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lunes, agosto 20, 2012

Nosotros Y Los Sesenta




















Es un poco preocupante el tema de en quiénes nos estamos convirtiendo. Es pasearse por las tiendas Zara, verbigracia de Amancio Ortega, y encontrarse con una invasión de lo que realmente vemos en las calles. El tipo de mujer que compra en Zara es la de la multiculturalidad. Puede ser una musulmana radical pero podrida de dinero en los Emiratos Árabes, una cosmopolita neoyorkina emigrada de Ohio que quiere ser un remedo de Carrie Bradshaw o de Anna Wintour, una española madre de familia, funcionaria, harta de que le bajen el sueldo y de que se cite a Larra mucho y mal, una australiana sexy que se enrolla con su novio surfista en una playa o una trabajadora de alta categoría en un banco de Suiza que come chocolate y corre cortinas de los departamentos destinados a la intimidad de las cajas de seguridad privadas.

El caso es que si uno se pasea por Zara seguimos encontrándonos con lo que llevamos viendo desde fines de los noventa e inicios de los 2000... es decir, un poquito de la agresividad sexual de Tom Ford, un poquito de estilismo de los 80s de la mano de Carine Roitfeld -zapatos de tacón de aguja con tiras que reptan por la pierna, cuero, chicas saludables y sudor- y una mezcla de locura festiva de Galliano y demencial de McQueen fotografíadas por Testino y encaradas en Gisele Bundchen. Pero diez años de una moda en la que todo vale pero que nos ha dejado a todos convertidos en unos rockeros modernos, modernos por necesidad, entachuelados, encuerados, elastizados y con hombreras, botas de pitón y cinturones con calaveras y los ojos como de mapache, hacen que nos preguntemos hacia dónde vamos.

Hay mucho que decir sobre la vuelta de tuerca de esos decrépitos 80 que vuelven y vuelven y no se van ni a tiros de nuestros armarios. Parece que seguimos fascinados por Studio 54, por los Jagger, por Bowie, por Gianni Versace y por Marilyn. Ni siquiera el impulso que producciones como Mad Men le han dado a los sesenta nos convencen de que estamos aburridos de la década de la coca, los yuppies y el sexo colocado. Los ochentas fueron unos años muy cool pero ya cansan. Estamos hartos de ser esos niñatos repeinados y esas chicas con melenón y pendientes de aro. Los sesenta de Mad Men tampoco nos gustan y por eso no han triunfado.

Porque los hijos, esa Sally Draper, molaban más que sus padres. Pongamos por ejemplo a Don Draper. Don lo tenía todo. Tenía a Doris Day haciéndole tartas y criando a sus niños como una Grace Kelly revivida. Tenía el coche caro, la amante complaciente y un poco pirada de rigor y dinero, el trabajo y hasta un pasado glorioso u oscuro -al gusto de cada uno-. Pero era alma torturada. En los 80s no había almas torturadas. Había noches sin fin, tajadas sin fin y mucho sexo. Lo que en los sesenta se insinúaba con sujetadores cónicos y secretarias sacadas de una peli porno bastante posterior, en los 80s estaba ahí, rodeándonos. Era eye linner y sexo, trabajo y sexo, sexo y sexo.

Y la verdad es que el sexo vende.

Porque están muy bien las tribulaciones de Don Draper para verlas pero, por favor, qué vida esa para vivirla. Los que cortaban el bacalao en los sesenta habían vivido la II Guerra Mundial, estaban traumatizados por sus padres que les decían que había carta de racionamiento, Gran Depresión y que ellos jugaban con pelotas de fútbol hechas de no sé madera. Que ya tenían bastante. Luego, cuando fueron mayores, se divorciaron de sus mujeres perfectas, llevaron a sus hijos al psicólogo, les compraron de todo para que no les faltara de nada como a ellos y les dijeron que todo estaba al alcance de su mano. Así que esos fueron los que mandaron en los 80s. Los criados ganando y para ganar. Y cómo nos gustan las historias de perdedores pero cómo deseamos triunfar.

