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sábado, octubre 05, 2013

La Hora Del Lobo










Esta colección está dedicada a las mujeres que me inspiran y a la showgirl que hay en ellas, Emmanuelle Alt, Jane Birkin, Betty Catroux, Carlyne Cerf De Dudzeele, Coco Chanel, Cher, Grace Coddington, Sofia Coppola, Victorie de Castellane, Catherine Deneuve, Claude Lalanne, Julie de Libran, Lady Gaga, Judy Garland, Katie Grand, Juliette Gréco, Françoise Hardy, Zizi Jeammaire, Rei Kawakubo, Madonna, Liza Minelli, Kate Moss, Loise Nevelson, Edith Piaf, Miuccia Prada, Lee Radzwill, Millcent Rogers, Sonia Rykiel, Carla Sozzani, Elsa Schiaparelli, Barbra Streisand, Diana Vreeland, Viviane Westwood y Anna Wintour 
Ya sean extrovertidas o esotéricas, son las figuras que mantienen el  lenguaje visual vital. Su imaginación estilo, creatividad, talento, visión y voz han cambiado nuestro paisaje 
Cuando miro  alrededor de París no es la profundidad de la ciudad lo que me quita el aliento, es su decoración y la ornamentación lo que me deslumbra. No se trata de pensar, se trata de sentir. No puede haber ninguna sensación más profunda que esto cuando golpea. Mientras diseñé esta colección está sensación cobró impulso. El placer de deleitarse con el  adorno puro de la belleza por la belleza. Conectar con algo en un nivel superficial tan honesto como conectar con él a nivel intelectual. 
A la showgirl que hay en nosotros.
16 años después de su primera colección para Louis Vuitton, Marc Jacobs deja la firma con su última colección: verano de 2014, toda de negro (y pantalones vaqueros muy 2000). En medio de los rumores sobre su sustitución, apuntando a Ghesquiére, se despide con esta carta en la que, es bastante evidente, que Marc Jacobs se considera un estilista más que un diseñador. 

También es evidente que Marc Jacobs tiene muchas amigas en la industria (Kate Moss, Emmanuelle Alt pero no Carine Roitfeld, que no nombra, Grace Coddington y, sobre todo, Anna Wintour). Y, además, en lo que parece un sincerísimo homenaje a diseñadoras que le han inspirado colecciones enteras, nombra a varias de ellas (Rei Kawakubo, muy presente en su colección final; Viviane Westwood, Sonia Rykiel, Schiaparelli, que tanto le influyó en su colección negra sobre el circo de los 40, Chanel y Miuccia Prada, con quien ha compartido temática de desfile en muchísimas ocasiones y temas). 

Es sorprendente que, entre toda la fauna que ha mezclado aparezcan tantas mujeres vinculadas al mundo del espectáculo, con más o menos fortuna crítica (Lady Gaga -pfff-, Cher -maravilla-, Judy Garland -icono gay-, Liza Minelli -más de lo mismo- Madonna, Barbra Streisand o Edith Piaf, pero también actrices como la Deneuve y francesitas como Hardy o Jane Birkin y directoras de cine como la Coppola (falta Liliana Cavani) que siempre ha sido amiguísima de Marc Jacobs). 

Personalmente, lamento que Marc Jacobs no haya incluido a hombres entre sus "musas". Que ya, que él habla de mujeres, pero podría haber mencionado a diseñadores que le han interesado como YSL, Galliano o McQueen -y Philip Treacy- pero también a directores de cine como Hitchcock, novelistas como Tolstoi o pintores como Vermeer que le han inspirado varias colecciones de forma patente. 

En una colección tan negra, situada en los alrededores de una fuente, cabe plantearse que Marc Jacobs sabía de su salida de la firma (no como Galliano en Dior, gracias al vino) y que a nadie le pilla por sorpresa. Los rumores llevaban ya un tiempo fluyendo por la industria por lo que, la metáfora del agua, quizá sea correcta. También la que reflexiona sobre lo efímero y la vanidad ya que, en rigurosa laca negra, figuras de desfiles pasados (las escaleras mecánicas, el ascensor, el carrusel... estaban y el reloj, en concreto, se dio la vuelta al acabar el desfile). Lo que bien puede significar un final como un principio.

