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lunes, octubre 08, 2012

Roland Barthes

Kate Moss de John Galliano en el número de Octubre de Vogue USA de 1999.

Roland Barthes es conocido por analizar el rostro de Greta Garbo como si fuera una máscara africana o una calavera azteca, quizá una momia egipcia. Sin embargo es un filósofo que no se ha limitado a la belleza por sí misma, esa belleza de Garbo que trascendía la pantalla. Greta Garbo era la gran estrella de los 30s, la dama del cine por excelencia, aunque la gente opinaba que Marlene Dietrich -Goebbels la adoraba aunque sin ningún tipo de reciprocidad- tenía mejores piernas. 

Sin embargo, Rholand Bartes no se hizo famoso sólo por eso ya que también se dedicó a reflexionar sobre la moda. Así dijo: "se sabe que la vestimenta no expresa a la persona sino que la constituye. O más bien es sabido que la persona no es otra cosa que esa imagen deseada en la que la prenda nos permite creer".

Si analizamos desde ese punto de vista lo que significa la moda, obtendremos algo muy distinto de lo que en principio habíamos imaginados. Nos vestimos para los otros dijo Schiaparelli y, señaló que, especialmente, las mujeres se visten para dar envidia a las otras mujeres. La moda femenina, la industria más potente del mundo, se basa en el deseo. No en un deseo positivo -estar guapo, estar bien, ir acorde con el espíritu de los tiempos, mantener el capitalismo y el empleo o lo que sea- sino por un deseo más bien de un tono verde envidia: ser mejores de lo que somos y ser mejores que los demás. 

Todos los creadores visualizan un prototipo de mujer, una especie de arquetipo físico-psicológico para el que diseñan. Muchos hablan de su madre como inspiración aunque rara vez esa progenitora coincide con su mujer ideal. Sin embargo, cuando una clienta compra una marca, podemos afirmar que se identifica o busca identificarse con el espíritu de la marca.

Cuando una mujer lleva un vestido rojo, probablemente, quiera ser una mujer Valentino. ¿Qué es eso? Una mujer con la vida resuelta en cuanto a lo económico y con un abanico de posibilidades delante de ella que probablemente se inspira en aquella desconocida radiante que destacaba sobre el resto, vestida de rojo, en la Ópera. La dama misteriosa. Este es el cuento del seductor seducido. Cuando, en vez de Valentino, escoge, por ejemplo, Stella McCartney la ecuación es sencilla. Stella McCartney diseña para ella misma. Una generación cuyos padres partieron los 60s y los 70s, modernos, preocupados por la vida sana y el ecologismo pero también por ser cool e ir a la moda. O sea, un poco como John Lenon pero si la pesada de Yoko Ono. En los años 30s, por ejemplo, las señoras de Chanel eran libres, elegantes y muy bellas. Todas eran un poco remedo de la propia Coco Chanel que se hizo su moda como "Robinson su cabaña", a medida que las necesidades iban surgiendo porque Chanel diseñaba según veía, conocía y precisaba. En cambio, las chicas de Schiaparelli eran modernas, surrealistas y divertidas. Duraron poco. Pero también las de Chanel. Todo muy en la "onda" de los efímeros tiempos de entreguerras.

La moda, señores, semiótica: significados e información. Piensen un poco en sus referentes estéticos y en su armario. Quizá sean sus sueños -o sus pesadillas-. Tranquilos, tiene fácil arreglo: Z...a...r...a!. 

lunes, mayo 07, 2012

El Frágil Detalle De La Identidad





Es difícil catalogarme a mí misma como una gran fan de Sexo en Nueva York, no lo soy. Para empezar, creo que la serie ha hecho mucho daño a la sociedad con todo el jaleo de Vattimo, la postmodernidad y la estética sobre la ética. Nunca he identificado el concepto de liberalidad con promiscuidad aunque creo que la serie, extrema como todas las series -y el problema lo tiene el que no lo entienda así, es decir, como ficción, ficción, ficción- fue un hito no solo de las tendencias sino de la forma de tratar a la mujer en televisión. Carrie y sus amigas son cuatro estereotipos con patas pero la serie se deja ver y, en algunos momentos, es incluso genial. Sin embargo, en mi opinión, el problema de una estupenda serie que empezaba diciendo que "no desayunamos con diamantes" y que mostraba que las Cenicientas ya no existían salvo por su interés hacia los zapatos; es que al final Carrie se casa con Mr Big, se compra un apartamento de cinco millones de dólares y en su armario hay más dinero del que se gasta en pagar a una pequeña empresa editorial cada año, no digamos que a trasmano de cualquier periodista de a artículo por semana en un periódico -muy- mediocre. Además del hecho de que SJP se empezó a creer Carrie Bradshaw, una mujer sofisticada, cool y, sobre todo, despampanante. Y no. No.