El problema que tenemos nosotros, en nuestra década 00 que se prolonga a los 2010s, es que nos parecen geniales los niñatos de los 80s que estaban metiditos en la Guerra Fría. Nos gusta la laca, Dallas, el petróleo, la coca, la música alta, Warhol, los cócteles de nombre raro y el fiarnos de los desconocidos -en los 80s era para echar un polvo pero ahora es para charlar en Twitter- y así nos va. Claro. Pero es posible que vayamos entrando en razón...

Y lo digo por lo que está ocurriendo en Dior. Al tiempo, es posible que Dior se vuelva a poner a la cabeza de los cambios en el mundo de la moda. Y no sólo por Raf Simons, el sustituto de Galliano (porque los sustitutos temporales de Galliano fueron, pobrecillos, para echarse a llorar, a reír y por la ventana en ese orden), sino por todo el equipo. Muestra de ello es la publicidad. La publicidad de la casa. Las campañas de Eau Sauvage, deliciosas no, más, muestran más o menos cómo hemos ido evolucionando de mentalidad. Fue Gruau quien inició las campañas de la marca con mucho estilo. Con mucho estilo de verdad. Eran estilosas, desenfadadas y fueron un éxito rotundo. Con el paso del tiempo se fue prefiriendo la fotografía y llegaron los hombres en vez de las insinuaciones. Hacia los ochenta aparecieron verdaderos cuerpos diez y en los noventa y en torno a nuestra época hubo come backs a la ilustración y a las viejas esencias del dibujo. Y más cerca de nosotros primeros planos bastante sosos. La verdad es que hemos ido perdiendo gracia. Lo mejor es Gruau. Qué duda.

Pero lo interesante viene ahora. La primera imagen es Alain Delon. Es la campaña que toca ahora. Y la última, la de la mujer leopardo, es la imagen de Dior -maquillaje- del invierno 2012 2013. Y hace buena pareja con el encanto del joven Alain Delon. Alain Delon y ese aire un poco demodé pero chic a rabiar son los sesenta y los setenta, los setenta que eran interesantes no los del final de los setenta. Y es que los sesenta fueron mejores que los ochenta, década que ya cansa, ya aburre... Los sesenta setenteros tuvieron a Marisa Berenson y todo lo que realmente interesaba. Sexo de calidad pero con sentido, drogas para divertirse no porque era lo in y moda divertida. En este ir y venir de Dior, descendente y ascendente, quedan claras no, clarísimas las intenciones de la casa. Por cierto, el perfil de Simons no es el de Marc Bohan pero los años de Marc Bohan en Dior fueron maravillosos no, lo siguiente. Y no hay nada más sesentas setenteros. Ay señor, lo poco que cambiamos y lo que apetece el verano en la piscina, Alain Delon de amante y Romie Schneider.

domingo, septiembre 25, 2011

El Cándido Progreso A La Busca Del Paraíso Perdido De Prada


Hay quien piensa que la colección de Prada primavera verano 2012 es blanda, dulcemente adolescente e indolentemente juvenil. Yo, evidentemente, creo lo contrario. La dulzura de la colección es una apariencia, bajo ella, se esconden unos ideales poderosos entremezclados con el eclecticismo propio de los hijos de nuestro tiempo. Lo que sí que encuentro ligeramente distinto con otras colecciones presentadas por Miuccia Prada es que, esta, a diferencia de las otras, es favorecedora. En Prada se hallan inmersos en la conceptualidad y el mundo del pensamiento críptico y a veces, en sus delirios de convertir a las mujeres en ninfas o en ranas de charca -qué se yo- se olvidan de ese lastre de la cultura occidental: la belleza -de la mímesis-.


Sin embargo, esta es una colección -a primera vista, al menos- más fácil. Ni hay monjas reprimidas sexualmente pero con el deseo a flor de piel a punto de rasgarse las vestiduras, ni hay jugadoras compulsivas de ruleta rusa ni socialistas convencidas que protestan vestidas de YSL en la comuna; Prada vuelve a los orígenes débilmente pero con paso firme.


