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martes, enero 15, 2013

Joie De Vivre


La fotografía es un arte duro. Para empezar, muchas personas no lo consideran arte y, continuando en esa estela, al captar lo real, estrictamente lo real, el tema de cuál es nuestro mundo siempre está ahí, palpable, como una verdad evidente. Una imagen no puede resumir una sociedad ni un momento. En una foto no está la temperatura, la humedad, el grado de asfixia, el calor de las sonrisas y las pasiones ni el frío de la envidia y la indiferencia. Se pierde el juego de miradas, generalmente, y sus protagonistas acaban, sí, congelados, de alguna forma, entre tiempos, en un tiempo perdido que no es sino el de la memoria pero el de la memoria desubicada porque uno está en la foto sin estar y está viéndose a sí mismo en la imagen y está siendo visto por otros y captado por una cámara. Un hombre acaba convertido en fotosensibilidad analógica o código binario digital y la belleza, el sol y el tiempo quedan presos para siempre dentro de la imagen.

En realidad, las fotos le gustan a todo el mundo. Incluso a los que dicen que no les gustan. Y, la verdad, es que para ser un arte de tanto grado de técnica, qué poca técnica tiene. Es dar a un botón y ya... y, sin embargo... uno puede ver a dos chicas que posan, muy maquilladas, muy altas, contra un verja toda estilizada, en tonos pastel veraniegos y con sandalias. La cara algo tostada por el sol y la calle proyectándose al infinito como avisando de que habrá vejez y decadencia para esta plenitud hermosa de hoy. Y también puede ver el sueño del verano y de la primavera que hay, por ejemplo, en este día de invierno. 

viernes, septiembre 14, 2012

En Busca De La Inspiración Perdida



Tom Ford. Tom Ford en Gucci. Invierno de 2003. Carmen Kaas parece Bimba Bosé y todo tiene un aspecto pecaminoso, sexy y lujoso. Muy lujoso y muy actual.



Siete años, catorce temporadas después, Altuzarra invierno de 2010 presenta una colección basada en esa colección. Inspiración lo llaman los críticos generosos. Copia, los mucho menos generosos. -A mí me chifló la capa, lo reconozco-.


Para el verano de 2011, una desconocida marca (Tufi Duek) que desfila en Brasil, presenta una colección tecnológica, de factura limpia, con marcada raya al medio como peinado y unos preciosos zapatos.


Y, cuando Alexander Wang presenta para verano de 2013 una colección que toma el vocabulario de esa de Tufi Duek, se arma un escándalo en la Semana de la Moda de Nueva York.


Sin embargo, hasta aquí, es lo que todo el mundo ha dicho. Yo añado una cosita más: Helmut Lang, hace doce años y veinticuatro temporadas, en primavera verano de 2001.



Qué poco cambiamos.
Aunque Angela Lindvall sigue tan guapa como siempre.

martes, febrero 21, 2012

Décadas



Uno piensa y piensa, ¿qué tiene de fascinante la semana de la moda de Nueva York y la moda americana en general? Yo diría que es una cuestión de pequeñas cosas.

Que Gisele desfile...

Que desfile Carmen...

Que parezca que no han pasado esta docena de años...


Las chicas de la portada, Gisele y Carmen, fueron objetos de tremendos rumores cuando salió aquel número de Vogue USA. Se dijo que la revista estaba tan mal de fondos que la imagen salió directamente de un backstage. Han pasado doce años, algunas cosas han cambiado, claro, pero no todas. No cabe duda de que siguen siendo las mejores. Pues claro. Así de radiantes en el desfile de Alexander Wang para otoño invierno 2012 2013...

lunes, mayo 09, 2011

Los Guantes Azules


O el estrambótico Meisel... presentan un raro número de bañadores en blanco y negro, con una sex symbol de pelo gris, lejos de playas y en una habitación que roza el límite entre el Huerto cerrado y lo profanamente pervertido y vaciado. Pero no es sólo eso. No es sólo que sonrisas no haya, ni chicas facilonas, ni parte del unvierso mental de Terry Richardson, ni planos a lo Vogue USA con ¿Penélope Cruz? o Carmen Kaas con un bañador rojo y el sol de cara cortando la respiración con la cadera haciendo de línea del horizonte. No. La cuestión son los guantes azules.


