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miércoles, abril 20, 2011

El Propio Pasado Y El (Im)Previsible Futuro



Sabía que había visto estos colores en alguna parte. Y no solo porque el rosa sea el color de la temporada, que lo es, sino porque también estuvo en nuestro pasado. Este rosa émpolvado se llevó a finales de los 80 cuando los tonos de Miguel Ángel parecieron ponerse de moda en la ropa. Mucha gente no lo recuerda o no lo sabe porque la memoria colectiva de los 80s se reduce a ciertas veleidades Almodovarianas o la era del sida y Halston que es barrida automáticamente por Mugler, Montana y Alaia o Versace con sus melenas rubias, sus caderas estériles y los andares de valquiria del inframundo. Pero estos años también estuvieron.


Unos años en los que a Lagerfeld le dio por un Mediterráneo que tiene muy abandonado. A Lagerfeld le interesó la luz del sur de Francia, el mar que parece de postal, los cielos azules y los campos de lilas llenos de trigo en los que vino, vida y amar se hacen uno entre sábanas blancas y los sonidos propios de la cosecha y la jornada de sol a sol. Es cierto que su visión era lírica, melancólica y propia de una Arcadia que no podía ser pero aún así la bellísima teutona rubia, la Schiffer, tendía y recogía su ropa entre una luz celestial vestidita de negro Chanel, miraba al sol y al cielo con un vestido blanco y el pelo hecho trenzas en lo alto de la cabeza o paseaba entre campos de espigas verdes y oro buscando la vida que se escapaba entre respiraciones.


Luego Karl Lagerfeld volvió a Alemania, se olvidó del sur de Francia que es España con sus toros, sus acueductos romanos, sus templos antiguos a los que las floren les crecen por las esquinas, se olvidó de las manos ancianas que bordan, de los niños vestidos de perlé cuando gatean y las niñas vestidas de piqué cuando corren. Se olvidó de las mañanas de domingo, de las tardes de viernes y de las mañanas de lunes y puso sus ojos en una Europa más fría, menos cálida, menos risueña, más desarrollada y envolvió a la rubia que vivía en el cielo de los viñedos en tweeds, en cueros y en insignias metálicas delante de las puertas de Berlín.


Poco más tiempo le ha dedicado Lagerfeld a la melancolía después. Más bien nada. Le ha absorvido el presente, el presente convulso de la tecnología, la acción, las heroínas de ciencia ficción, el poderoso dolar verde y los desvaríos de cantantes de rock, de Briggite Bardot y de la adolescencia teen que tiene blogs y ego y dinero para gastar ("pasta larga" que diría Vivian en Pretty Woman). Los pantalones llegaron a la Costura, el vaquero revolucionó el mundo de tweeds, perlas y acolchados en Chanel y Lagerfeld se plantó el mundo por montera haciendo que en Chanel se vetara a todos los que tuvieran demasiada edad celebrando los cantos a Narciso, bello, joven y maldito antes que a la senectud del invierno.


Se ha dedicado a las jovencitas de risa fácil, de taconeo tonto, de murmullo demasiado alto, de fugacidad contenida, de juventud ignorante y ha olvidado un poco a aquellas grandes damas que corrían por la Ópera diciendo no, que cantaban con sus balcones en pleno París la balada al desamor del egoísta, que creían que a un hombre nunca se le odia tanto como para devolverle los diamantes y que no sabían nada de gatas sobre tejados de cinc calientes olvidando que Tiffanys no era una primera necesidad sino una bagatela de la indiferencia. Chequera, pitillera de oro y pluma Cartier. Perfume algo antiguo y ramilletes de peonías por una casa con más de Gagosian que de Colette. Y desde luego, más de Sorolla que de Warhol.


Supongo que las jovencitas le han traído alegría a Lagerfeld sobre todo en los pequeños detalles. Son coquetas, caprichosas como gatitas y divinas. Tienen ese joi de vivre que entusiasma y que lleva a hincar la rodilla en tierra con un anillo que no se puede pagar dentro de una caja de terciopelo y de prometerse por toda la vida cuando solo se alcanza a pensar en los siguientes veinte minutos. Se contonean deliciosamente, aún no saben nada de amarguras y solo piensan de la femineidad que es algo que sirve para divertirse y disfrutar, teniendo que arquear las cejas cuando oyen esa vieja consigna de Prada que las habla de "femeninas pero no débiles" porque ellas no saben aún ni de fortaleza ni de adversidad ni de vacas flacas. Piel tersa y expresiones candorosas es lo que tienen... y bueno, quizás también... ganas de príncipe azul.