La cosa, por tanto, está en que hasta los estereotipos tienen una identidad: la de los estereotipos. Así Samantha podía llevar lencería con perlas auténticas y manipular a medio Nueva York para lograr un Birkin de Hermés; Charlotte podía casarse de Vera Wang tras contratar a un estilista de bodas y adoptar a un niño vestida de Chanel; Miranda... bueno, la letrada podía pagarle un traje muy muy caro a su novio y Carrie, santo cielo, Carrie. Carrie puede trotar por la ciudad con Manolos, Jimmy Choos, Louboutins, ir a Vogue vestidita de Dior por Galliano, llevar camisas de Cavalli para reafirmarse, hacer que alguien deje a la divina Natacha de Ralph Lauren -venga Big, venga- por ella y desfilar para D&G además de otros muchos varios cientos de delicias más.

Sin embargo hay algo que acompaña a Carrie y que le caracteriza, temporada tras temporada, mucho más que todo el resto del trabajo de Patricia Fields y ese algo es su collar de Carrie. Una baratija que compró en un mercadillo pero que no se aparta de su cuello. La verdad es que Carrie no deja de ser una chica americana de la América profunda y bajo todo el pulimento que va adquiriendo a lo largo de la serie y de algunas divagaciones que tiene el personaje que no provocan, precisamente, que te caiga bien sino demostrar que es una mujer y ya está, con una vida que aunque guionada, no deja de no estarlo y por eso es tan significativa la cosa del collar. La identidad de Carrie pende de su cuello. Siempre. Más alla de Dior, Chanel, Versace y Gucci, la verdad es que Carrie es ese collar que es una corazonada más que un gusto adquirido.

Cuando la neoyorkina por excelencia en uno de los episodios últimos de la temporada final de la serie, cuando se va a París con el ruso, Carrie recibe un regalo: una nueva vida y a juego con ella un collar de diamantes cuyo brillo ciega -t-(sus) ojos. Sin embargo, en medio de la vorágine parisina, Carrie pierde su collar y vive los peores momentos de su vida -en la serie-. ¿Qué hace la Bradshaw en París, sin Big, sin Charlotte-Samantha-Miranda, sin empleo, sin hablar el idioma y con un hombre como el señor artista? Finalmente, Carrie recupera su collar. Claro. Y vuelve a Nueva York a desayunar con diamantes.

Porque, la verdad, es que sí que desayunamos con diamantes.

Lo que pasa en la cena, ya es otra cosa. Ana Bolena, reina consorte de Inglaterra tras casarse con Enrique VIII, perdió la cabeza. Pero eso sí, nunca su identidad. De hecho, siempre llevaba el collar que se puede ver en este cuadro de fines del XVI, copia de otro de la década de 1530 que se ha perdido. La B de Boleyn. O el Carrie de Carrie. Así son ellas.

lunes, enero 02, 2012

Sadismo Y Lujo


Dios, Newton. Y sin coma si me apuran. Dios Newton. Como Lope en la España del Siglo de Oro, con un credo y todo que, naturalmente, chafó la Inquisición porque era -un poco- hereje. La madre de Dios, si es que Newton es el abecé de la moda, de la fotografía y del pan nuestro de cada día porque todo lo que ha hecho Newton a lo largo de su historia como fotógrafo mayor de este reino absurdo y genial es lo que vemos día a día en las páginas de Vogue -incluso de Vogue USA-.

Sí, incluso de Vogue USA, ese templo del rancio, de la perversión, de lo obsceno y de lo políticamente correcto que esconde el peor armario lleno de cadáveres inimaginable. Newton convirtió a la Schiffer en la mujer de Park Avenue con todo y con nada, con una existencia torturadora de los (muchos) que tiene bajo su dominio y servil con los (pocos) que tiene por encima, por ejemplo, su marido. Ése desconocido tan sutil que paga las facturas sin rechistar y se calienta la cama con, entre otras, Claudia. Sin embargo, esa criada que tortura la Schiffer con su actitud glacial tiene una buena venganza: el marido. Realmente la esfera es la forma más perfecta del Universo porque el triángulo demuestra que siempre sale mal.