A Meisel ya le conquistaron. En realidad, son más o menos las dos caras de la misma moneda. Como aquellos clochards que Galliano diseñaba cuando la prensa era crítica pero aún no mezquina con él y a lo que su protector, Arnault, tronaba un "es que no le entienden" y él, todo tímido y sin ser una rubia impresionante aún, decía entre sonrisillas "son lo más bonito que he hecho, darling". Años después, los guantes vuelven a aparecer. Si ahora no es un mendigo, sí que tiene algo del morbo de aquellas fulanas que Versace miraba en su infancia.


También de las que miraba Helmut Newton. Que creía que las prostitutas tienen un sentido innato para vestirse anunciando sus especialidades, como si la moda fuese un preludio del sexo previo pago y todo lo que no es desnudez, fuese un entrante para "abrir boca": A Newton le gustaba la que se vestía de novia y otra que tenía monóculo pero cuando las quería fotografiar, no le dejaban. Eran chicas de pueblo y no querían que su familia lo supiese. Eso sí, no pasaba nada porque en la vida secreta fuesen prostitutas. Una bonita moral...


Similar a aquella de la historia de "cogí a una puta de a dos francos y la llevé al Louvre conmigo. En cuanto vio las viejas estatuas desnudas, se sonrojaba y se tapaba la cara con las manos y decía "ay, vámonos, vámonos que esto es pecado, que están desnudas, venga, yo me voy". Aquí, la Kristen que Meisel retrata tiene menos escrúpulos físicos y más escrúpulos psicológicos.


El reportaje ahonda en el morbo. Todas las señoras de bien sufren una fascinación por las putas, como Escarla O Hara sabía bien. Como la Belle de Jour vestidita de Yves Saint Laurent en plena anti represión burguesa también sabía. Aquí no se trata solo del aspecto más carnal, más desangrado, más explícito, sino de la soledad, de la melancolía, del sosiego que llega tras la acción, del pesimismo y la carga del alma condenada.


Hay un poquito de Zurbarán. Yo también veo la calavera y la muerte que se desea pronto.


Aunque claro, si vives porque no mueres, vives.

lunes, febrero 28, 2011

Mi Mujer, Ella


Suelo pasar por alto el término pret a porter. Todo lo que conlleva eso de para llevar y para la vida diaria, toda la bagatela protesta de Yves Saint Laurent e incluso aquello de "un toro y un caballo" de Picasso. No obstante, poco veo para la vida real de mis damas: en Rodarte pintan androides de pintura en tela y en Prada me ilustran tecnófobas tecnófilas maquinadores del swinging London.


No obstante, veo Bottega Veneta. Las veo. 24 horas, siete días a la semana. Prácticas por la mañana -!y maduras! llevando los niños al colegio o corriendo tras un aguacero, dulces a mediódía si hay una comida o incluso si se alarga por un té sin poner en duda nada de la vida práctica. Elegantes por la tarde, paseo del brazo del marido, tarde de tiendas de chicas o ir a la compra -qué más da-. Por la tarde noche, un cóctel y... más tarde, de fiesta y urbana, como debería ser, personificada casi en el deseo mismo de la contemporaneidad.


Sólo miren. 
¿No es bella?
Ysin delirios Tomfordianos.
Nada de publicidad, solo ella.
De veras.

miércoles, octubre 06, 2010

Chanel, Y Canta El Agua En Versalles


Lo mejor de las obras musulmanas de arte es la música. El sonido del agua. Calificarlo de ruido es hacer un flaco favor a tal portento de la creatividad y de la ingeniería de los arquitectos musulmanes que, por ejemplo, embellecieron con su talento Granada o Córdoba. Cuando te paseas por la Alhambra, además de los jazmines, la suave fragancia de los árboles frutales, el azahar y todo ese falso enrejado -horror vacui- que la rodea, hallas mucha paz.