Prada sigue fascinando con los años sesenta, esos en los que todo era posible. El hombre iba a llegar a la luna -incluso los pobres humanos pueden ir montados sobre un cohete (sigh)- y la velocidad, la carrera espacial, la lucha de bloques, la Coca Cola y las máquinas eléctricas revolotean bajo la prosperidad nacida tras la II Guerra Mundial.


Lo fascinante de los años que Prada describe, que propone para nosotros mismos, es que tienen una apariencia desenfrenada de años 50s. Ellas, con el pelo impoluto. Las joyas, discretas. Los zapatos, de tacón fino. La falda de vuelo y el abrigo de manga francesa para ir el domingo a la iglesia. Un traje de baño con pedrería para la piscina de la urbanización. Y un coche rápido para quemar el asfalto.


Miuccia Prada propone a una mujer que es agresiva sin serlo, que bajo la garra de seda, esconde un filo de acero. Hay pequeños saltos cualitativos en las colecciones que proponen desde la marca para los años 60s, hay suspense y tragedia mascándose en el ambiente perfectamente opresivo; hay luces de neón, absurdo y comicidad para los perdedores; hay adolescentes que se vuelven conscientes, de repente, de que existe el erotismo y las bocas fruncidas a la francesa, groupies y guays del palo del Londres vibrante de los Beatles y -mis favoritas- las damas de hielo.

La nueva mujer que Prada propone, continúa en la estela de los años 60s que, al fin y al cabo, son con los que Prada comenzó su carrera. Faldas de vuelo, secretarias, gafas de sol sacadas de un delirio tecno, mujeres que parecen mujeres y no por ello son menos poderosas, barras de labios estampadas en las faldas, tacones con los que no se puede correr por el césped de la casa con valla blanca y el cabello pulcramente -y artificialmente- perfecto de peluquería. La propuesta de Prada, está clara.


Hay una historia para la joven recien casada que hace su luna de miel en Roma y que corretea por la Fontana de Trevi como una americana alocada que, es lo que es. Por la noche, aguarda la cena y el baile y, qué bonito es bailar en la ciudad de las siete colinas, como una princesa esperando a ver si un periodista te hace una foto con una guitarra... Un paseo en Vespa y la melena volando por la ciudad, un helado y un cigarro e incluso una copa de champagne. Luego, en América, esperarán los hijos, el futuro, el perro, los ascensos, los momentos difíciles y las discusiones pero... ¿ahora? Todo eso queda muy lejos.


Si tuviera que describir en una sola palabra la colección, diría esperanza. USA es más fuerte que la URSS, un americano pisará la luna, nuestros hijos serán perfectos y puede que hasta lleguen a Presidente, Kennedy ganará las elecciones y Jackie le enseñará al mundo que las americanas pueden ser elegantes, los negros se igualarán a los blancos y las mujeres se dejarán caer en los brazos de sus maridos amados.

En otras palabras, confianza en el futuro. Los años 60s fueron bastante ingenuos, por un lado, Cardin y Mary Quant y Courreges hicieron creer a las mujeres que pronto se iban a vestir como astronatuas porque las casas de vacaciones en Marte estaban a la vuelta de la esquina. Los hombres creyeron que podrían tener todo lo que deseasen ya fuese un Cadillac o la esposa más bella de la fiesta. Los jóvenes nacieron convencidos de que vivían en el mejor mundo y que era posible -incluso- mejorarlo. De hecho, la búsqueda del paraíso perdido es típica de los 60s, años de una fugacidad imperecedera.

Y, sin embargo, nosotros mismos seguimos siendo bastante ingenuos y no solo porque nos gusten de verdad las Stephord Wife, los cuentos con moraleja, la serie Mad Men, el humo cegando los ojos y ver a Marilyn contoneándose ante el Señor Presidente o sobre unas tomateras... Quizás, lo que Miuccia nos quiere decir es que bueno... los 60s fueron -a su manera- un dulce paraíso, con sus momentos amargos. Pero, ¿podemos volver a revivirlo?, ¿queremos?. Miremos adelante. En la próxima curva, hay mujeres perfectas y, ¿en la siguiente?... sigamos buscando el paraíso pero no uno que perdimos, sino el que fabricaremos.