Newton es un genio de la psicología femenina. Muchas veces se le acusa de sadismo y machismo. En absoluto. Newton es un enamorado de las mujeres. De hecho, cuando quería hacer nteresante algo: ponía una mujer. Eso lo hizo cuando decidió fotografiar su cocina que a él le parecía vital pero, por lo visto, entendía que no a todo el mundo. Sin embargo, colocó a unas cuantas mujeres desnudas su banal cocina se convirtió en la gran cosa.

Pues eso, una mujer en la vida.
O el lado femenino de la existencia.
O un poco del (in)genio de Newton.
O un año lleno de belleza donde solo unos pocos ven ceniza.
¿Qué sadismo? Esto es el lujo del que ve, no sólo de que mira.

jueves, diciembre 22, 2011

Las Nuevas Princesas

Lara Stone por Testino para Vogue Uk diciembre 2010.

La navidad. Artificio. Sin embargo, Capote estaba completamete en lo cierto cuando dijo que alquien era auténtico por ser genuinamente falso y, claro, viceversa. Quiénes somos y quién queremos ser es la eterna dicotomía a la que se enfrentan nuestras aspiraciones y nuestras realidades. El quién somos y lo que realmente somos junto con la forma en que los demás nos descodifican es clave. Las monarquías son cosa del pasado pero las niñas siguen queriendo ser princesas. No sé, quizá tenga algo que ver con lo que opina Elie Saab de que representan el cúlmen de las aspiraciones o quizá sea algo atávico relacionado con Jung y el inconsciente colectivo o con Freud y una pulsión sexual sobre la virginidad y el deseo.

Lara Stone por Willy Vanderperre para Vogue China diciembre de 2010.

El deseo es un elemento fundamenal en nuestras vidas y, de hecho, quizá debiéramos plantearnos si el amor no existe para vender vestidos y el Nuevo Testamento para que hagamos regalos. En lo que se ha venido llamando Biblia de la Moda, lo saben bien. y, por eso, cuando llegan las fechas de delirio y espasmo navideño, de celebración burguesa y ancestral, apelan a lo que más nos gusta. Y no tiene nada de malo.

Vogue España enero 2012. Maryna Linchuck.

¿No es una meta loable convertir la vida en arte y el arte en belleza? Estoy harta y aburrida de la cantinela del qué significa. Nada. No significa nada. Somos seres compulsivos, nacemos y nos reproducimos hasta morir igual que uno de los virus que se instalan en nuestro cuerpo hasta matarnos, pero nosotros lo hacemos a gran escala en el planeta. Llevamos dándole vueltas a la cabeza sobre el significado de la vida, probablemente, desde que aparecimos en el Universo y, además, seguimos en igual situación. Somos unas fieras. Quizá con piel de cordero. Y por eso nos gustan tanto las princesas.

Editorial de Lara Stone por Testino para Vogue Uk diciembre 2010.

Parece que en Dior han acertado de pleno con sus tres iconos para 2012: Marilyn Monroe, Grace Kelly y Marlene Dietrich porque los caballeros sí que las prefieren rubias. Y no sólo  los caballeros. A las puertas del aniversario de la princesa de Mónaco, su chic, su boda, su estética y toda ella se convierten en tendencia. Eso es lo que Vogue jura. Sobre todo Vogue España que, en su número de enero de 2012, apuesta por las nuevas princesas de las tendencias con la rubia favorita de Hitchcock en el punto de mira.


Un cisne es el ideal de mujer que se lleva. De alta cuna y de baja cama. Elegante, grácil, serena, de hielo, con pedigrí, con clase -y clasista- y envuelta en tules como una flor. Dior, Balmain y Charles James convirtieron desde los 50s a la mujer en un objeto, en un bello maniquí de miles de pétalos que brillaba envuelto en el rocío de la mañana. Poderosamente sexualizada, la intimdiad se guardaba entre bustos armados, capas de tela y zapatitos diminutos. Aquel viejo cuento de cómo Cenicienta perdía su zapato a posta para volver loco al príncipe con su pie diminuto... El príncipe resultaba ser un ingenuo y Cenicienta, la pobre, una mujer fatal. Qué bonita historia sobre el fetichismo.


