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lunes, noviembre 05, 2012

Quince Años Tiene Mi Amor

Otoño invierno de 2000: el desfile que le lanzó a la fama.

Nicolás Ghesquiére deja Balenciaga, según fuentes oficiales, de mutuo acuerdo pues el diseñador se encuentra en una fase de "bloqueo". Ghesquiére saltó a la fama en 2000 con una colección negra que se saltaba a la torera todo lo que uno esperaba de Balenciaga. Inició su andadura en la firma en 1997 y cerró su viaje por los archivos del español -a los que se tuvo que ganar el acceso- hoy, 5 de noviembre de 2012. Por ello, su última colección será la de primavera verano de 2013 en la que se nota cómo se ha afianzado el diseñador en el lenguaje del de Guetaria y que, en palabras de Ghesquiére, es su desfile "más sensual". 

Invierno de 2005: la mejor colección de Ghesquiére.

Desde su entrada en la casa, Ghesquiére ha apostado por la multiculturalidad, por la tecnología, por cortar los tejidos a láser, por reivindicar prendas imposibles y acercar culturas. También es verdad que su trayectoria en la firma no ha estado siempre al mismo nivel. Ha tenido colecciones llenas de puro genio, de brío, de talento, no sólo con una estética potente sino con algo que decir, explorando temas, tejidos, texturas, tecnologías y conceptos que los demás no habían considerado ni importantes. Y también ha tenido otras repetitivas y sin mucho sentido: Maria Antonieta tecnófila dice que si los pobres no tienen pan que se compren Ipods y más de lo mismo en esa línea con la excusa de recuperar un tejido de Cristóbal Balenciaga del archivo, un sombrero o el concepto arquitectónico. Lo típico, vamos.

Otoño invierno de 2006: su segunda mejor colección. Hoy se ven peplums por ella.

Pinault vive momentos no muy dulces, como los que ha pasado Arnault en LVMH. Ghesquiére afirma estar descontento con la dirección de su "casa" y también que es una ruptura "de mutuo acuerdo". Ya.  Después de que Hedi Slimane se le fuera de Dior Homme porque no le dejaban diseñar la línea femenina y de que haya conseguido que le nombren diseñador de cabecera de YSL pour femme -a ver cuánto dura la criatura, no mucho, ya verán... si la boutade esa de Saint Laurent Paris no ha durado ni unos meses- en PPR llega otra voz, en este caso, muy reputada -la de Ghesquiére- y pone en jaque al gallo del gallinero haciendo un Slimane. Ja.

Verano de 2006: otra maravilla.

Aparte de todos el ir y venir de PPR y LVMH, Ghesquiére es un nombre por sí mismo. Un creador con personalidad y con sentido propio en la casa Balenciaga que es, además, o bueno de Ghesquiére es que es un diseñador eminentemente urbano. Nunca presenta trajes de noche, eso se lo deja a Elie Saab y sus diseños para putas rusas, musulmanas con burka y estrellas de postureo en la Alfombra Roja y eso me gusta. No me gusta que se le vaya la olla, claro que no. Nunca he comprendido esas chorradas de las cejas verdes y azules, de las modelos que se visten con cosas que parecen sacadas de una lechuga ni nada de eso. Eso está mal. Sin embargo, Ghesquiére ha parido maravillosas colecciones de la primera década del siglo XXI. De las mejores colecciones que se han visto. Y es, sin duda, uno de los mejores diseñadores vivos. Y no sólo de prendas. Ghesquiére ha marcado hitos de la moda actual en los accesorios. Son un punto delicioso en todas sus colecciones: los zapatos. Zapatos bota, sandalias lego, leggings metálicos...Y sólo en quince años de trabajo. 

Invierno de 2007: y sigue.

En realidad, en menos de quince años de trabajo porque las claves de sus diseños ya estaban en sus primeras colecciones. Ghesquiére propone, a diferencia de Galliano y de McQueen, una mujer de hoy. El pantalón que tan desprestigiado está en el mundo de la alta moda -aunque es una tendencia renaciente gracias a la labor reivindicativa que Raf Simons está haciendo en Dior- siempre está en el glosario de Ghesquiére.

Verano de 2008: Balenciaga y la arquitectura.