Los arquitectos-diseñadores-jardineros de Versalles revisaron aquello. Versalles es un imponente monumento barroco señalado para las cortes absolutistas, para la Iglesia Católica de Roma y para las personas que aman más la idea de naturaleza en sus mentes que la naturaleza de los bosques, de los pinares, de las encinas y de las charcas frescas en las que reposa Aquiles y en las que se baña Artemisa.

La naturaleza barroca no es ni exagerada ni presuntuosa. Es diseñada por y para el momento. Karl Lagerfeld, bien llamado el kaiser, se siente atraído por ese barroco poderoso, lleno de jardines, de fuentes de agua y de estatuas de ídolos paganos y jovencitas hermosas plantadas por Versalles que por el Barroco pesado de cortinones, emparentado casi con angelotes y con pesados dorados y sonrosados querubines.


A Lagerfeld, le fascina ese barroco de Mariantonieta. De "pues si no tienen pan, que coman pasteles" y ya no piensa en el exilio de los nobles de Rusia, cuando envueltos en piel se fueron echando de menos la tierra negra y fértil del Este de Europa y la tierra helada que rodeaba al Palacio de Invierno, como si fuese en sí mismo de hielo. Ahora son princesas. Muy decadentes. No miran atrás. Solo adelante. El pasado no existe. Sólo el futuro.


En Versalles, al levantarse, ya pasó algo así. No importaba que los dormitorios reales dieran a letrinas porque los reyes contemplaban extasiados ese jardín tan lejano de la selva, más parecido a una miniatura japonesa pero a lo grande. Quizás la expresión sea esa, a lo grande. Tampoco importó que aquel descabellado edificio costase sangre, sudor y lágrimas, costase exilio, costase pobreza y costase el fin del Antiguo Régimen. Eso daba igual.


Estamos hablando de otra forma de vida en la que esas cosas no importan. Eres privilegiado y, aunque vayas a la farola -la horca- por una revolución llena de sangre y de burgueses, ahora eso no importa. La vida está para maltratarla porque ya se cobrará la deuda.


Lagerfeld para Chanel piensa en todo eso. Por eso sus princesas se pasean, indómitas, salvajemente bellas, entre las fuentes de agua sin pensar en nada más que en su desgarradora, frágil y fascinante belleza. Sin pensar más que en su sofisticación. Porque el mundo es de rosa aunque todo a nuestro alrededor sea gris.



El kaiser planta un escenario de jardines vivos pero muertos, de color gris, en una metáfora del orden exterior. Lo que viene a decir es que todo lo que nos rodea es caos, pero que entre la pesadez y la simetría contemporánea, entre las diatribas al funcionalismo, entre la simplificación, el minimalismo, la vida en blanco y negro y las mentes cuadriculadas, siempre hay sitio para la vida.


Porque, como dijo Tagore, "el llorar por no poder ver el sol te impide contemplar las estrellas."


Y esa, sí que es la gran desgracia.

martes, julio 06, 2010

Locos Setenta, Bonitas Rubias En Armani


Divinas. Los años en los que Armani empezó a triunfar, que fueron los ochenta, tienen una atmósfera especial. Son estéticamente horripilantes para muchos por su cercanía pero tienen algo de chic al mismo tiempo aunque haya que hacer esfuerzos por encontrarlo.



Armani encontró su público en las poderosas mujeres que se sumaban en tropel a las filas del Pueblo oprimido y explotado porque querían. Les hizo el traje blando, les dio un maletín, una pizca de tacón y mucha clase con líneas para ellas.