No hay nadie más royal que un burgués y eso somos nosotros: pequeñoburgueses. Nos encantan las bodas de los príncipes -sobre todo vistas en la televisión-, comprar Hola para diseccionar quién llevo qué y cómo y soñar, desde la intimidad de nuestras casas, con una existencia menos funcional y un tanto más absurda. Antes de que el siglo XX fuera convulsionado por la Gran Guerra, el XIX aún no había acabado y tampoco la hermosa confianza en el progreso. Y, en medio de toda la decadencia previa a la Primera Guerra Mundial había una noción deliciosa: la belleza.


Lo bello es un concepto tan pasado de moda como el honor y, probablemente, igual de pedante. Sin embargo, igual que en el trabajo de Lagerfeld para Chanel y el de Valentino e Yves Saint Laurent al final de su vida para sus respectivas marcas, la decadencia es hermosa. Algo debe tener el ser humano inmerso en su código genético que le hace volverse más y más romántico con los años. Quizás sea la mediatización o un componente biológico que se basa en el mero afán de conservación. Quién sabe. Lo que sí que sabemos es que de las chicas de los 80s con cazadora de cuero llena de tachuelas que se protegen como un erizo de cualquier agente externo, hemos pasado a las beldades frías, virginales, delicadas y deliciosas que viven como Mariantonietas de hoy (y que incluso puede que tengan su mismo final trágico).


Carine Roitfeld ha sido sustituida por Emmanuelle Alt al frente de Vogue París y aún apuesta por Bowie (Kate Moss es su portada de diciembre de 2011 con semejante "transfiguración" reptiloide) pero es la única. Bueno, siempre hay algún despistado más pero ya no queremos ser superwoman. Ahora queremos ser damas. Se acabó toda la cantinela de chico y chica y de todo lo strech, estamos en crisis, se venden más barras de labios y Dior ya nos devolvió la moral bajando las faldas y embutiéndonos en un corsé. Y lo que nos gustó...


El icono de la mujer de los 90 (y de hoy) -!cuánto daño!- es Sexo en Nueva York. En el primer capítulo Carrie mataba todos los tópicos de un golpe: sexo sin amor, vida corriente y glamour. Soltera sin aspiración de matrimonio y con un cuerpo para lucirlo. Nadie desauyuna con diamantes, dijo. La periodista, la abogada, la galerista y la representante eran el prototipo de todos los tipos de mujer y de sus aspiraciones: guapas, con éxito, trabajadoras y con problemas. Nada de malo. Al contrario. Sin embargo, será eso de que nos vamos haciendo ñoños con el paso del tiempo porque "mis" chicas -las chicas- pasaron a casarse, reproducirse, comprarse un ático en medio de Nueva York y comer perdices con el guapo millonario.


Va a ser que no desayunamos con diamantes pero que lo seguimos queriendo.
Y, de verdad, no hay nada de malo.
Solo hay que atreverse a ser una princesa.


lunes, junio 13, 2011

El Humo Ciega Los Ojos

¿Le molesta si fumo, querida?

El preguntar si molestaba el humo a las señoras era habitual. Hasta los 60s con la minifalda, Jackie Kennedy, una fumadora redomada que fumaba tanto y tanto que tenía las manos amarillas y por eso llevó guantes el día de su boda -entre otros motivos- y la revolución femenina, el tabaco no dejaba de estar masculinizado.

En los 20s, algunas damas independientes comenzaban a fumar. En los 30s la muy chic Katharine Hepburn fumaba, y fumaba, y se convertía -llevando pantalones y con su actitud- en todo un icono. En los 40s Rita Hayworth convencía a todos que el fumar podía ser lo más sexy del mundo con su Gilda fatal y fumadora, aunque aún quedaba el residuo de mujer de vida alegre, disipada o que, desde luego, te puede traer problemas. Y en los 50s, aparece ya la explosión demográfica aficionada al tabaco. Llega a los institutos, a las chicas buenas, a las malas y a todos los chicos. De repente, todo el mundo fuma.

