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viernes, septiembre 28, 2012

Seriedad, Van Noten


Viene una primavera y un verano bastante serios para 2013. En Nueva York y en Milán no se han visto colores vivos y fascinantes salvo en Oscar de la Renta -y eran horribles-, en Emilio Pucci -que tampoco cuenta porque es marca de la casa- y en Gucci que fue una orgía monocolor de colores bloques resucitada del armario de Marisa Berenson. Sólo Dolce & Gabbana han sacado a la pasarela algo mínimamente divertido, sus madonas sicilianas siguen dando que hablar en la primera fila del front row aunque tampoco den para mucho más. Prada les chafó a todos el rollo: negro, negro y negro. Y, por si no puede ser más deprimente el verano 2013, Miuccia sacó toneladas de piel a la pasarela que parecían destinadas a aguar la fiesta a todo el mundo. ¿Calor, dices? Ja. 


Rematando la tendencia de lo serio, lo muy muy serio, aparece la colección de Dries Van Noten. No tiene nada que ver con la tecnología -que ha estado muy presente en las Semanas de la Moda SS2013- sino con la depuración y la seriedad. Uno esperaría que, en tiempos de crisis, hubiera más color y más alegría, más distracciones quizás... pero no, la tendencia es, en realidad, lo esencial. Sí, vale, seguimos viendo caftanes de los 70s, curvas de los 60s y cadenas y cuero de los 80s pero también caminamos a un come back de los 90s como muestran los veranos pasados de Jil Sander con su ya no director creativo Raf Simons quien también bebe, cómo no, como Van Noten del grupo de Amberes de los 90s que se basaba en la sencillez, en el amor por los materiales y en un cierto aire críptico.



La colección que Van Noten presenta es muy interesante. Los estampados, que son su punto fuerte, establecen un diálogo con las prendas cuya base es el tejido, la textura. Las camisas de cuadros que podrían salir de los bares de carretera de la América profunda del medio Oeste no son bastas sino etéreas, confeccionadas en seda y en gasa hasta el punto de que flotan y ondean sobre el cuerpo de la modelo. Y, precisamente ése, el estampado de cuadros es el leit motiv de la colección.

Eso de que "el diablo está en los detalles" no puede ser más cierto. Siempre que Van Noten pisa la pasarela pienso que sus colecciones son más de entretiempo que de verano o de invierno propiamente dicho. Y, en ésta ocasión, no es una excepción. Flores de gasa que adquieren volumen pero que no dan la sensación de falso, pantalones que bailan sobre las caderas pero que son breves, frescos y cómodos. Faldas que parecen no tener sentido pero que están hechas con hilo de plata que las recorre en brocados. Zapatos y bolsos de cuadros que parecen ingleses y superposiciones naturales, hechas sin orden ni concierto, mezclando texturas y estampados que no pueden ser más increíbles e irrechazables juntos pero que resultan. Y no solo funcionan, no. Son deliciosos. Van Noten incluso se atreve con vestidos de gasa para cerrar su colección, largos, hasta los tobillos, que parecen citar a los 70s ingleses de Biba y el neoromanticismo que se prolongó hasta los 80s.


Dries Van Noten es un diseñador que suele pasar desapercibido para las revistas pero que ha conseguido hacerse con un hueco en el mercado y en la mente de los aficionados a la moda con aire de pose pseudo intelectual. Sin embargo, -y aunque espero que no haya un Van Noten & H&M que lo haga público a nivel estratosférico- casi todos los años es responsable de buena parte de la cosecha de Zara, por ejemplo, pues parece que la firma de Amancio Ortega encuentra en el vocabulario de DVN un lenguaje muy próximo al de sus compradoras. Un buen ejemplo fue la avalancha de caqui -verde militar- que se vio en la primavera verano de 2010 y que sigue viva, muy viva, a día de hoy. Otra prueba de su "moda en la calle" serán, al tiempo, los cuadros. Y, por si alguien tiene duda de que para el verano de 2013 vienen los cuadros -y Oriente-, Alexis Mabille en su colección SS 2013 lo ha reafirmado. Él los ve en versión niñita, rosas y azules, como de baby de colegio (aunque más grandes) además de en blanco y negro sartorial como Van Noten. 


Así, desligados de su aire escocés y del grunge de Kurt Cobain sin lavarse el pelo, Dries Van Noten abre la Semana de la Moda de París con una colección sublime. Nada se va a ver en la Alfombra Roja, por supuesto que no, pero, en los tiempos que corren, ¿no es eso una virtud?


domingo, octubre 04, 2009

Pasión Gitana


Hablo de razas y amores. Pasiones. De gitanas de piel color aceituna que cantan a la luna pidiendo fertilidad y amparo. De cuchillos que atraviesan la carne trémula en un laberinto de sombrías tradiciones. De lo racial y lo especial. De lo antiguo y lo moderno y de los ojos marrones que suspiran entre llamas y ardores por lo que perdieron y por lo que no tuvieron.