martes, diciembre 28, 2010

2010


Llega Ford, se va Carine de Vogue Paris y se acaba una década. The Sartorialist sigue en la cresta de la ola mientras que los 60, las mujercitas de Mad Men, Jackie Kennedy y el Swinging London se convierte con los mods en el epítome de la modernidad. El lujo sufre un golpe cuando Jean Paul Gaultier firma su salida de Hermés y cuando la crisis económica sentencia el fin de las grandes agujas españolas como Berhanyer que cierra su taller. Audrey Hepburn sigue Desayunando con Diamantes, aunque cada vez mirando más lejos al atrás y Alexander McQueen se suicida diciendo que sueña con ángeles pero que no puede más.

Y si a la Belle Epoque le sucedieron los años 20...
Miuccia Prada propone una revisión de esa década prodigiosa.

viernes, diciembre 03, 2010

Kate Moss, Grupie


Moss se vuelve una grupie en Vogue Italia. Una vuelta de tuerca al regreso de los 50 de Mad Men, Prada y Louis Vuitton. Ahora no son las amas de casa perfectas, desquiciadas pero hermosas, con tacones de 10 centímetros que frotan con Ajax la bañera, llevan a los niños al cole en el coche familiar y se aburren mortalmente en casa mientras dilucidan si comprar jamón o pavo para cenar al tiempo que recuerdan cuando leían a Faulkner en la universidad.


Esta es, sin embargo, la adolescente díscola que sabe que la mujer ya no pasa por una prueba de virginidad, que baila hasta marearse envuelta en el olor de la marihuana y el sonido del amplificador retumbando en sus oídos y que no sueña con un anillo entrecruzado en su dedo en forma de alianza matrimonial y valla blanca rodeando la casa sino en zapatos, jerseys de cachemir y el ritmo de las caderas frenéticas de Elvis contra su propia pelvis.


De sus fantasmas, miedos y traiciones no se puede decir nada.
Al fin y al cabo, la grieta aparece espontáneamente en el mármol más bello.
 No es que ocurra nada, al fin y al cabo, sigue siendo hermoso pero...
a veces hay que tirar la estatua.


miércoles, septiembre 29, 2010

Los Años De La Margarita


Hay que pensar más en los setenta. Me cuentan por ahí que los editores de moda y gente del mundillo está empeñada en hacer un come back de los 90 y que por eso todo el mundo habla tan bien de desfiles que vuelven al tema de la sencillez, los bloques de color, la cosa esa de Calvin Klein entremezclada con ir a un estreno en vaqueros, las tribus urbanas, los tatuajes, los plumas y el ser bastante respetable o parecerlo. Pero lo que a mí me interesa, en este momento, son los 70s.

Sí ya sé que Mad Men, que Jackie Kennedy y que Sue Kaufman y sus Amas de casa desquiciadas. Ya sé que el alcohol-sexo-humo está muy bien y que Betty Drapper aka January Jones es una rubita de Hitch, el que quería maltratar -algo más- a las mujeres y que ató pajarracos a Tippy Hedrenn en el vestido y se mostraba cándido como una ovejita con una Grace Kelly a la que amaba por encima de todo. Pero qué demonios, los 70s fueron mejores.

Vivimos la idealización de los 50s que son el tiempo sacrosanto por excelencia. No hay guerra en el mundo -la Guerra Fría no cuenta porque dió asco, seamos sinceros- empieza a haber abrelatas eléctricos, tele, !tele!, y Dior hace vestidos. Ellas llevan enaguas de algodón y camisones de seda y ellos son viriles, cínicos e inteligentes y, además, siempre llevan traje. Ellos aún llevan sombrero y ellas aún llevan el pelo recogido a diario. ¿A quién no le gusta?