En principio, Marc Jacobs se vuelve a Nueva York a centrarse en su marca (que va a salir en Bolsa). Como en todos estos años no sólo no ha perdido la simpatía de Anna Wintour -la ha aumentado- sino que ha conseguido que varias de sus prendas (las blusitas y vestiditos de piqué, por poner un ejemplo del verano pasado o los vestidos con detalles lenceros este invierno) hayan sido mainstream, parece que MJ tampoco tiene mucho de qué preocuparse. Vuelve a NY con la lección aprendida. Personalmente, nunca he sido una gran defensora de MJ (del que se decía que obró su mejor colección cuando su equipo se encargó del desfile mientras él se rehabilitaba) pero no sólo me apena su marcha de LV, una marca que, sin ser Hermés, es marroquinería de lujo pero sin ropa y que, precisamente esa carencia de histórico, permitía a MJ obrar con total libertad y sin que nadie levantara ni una ceja.

Ahora, dieciséis años después de que empezara a trabajar, se despide con una colección de color negra, alejada de histrionismos y puestas en escena pasadas. Los cortes son, sin duda, poco modernos. Sobre todo esos pantalones vaqueros con ese aire tan 00: ni pegados al cuerpo, con la cadera en la cadera -pero ancha-, que ni es de los 80 ajustado para una valkiria sino un tanto noventero. Pero bueno, un funeral tampoco es exactamente un desfile de moda y, si un desfile de moda es un funeral, tampoco es tan tan funeral. Quizá por eso la gasa cubriéndolo todo, con grandes aplicaciones, o las plumas de pavo real... O el mono, con el logo de LV de Stephen Sprouse como si fuera body-art que llevaba Edie Campbell. En realidad, Marc Jacobs será recordado por esa colaboración. Y por nada más. Pero cómo hay que echarle de menos.





domingo, octubre 21, 2012

LV Es Mucha Gente


 Unas enormes escaleras mecánicas bajan, como del cielo, transportando a las modelos. Los centros comerciales están de moda. Surgen por todos lados como las setas. Pequeñas poblaciones que, de repente, reviven gracias a un centro comercial. ¿Y por qué no?, ¿acaso vivir en Albuquerque (que está tan perdido que ni sé cómo se escribe) implica no tener cultura suficiente para comprar, por ejemplo, la última colección de Marc Jacobs? Por primera vez en la historia del mundo, vivir en el quinto pino no te excluye de nada. Lo primero, por Internet y lo segundo, por los centros comerciales. Una maravilla. Vas allí y tienes un día perfecto. Veinticuatro horas de diversión para toda la familia. Es como irse a vivir a Las Vegas y pasar por París, por Roma, por Venecia, por Gucci, por Dior, por McDonalds, Starbucks, por las tragaperras, por los fuegos artificiales, por los camiones monstruos y las acrobacias de los motoristas. Porque, para qué vamos a engañarnos, este modelo es completamente americano. Va la suegra, la madre, el padre, los niños... y comen, compran, sudan, corren y juegan, gastan algo de dinero y para casa. Sin embargo, ahora no se queda la cosa ahí, ahora para Louis Vuitton los centros comerciales son lo más.


Una pareja de modelos vestidas de cuadros amarillos y blancos abrió el desfile de primavera verano 2013 de Louis Vuitton, todo geometrismo (tendencia que ya se había visto en la colección de Marc Jacobs para su propio nombre en la Semana de la Moda de NY para verano de 2013) y marketing. El amarillo, chillón, te traslada a una de esas heladerías de Estados Unidos en los 50s donde podías encontrar una pandilla de motoristas y a chicas con sujetadores cónicos y grandes ojos de gato. No son nada sexies pero son como un sorbete: monas y refrescantes que es lo que parece que a las mujeres les gusta ser, sobre todo, por el éxito de la pasada colección de primavera verano 2012 de Marc Jacobs para Louis Vuitton: todo azúcar y candidez. 