En los 60s la pregunta sobre si molesta comienza a desaparecer y en los 70s de ella no quedará ni el esqueleto. Hasta hoy que, a pesar de lo impensable de la eliminación del humo, la sociedad camina hacia el non-smoker full time. Sin duda, lo más sano y lo mejor. Claro que ahora queda la provocación, la cabeza del Bautista en bandeja de plata o en maleta de Vuitton, ¿verdad Kate? Al menos eso piensa el laureado Marc Jacobs. ¿No?

domingo, abril 10, 2011

Caprichos


Oscaw Wilde decía que los caprichos eran la forma más importante de deseo y que duran mucho más de lo que uno podría esperarse. Un ejemplo podría ser Ana Bolena con Enrique VIII que es además un ejemplo de que el capricho suele acabar mal cuando se logra porque, vuelvo a Wilde, lo cierto es que hay dos males en la vida, tener lo que se quiere y no tenerlo y el primero es el mayor de ambos. No obstante, no todos los caprichos tienen que ver con hombres. Algunos tienen que ver con mujeres, especialmente si pensamos que la Iglesia Católica consideraba que el capricho estaba a merced de la mujer especialmente, porque fue Eva la que comió la manzana primero. Un gran ejemplo de capricho es Escarlata O Hara con Ashley Wilkes. Otro gran ejemplo sin duda es Holly Golightly. Actualmente podría citar buena parte del trabajo de Galliano, de Valentino, de McQueen y de Tiffanys como grandes caprichos para mí, eso sí, al menos por un tiempo porque los caprichos son efímeros, son.... volátiles y a veces pueden ser destructivos pero, oigan, la vida está hecha de pequeñas cosas.

viernes, febrero 04, 2011

"Lamento No Haber Creado El Vaquero" Y las Segundas Partes


La Alta Costura de 2006, invierno. Lagerfeld escandalizó -un poco- y gustó -otro tanto- en una de sus mejores colecciones -para mí, muy arriba entre las tres primeras- y luego las cosas que sacó en pasarela se vieron por todas partes. La Wintour pre Carine post cháchara del Diablo Viste de Prada y todo aquello, estuvo muy emocionada con la colección y de hecho se paseó con ella por todos los sitios, con un montón de piel y sus collares de cuentas. Las estrellas en auge llevaron muchos vestidos de los que Lagerfeld diseñó y pasado toda la jarana inicial fue una colección muy aplaudida.


Para mí la mejor de estos tiempos en Chanel. Siempre que la veo pienso aquello de Yves, "lamento no haber inventado el vaquero" y me acuerdo de Lagerfeld. Lagerfeld-Yves vidas paralelas. En esta colección Lagerfeld no hizo nada que no supiera hacer de antemano, rejuveneció un Chanel metido en la mrotaja, encumbró a la Schiffer y empezó a fotografiarlo todo, remobió plumas, sombreros, cadenas, perlas y 2.55 como un combinado y se sacó una casa exitosa de la manga, de la más alta calidad e insiginia de Francia.

Y Lagerfeld demostró no sólo que el vaquero puede ser elegante -eso no es ninguna sorpresa sin embargo, veo todos los días magníficos ejemplos no solo de la versatilidad del vaquero, de lo chic que puede ser (y también de lo espantoso claro)- sino que podía ser lujoso más allá de añadir como llevaba haciendo Roberto Cavalli ya unos cuantos años. Los cortes de la colección eran perfectos, los accesorios, en los que Lagerfeld suele desmadrarse y proponer o bolsos-cubito de hielo (!guays!) o zapatos-pistola-condicional (ugh), virgencitas con la cabeza llena de papel o novios metálicos y con cabeza de león, eran sobrios y exquisitos, las horquillas de perlas eran deliciosas, los zapatos repujados y dorados, soberbios, los mitones, divinos.


De hecho, tras esta colección Lagerfeld se volvió a interesar por el vaquero y por el aspecto más ¿juvenil? -no lo se, yo no diría que esta colección es joven, diría que es buena.- del asunto. De repente, la América que gustaba y sorprendía a Chanel a él también le conquistó: el bonito y verde dolar, los Kennedy, el pre Obamismo ¿?, el monte Tamalpais, los tacos, Nevada, Las Vegas, Bob Mackey, Marilym, Lindsay Lohan alcóholica, drogada, conduciendo borracha y yendo a fiestas con su pulsera de la condicional en el tobillo fue su inspiración. Todo era vaquero y todo olía  muy nuevo, a aspiraciones y a, sí, un poco de vulgaridad made in nuevos ricos.