Pero ahora parece que el tirón de los ochenta empieza a decaer y que hay que volver más atrás porque nos acercamos demasiado a nuestro propio pasado y a nuestros propios horrores como para querer repetirlos y poder disfrutarlos.

Las fashionistas de medio pelo no son tampoco de ayer y si un día se divierten con hombreras, vestidos de puta brillantes y tacones punks con aire de fetichista barato, tampoco van a pasarse la vida vestidas como cuando tenían quince y creían que el rock era lo más, tía. Quiero decir que uno ya tiene una edad y encuentra más chic a Grace Kelly y a Audrey que a Kurt Cobain.


No obstante, los setenta tienen algo mágico.



No son los populares 60 con los Beatles, el LSD, las minifaldas, Twiggy, Mary Quant, el Papa escandalizado, la quema de sujetadores y mayo del 68 francés como una primavera joven ni se acercan a la mente estética e ideal de los 50s en los que las reglas de sexos eran más claras y más divertidas y estilosas. No son los 80s saturados que se hallan en las carnes de los que pagan la ropa y la usan. Son un punto de partida.


Tienen encanto. Claro. No tienen a Studio 54, Warhol, Woodstock, Viviane Westwood ni a los excesos ya totalmente decadentes de los yuppies puntocom pero tienen aire de hippie que dura y de serios profesionales.


Somos lo que queremos ser. Dicen en los 70s.


Trabajamos pero sin ser capitalistas ciento por ciento.
No somos comunistas de pura cepa ni hippies agitadores que sólo fuman maría al sol.

Trabajamos y vivimos.
Un equilibrado y sano concepto.


A Armani parece gustarle el concepto. Son mujeres respetables, con oficio y beneficio pero con vida propia, amores, vida social y una moral a tono con la sociedad y con la individualidad. Pueden leer a Camus y preocuparse por las raíces del pelo. Pasear por la Rive Gauche de YSL y comprar en un brocante un trapo de lencería del XIX por tres francos.


Claro. Tienen encanto.


Años setenta. Me dicen. Mujeres divinas.
Pero mujeres.

viernes, octubre 02, 2009

Glamoamazonas De Serie


Guerreras. Es lo que propone Decarnin para Balmain. Guerreras de carácter afilado y peligrosas. No son Mata Hari ni devora hombres, más bien son guerrilleras. Independientes, amazónicas y algo salvajes.


De hecho, uno no sabe muy bien en qué momento situarlas. Parecen ser mujeres sin pretérito perfecto, sin presente, futuro o pasado. Están o estarán pero no se sabe ni donde ni cuando. Pudo haber sido hace un dos siglos en la Guerra de la Independencia española liberando a los nacionales de la opresión francesa. ¿Opresión liberal? En fin... Y dando a conocer la palabra guerrilla, putas armadas con cuchillos y espabiladas vecinas con la maceta a punto de caramelo para caer en la cabeza del francés.


O pueden serlo del futuro. Esperan, ya nos salvarán, de un ataque. Que quizás les cueste su vida pero que salvará su alma. Ya no llevan espada ni temen a los bandoleros. Ahora temen otras cosas.


Están algo descontextualizadas. Lo mismo se cuadran cual héroes envueltos en harapos que uno no sabe si reir o llorar de la emoción y mantienen erguida la cabeza como damas de honor que son que sacan modales del bochornoso XIX y se revolucionan.


Quizás se sublevan pronunciándose. Deciden abandonar la soledad del guerrero y cambiar su nombre en los libros de historia por el de una cabeza más en una fila que avanza a las órdenes del general. Valientes siempre, claro.


Y otras veces sólo queda la retirada...


Aunque siempre queda algo. De ellas, españolas, (y de ellos, también no se me enfaden) quedaron una serie de vocablos fijados en la guerra de 1808 en España y que Wellington diseminó hacia Gran Bretaña. De ellas queda el término guerrilla y el pronunciamiento como golpe de estado...


Y es que, sin saber cómo, se hace historia.