De hecho, la colección tiene un aire de continuación. Ahora es menos fifties y más sixties pero la idea es la misma. Lo que los hombres desean encontrar en una mujer parece quedar relegado a un muy lejano segundo puesto porque estas chicas compran porque comprar es divertido y porque ser guapa y estar guapa es divertido. Por favor, esto son los sesenta: padres divorciados, perder la virginidad en la parte de atrás de un coche tras el baile de graduación del instituto y la sensación de que todo esto puede acabar cualquier día porque o vienen los comunistas o nos sueltan una bomba atómica. El país -EE UU- es joven (como su presidente: JFK) y el mantra de la generación no es "haz el amor y no la guerra" -eso se lo dejamos a los que fuman maría- sino "consume, compra y sé feliz". 


O muy corto o muy largo, o muy cerrado o muy abierto. El concepto de los gemelos, del yo y mi otro yo (yo y mi alter ego) está sobre la mesa en Louis Vuitton. En general son niñas buenas pero con un punto chillón. Son la niñita de papá y la camarera que masca chicle del auto-bar. No hay que tomárselas muy en serio porque es evidente que están un poco locas. Son chicas, van juntas a todas partes (al baño, a clase, a la cafetería...), llevan lazos en el pelo y se ríen demasiado fuerte. El juego de las modelos a pares podría distraer, podría pecar de frívolo (en LV casi siempre hay un exceso de ruido, de cosas que suben y bajan, de accesorios y música estridente) pero la verdad es que funciona.  Así, en 33 pases, vemos 66 modelos sin cansarnos. Eso está bien, no hay nada peor que desfiles eternos con prendas cambiadas de color... 


Además, los 60s no fueron la civilización de la individualidad sino la de la homogeneidad total (escondida bajo horas de psiquiatra e intentos de ser original). Al final todos deseamos que nuestro hijo sea "normal" y no vaya al loquero, tenga pareja, hijos y tal. Que no le vaya demasiado mal. Eso es lo importante. Hubo algunos en los 60s que se creyeron lo de la Era Acuario y tal pero no pasaron de irse a Ibiza y poco más. Sin embargo, los 60s trajeron la semilla del low cost que hoy conocemos y, especialmente, de la producción en serie de, por ejemplo, Inditex. Coco Chanel se hizo famosa de nuevo (ya estaba olvidada tras la II Guerra Mundial y su exilio en Suiza) gracias al Elle americano porque, en Europa y más concretamente en París, poco pusieron de su parte para con aquellos trajes de chaqueta sin más ni más que Coco lanzó al horrorizarse con el New Look de Dior. 


Por si fuera poco, Coco Chanel en los 60s se chifló por las copias. Los diseñadores vivían en una obsesión constante -y justificada- porque otras cadenas (americanas, sobre todo) compraban uno de sus trajes y luego los copiaban más baratos. Entre eso y la guerra fría, es comprensible el "estado de alerta" de la música del desfile de LV (que a mí, personalmente, me crispa los nervios). No hay ni una pizca de hilo musical agradable para comprar en el centro comercial sino más bien un espíritu "taxi" de Nueva York -verbigracia del amarillo/blanco- que imprime rapidez a todo. Rapidez y furia. Coco Chanel dinamitó todo lo del no poder dibujar en los desfiles y el vender un par de modelos para cubrir el riesgo del espionaje de moda (el concepto de hacer un Carine Roitfeld hates Balenciaga and loves Max Mara ya estaba visto y superado). Abrazó a un hombre que vendía chaneles -ejem- como los suyos -ejem- en la calle y (aparte de provocar ríos de furia y de tinta por parte de los diseñadores y la prensa francesa) consiguió lo que quería porque de pronto todo el mundo empezó a llevar esos trajecitos chanelescos y se olvidaron de aquellas locuras de Dior (corsés, faldas casi al tobillo y caderas anchas).