De africanas. De tierra batida y humedecida. De pieles curtidas por el sol empapadas de sudor. Bañadas entre colores brillantes que resplandecen bajo el sol y se deslizan entre la piel. Emparentadas con la belleza elegante y grácil de las gacelas, fuertes y resistesten como las leonas, del mismo coraje y dignidad que las hienas. Salvajes, hermosas, pasionales.


En sutil equilibrio bajo el sol naranja que corrompe las tierras secas de África. Cargan sobre su espalda el peso de una vida y la desdicha de la sola obligación. El cántaro de agua salpica al piel ardiente por el calor. Sofoca la asfixiante atmósfera bajo la que se reproducen rinoceronte y elefante. Humedece las grietas desoladas de la tierra fértil y estéril, maldita y rica y siempre desaprovechada...


De italianas. Vibrantes como una ópera y sofisticadas. Pero de sofisticación natural. La piel huele a almendras y el pelo a olivo y miel. Las manos, callosas, y la piel devorada por el sol con color de haber vivido y ganas de vivir también. De italianas con pañuelo a la cabeza y risa escandolosa. Con mantilla, con mucha dignidad, con medallas a la Virgen, con escarfeos en el pajar y lencería de encaje. Y noche de bodas virginal.


De francesas. Que acumulan amantes y vicios. Que silencian delitos y cuentan perversiones que sumar a su lista. Que se regodean con la lluvia y se alegran con la oscuridad densa de los viernes noche en la ciudad de la luz. Que quieren arrancarle una sonrisa a la Mona Lisa y que no saben si arrancarse por bulerías o echarse a llorar en el Mar del Norte. Marineras de playa engaladas que bajan a sentir la arena de los pies con jerseys de lana gruesa y gorras de viejo lobo de mar.


De turcas. Delicias turcas y europeos aficandos en Marruecos que se pasean por el zoco y beben té de menta dejado calentar veinte minutos en tetera de cobre a fuego lento y sin azucar. Baratijas de oro y telas de cuentas barrocas que no saben que lo son. Sofás y canapés bulbosos, mentalidad oriental y horror vacui. Pobres disfrazados de ricos, ricos de pobres y progresistas de talibanes y liberales de retrógrados. Uno no sabe por dónde se va. Pero Marruecos es de color naranja.



De danesas y suecas. De corte regio y poco aspaviento. Frías al trato y de instinto reprimido. Austeras. Regias. Soberbias. Agenda y Palm. Piel reseca por el frío, alcohol de alta graduación y niebla brumosa por las calles grises y poco soleadas. Un rayo de sol y sonrojos. Seis meses de oscuridad y silencio. Tranquila resignación, deshumanizado orden y un extraño caos antiguo pero moderno donde no hay tradición ni consorcio pero, hay reposo. Sosiego. Paz.


De alemanas. Decadentes y austeras. Casi tiernas. Sublimes en el arte de la invisibilidad y de la profesionalidad ágil, fiable y segura. Y alemana, claro. Precisión cual reloj suizo. Muchedumbre y gesto adusto. Marca registrada y piso en el centro de la ciudad. Periódico matutino y poco sol. Vacaciones es España, colores oscuros como su personalidad. Oscura clariedad y clases de caridad.


Normandía. Jardines de un tono verde impresionante. Verde salvia y verde vida más hacia eucalipto que a verde prado o hierba recién cortada. Las personas son como los jardines. Punzantes y hermosos en una naturaleza espigada, severa, antigua, trasnochada pero radiante como un árbol. Sonora pero callada. Murmullo. Viento sosegado y lluvia. Mansiones piedra gris. Mesa de forja y té. Ingleses y franceses. Un carácter marino. Monedas en el pantalón y zapato bicolor. Nunca llevan gafas de sol y siempre saludan.


Escapadas de Rusia. Percha y mucha dignidad. Nada de desvalidos y un carácter digno de los grandes de su literatura. No son Kareninas y tampoco huevos de Fabergé. Pero son soberanas de luto y demás dolores. Sepelios. Visones y joyas. Refajo. Y antigua mentalidad. Y qué se le va a hacer si son trágicas...


Hablo de razas.
O, lo hace Dries Van Noten.
Que habla de unas mujeres muy suyas.
Y muy lejanas.