 Y, además, es un diseñador sutil. Está infravalorada la delicadeza y la sutileza que son, en realidad, la verdadera elegancia. Las colecciones de Ghesquiére tienen un punto destroyer -pantalones militares, cortes de amazona, volúmenes imposibles, patchwork de materiales extraños, mujeres droides...- que hacen que pase desapercibido el espectáculo de su genio. Pero, colección tras colección, hay algo genial. Y algo más, hoy lo seguimos llevando. Y lo llevamos porque Ghesquiére lo hizo.

Invierno de 2001: las mujeres de hoy. 

Ghesquiére ha sido el responsable de que se pusieran de moda la lencería a la vista y con una propuesta mucho más interesante que la de Prada. También lo basto y lo vasto, lo que no está refinado: lanas gordas, gruesas, con los mechones sin cardar... y plumas, lo que algunos llaman hueveras. Poco chic o nada chic, al menos en principio. También pantalones militares en verde oliva y prendas plastificadas. Sin embargo, a todo esto Ghesquiére lo dio una vuelta de tuerca: los abrigos de plumón sacados de un supermercado se llevaban con vestidos de la gasa más fina, el neopreno de los trajes de bucear se llevaba con transparencias, las prendas militares con corsés de seda, las palestinas con blazers de las mejores escuelas privadas para niños bien ingleses, los chalecos que parecían sacados de un mercadillo callejero de la India con faldas de seda y sandalitas finas...


Invierno de 2002: la falta de nobleza.

Pero aún había más: lujo. Lujo de verdad. El zorro con un montón de trabillas militares para dejar claro quién manda aquí, las golas dieciochescas del Versalles absolutista borbónico con chaquetas de ante y camisetas con fauces de perro abiertas, faldas de terciopelo con flores que se derramaban sobre ellas y sombreritos hípicos deliciosos, mallas metálicas de oro que llevaban miles de horas de trabajo, vestidos de chifón y de gasa que flotaban al paso de las modelos y que se derramaban y plegaban en torno a sus pechos, sus caderas y sus hombros. 

Invierno de 2003: la ley de la calle.

Después de 2007 y hasta la colección de verano de 2013 -salvo un par de excepciones en el invierno de 2008 y en el invierno de 2009- Ghesquiére entró en una fase de abulia y de droides que repetían lo mismo una y otra vez: el 2.0, los robots, los zapatronchos, la vida sana... pero sus tendencias han sido trabajadas luego por diseñadores posteriores como Prada -lencería a la vista, tejidos vastos- o Ricardo Tiscci en Givenchy -neopreno, encaje, lencería a la vista y perros rabiosos en las camisetas- porque hay algo en las colecciones de Ghesquiére para Balenciaga que es la innovación.

Verano de 2002: la multiculturalidad y las etnias guerreras.

Lo nuevo como concepto luego se ha desarrollado con éxitos y con fracasos. Pero qué éxitos. Es un gusto revisar el archivo personal de colecciones dejadas por Ghesquiére para Balenciaga. Hay tanto aprovechable, tanto que se ve hoy en las tiendas de Zara. Tanto... Por poner un par de ejemplos: el neopreno y las camisetas con estampados brutales -águilas coronadas, perros con las fauces abiertas...- en las más altas firmas de moda. Pero además de todo esto hay que añadir la mezcla indiscriminada de estampados y tejidos y la investigación en estos dos campos. 


Verano de 2003: lo que hizo Ricardo Tiscci después.

Porque Ghesquiére, que aprendió en los talleres de Jean Paul Gaultier -y eso se nota en su afición a la corsetería, a la ropa interior a la vista y al romper moldes con sus diseños y con el material del que los confecciona- ha aprendido mucho en Balenciaga (a combinar lo español y lo austero con lo absolutamente nuevo y rugiente, a sorprender yendo de un polo al otro cada temporada pero siempre en el mismo recorrido...) y ha dejado mucho a todos los aficionados a la moda y a todos los que no lo son -pero que llevan los productos de su mente-. Ahora que Galliano, Theyskens, Lacroix, Mugler, Alaia, Montana, Mizrahi, Cristina Ortiz, Alessandra Fachinetti y etcétera y etcétera ya no tienen casa en la que diseñar, que Valentino se ha retirado de motu propio y que McQueen se ha suicidado e YSL muerto, tras su retirada voluntaria, esperemos que Ghesquiére no se quede en el limbo de los diseñadores. Que tiene algo que decir está claro.

viernes, marzo 02, 2012

La Declaración De Amor, El Amante y Lady Dior


La colección de Raf Simons para Jil Sander otoño invierno 2012 2013 es toda una declaración de intenciones de amor. Según Suzy Menkes será el futuro diseñador de Dior tras la salida de Galliano y las arenas movedizas en las que se encuentra ahora. ¿Qué será de Dior sin Galliano, el hombre que le dio su imagen y su esplendor? Es una pregunta que persigue a todos y sobre todo a Arnault y a Toledano pero especialmente al qeu se haga con el timón de la defenestrada casa a día de hoy. Dior es un pastel y envenenado. Igual que Chanel cuando muera Karl.


