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domingo, abril 06, 2014

Bisutería De YSL





























Me encanta la bisutería de YSL, aunque a veces sea excesiva y otras veces sea demasiado vulgar bien por sus dimensiones bien porque ha quedado trasnochada. Éstas, en concreto, son piezas que estuvieron a la venta en Decades, la boutique vintage que sube muchas fotos de sus fondos. Nunca he comprado porque las tallas de la ropa suelen ser enormes y los precios carísimos pero alguna vez me he planteado comprar algo de bisutería. De todas estas, sería muy feliz si tuviera el collar de bolas blanco y marrón. Mucho. Porque me parece algo que podría llevar Julia Roberts cuando va a ver jugar al polo en Pretty Woman. Las pulseras de esqueleto, que creo que Lulú de la Falaise llevó alguna vez, se parecen a las que actualmente hace Delfine Deletrez que, aunque un poco grotescas, también me gustan. Soy una urraca. Para que luego digan que la joyería divertida la inventó Victoire de Castellaine o similar. 

martes, noviembre 05, 2013

Las Seis Vueltas De La Zarina


La joya más famosa de la zarina Alejandra fue, probablemente, su collar de seis vueltas de perlas. A Alix, a quien nunca le interesó demasiado la moda aunque no por ello dejó de tener un vasto guardarropa ni de encargar más de 50 trajes por temporada..., lo que le fascinaban eran las joyas. Los Romanov tenían la colección de joyas más espectaculares del mundo y la zarina disfrutó de ellas pero también del encargo anual del zar a Fabergé -o a Bolin- que siempre reservaban, además, las piezas mejores para Alejandra. Sin embargo, aunque la zarina lució muy distintas piezas de joyería a lo largo de su vida, su joya preferida siempre fueron las perlas y llegó a tener una buena cantidad de prendas de día, además de vestidos de noche -lo que era más normal-, ribeteadas con perlas.


Para conseguir las joyas de la corona, Alejandra tuvo que luchar contra la emperatriz viuda, con quien tenía mala relación, porque no se las dejaba. Sin embargo, en pocas ocasiones las lució y, cuando lo hizo, las llevó todas juntas lo que causaba estupor en quienes la veían, especialmente entre los ingleses -que, al fin y al cabo, eran los compatriotas de la nieta de la reina Victoria que llegó a zarina (por cierto, Ena estuvo enamoriscada de Niki también, aunque él nunca tuvo ojos para otra y Alejandra siempre amó al zar con gran devoción)-.


Por ello, la joya más famosa de la zarina es su collar de seis vueltas de perlas que lució en muchas ocasiones y con el que fue retratada. Actualmente, las joyas de los Romanov se conservan sobre todo en el Hermitage y en manos de coleccionistas privados. Stalin realizó una subasta de los objetos que los zares y sus hijos se dejaron en el palacio a su marcha, en 1930 -con una legalidad muy discutida-. También hay varias joyas perdidas. Sin embargo, las joyas más famosas de los Romanov, sin lugar a dudas, son las que se llevaron en su penar por Rusia, tras la abdicación del zar. Las llamaban "medicinas", en clave, para que los rojos no se enteraran de que se las cosían a los corsés y dentro de los cojines para llevarlas con ellos. Cuando los soldados comunistas abrieron fuego en Ipatiev contra los Romanov, se sorprendieron de que las balas no les pasaban: las joyas se habían convertido en chalecos antibalas. Así se descubrió todo. Así acabó todo. Con mucho estilo. Con mucha tristeza. Sublime, bello y terrible. 

jueves, septiembre 06, 2012

Frivolidad


"Me encanta encontrar nuevos sitios donde ponerme los diamantes".
Marilyn como una rubia no tan tonta en Los caballeros las prefieren rubias, film inspirado en la obra de Anita Loos.

viernes, agosto 31, 2012

Di





Diana, más conocida como Lady Di, murió hace quince años. En Francia. Para entonces, ya estaba desvinculada de la Casa Real inglesa pero era, con mucho, la mujer más famosa del mundo. Difícilmente se puede decir que Diana no fuese hermosa aunque, la verdad, es que sobre todo era atractiva. Diana oscilaba entre la fragilidad y la fortaleza, incluso en sus apariciones públicas. A veces tenía la mirada retraída, ensoñada, casi perdida y, en otras, la tenía alegre, chispeante y vital. Hay quien dice que Lady Di tenía un halo triste, pasivo y sumiso. Yo no lo creo.