Así, estos 60s tan americanos se imponen en Louis Vuitton. A algunos críticos, a Sarah Mower de Vogue.com por ejemplo, el desfile le recordó a un juego de ajedrez. Esto de las piezas por arriba y por abajo ya lo hizo Alexander McQueen hace unos cuantos años pero con más drama. Aquí todo es más light y menos perturbado. Hay uniformidad porque Chanel decía que una bailarina solo tenía sentido en su fila de muchas bailarinas y que por sí sola era absurda y también hay minimalismo y felicidad. Un poco prefabricado todo pero es que así fueron los sesenta con sus batidos llenos de anilinas y sus gominolas y Buicks llenos de pintura para tapar las rozaduras. No se puede decir que la colección no sea bonita y veraniega, lo es. Dan ganas de comer helados, quedar con las amigas para beber té muy frío y engatusar a algún chico guapo para irse a dar un chapuzón a la piscina. Todo envuelto en un halo de ingenuidad y, si no buen gusto, por lo menos sí de rabiosa actualidad. Va a ser verdad eso de que la vida es un centro comercial: llegas, entras en las diferentes tiendas, compras y te vas. Y mientras te cruzas con mucha gente. 

domingo, diciembre 04, 2011

El Crucero


Es casi obsceno pensar en lo bien que está Arizona Muse en su idílica playa. Sobre todo es obsceno porque los mortales comunes del hemisferio norte piensan en apilar paquetes de regalos navideños y en sobrevivir al aguanieve y a las bajas temperaturas. Sin embargo, ese es el motivo por el que es tan fascinante. Una playa en verano tiene su atractivo, por supuesto, pero en invierno, cuando la ciudad solo respira hielo, es cuando el deseo, ese mecanismo tan propio de todos nosotros, se activa.


Dejamos, entonces, de ver la playa. Y ya solo vemos a Louis Vuitton.


Originalmente, cuando en invierno las casas de moda lanzaban una línea de productos completamente veraniegos, pretendían hacerlo para las mujeres ricas que desconocían la lluvia y el frío en sus existencias -salvo en las fiestas oficiales- ya que se escapan en crucero a cualquier lado en cuanto llega el frío. Sin embargo, hoy esto no tiene sentido. Ciertamente existen mujeres ociosas como las de antes de que las guerras mundiales y la liberación femenina acabasen con esa clase de criaturas pero, lamentablemente para las grandes marcas de moda, no las suficientes. Ahora se tienen que contentar con la alta clase trabajador con recursos y una cultura del capricho muy exacerbada.


Las líneas crucero que antaño servían para satisfacer una demanda que incluía no poder llevar ropa de otra temporada a su estancia de alta gama, ahora sirven para ofrecer novedades calentitas en un mundo que considera que las temporadas no existen, que el verano es lo mismo que el invierno y que, como en la Belle Epoque, las prendas duran horas vigentes. Solo unos pocos instantes hasta que el siguiente objeto de interés aparece en el horizonte.


Desgraciadamente, el concepto de "exclusividad" ya no está unido al de caro. Actualmente, eso no tiene nada que ver. Se espera vender tanto como Zara de una prenda y el éxito está asegurado si todas las chicas it, todas la cadenas de moda barata y todas las revistas lo sacan en portada y en sus páginas. Se trata de que se vea, de que no quede en el mundo de los privilegiados, que todos lo deseen. No es si no la popularización del mecanismo del deseo. Pero, qué bonitas sandalias...

lunes, octubre 10, 2011

(Des)Vestirse Y El Vestido


Nos cuesta la moda que no es occidental -en el sentido de "clásico"-. Nos cuesta mucho. Nos cuesta la Escuela de Amberes, el concepto de Margiela y la hermosura de la pobreza consciente de Comme des Garçons. También Chalayan, también. Incluso McQueen -últimamente mártir de la moda-. Yohji Yamamoto, con su colección de primavera verano 2012, no es una excepción. Sin embargo, ¿no es la colección una pura balada a Occidente?


