocemos, e incluso, a lo que ahora pensamos. Decir de ellas que eran muñequitas me parece, a todas luces exagerado, en tiempo de Klimt se decía que "la mitad de los hombres tenían sífilis" y también la vida circulaba en los cafés. En el Moulin Rouge sólo podían disfrutar los hombres y el encanto opiáceo de las cortesanas era disfrutado por la Alta Burguesía, la nobleza apartada a empellones de su dinero pero con su honor intacto y algún dandi perdido amigo de Lautrec y su camada que se revolcaban ansiosamente entre el talento, la locura, el histrionismo y el exceso perenne.

Decir de ellas que tenían una vida regalada, que arruinaron a barones, sin pasar por la vicaría y sólo disfrutando de los saltos de cama, porque les hicieron comprar castillos, joyas y vestidos en Chéz Worth no es nada exagerado. La leyenda más viva es, quizás la de la polinesica Mata Hari, que sin ser polinésica, reptaba entre cuerpos de oro y sostenes metálicos al más puro estilo Rabbane entre oficiales y mirones que se deleitaban con las curvas fértiles de su vientre.

El fin de siecle fue, evidentemente, una crisis.
Pero, la decadencia es hermosa.
Febrilmente hermosa como lo fue ésta.

martes, octubre 05, 2010

Galliano Tiene Un Cazamariposas


Muchos desfiles me recuerdan a mariposas. No sé porqué me pasa. Debe ser esa rama metafísica que tienen, eso del alma, de Er platónico, de todas esas cosas. Pero cuando veo el desfile de Galliano me lo vuelvo a imaginar. Veo a chicas de los años de la Belle Epoque, arremangándose las faldas, persiguiendo a esa mariposa casi extinta con las alas rosas que promete un buen matrimonio.


El imaginario de Galliano me es de sobra conocido: años 20, medias, locas, pelo de colores, basura, tiovivo, ropa arrugada, tocados, maquillaje extravagante, poses exageradas, un halo años 60s, corsés de la Belle Epoque, cortes lenceros, mujeres con bocas diminutas muy perfiladas, manicura francesa en colores y uñas muy largas y muchas capas de ropa, una lámpara de sombrero, un montón de marineros ingleses, de reinas que pierden la cabeza, de sangre, de gótico, de India, de putas y fulanas de Inglaterra, de francesas que ponen morritos, de luz de velas, de túneles del tiempo, de nieves extrañas del Kilimanjaro o de donde dios sepa y todas esas cosas.


Pero siempre me le creo. En Dior le chiflan las grandes damas con el pelo glamouroso, vestidos transparentes que marcan la cintura, escotes y pliegues japoneses y papiroflexia. Varios universos en uno y muchos metros de tela de colores mientras avanzan por un salón parisino, decadente, donde los ilustrados tomaban café y emborronaban cuadernos.


También me creo sus viajes exóticos. Cuando va a China, a Japón, a India, a las nieves del Nepal, del Kilimanjaro, a las costas normandas de Dior y a Francia perdida de un pueblecito nostálgico. También cuando viaja al futuro absurdo de cortes imposibles y damas negras. Cuando va al espacio y se topa con el sol y la luna. Y cuando planta a chicas con medias de costura y mohín de mujer fatal. 


Y eso es lo que importa. 


Sé que es una pesadilla y un sueño. Porque en el fondo el viaje no es más que la escapada de una chiquilla en busca de una mariposa. Pero hay viajes que dan para mucho...

sábado, agosto 07, 2010

Verano Azul




Vuelvo a colaborar con la revista UMNO en su número de agosto. Ésta vez hablando del traje de baño, complemento indispensable en las vacaciones pagadas de la burguesía, el proletariado, la clase media, la población occidental o como uno quiera llamarlo. El fenómeno de cobrar por un mes en el que no se trabaja se remonta a aquello de 8-8-8 (ocho horas de descanso, ocho de trabajo, ocho para dormir) y al anarquismo y al socialismo -más a éste último- que reclamaba buenas condiciones para los obreros.

No quiero hablar de falansterios ni cosas así porque eso, si bien es una anécdota interesante, también es absurda. Las vacaciones pagadas suponen que un montón de gente pueda -sigh- irse de vacaciones y que cambiar de ciudad -de lugar o de casa- no sea una cosa exclusiva de los ricos-guapos-famosos del momento.


La gente empieza a colonizar las playas. Que antes se veían como, bueno, algo que estaba ahí. Y que daba al mar. Ésa tierra de piratas y de pescadores. Y de aventuras y peligros. Y que congregaban hoteles de cinco estrellas, señoras encorsetadas con damas de compañía (tengo una amiga que fue dama de compañía -si bien no de una señora con corsé- sí de las que iban a estos hoteles) y gente que paseaba por el paseo marítimo -sigh- como Chanel en sus años mozos. Y, se atrevía a tomar el sol a medida que pasaba el tiempo, a jugar en la arena, a bañarse (con casetas por supuesto) y con trajes de baño dignos y a esas cosas.
De ahí a las flappers desvergonzadas. A los felices 20s y al automóvil hay un paso. Sin olvidar el ferrocarril a la playa. A Cannes. A la Costa Azul. E incluso a Normandía. Chanel hace bañadores. Hay quien toma el sol. La clase media se vuelve media de verdad. Hay un par de guerras de por medio. Y con la II Guerra Mundial todo está como hoy.

Y aparece la lycra y el traje de baño y el !biquini!.


No hemos cambiado tanto.
Somos animales de costumbres.
Y vivimos del verano.
Así que me he interesado por esta cultura de la playa y del traje de baño. Todo en UMNOEnlace .

domingo, abril 25, 2010

Cortesanas


En el fin de siécle bajo la perspectiva artística del modernismo y del orientalismo, se pusieron de moda las estéticas orientales y las sederías de Oriente. Ellas, las cortesanas más famosas de la historia tras las preferidas de Versalles, se vestían de plumas, de sedas y de terciopelos.