En su trayectoria en Jil Sander, Simmons siempre ha hecho gala de una mesura, una concisión y un minimalismo propio de la firma en la que los Prada echaron a su creadora inaugurando un despliegue de butacas vacías para el puesto de diseñador creativo. En una oda al menos es más, a la depuración de líneas y de colores sólidos, Simmons ha continuado el espíritu de la firma y, al tiempo, ha sabido colar en los últimos tiempos algunas de sus propuestas en la Alfombra Roja y en editoriales. Las camisetas blancas sobre faldas largas entubadas y algo armadas de color hueso, en tonos vivos o con flores multicolores se convirtieron en una apuesta que la crítica de moda alabó con entusiasmo de entre sus propuestas.


Si la línea de la firma de la buena de Jil Sander se basaba en una occidentalización radical de los principios de japoneses como Kawakubo o Yamamoto y en una germanización funcionalista en sintonía con el movimiento moderno en arquitectura y una racionalización del vestuario femenino para el mundo actual, Simmons que continuó esa línea con su trabajo, parece bastante alejado del universo de Dior. Christian Dior, ese normando fascinado por la exhuberancia de las rosas y los vestidos de cócteles que metió de nuevo a las mujeres en vereda bajando las faldas y con la gracia de un corsé, no puede estar más alejado -¿no?- de ese concepto.


No tanto en realidad. Las líneas de Dior siempre fueron depuradas -como las pintó Gruau-: la línea H, la línea A, la línea Y... Es evidente que la casa ha pasado por distintas etapas: la romántica de Monsieur, la renovadora y chispeante de YSL, la sofisticada y pop de Bohan, la lujosa, sublime y madura de Ferré y la alocada, bulliciosa, tormentosa y orgásmica de Galliano. A la salida del gibraltareño, el equipo -las manitas que dirían ellos- ha continúado -y fracasado estrepitosamente- en la estela del imaginario del genio de Saint Martins: años 40s, lencería a la vista, los 60s de Jackie entremezclados con el circo, el cabaret, la revolución bohemia de Montmartre y el encanto discreto y chirriscante de la Francia del Moulin Rouge y del barón Haussmann (que era tan barón como yo, más o menos). Así que Arnault va a hacer su tercer salto mortal.


El primero fue poner a Galliano en Givenchy para luego mandarlo a Dior; el segundo fue poner a McQueen en Givenchy de donde salió su firma y su imaginario -pobre Arnault- y luego, bueno, el tercer salto mortal, pudo haber sido Tiscci en -oh sí, ¿adivinan?- Givenchy para pasar a Dior -cuando estuviese bacante- pero parece que Givenchy es adonde ha llegado Tiscci y que ahí se va a quedar un tiempo, al menos. Así que... ¿no es suficiente Raf Simmons para Dior, tan alejado de la magnificencia versallesca de Galliano, de sus ansias de exposición, de su halo de corsario con melena rubia?, ¿no es el cambio lo que mueve el mundo?


Simmons ha hecho una pasarela que pretende ser el primer paso en el abordaje a Dior. "Lo puedo hacer" dice esta colección. Tan femenina, tan sutil, tan deliciosa. El abriguito completamente delicado y el gesto recatado salido de una dama que va al salón de té, el abrigo rosa con el forro amarillo que promete una noche en la Ópera y un estuche de terciopelo lleno de joyas, el satén moviéndose en torno a los muslos y al pecho descaradamente bajo pero ingenuamente cubierto... Todo es tan increíblemente Dior... Es verdad lo que decía Chanel sobre que Chanel no era una moda sino un estilo, Dior también lo es. No es más que mantener la esencia...