Tras la Semana de la Moda de París, se ha hablado mucho de la línea impecable del trabajo de Sarah Burton en McQueen, de la mediocridad insufrible de Dior, de la delicadez de Chanel y del tabú de la dulzura que Prada ha lanzado a la pasarela como hizo Poiret en los años 20 con colores que aparecieron como un montón de lobos fieros. En Louis Vuitton, las damas sadomasoquistas se convierten en crías subidas a un tiovivo y en Miu Miu y en Balenciaga la adolescencia y la sofisticación de las gentes trabajadoras afloran poco a poco, cuando se rasca entre capas. Sin embargo, con las colecciones "conceptuales" -o sea, distintas- son ignoradas sí o sí.


 Y, sin embargo, yo encuentro que la colección de Yamamoto difícilmente puede ser más occidental. Hay algo fascinante en el prisma que Yamamoto toma para crear su colección. Me recuerda a la historia de la Maja vestida y la maja desnuda de Goya que estaban colocadas una encima de la otra y, cuando su prpietario levantaba el cuadro de la maja vestida, aparecía la mujer desnuda... la desvestía. Tan erótica. La construcción de la prenda a través de varias capas, los básicos con los que crea una enciclopedia de moda plegada -camisa blanca, pantalón negro y un vestido suelto- y el uso del color que es teatral y dramática sin ser en ningún momento presuntuoso. El púrpura no es papal, el blanco no es espiritual y el negro no es de luto. Apenas hay materia que nos lastre y eso que Yamamoto envuelve a sus mujeres en capas de ropa...


Sin embargo, a mí me transmite la idea de que la ropa no es más que la fina cáscara de un huevo. Una capa que nos tenemos que quitar. Un disfraz al fin y al cabo. Un... un no se qué que en Europa hemos perdido de tanto mirarnos al ombligo. La colección de Yamamoto me recuerda al Chanel de los orígenes de Coco cuando iba a las carreras con sus canotiers de paja y le sisaba a Etienne Balsan y a Boy Capel la ropa. Me recuerda a la Coco que no tenía ojos para nadie que no fuese el Gran Duque Dimitri y su hermana María -que cosía en su taller-. Me recuerda a la Gabrielle que se vestía de marinero con BendOr y se ponía un montón de collares de perlas. Incluso a la que se disfraza por París de nazi, de fulana y de Francia.


Quizá la colección sea un poco menos obvia de lo que esperamos normalmente. No está todo tan triturado como en las marcas de ropa occidentales. Sin embargo, a diferencia de otras colecciones, yo con esta tengo ganas de desvestirme. Y eso, es un buen principio.

lunes, junio 13, 2011

El Humo Ciega Los Ojos

¿Le molesta si fumo, querida?

El preguntar si molestaba el humo a las señoras era habitual. Hasta los 60s con la minifalda, Jackie Kennedy, una fumadora redomada que fumaba tanto y tanto que tenía las manos amarillas y por eso llevó guantes el día de su boda -entre otros motivos- y la revolución femenina, el tabaco no dejaba de estar masculinizado.

En los 20s, algunas damas independientes comenzaban a fumar. En los 30s la muy chic Katharine Hepburn fumaba, y fumaba, y se convertía -llevando pantalones y con su actitud- en todo un icono. En los 40s Rita Hayworth convencía a todos que el fumar podía ser lo más sexy del mundo con su Gilda fatal y fumadora, aunque aún quedaba el residuo de mujer de vida alegre, disipada o que, desde luego, te puede traer problemas. Y en los 50s, aparece ya la explosión demográfica aficionada al tabaco. Llega a los institutos, a las chicas buenas, a las malas y a todos los chicos. De repente, todo el mundo fuma.