Porque al fin y al cabo, el amor es lo que ronda por todas las colecciones de Lagerfeld. Amor que se consigue por la belleza, por el ingenio, la sofisticación y el querer ser mejor para estar con el otro. Lagerfeld no sé si sabe mucho de amor, de amar... tiene el lirismo de un poeta  y la frialdad de un genio para con las pasiones, cuando quiere fuego es un volcán y al siguiente segundo extiende una lengua de hielo por el magma dejándolo muerto. En sus colecciones veo mucha más sofisticación, mucha más delicadez, mucha más amabilidad, simpatía y erotismo que amor.


Aunque siempre destaca el amor por el trabajo bien hecho. Que supongo que para los solitarios como Lagerfeld o como la propia Chanel es una prima de satisfacción. Coco se paseaba con aquel cigarro de obrero entre los labios dando órdenes y diciendo "esa sisa así no, que tira, cruza los brazos para que no sea estrecho, muévete, ven ven, aquí, si, aquí, dejénme a mí, yo lo haré, no saben hacer nada, a ver... cruza ahora los brazos, ¿ven? todo está bien cuando se pueden cruzar los brazos..." y seguía fumando mientras tanto. En cambio, Lagerfeld se deleita en los bordados -esta colección de HC primavera verano 2011 está confeccionada bordada íntegramente, hilo a hilo sobre una mesa con pasador- y en el brillo de las aves que vuelan en la noche.


A veces parece que se vuelve francés porque veo sus Maria Antonietas, sus recogidos versallescos, su afectación excesivamente brillante, vibrante, cursi, ñoña, rosa pastel, blanco cristantemo y ampuloso el perifollo pero otras me parece solo delicado. Se que todas sus Maria Antonietas piensan en su Petit Trianon, en sus gallinitas, en sus huevos, en la vida silvestre, en las margaritas, la leche fresca, el agua del abrevadero, la noche estrellada y en el amanecer. Y eso sólo tiene una explicación...


Cuando le preguntan, Lagerfeld dice que se inspiró en aquel cuadro de Marie Laurencin que Chanel rechazó porque no se encontraba en él, porque aquel delirio de los años 20 con una Coco modosa, lánguida, perfumada como una diva de Cabaret apartada de la vida de cocotte poco tenía que ver con esa Chanel que ella era y que ya no recordaba nada de las canciones que le susurraba a Etienne Balsan. Pero yo sé la verdad. Lagerfeld nunca ha podido quitar de su mente aquella rubia riseuña que corría por los prados del cielo envuelta en violetas y en rosas frescas que aún conservan su olor, que tomaba vino apoyada en la baranda y que lo mismo era capitana que timonel con tal de arrancar una sonrisa al hombre de su vida, sí, ese que hace la foto. No quiero decir nada más sobre los viejos tiempos, son viejos pero... fueron tan buenos. 

lunes, abril 04, 2011

Dulces Niñas



Karl Lagerfeld y Chanel contra un felino de esos que Dios creó para hacer que el hombre creyese que acariciando un gato, acariciaba un tigre. No sé con cual me quedo, sin duda, la belleza tranquila de las mujeres de Chanel es silenciosa y mística, casi morganática y sin embargo parece que la hechicería también habita el corazón de la mujer tigre como aquellas de Turquía.

Y, miren, qué más da.
La belleza es la belleza.
Apréndanlo pronto.

viernes, marzo 18, 2011

Tres Olas


Como un tsunami. Tras la primera y la segunda ola del feminismo, tras la primera revolución de Coco Chanel y su segunda rentré en el mundo de la moda, tras el sexo descarnado en Gucci y la segunda versión de la hiperfemineidad de Tom Ford, Karl Lagerfeld decide que hay una nueva era Chanel en la que la luz se enfrenta a las tinieblas, el mal se enfrenta al bien, la noche lucha contra y el día y el resultado... el resultado es quizás lo más bello porque... ni hay noche, ni hay día, ni hay luz ni hay oscuridad... tan solo queda la bruma.


La nueva era de Chanel es sencilla, ya no hay dudas ni temores, ya no hay fríos ni calores sino tan solo personas.Seres, casi hadas, casi ninfas, casi Morganas, casi medievales, casi renacentistas, casi griegas, casi contemporáneas, casi industriales, casi comunistas, casi años 20, casi hermosas, casi antiguas, casi ... mágica.