Y Simmons sabe hacerlo.
Por mí, vía libre a Dior, señor.

lunes, julio 04, 2011

El Show Debe Continuar



El show debe continuar. Incluso a la deriva. Incluso aunque el mundo se esté hundiendo. Incluso aunque este día sea el Apocalipsis... y quizás por eso. Aunque no sepamos cuándo será mañana. Ni siquiera si hay un mañana. Sidney Toledano, de Dior, ha dicho que saber cuándo habrá en Dior un nuevo director creativo, es como preguntar a "una muchacha, cuándo va a casarse".  Bill Gaytten y Susana Venegas, su ayudante, pese a que no hay capitán en Dior, se han hecho con el timón de la firma. Aquel rollo de las petites mains, de los artesanos de la firma de Dior, de todo aquello... parece que, bueno, "rezad a Dios y plantad coles".

A las 14.30 horas se presentaba la colección de Dior, la primera en la era post Galliano -más o menos porque sobre la anterior hay grandes incógnitas-. Aunque en Dior se llevan mal con todos los sucesores, aunque Galliano ha afirmado en su juicio no recordar "nada" y lamentar "profundamente" todo lo sucedido así como estar en "tratamiento".... bueno... a veces los peones se rebelan. Minutos más tardes las críticas se sucedían. Demoledoras.

Ya no hay nada de "Yves Saint Laurent salva Francia" cuando se hizo con el timón de Dior, ya no hay aplausos para Marc Bohan que bebe, en medio de la contemporaneidad, con Carolina de Mónaco y tampoco queda nada de Gianfranco Ferré que emplumaba los paseos de las grandes damas. Ni que decir tiene que parece que -como siempre en Dior- Galliano y todos los otros sucesores, parece que no estuvieron. Pero sí que estuvvieron.

Lo curioso de todo esto es que la crítica en el mundo de la moda está completamente fuera de lugar. Anna Wintour lo sabe. Vogue lo sabe. Y todo el mundo sabe -¿verdad Armani?- que quien paga los anuncios tiene derecho a buenas críticas -aplausos- y a ver sus prendas en editoriales y en la revista. Y quien no paga anuncios, no tiene espacio. Por eso, esta devacle es sorprendente. La Wintour era muy fan de Galliano, ella le cuidó y le alimentó, le guió con mano próspera y le hizo triunfar, año tras año, pese a que el espíritu de John Galliano estaba lejos del Vogue Americano, Wintour le mecía entre sus páginas. Incluso cuando no estaba en sus grandes momentos. Pero eso da igual, Olivier Theyskens ha caído varias veces en desgracia y eso no ha supuesto que Vogue USA le retirase su apoyo. Y diseñadores malos salen en sus páginas continuamente.

Pero todo el mundo se ceba con Dior. La colección es mala. Pasa como con Sarah Burton pero ni siquiera es mediocridad. Es mala, a secas. Mala. Mala. Mala. Pero la de Valentino post Facchineti también lo era y no pasó nada y ese duo que diseña ahora sigue siendo malo pero eso no supone nada. A nadie le importa. Y el trabajo de Galliano reciente tampoco es para tirar cohetes. ¿Y qué? Aluvión de malas críticas y ojos soñadores hacia Galliano -bah, esto ya pasó con los otros, no se crean-.

Las malas críticas para Dior son un jarro de agua fría. 23 años estuvo con Galliano el responsable de la colección -que si capitanea Galliano y diseña para Dior y saluda, no es... timonel a ciencia cierta de la firma-. A lo que vamos. Se han inspirado en Marc Bohan, en una rosa moderna (guiño a Dior cuyas casa se edifica sobre las rosas) para el invierno 2011-12 y en lo aprendido de Galliano: la locura, los metros de tela, lo exaegrado, lo teatral, el maquillaje oriental, los 36 pases conquistando entre lo macabro y lo grotesco el Museo Rodin... pero los aplausos no llegan.

El mundo del circo. La vida es un carnaval. Y la colección de Dior no es un espectáculo. Me recuerda a esa historia por la que un elefante inmenso es sujeto por una pequeña cadena,  cuando el niño se sorprende, resulta que le explican que el elefante cuando es pequeño no puede escapar por mucho que lo intente y se resigna. Se resigna a ser libre. ¿ Por qué nos resignamos? Yo aún veo los futuso pétalos de rosa caer... hermosos.

jueves, marzo 10, 2011

Magnetismo Animal


Parece que todo queda en casa en el grupo LVMH, o mejor dicho, que todo queda en su grupo ahora que han comprado Bvlgari -no se puede citar la cifra por miedo al shock- y es que lo fundamental de esta colección es que Galliano, en su última ¿?, bueno su última colección de pret a porter a buenas en Dior, se inspiraba en las chicas hot de Hawai, de Oriente, en las pin ups y... voila! Tiscci también se fija en esas mismas chicas.