En los 60s la pregunta sobre si molesta comienza a desaparecer y en los 70s de ella no quedará ni el esqueleto. Hasta hoy que, a pesar de lo impensable de la eliminación del humo, la sociedad camina hacia el non-smoker full time. Sin duda, lo más sano y lo mejor. Claro que ahora queda la provocación, la cabeza del Bautista en bandeja de plata o en maleta de Vuitton, ¿verdad Kate? Al menos eso piensa el laureado Marc Jacobs. ¿No?

viernes, diciembre 03, 2010

Kate Moss, Grupie


Moss se vuelve una grupie en Vogue Italia. Una vuelta de tuerca al regreso de los 50 de Mad Men, Prada y Louis Vuitton. Ahora no son las amas de casa perfectas, desquiciadas pero hermosas, con tacones de 10 centímetros que frotan con Ajax la bañera, llevan a los niños al cole en el coche familiar y se aburren mortalmente en casa mientras dilucidan si comprar jamón o pavo para cenar al tiempo que recuerdan cuando leían a Faulkner en la universidad.


Esta es, sin embargo, la adolescente díscola que sabe que la mujer ya no pasa por una prueba de virginidad, que baila hasta marearse envuelta en el olor de la marihuana y el sonido del amplificador retumbando en sus oídos y que no sueña con un anillo entrecruzado en su dedo en forma de alianza matrimonial y valla blanca rodeando la casa sino en zapatos, jerseys de cachemir y el ritmo de las caderas frenéticas de Elvis contra su propia pelvis.


De sus fantasmas, miedos y traiciones no se puede decir nada.
Al fin y al cabo, la grieta aparece espontáneamente en el mármol más bello.
 No es que ocurra nada, al fin y al cabo, sigue siendo hermoso pero...
a veces hay que tirar la estatua.


sábado, octubre 09, 2010

LV Es Una Fiesta


A veces pienso en Hemingway. Él que veía París como una fiesta y España como una corrida de toros. También pienso que uno los temas como quiero porque no tienen ni que ver en el blanco de los ojos. No obstante, nadie desprecia un dulce así que... Marc Jacobs en Louis Vuitton vio una femnineidad exagerada para el otoño invierno: pechos, caderas, tacones medios, bolsos rígidos, años 50s y una carretera con curvas y chicas guapas. y ahora ve una especie de Años 20s. Es el mismo proceso.


Entre 1900-1914, el fin del siglo, las mujeres llevaban xorsés, los pies trabados, escotes imponentes, pechos turgentes y caderas fértiles pero llegó la Gran Guerra, ellas se arremangaron, ellos se fueron a la tumba y cuando Alemania cayó ya era todo muy diferente. Ellas llevaban vestidos de flecos, bailaban el tango para olvidar, enseñaban piernas, hombros y escote y se cortaron el pelo, tan corto, que parecían ce cedillas.


Chanel tuvo su porción de culpa, las Callot Soeurs el resto y Estados Unidos con el charleston, el capitalismo y el jazz hizo el resto. Un montón de dinero fue lo que faltaba para que todo pudiese ser como fue. De repente, en USA había explosiones de riqueza y, mientras Europa se lamía sus heridas, también aprendía a ser chic, a deshacerse de todo lo viejo y a apostar por lo nuevo.

Marc Jacobs llega justo a ese momento. Japón también ha vencido la guerra y, de hecho, Europa se tiñe de una especie de fiebre oriental que ya había llegado con el orientalismo moderista y que continúa con todo el jaleo de Mata Hari, Diagilev y el Ballet Ruso de las palomitas de colores que tanto inspiró a Poiret.


Chanel es la reina indiscutible de esos años. Pelo corto, sencillez con un vestido negro, mucho lujo y glamour y un halo de sofisticación. Una ristra de perlas. Un bolsito pequeño. Un poco de bello indiferente. Rojo de labios y... champagne.

Hemos perdido la guerra y no nos importa. Marc Jacobs para LV sólo piensa en las jóvenes, esas que están hartas de no haber sido unas señoritas por culpa de una sucia guerra, que saben que sus hermanos murieron en el frente y se qeudaron sin pulmones por culpa de los gases de Verdún. No quieren oír nada de generaciones perdidas, de que antes todo era mejor, de corsés, de cintas, de lazos, de volver a casa pronto, de guardar la preciada virginidad, de ser ama de casa o de criar a un montón de niños. Joder.