Evidentemente, esto es Camelot. Morgana ahora lleva pantalones, Arturo tiene el pelo blanco pero está completamente en forma como último rey de la Costura y Ginebra.... ah la bella Ginebra. Ha encarnado a Lancelot ahora, como en aquella vieja historia en la que la doncella se vuelve guerrero y combate, no por un príncipe, sino por el alma de su reino. Karl es Arturo y Freja es Ginebra, bella, inmensamente bella. Stella Tennant debe ser Morgana, la hermana, la amante querida y olvidada...

jueves, marzo 10, 2011

La Reina Del Hielo


Lady Sarah Burton, una segunda en la sombra al estilo Frida Giannini o la italiana maldita, la Fachinetti, en el Gucci de Ford, al estilo Stephen Johns de Galliano, al estilo del personal de Prada o del equipo de Lagerfeld o, en general, de las "manitas" de todas las grandes marcas, y de las pequeñas, y, sí, por ejemplo, también de los grandes y buenos diseñadores de Zara, por poner un ejemplo. Pilati para Yves Saint Laurent también era un segundón y demás... incluso Paul Poiret fue un segundón en varias casas, entre ellas, en Worth.


El problema de todo esto es la vieja dicotomía de la que ya Poiret fue consciente, mucho antes de que la tiranicida Chanel eliminase el corsé de forma definitiva y un poco antes de que Fortuny convitiera Europa en un harén griego y persa al tiempo. O montas tu propia firma, o si trabajas para otros tu estilo se difumina, se borra, se diluye, acaba siendo de los otros, acaban comprando en Worth con firma Worth las obras de la mente de Poiret y cuando -hipotéticamente- te arriesgues a crear tus propias obras la gente solo verá Worth pese a que "ese" Worth era Poiret. Básicamente, casi 100 años después, ese es el problema de McQueen. El que es sin ser y sin saber si los sueños son sueños o no.


Sin duda, esta colección inspirada en la Reina de la Nieves, en la Reina del Hielo es, exactamente eso, fría. Todo podría haber salido de la pluma de McQueen: los zapatos altos y descontextualizados, las cascadas de rosa bajo corsés renacentistas casi esmaltados como la porcelana de Sevres, golas españolas ahogando el cuello, androginia modernista casi de ninfa de Mucha e incluso algo de futurismo. Los vestidos parecen cincelados en bloques de hielos de los que sale una mujer como Atenea salió armada de la cabeza de Zeus, la primavera fértil se ve ya en la nieve estéril y se aventura que sí, que será un buen año. La tecnología metálica y extraña, casi sinuosa, se entrevé en los pasos del principio donde los abrigos parecen sacados de aquella colección de Chalayan en la que una mesa se volvía una falda y una mujer vestida entero era absorvida por una pamela hasta aparecer desnuda.


Pero sí, solo hay que fijarse un poco. La Reina del Hielo está muerta, quiere hacer creer que está viva, que el invierno es poderoso, que la muerte recorre los caminos con hielo y que, quizás, antes de la primavera uno se tope con la Parca. Pero, al final, es frío. McQueen sin McQueen se queda en un amago, tierno, bueno, tranquilo, plácido, que no daña la vista pero que tampoco alegra el corazón. Amago al fin y al cabo. Es cierto que de esta forma la casa McQueen no es un fantasma, que no se pierde en el olvido, que uno no se lleva las manos a la cabeza para decir "Dior debe revolverse en su tumba cuando Galliano saca clochards en la pasarela", que uno no dice "Coco Chanel le partiría al kaiser la cara si viera su afectación en la marca, esa afición por repetir y replagiarse a sí mismo y esa defenestración de lo que Chanel fue en sus inicios". Pero no se espera como el agua de mayo con el que -yo- esperaba al Dior de Galliano ni al Chanel de Lagerfeld. Esto está, esto pasa y esto se ve y se comenta y todo está bien porque no está mal.


Pero este fantasma ni siquiera viste de negro como la muerte, porque no sabe que está vivo. Sarah Burton puede hacer una balance, sin duda, positivo. Nada es criticable, nada está mal, nada es horrible. Pero nada te deja sin aliento. Todo es bonito. Sí. Como el Valentino de Fachinnetti. Ser más Tom Ford que Tom Ford no augura nada bueno, ni ser más Valentino que Valentino. Al final, como no eres ni el uno ni el otro, desapareces. Hizo bien la Iglesia en quitar el limbo, ¿qué es el limbo?. Mucho peor que el infierno. Háganme ustedes caso, agénciense una moneda nueva para pagar a Caronte que es peor esperar que desesperar.