Pese a lo que el mito de las amas de casa enamoradas de su figura haya codificado, Diana introdujo muchos cambios en la casa real inglesa al estilo de Jackie Kennedy en la Casa Blanca. Isabel II sufrió un shock cuando se encontró la fotografía de Diana con las joyas a la cabeza, al modo hindú. A Diana le gustaban mucho las joyas y era una princesa, de las de cuento. No tenía nada que ver con Kate Middleton. Nada. Para empezar, Lady Diana era hija de noble, es decir, tenía sangre noble en las venas. Pero, aparte de eso, tenía charme.

Tras el incidente de la frente enjoyada de Diana, Isabel II le cerró su joyero. Sin embargo, una de las cosas más interesantes de Diana, es que llevaba las joyas de forma interesante y original. Diana tuvo vestidos de todos los colores y estilos, más sexys conforme pasaba el tiempo, -fue la única bien vestida en el funeral de Versace- pero, salvo en los que eran del estilo 80s romanticones con volúmenes locos e imposibles, daba bien en cámara y reflejó bien la moda poderosa y un tanto hiperfemenina de los 80s -hasta un punto casi agresivo con aquellas hombreras-...

No creo que nadie piense en Diana en azul -pese a que fue el color que escogió en la pedida- porque su nombre ha quedado ligado a la historia en negro. En negro en el baile con Travolta en la Casa Blanca (que para mí es la eternidad de Diana), el negro con que se presentó en palacio como prometida de Carlos haciendo sonrojarse a todo el mundo (le reprendieron por ello), el negro ajustado que se apodó "jódete" tras su separación del príncipe Carlos y el negro del funeral de Versace. Sin embargo, a mí me gusta también Diana en azul. Con joyas originales o con un vestido lencero de Galliano.

Con Diana me pasa como con la Garbo, supongo que ella querría vivir, claro, pero no envejecer en público.

martes, noviembre 15, 2011

Esmeraldas



 Me chiflan las esmeraldas. En general, todo lo que brilla. No me importan mucho las piedras en sí, pero siento auténtica debilidad por las esmeraldas. Tienen ese magnetismo inmaterial y fabuloso. Cualquier piedra produce a una mujer cuando se la pone, alegría. Un subidón. Es como un orgasmo caro. Entrar en Cartier, que saquen las joyas de los fajos de terciopelo y te dejen un espejo en el que verte con las piedras puestas. No sé porqué. Sobre las novias dicen que no deben llevar perlas porque recuerdan a lágrimas. Pero, el resto de las joyas están completamente permitidas. A mí me encantan las perlas, los diamantes me parecen una joya fría que es realmente mucho más inadecuada para algo que tiene que ver quizá con el amor y la pasión y que yo imagino, sí, rojo. Sin embargo, las esmeraldas son realmente mi debilidad. Yo también pienso, como Warhol, que es muy glamouroso reencarnarse en anillo -de esmeraldas- de Liz Taylor. Y, para muestra, un botón.









miércoles, septiembre 14, 2011

La Femenina Frivolidad


Winterhalter pintó a Eugenia de Montijo, Emperatriz de los franceses, vestida del tono de sus ojos. Worth había hecho que un tintorero crease artificialmente el color exacto y la vistió con él a menudo. Hasta la llegada de la española, el buen gusto proverbial de los franceses había caído en el olvido. En Inglaterra, la reina Victoria era la que realmente mandaba y fue su estilo de vida el que se importó por todo el mundo. Sin embargo, sería coetánea de dos mujeres maravillosas: Sissi y Eugenia de Montijo. Claro está que mientras que Sissi era un espíritu libre, Eugenia era más bien un general. Y lo era en todo.