Ellas también tienen vida. Pienso mucho en Diana Vreeland, una mujer maravillosa, de la que Warhol dijo que tenía perfil de tucán y que era un ave exótico. Pienso en que contaba que poca gente olía el aire de Vogue y todo lo que eso conllevaba. Estas chicas sí lo han olido.


Están en la cumbre. Son la cumbre.


Un Studio 54 en los años 20s.


Con belleza y desenfreno.

sábado, septiembre 11, 2010

Deseo


Bien. Como no veo nada que me guste en Nueva York, al menos en lo que va de semana de la moda para primavera verano, pienso (un poco) en lo que quiero para la temporada de invierno, en la que estamos, al fin y al cabo.




 
Botas altas.
Ni de puta ni de Swinging London-Courreges. Gracias. Quiero una caña estrecha, de cuero negro, brillante, flexible, reluciente sin ser de charol. Algo sexy, un poco por encima de la rodilla, sin ser de mosquetero.


 
Carmín rojo.
Un rojo encendido no. Un rojo frambuesa. Nada de naranjas. Nada de brillos. Nada de fresas salvajes. Nada de reflejos en blanco, en oro, en crema. Nada demasiado untuoso.Cremoso. O fuerte. No quiero que se vaya ni que se quede más de lo necesario. Pienso en Chanel, pienso en Dior. Ni tan duras como la de Madame ni tan blandos como los de Monsieur.


Estola de leopardo.



Bolso de cuero blando
Ni demasiado bohemio ni demasiado Upper East Side. Nada de eso. Una especie de zamarra de piel suave me vendría fenomenal. No suelo llevar bolso, la verdad, pero a veces necesito meter toda la chatarra en un sitio. Bolis, un móvil, una libretita pequeña, una barra de labios, una cajita de pañuelos, un pañuelo, algo de perfume, un poco de dinero en una cartera, las llaves o mi pequeño disco duro. Qué se le va a hacer. Me gustan los de Francisco Biasia pero no he encontrado nada ésta temporada. Ja.


Unas katiuskas.
El año pasado se pasó el año lloviendo y nevando. Y yo me pasé el invierno corriendo de acá para acá con zapatitos de tacón y unas botas negras. Por favor. No estoy dispuesta a que se repita. Y, además, aún no sé si las quiero en verde -las típicas de toda la vida de Dios- o en negro. Pero sé -seguro- que no quiero ir por ahí correteando y -otro año más- calada hasta los huesos desde el suelo. El año pasado ni siquiera lo pensé. Pero me niego en rotundo a otro septiembre-octubre-diciembre-enero-febrero-marzo-abril lluviosos conmigo empapada. Por mí, que llueva todos los días.

Una fiesta en blanco y negro.
LA FIESTA.
Año 1966. Capote. Sinatra. Mia Farrow. Un montón de gente guapa. Y champagne y tal. 500 personas selectas. Pero... no se puede volver al pasado como quien dice. Así que habrá que pensar algo mejor para Nochevieja.
Y, un poco del resto de cosas que realmente importan.
Si es que es posible.
Vaya lista de Año Nuevo.
En septiembre.
Soy un desastre.

sábado, junio 26, 2010

Y Dios Creó A La Mujer


Eva y Pandora dan mala fama pero son tan divinas... que se olvida. Cuentan de Marilyn Monroe que en realidad no era más que otra chica mona más pero que, como le ocurría a Rita Hayworth, una vez que el visor de la cámara la divisaba, se volvía de carne, la podías tocar, sus labios te hablaban, los ojos te comían y el brazo parecía acercarse hasta tocarte como una hermana, una heroína, una diosa o un fantasma.