Magnetismo Animal


Parece que todo queda en casa en el grupo LVMH, o mejor dicho, que todo queda en su grupo ahora que han comprado Bvlgari -no se puede citar la cifra por miedo al shock- y es que lo fundamental de esta colección es que Galliano, en su última ¿?, bueno su última colección de pret a porter a buenas en Dior, se inspiraba en las chicas hot de Hawai, de Oriente, en las pin ups y... voila! Tiscci también se fija en esas mismas chicas.


Bueno, Tiscci que es el diseñador de Givenchy, se baraja ahora como nombre para Dior tras el a malas con Galliano. Quizás por eso está el misterio en que el antaño melancólico, el antaño gótico, el triste y soñador Ricardo, se haya convertido en un animal selvático, magnético, intrépido que, en vez de cu,mplir la sentencia de antaño de "Dios creó al gato para hacer creer al hombre que acariciaba un león". Parece ser que Tiscci ha hecho el paso contrario, acariciar a la pantera y dejar de ser el gato...


La colección trata, al fin y al cabo, del magnetismo. Nuevas zonas erógenas, como en el Dior de los años 40 de Galliano en el que las perlas combinan con todo, sobre todo con el champagne y la frivolidad. Son las rodillas, por ejemplo, quizás por eso de la flexibilidad, de la velocidad... o la cintura, la cadera en el lugar exacto y las falsas pieles que nos ponemos para disimular.


El cuero animal sadomaso se combina con la sutileza de las transparencias. Los tacones altos patean un cemento rematado con lilas y las formas que no lo son, el pecho que no se intuye, las mangas que caen y el vientre suelto, etéreo, acaba estampado con la belleza fugaz y poderosamente sexual de una Afrodita contemporánea que nada tiene que ver ni con la muerte, ni con la vida, ni con absolutamente nada mitológico o ctónico, en absoluto. No obstante, sigue habiendo mucho de Tiscci en el ambiente bajo toda esa postmodernidad de la jungla y, aunque la melancolía pasa a una apuesta más vital, la pantera sigue siendo negra. Negra como la muerte y como la vida. Púrpura casi, como el veradero poder y´, sí...


Hermosamente amarilla como un rayo de sol.

viernes, febrero 04, 2011

"Lamento No Haber Creado El Vaquero" Y las Segundas Partes


La Alta Costura de 2006, invierno. Lagerfeld escandalizó -un poco- y gustó -otro tanto- en una de sus mejores colecciones -para mí, muy arriba entre las tres primeras- y luego las cosas que sacó en pasarela se vieron por todas partes. La Wintour pre Carine post cháchara del Diablo Viste de Prada y todo aquello, estuvo muy emocionada con la colección y de hecho se paseó con ella por todos los sitios, con un montón de piel y sus collares de cuentas. Las estrellas en auge llevaron muchos vestidos de los que Lagerfeld diseñó y pasado toda la jarana inicial fue una colección muy aplaudida.


Para mí la mejor de estos tiempos en Chanel. Siempre que la veo pienso aquello de Yves, "lamento no haber inventado el vaquero" y me acuerdo de Lagerfeld. Lagerfeld-Yves vidas paralelas. En esta colección Lagerfeld no hizo nada que no supiera hacer de antemano, rejuveneció un Chanel metido en la mrotaja, encumbró a la Schiffer y empezó a fotografiarlo todo, remobió plumas, sombreros, cadenas, perlas y 2.55 como un combinado y se sacó una casa exitosa de la manga, de la más alta calidad e insiginia de Francia.

Y Lagerfeld demostró no sólo que el vaquero puede ser elegante -eso no es ninguna sorpresa sin embargo, veo todos los días magníficos ejemplos no solo de la versatilidad del vaquero, de lo chic que puede ser (y también de lo espantoso claro)- sino que podía ser lujoso más allá de añadir como llevaba haciendo Roberto Cavalli ya unos cuantos años. Los cortes de la colección eran perfectos, los accesorios, en los que Lagerfeld suele desmadrarse y proponer o bolsos-cubito de hielo (!guays!) o zapatos-pistola-condicional (ugh), virgencitas con la cabeza llena de papel o novios metálicos y con cabeza de león, eran sobrios y exquisitos, las horquillas de perlas eran deliciosas, los zapatos repujados y dorados, soberbios, los mitones, divinos.