Lo fue hasta en el mundo de la moda y la frivolidad. La joven tenía los hombros caídos y consiguió que todas las mujeres de Francia llevasen escotes que produjesen ese efecto. Cuando estaba embarazada de su único hijo, no le gustaba su figura, por lo que Worth hizo que´la crinolina fuese completamente circular y tuvieron que ensanchar las puertas para que las damas pudieran pasar. Al margen de las pequeñas anécdotas relacionadas con la moda como por ejemplo que Worth -el muy tirano- le regalase a la Montijo un bolero para llevar con sus trajes que es la chaquetilla torera que llevaban los majos de España en época de Fernando VII, Eugenia reorganizó la corte imperial de arriba a abajo y fue la impulsora del Canal de Suez pero eso, al caso, no importa. Eugenia creó el diseño de la vajilla de Napoleón III, se rodeó de joyas imponentes que contribuyó a inventar -como un cinturón de diamantes articulado- y, además, siempre hizo que todo el mundo le diese tratamiento de emperatriz.

Ni que decir tiene que fue la principal valedora del enlace de la buena de Victoria Eugenia de Battenberg con el simpático Alfonso XIII y tampoco hay que dudar de que algunas de sus joyas siguen estando en España. No obstante, la Montijo tuvo muchos enemigos a lo largo de su vida. Aunque fue aclamada como emperatriz de los franceses y las mujeres la imitaban en todo lo que podian, fue severamente criticada por la excesiva dedicación que ponía en montar por ejemplo y también en mantenerse en forma -aunque tuvo una época en la que engordó mucho y se avejentó rápido tras todo el asunto de Suez y del más que evidente fin de su marido como emperador-. Compartía esa afición con Sissi por ejemplo. También compartia con la Emperatriz de Austria el hecho de que ambas se teñían el pelo ya que Eugenia era pelirroja. Además, Eugenia siempre había sido pobre.

Todo el mundo conoce la historia de las violetas que se ponía en el vestido porque hacían juego con sus ojos y porque -sobre todo- no tenía para joyas. Sin embargo, en el momento en el que los franceses la comenzaron a llamar "la española" le pasó como a la otrora reina de Francia que ella también había emulado para Winterhalter: la despidieron. Cuando a Mariantonieta la llamaron "la austríaca" y Madame Déficit -el que Napoleón III había creado, por ejemplo- no tardó mucho en ser largada a toda prisa del trono de Francia. A la Montijuela le pasó igual...

Además también era tildada de derrochona insufrible y de generala. Cuando Winterhalter pintó el dulce cuadro de Eugenia con sus damas de compañía vestidas a la última moda en medio de un escenario paradisíaco, la sociedad lo considéró frívolo. Hoy en día rezuma alegría de vivir -pese a que las mujeres iban metidas en esa espantosa jaula de pájaros- pero, en aquel momento, la apariencia fue un engaño.

Y, sin embargo, Eugenia pudo pasar a la historia con la misma dulce calma que en el cuadro... es posible que -aunque sus nervios no se lo permitieran- ahora esté haciendo algo similar... quizá convertida en violeta al borde de la costa vasca por ejemplo. Una del color exacto de sus ojos. Del mismo que el lazo de su vestido. Quizá aún charla con Sissi de sus problemas aunque, probablemente, simplemente se den un baño en el mar. Luego se pueden encontrar en una pintura de Winterhalter, en una en la que Sissi tenga estrellas en el pelo y en la que Eugenia tenga los ojos de un morado rabioso haciendo juego con su carácter irreductible. Bonito sueño, claro, pero bueno, quizás ya están en el paraíso... al menos, en esa hierba, parece muy cómoda. Es todo un consuelo Montijuela.