No obstante, los 70s fueron muy interesantes. Aquel jaleo de Woodstock ya se vió que era fenomenal y toda una forma de vida. Eso de "libera tu mente y después tu ropa" es algo en lo que pensar. Y Marianne Faithfull compró un traje de pitón de serpiente azul y no preguntó el precio en Ossie Clarck. A Marc Jacobs también le gustan y, le inspiran, pero la verdad es que Balmain -icono 80s, putones de Versace igual de caros pero con mucho menos talento y un montón de tachuelas y demás etc- ya vió los pantalones desteñidos en una autopista con Kate Moss y con unas vueltas de campana demás con estampado tye dye producto de una borrachera y un colocón.


Los 90s también fueron un poco así. Pero con menos gracia y con más prendas extrañas. No obstante, reconozco que ver viejos desfiles de los 90s es bastante comfortante: casi todo es, bueno, casi todo podría tener otra oportunidad. La madre de Dios si volvieron las hombreras, y Michael Jackson murió.
 
No es un secreto que me gusta el flower power. Pantalones pata de elefante, muy ajustados, caftanes, pañuelos por el pelo, abrigos sueltos, botas altas hasta el muslo, bolsos de paja, Jane Birkin paseándose en el futuro por Hermès, uñas pintadas de colores, explanadas de hierbas, aún no tiburones ni viejos yuppies nuevos y aún esperanza y el mejora tu vida y rock and roll y todo eso.
 
Y Twiggy y Penelope Tree y hay fiebre del sábado noche y Hendrix tocando la guitarra. El verano del amor en San Francisco en el 67 y la Era Acuario con Rabane y los chalecos de ante, los vestidos metálicos, el símbolo de la paz y de la victoria y un montón de sonrisas. Me gustan las sonrisas la verdad. En los ochenta las caras eran más serias y en los cincuenta tenían mucha fachada. Courrèges, Mary Quant en minifalda con las cinco puntas -ja- e YSL. Por favor YSL.

miércoles, septiembre 01, 2010

Últmos Días De Verano


Como quien dice.
Pronto empezarán de nuevo las colecciones de verano. Y llegará el invierno. Podré ponerme pieles. Botas altas. Zara que vende online. Muere Corine Day la fotógrafa del KKK (aka Kate Moss). Y todas esas cosas.
Pero, siempre nos quedará París.
O Manolo y Angelica y los 70s.
Ya, ya sé que los 70s vienen en invierno. Con sus gafas de sol. Lauren Hutton. Las rubitas vestidas de beige. Betty Drapper rondando en Prada con su cigarro y su escopeta y todas esas cosas con guantes de noche y congresista. Pero no es lo mismo.
Hay que vivir el bonito verano perpetuo.
Esto de la costa. El yate. El martini. El vestido de Halston. El collar que se desliza por el cuello. La copa de champagne. La pulsera de platino y brillantes. El anillo de compromiso que se entreve en la chaqueta. Las sandalias de tacón. El pelo recogido. El helado de melón. Y la cuenta muy cara para pagar.
Ay Vogue...
Ya sabía Diana Vreeland que pocas personas habían respirado el aire de una chica Vogue.
Sin duda.

martes, agosto 24, 2010

Joven. Guapa. Desquiciada.


Sé lo que debería ver. Y sé lo que veo. Todo el mundo se lanzó a los 60s y a los 50s y a Mad Men como lobos en cuanto vieron los desfiles de LV y de Prada. Que si Grace Kelly. Que si Marilyn. Que si secretarias ceñidas. Que si jackie Kennedy. Que si los happy 50s americanos. Que si agencias de publicidad. Mujerones con curvas y más edad. Bueno. No digo que no. O, un poco...



Pasada la fiebre inicial de los Cosmopolitan y los Martini, ví Cabarets alemanes de esos de antes de la guerra que eran reutilizados por los chicos del Swing en tiempos de los nazis. Pero, pensándolo mejor, quizás no sean esos chicos del Swing. Si no los del Swin de Londres en los sesenta y posteriores. No puedo parar de ver los años 70s.

Casas de color pastel. Sol. Nubes. Amas de casa desquiciadas. Colas en el supermercado. Coca Cola en botella de cristal. Tarta de manzana. Coches grandes de esmalte y lacas de uñas de color rojo.


Ni secretarias ni oficinas de Manhattan. Ni pechos y caderas por la crisis. Ni racionamiento ni nada. Esplendor y decadencia.