De hecho, tras esta colección Lagerfeld se volvió a interesar por el vaquero y por el aspecto más ¿juvenil? -no lo se, yo no diría que esta colección es joven, diría que es buena.- del asunto. De repente, la América que gustaba y sorprendía a Chanel a él también le conquistó: el bonito y verde dolar, los Kennedy, el pre Obamismo ¿?, el monte Tamalpais, los tacos, Nevada, Las Vegas, Bob Mackey, Marilym, Lindsay Lohan alcóholica, drogada, conduciendo borracha y yendo a fiestas con su pulsera de la condicional en el tobillo fue su inspiración. Todo era vaquero y todo olía  muy nuevo, a aspiraciones y a, sí, un poco de vulgaridad made in nuevos ricos.


En su última temporada de HC, 2011 primavera verano, Lagerfeld vuelve a sacar el vaquero -versión 3.0 ya- porque esta vez ni siquiera tiene mucha gracia, aquella de Lindsay, las modelos jugando al tenis y todo tenía su risa, su chiste, su ... sonrojo pero su !oh! que al fin y al cabo está bien que nos den una sacudida de vez en cuando para que no nos desmayemos de autocomplacencia... pero esta, esta temporada, bueno, Lagerfeld se vuelve un tanto light: princesas descafeinadas, vaqueritos bajo las cosas porque una al fin y al cabo es una pijina que compra Telva y que ve a Preysler-señora Paloma Cuevas !qué poco duró vendiendo bombones que engordan, ella que se saca los niños de una col! -Judit Mascó -delgadita porque come Donuts light y sueños -o pesadillas- rosa pastel.

Atrás quedó esta maravilla.


Pero bueno, siempre podemos volver al pasado, que con su pátina de polvo siempre gusta. Aunque, este pasado, me parece tan interesante, que no tan nuevo, que es digno de señalar. En este desfile, también estuvo Stella Tennant que por cierto ha vuelto este año con Chanel al pret a porter en su pasada colección, desfiló con Ford en Nueva York -con grandes críticas, por cierto- y está en la campaña de Zara de esta primavera. Marina Pérez también se paseó por este desfile, Freja aún tenía el pelo largo y por cierto, el que la sacó de su ostracismo danés fue Lagerfeld en aquella campaña blanca, dorada, aséptica por la que muchas se pegaban. Y a Irina Lazarenau, por entonces, ami-enemiga de Moss le dio alas para que abriese el desfile, sacase un modelo al medio y lo cerrase vestidita de novia modelo de rockero en los 80s que se casa en las Vegas pero de blanco. Ay qué tiempos absurdos fueron y cómo nos gustaron...

lunes, diciembre 20, 2010

Vida, Muerte


En "El lápiz del Carpintero" cuentan una vieja historia de Galicia,

"una vez hubo dos chicas que se llamaban Vida y Muerte;
Vida iba vestida de negro y Muerte iba siempre de blanco.
Por las noches, iban de fiesta a buscar a los mozos pero pasaban por una zona de barro
y llevaban puestos los zuecos y los zapatos en la mano.

Ambas hermanas habían prometido que por mucho que ocurriera, siempre volverían...
pero una noche de tormenta, un barco cargado de acordeones fue arrollado por la marea
y los acordeones hechos tocar por la marea y el ritmo de las olas, sonaban maravillosos
y muy tristes.

Por la mañana, todos los acordeones estaban en la playa, destrozados, salvo uno.
Un mozo lo vio y lo empezó a tocar.
Tocaba tan bien que su sonido melodioso atrajo a la Vida a él
y por la noche, no volvió...

La hermana Muerte estaba conmocionada.
Así que estuvo esperando pero cuando llega el invierno,
se pone sus zapatos blancos y recorre con la nieve los caminos
buscando las pistas de su hermana perdida.

Entonces, llama a una puerta y pregunta,
"¿has visto a la puta de la Vida?"
y como nadie sabe nada,
los mata..."

miércoles, octubre 13, 2010

Blanca Va La Novia


Pienso en la contemporaneidad y en las tradiciones. A veces uno se estanca con un target de mercado y cuesta salir -o entrar- en la mente y en la vida de cierto público. Marilyn Monroe cantaba que los diamantes son los mejores amigos de la mujer pero Holly Golightly borraba de un plumazo todo aquello al decir que "veía los diamantes divinos para señoras mayores pero no para ella".

Y ahí se encontraban las firmas de diamantes. Las abuelas de la 5º Avenida no vivirían para siempre y, las nuevas fashonistas parecen preferir un bolso de Dior o de Gucci a unos chatones de brillantes o a una pulsera comprada por su flamante marido. Parece ser que un Porsche está más valorado que una tiara y que, además, !qué demonios!, ya nadie se pone eso.