Marc Jacobs debió pensar algo parecido en su desfile sobre las mujeres perfectas que son todo sexo, sobre la recta pulcritud que es todo ardor, sobre la gélida frialdad que quema, que abrasa, que consume, que arrebata como la de las gatas en celo. Con ese aire divino y angelical del alma oscura que se carcome en ese epíteto mágico de que la belleza es mejor que la inteligencia pues no precisa explicación y que sentencia un trágico por siempre que no es más que un ahora.

Pero ahora, ahora dice Marc Jacobs, somos jóvenes y bellas y auténticas y nunca estarás ni más delgada, ni más hermosa, ni más rica, ni más feliz probablemente y sólo nos queda el hoy así que, este tipo de mujeres, sólo pueden vivir con el tanto más. Tanto más radiantes, tanto más gélidas, tanto más dignas de admirar. Hoy, mis burguesas cándidas no lo son tanto.

Mis burguesas no son tanto como la Deneuve de YSL en Belle de Jour sino como una maravillosa flor delicada, un vestido de color hiedra llevado con diamantes que encajan en mujeres muy blancas, algo sosas, protestantes, que visten trajes de seda color hiedra y con los ojos oscuros y el pelo recogido en un hermoso moño que confirma, extasiando al que mira, que uno pertenece inevitablemente a una época moral y estricta que llevaba diamantes al cuello del tamaño de tazones y que uno podría verles falsos, saberles falsos y encontraría auténticos porque ella lo es.

Christy Turlington, Karen Elson y Natalia Vodianova podrían ser tres coristas aspirantes a cazar marido o tres condesas amigas, tres rusas de las novelas de Tolstoi que se parecen en dignidad a ese aire sereno de la Natasha de Guerra y Paz pero lo que son es tres damas. Americanas de pura cepa pero damas (si esto no es una incongruencia) de esas que van a París a soñar y cuya vida tiene algo de vodevil.

Las Steford wifes, como se las llama, son divinas y elegantes y por dentro tienen complejos arquetipos que Jung y Freud intentaban descifrar. Simples y frívolas denotan todo un estilo de vida con solo agarrar un bolso. Parece frívolo el decir que no usan cocodrilo antes de las 12 porque nadie que merezca la pena lo lleva pero tras esa máxima se esconde todo un universo.


Sí, por primera vez en muchos años las mujeres vuelven a tener dimensión.

Y no me refiero a las 3D del pecho, de la cadera y de la cintura en su sitio ajustadas como un reloj de arena, como un surtidor de agua que brota del pecho calmando sed de infantes y avivando la necesidad de un trago del amante. No me refiero a un universo mental, ni a un atrezzo de teatro, no me refiero al gran escenario de Shakespeare, ni al cuento escrito por un idiota lleno de furia y dolor.No.
Me refiero a aquella máxima de "el hombre es la medida".

Ella lo es. Medida de lo discreto del bolso de mano con cuerpo rígido que se vuelve como una vagina dentada símbolo de lo más primitivo y lo más animal tamizado con lo más sofisticado. Medida de lo aburguesado y lo contenido y del pecho saliente, naciente, turgente y amado. Que se aprehende, se ama, se añora y se idolatra. Medida del tacón que eleva el seno y el trasero y canta las bondades del erotismo sutil y delicado que empieza en el pie y termina en el alma. Medida de lo austero, lo sangrante, lo femenino, lo oscuro, lo rojo, la muerte y la vida.
El resto es un burdo atrezzo.
Luces, cámara y acción.
Y ellas las estrellas.
!Qué estrellas!
De las que convierte todo lo demás en atrezzo.
Y en pantalla sólo salen ellas.
Vivas, jóvenes, eternas, inviolables y sagradas.
Muertas, viejas, caducas, profanas y falsas.
Pero auténticas.
Extiende el brazo y toca.
¿Sientes el calor del foco, el latir del pecho desbocado, el pulso acelerándose y el rubor llegando al rostro?
Viven.
Como las grandes estatuas.
Que malditas están por ser estatuas.
Y benditas por ser de diosas divinas.
Y Dios creó a la mujer.
Y la mujer creó a los dioses.
Divino privilegio, bonita venganza, mejor destino aún.