Joven. Guapa. Desquiciada.


Casa bonita. Marido estupendo. Armario precioso. Nueva temporada. Buena temperatura. Cuenta corriente. Vacaciones. Jardín. Criada. Niñera. Peluquería. Café a las seis. Cena en un restaurante y paseos por la bahía. Y vacío. Mucho vacío.


Y aburrimiento.


En colores tranquilos. En turquesa. En rosa. En pantaloncitos. Con zapatitos de tacón. Con grosellas. Con olor a tabaco. Con vasos de alcohol. Con niño. Con terraza. Con posibles. Con pasado.


Y sin futuro.


Nada.
Vacío.
Eso son mis chicas.
Jarrones.

viernes, julio 02, 2010

Sweet Sixt(een)


Bah.


No me creo esa bobada de que "ahora las mujeres Praa vuelven a tener pecho". Sigh. Ni que alguna vez no lo hubieran tenido. Ya, ya sé. A Miuccia Prada -esa bitch que pedía, socialista ella, por el proletariado vestida de YSL- se le ha ocurrido de todo. !Pasteles para los pobres!


¿Secretarias chics?, ¿elfos y duendes y hadas fértiles y estériles entresacadas de sueños y pesadillas del art decó y del imaginario de Lalique para Sara Bernhardt?, ¿sofisticadas turbantinas y chicas que no saben vestirse de cintura para abajo -epítome de la revolución sexual o de la asexualidad en cierta forma-? Hecho.

¿Chicas con falditas de labios y tacones de infarto?. O le da por morritos, hipervitaminados de las chicas consentidas que pierden la virginidad en una tumbona de playa con un chico vitamina. Putas neololitas de Nabokov...O por comunistas, de esas fracasadillas de después de la Kominform pero de antes de la Bahía de Cochinos. Joder si es que Inglaterra había en el XIX dos naciones, la de los ricos y la de los pobres pero es que ahora, el mundo son dos naciones. Pobres de Prada. Ricos de ¿espíritu? Ja.


Aunque lo cierto es que Prada suele jugar siempre con la sexualidad sensual escondida. Y lo hace muy bien. Me gustan mucho sus chiquitas con la ropa a medio planchar desgarrada por el amante, con la cabeza bien alta y el jersey a medio abrochar. Y también monjitas pero llenas de golpes de efecto. No se ve nada, dicen. Se ve todo. Sigh.

Aunque éstas. Éstas son diferentes.

Son como las golondrinas de Bécquer. Cuando las veo pienso en la Alemania inmediata a Hitler. Y de Hitler incluso nada más subir al poder. No teman. Me refiero a las esposas perfectas que se quedan en casa.


Pero vamos, ¿Miuccia Prada diciendo que la mujer ideal -su mujer ideal- friega platos y se pinta los labios ociosa? No. La mujer no es así. No fastidiemos. La mujer de Prada es una leona. Bebe, ama y fuma si se tercia.

Es una chica del swing más que otra cosa. Canta, se sube la falda y baila entre los brazos de su amante, el que se desliza entre sus muslos a media noche y despeina su cabello de chica decente. Pero eh, con secretos. Con vida propia. Con sangre en las venas.


Carne de cañón sin duda. De esa que pronto acabaría con la guerra y que ya no volvería a llevar medias de seda con costura ni tacones febriles. Y que no volvería a pintarse los labios con carmín.


Pero, ¿qué importa eso ahora? Se intuye un universo sórdido. Ciertamente. De oscuridad. Tardes de radio. Luces de neón. Algo de pobreza. Mucho de amor y honestidad.
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Si. Honestidad.

A veces no queda más remedio que relacionar juventud y honestidad. ¿Declaraciones de amor, ingenuidad, inocencia y creerse el rey del mundo?



Y otras, a veces con la madurez. Pero siendo extremos que se tocan. Sí. Dulces sesentas. Dulces dieciséis.
No son señoras. Como muchos creían.
Son jovencitas de vientre fértil, muslos calientes y sangre ardiente.
Pero qué tiempos estos.