Las joyerías, aparte del halo de glamour y de lujo, de prestar joyas a estrellas del cine, surtir a unos cuantos snobs y dar anillos de compromiso a algunos jóvenes yuppies y a algunas prometedoras pijas ven cómo su clientela va muriendo o desapareciendo.

El reclamo de la belleza y la elegancia perenne se desvanece con las chicas que quieren estar de moda cinco minutos con un vestido de 30.000 dólares para pasar a la semana siguiente al bochorno si no llevan el Nuevo It Must de la temporada en forma de, no sé, ¿un bolso de pitón morado con cascabeles azules y una ristra de pelo falso prendida del hombro?. No hay sitio en nuestra vida para los diamantes.

Sobre todo porque Audrey Hepburn logró hacer auténtico lo falso y actualmente casi todas las ¿estrellas? logran hacer falso lo auténtico. Con iconos así, entrar en Harry Winston parece improbable, muy improbable, en cambio, entrar en el nuevo garito de Prada es un hecho. ¿Cafetería, ropa, bombones, flores y alguna celebritie? Por supuesto. ¿Miradas por encima del hombro, bandejas con chucherías, miradas de soslayo y el vigilante pegado a tu chepa si miras cualquier cosa o pides probarte algo en Chopard?. No gracias.

No obstante.
Parece que se han dado cuenta y que vuelven a cargar.

Por lo pronto, la publicidad deja a las matronas enseñoreadas, a las sirenas del Old Hollywood y pillan de sopetón a una novia joven, tersa, poco convencional y muy moderna que mata el hambre con un sandwich. Y que además, oh casualidad, lleva un brillantón en el dedo.

Estamos cambiando.
A bien o a mal, según se mire.
Pero cambiando.

domingo, septiembre 26, 2010

Pucci, Bocaccio 70


Peter Dundas en Pucci deja clara su inspiración: ricos y famosos en la Costa Mediterránea, tanto en el mundo panhelénico pintado de blanco, de azul y que huele a aceitunas como en Marruecos con su tierra arenosa, sus tonos cobres, el té intenso y los mercados llenos de gente. Exactamente el tipo de persona que llevaba las prendas de Pucci en los años 70.

Se trata de gente que lo pasa bien. Chicas estupendas, con mucho dinero, paseos por la piscina, en el crucero y con un montón de pañuelos para ponerse por el pelo. Uno de esos grupos a los que el fundador, Emilio Pucci, pertenecía. Se trata, en el fondo de vivir la vida.


Hay quien se ha acordado de aquel Cavalli que sacó Mariacarla Boscono, rojo de terciopelo, con botas de caña hasta el muslo de color púrpura. Aquí, la musma chica ha tomado mucho sol, ha bebido un millón de dry martinis y ha cambiado el aire regio y soberbio por un rollo hippie de melena al aire, maría suave, un mar de turquesas y un par de novios que la rodean de aquí para allá en cuanto se mueve.


Con una sacudida de melena te puede llevar al fin del mundo. Quizás a caballo, con una Harley o como un ángel del infierno con sandalias de cuero y un vestido corto. Parece que casi lo oigo, Verushcka con su sahariana de YSL, YSL en Marrakech en su casa museo pintada de azul profundo en el que te puedes perder y los brotes de las plantas, verdes, naciendo por cualquier resquicio porque se nos escapa la vida entre las manos.


La influencia del Príncipe de Orán es inestimable. Un azul denso, tonos tierra muy cargados y tiempo para no hacer nada. Mucho tiempo para no hacer. Política de amor libre, una chequera que paga papá -o mamá o la abuela o quien sea- y tiempo para no hacer nada.

Infravaloramos el no hacer nada.
Sólo cuenta el hacer.


Y esta es otra forma de vivir.
Nada de coches rápidos, de vive deprisa y muere joven.

Este camino te lleva a otro sitio: a uno en el que no hay tiempo ni vueltas del reloj ni ninguna de esas cosas.


Ya seremos abuelos un día.
Ya llegaremos a Córcega y moleremos uvas y beberemos vino tinto.
Y vestiremos de negro pero, mientras tanto...

domingo, julio 25, 2010

L´Amour


Amor poco convencional.
Nada convencional.


Enfermizo.

Aburrido.


Insólito.
Típico.


Navokobiano.


Impúdico.


Erótico.


Sexual.


Trágico.

Dramático.


Y amor al fin y al cabo.