Bueno, Tiscci que es el diseñador de Givenchy, se baraja ahora como nombre para Dior tras el a malas con Galliano. Quizás por eso está el misterio en que el antaño melancólico, el antaño gótico, el triste y soñador Ricardo, se haya convertido en un animal selvático, magnético, intrépido que, en vez de cu,mplir la sentencia de antaño de "Dios creó al gato para hacer creer al hombre que acariciaba un león". Parece ser que Tiscci ha hecho el paso contrario, acariciar a la pantera y dejar de ser el gato...


La colección trata, al fin y al cabo, del magnetismo. Nuevas zonas erógenas, como en el Dior de los años 40 de Galliano en el que las perlas combinan con todo, sobre todo con el champagne y la frivolidad. Son las rodillas, por ejemplo, quizás por eso de la flexibilidad, de la velocidad... o la cintura, la cadera en el lugar exacto y las falsas pieles que nos ponemos para disimular.


El cuero animal sadomaso se combina con la sutileza de las transparencias. Los tacones altos patean un cemento rematado con lilas y las formas que no lo son, el pecho que no se intuye, las mangas que caen y el vientre suelto, etéreo, acaba estampado con la belleza fugaz y poderosamente sexual de una Afrodita contemporánea que nada tiene que ver ni con la muerte, ni con la vida, ni con absolutamente nada mitológico o ctónico, en absoluto. No obstante, sigue habiendo mucho de Tiscci en el ambiente bajo toda esa postmodernidad de la jungla y, aunque la melancolía pasa a una apuesta más vital, la pantera sigue siendo negra. Negra como la muerte y como la vida. Púrpura casi, como el veradero poder y´, sí...


Hermosamente amarilla como un rayo de sol.

sábado, marzo 05, 2011

La Ruina Y La Ascensión


No quiero hacer mucho palabrerío sobre el último show de John Galliano para Dior que ha sido tan apresurado como todos los demás de sucesores pasados de moda o caducos por obra y gracia de las muertes repentinas que tanto se llevan en Dior desde que Monsieur se atragantase -y desplomase- con ¿un bombón?.¿una raspa de sardina?. Quémásda. El muerto al hollo y el vivo al bollo que es lo que se viene diciendo desde siempre y es una frase tan útil como versátil. Viendo el desfile de Galliano me reafirmo en la idea de "morir con las botas puestas". Eso me gusta de Lagerfeld que será por la edad, será por su -no-madurez incluso cuando presenta una bazofiá, él está convencido de que es maravilloso y de que ha hecho lo mejor sin emponzoñarse con la temproada 04 fue mejor que la 05 o la primavera me salió más bonita que el invierno. Al fin y al cabo, la moda dura lo que dura, se trata de evolucionar, de estancarse o de sea lo que Dios quiera.


John Galliano desde hace un tiempo, el mismo que desde que se dio el giro en la publicidad de Dior en la era Galliano pasando de Giselles que cabalgaban bolsos repletos de logos, japonesas cool que se reflejaban en escaparates metálicos y perfumes que había que rastrear en el anuncio porque entre tanto colocón guachi no se encontraban, la maison que capitaneaba el timonel de Galliano también cambió. Los dioses egipcios con sus heraldos dejaron de pasearse por Dior, no había y a locomotoras ni Eugenia Silva llevaba penachos de india, tampoco había carrozas envueltas en nebulosa, gitanas -gitanorras- entremezcladas con enanos y ancianos y amantes que se volvían leones rampantes en la pasarela. Dejó de haber, en medio de la desgracia operística de Madame Butterfly, plisados magistrales de origami que se volvían geishas por sí mismos o africanas que paseaban sus cuerpos lánguidos, mistéricos y salvajes en trajes de noche que podían salir de la sabana por los salones versallescos que Galliano plantificaba en cualquier sitio.


De repente, Galliano dejó de presentar cada colección como la última. Ya no se reía ante la prensa tímidamente diciendo "creo, darling, que mis clochards son lo más bonito que he hecho" ni Arnault tronaba que Galliano era un genio. De repente, comercialidad o madurez manda, Galliano cambió sus delirios pintorescos -en todos los sentidos del término artístico- por colecciones donde una muy medieval y actual Juana de Arco rampaba, virgen, joven, discreta, por los campos de batalla de Dior. Pero, más en la corte del rey que en la batalla. A partir de ahí, hubo quien se mostró algo decepcionado. Que a Galliano le han "atado los machos" para que venda más y más parecía ser el chascarrillo de todo cool que iba a ver sus colecciones; como si tirar la última piedra o hacer la última risa fuera lo más "in"- puagh- del mundo de la moda. 