lunes, marzo 28, 2011

Lucha De Clases


La lucha de clases, amigo Marx, se resume en esto:
"Los ricos venden Nikes para comprar droga y los pobres venden droga para comprar Nikes".
13.99

martes, noviembre 02, 2010

Se Me Pasa El Día Pensando En Joyas


A veces me pasa. Pienso en joyas. Hoy, por ejemplo, me estaba dando un baño y, cuando he vuelto, de repente, se me ha ocurrido pensar en joyas. Estoy pensando en esmeraldas, creo que porque he echado un montón de sales de baño mentoladas que dejaban el agua verde. A medida que se enfríaba, iba echando más y más caliente, sin vaciar la bañera, hasta que el verde inicial prácticamente se ha diluido.

He cogido un libro y me he puesto a leer. Es una sensación muy placentera, a pesar de que no me gusta la idea de mojar el libro. Pero lo que más me gusta es sumergirme alternativamente en el agua. Quiero decir que cuando llevas un rato, ya no sientes el agua. Si sumerges un poco más el brazo, lo vuelves a notar. Es como si te acariciasen. Es una sensación increíblemente dulce.

Y ahora pienso en las esmeraldas.
Ya, ya sé.
No tiene que ver lo uno con lo otro.
¿Y?
Los mejores amigos de la mujer son los diamantes...

miércoles, octubre 13, 2010

Blanca Va La Novia


Pienso en la contemporaneidad y en las tradiciones. A veces uno se estanca con un target de mercado y cuesta salir -o entrar- en la mente y en la vida de cierto público. Marilyn Monroe cantaba que los diamantes son los mejores amigos de la mujer pero Holly Golightly borraba de un plumazo todo aquello al decir que "veía los diamantes divinos para señoras mayores pero no para ella".

Y ahí se encontraban las firmas de diamantes. Las abuelas de la 5º Avenida no vivirían para siempre y, las nuevas fashonistas parecen preferir un bolso de Dior o de Gucci a unos chatones de brillantes o a una pulsera comprada por su flamante marido. Parece ser que un Porsche está más valorado que una tiara y que, además, !qué demonios!, ya nadie se pone eso.

Las joyerías, aparte del halo de glamour y de lujo, de prestar joyas a estrellas del cine, surtir a unos cuantos snobs y dar anillos de compromiso a algunos jóvenes yuppies y a algunas prometedoras pijas ven cómo su clientela va muriendo o desapareciendo.

El reclamo de la belleza y la elegancia perenne se desvanece con las chicas que quieren estar de moda cinco minutos con un vestido de 30.000 dólares para pasar a la semana siguiente al bochorno si no llevan el Nuevo It Must de la temporada en forma de, no sé, ¿un bolso de pitón morado con cascabeles azules y una ristra de pelo falso prendida del hombro?. No hay sitio en nuestra vida para los diamantes.

Sobre todo porque Audrey Hepburn logró hacer auténtico lo falso y actualmente casi todas las ¿estrellas? logran hacer falso lo auténtico. Con iconos así, entrar en Harry Winston parece improbable, muy improbable, en cambio, entrar en el nuevo garito de Prada es un hecho. ¿Cafetería, ropa, bombones, flores y alguna celebritie? Por supuesto. ¿Miradas por encima del hombro, bandejas con chucherías, miradas de soslayo y el vigilante pegado a tu chepa si miras cualquier cosa o pides probarte algo en Chopard?. No gracias.

No obstante.
Parece que se han dado cuenta y que vuelven a cargar.

Por lo pronto, la publicidad deja a las matronas enseñoreadas, a las sirenas del Old Hollywood y pillan de sopetón a una novia joven, tersa, poco convencional y muy moderna que mata el hambre con un sandwich. Y que además, oh casualidad, lleva un brillantón en el dedo.

Estamos cambiando.
A bien o a mal, según se mire.
Pero cambiando.