Galliano siguió creando buenas colecciones que, simplemente, ponían el acento en otras partes. Lejos de juzgar si esto es bueno o malo, si esto es apropiado o no, si esto es lo que se desea, lo que se espera, y lo que se saborea de tres en tres meses en el mundo de la moda, las pildoritas Galliano -al menos para mí- seguían siendo efectivas. En esta, su última colección, Galliano sabe de sobra lo que le está ocurriendo. No hay más que ver las capas de embozado del principio, lo pesimista del negro que se avalanza, trepa y se enrolla por el cuerpo de las modelos, la noche que puebla sus prendas: azul del cielo, negro, gris plomizo.


Galliano, como quien intuye la muerte, sabe lo que le espera. Sabe la ruina, la caducidad de la vida, el tempus fugit, lo huidizo de las vanidades, la carne trémula que se convieret en polvo, la maldad, la decadencia. La hermosa decadencia. La febril y bella decadencia...


Pero, también sabe que tras la ruina, llega la ascensión. Que el ave fénix se incendia para renacer, que de la vida sale muerte y que la muerte engendra vida, y es que al final... al final, lo que cuenta es levantarse y no las veces que caes porque la muerte besa de blanco. Como un nuevo bautismo.


Aunque en la firma se han desligado completamente de Galliano, como se ve en la imagen en la que salieron a desfilar las "manitas" -little hands- de la casa Dior, con sus batas y su palpable emoción -y es que hay que reivindicar este trabajo invisible-, el museo Rodin que también ha visto los adioses de Valentino y de Tom Ford en Yves Saint Laurent se llenó del sonido del que falta, del que no está. God Save Galliano, y sobre todo, que vuelva. (Esto me va a quedar muy cursi pero...) !Te queremos John! Ellos te aplauden a tí, como yo.

domingo, octubre 03, 2010

Dior, En La Otra Orilla


La gente ha dicho que la colección de pret a porter de Dior ha sido una colección de crucero. Tienen rázón. Galliano ha cedido terreno a la creatividad por la comercialidad, quizás no está tan inspirado, quizás ya no tiene que demostrar nada (no como cuando llegó a la casa Dior) o quizás esté cansado de ser tachado de efectista o de que Bernardt Arnault le abronque y le justifique diciendo que "no le entienden".


Ésta es la colección del verano. El crucero -como todo el mundo sabe- era para las mujeres ricas, muy ricas que querían ropa nueva y todo aquel jaleo. Se iban en Navidad al Caribe, en Pascua a Amalfi, en verano a París o a Niza y en invierno a Aspen. Pero, yo veo a una mezcla de Wallis Simpson y los años que tanto le gustan a Galliano, los 40s y los 50s.


 La Duquesa de Windsord vivía en el culo del mundo -algunos decían que en aquellas islas perdidas de la mano de Dios aprendió las artes amatorias con las que volvió loco al Duque de Windsord- y ya estaba casada. No era la más bella pero siempre iba mejor vestida que el resto porque no tenía más remedio.


A Galliano le interesan las nuevas zonas erógenas: la espalda, por ejemplo. Porque es una colección sutil. Me recuerda un poco a Dita Von Teese, el aire de sofisticación y de sensualidad de una bailarina exótica, el traje, la picardía, los tacones altos de esclava sumisa, la actitud de señorita cándida y la perversión.


Esto no es Los Hamptons y aquí todo el mundo está fuera de casa. Los niños y el amor se fabrican entre el silbido de las balas, los uniformes, el me voy a ir a la guerra, nena y los vestidos de colores de la Polinesia, de Hawaii y del verano de nuestra juventud.


No es una gran colección, no lo es y punto. Galliano combina como nadie el naranja y el oro, la chica de buena familia que ayuda a su patria y por la noche baila el twist y el charlestón o lo que toque, jazz a ser posible, y ama a un marinero al que quizá nunca vuelva a ver.


Pero a veces hay que vivir deprisa. Y morir joven.


Porque lo que importa de vestido, es quién te lo quita.


Bueno, ¿quieres pasar un buen rato, marinero?