En su última temporada de HC, 2011 primavera verano, Lagerfeld vuelve a sacar el vaquero -versión 3.0 ya- porque esta vez ni siquiera tiene mucha gracia, aquella de Lindsay, las modelos jugando al tenis y todo tenía su risa, su chiste, su ... sonrojo pero su !oh! que al fin y al cabo está bien que nos den una sacudida de vez en cuando para que no nos desmayemos de autocomplacencia... pero esta, esta temporada, bueno, Lagerfeld se vuelve un tanto light: princesas descafeinadas, vaqueritos bajo las cosas porque una al fin y al cabo es una pijina que compra Telva y que ve a Preysler-señora Paloma Cuevas !qué poco duró vendiendo bombones que engordan, ella que se saca los niños de una col! -Judit Mascó -delgadita porque come Donuts light y sueños -o pesadillas- rosa pastel.

Atrás quedó esta maravilla.


Pero bueno, siempre podemos volver al pasado, que con su pátina de polvo siempre gusta. Aunque, este pasado, me parece tan interesante, que no tan nuevo, que es digno de señalar. En este desfile, también estuvo Stella Tennant que por cierto ha vuelto este año con Chanel al pret a porter en su pasada colección, desfiló con Ford en Nueva York -con grandes críticas, por cierto- y está en la campaña de Zara de esta primavera. Marina Pérez también se paseó por este desfile, Freja aún tenía el pelo largo y por cierto, el que la sacó de su ostracismo danés fue Lagerfeld en aquella campaña blanca, dorada, aséptica por la que muchas se pegaban. Y a Irina Lazarenau, por entonces, ami-enemiga de Moss le dio alas para que abriese el desfile, sacase un modelo al medio y lo cerrase vestidita de novia modelo de rockero en los 80s que se casa en las Vegas pero de blanco. Ay qué tiempos absurdos fueron y cómo nos gustaron...

sábado, septiembre 18, 2010

Paradoja


Alfred Hitchkock dijo que el problema del siglo era que no se maltrataba lo suficiente a las mujeres. Parece que ellas también están de acuerdo. Porque cada vez usan faldas más cortas, bikinis más escuetos, cosmética más agresiva y tacones más altos. Además, trabajan más y más horas y en peores trabajos con peores horarios para pagar sus caprichos.
En China y en Japón, las damas de esos países, se prostituyen para comprar artículos de lujo, especialmente Vuitton, bolsos con logos y en menor medida accesorios en general. Y, vuelven a subir la altura de los tacones en Manolo, en Choo y en Lanvin.
Vuelve Tom Ford. También. Creo que todo está relacionado.
Pero, ellas parecen disfrutar.

miércoles, septiembre 01, 2010

Lo.Li.Ta


Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-lita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita. ¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano.
Lolita.


Lo


Li


Ta



Lola



Lo


Looooola


Lol


L

Ola

Lolita


Sexo

martes, agosto 31, 2010

Niñas Bien. Niñas Consentidas


Pero hermosas, claro.
Duelen mucho.
Aunque también gustan.
Son desequilibradas. Y hermosísimas. Y divertidas. Y sexies.
Lo tienen todo y no tienen nada.
Y son muy deseables. Y muy poco deseables.
Me gustan.

miércoles, agosto 25, 2010

Amo Mi Carré De Hermés



Un cuadrado de seda. Estampada. Perfumada. Suave. Huele a tabaco. A alcohol. A perfume caro. Y a crema hidratante. Un olor nada desagradable. Se lleva en el bolso. Al cuello. Con la marca Hermés.



Y ya no hay más que decir.


Ahora Hermés dice cómo se puede llevar en su página donde explica cómo parecer Rockabilly en Tokio, modelo en Los Ángeles, sofisticada dama en Milán o bailarina de jazz en un antro de los años 20s en París. Eso depende.


¿De qué?


De tí.
De eso trata el lujo.
De ser único.

viernes, agosto 20, 2010

Roma


Roma es descarnadamente bella. Da un poco de pena contemplar a la ciudad. A veces... Cuando uno ve que el teatro Marcello eran casas, que San Pedro In Montorio está enclaustrado como la fuente de Fellini o que los arcos de triunfo se caen a pedazos, junto con el Coliseo. Que descuidan su limpieza. Las iglesias no tienen luz si no haces donativo y que es imposible cruzar sin ser arrollado. Y también conducir. Que Roma está lleno de españoles y tal....



Pero es la más bonita.
Más bonita que ninguna.
Ja.

jueves, agosto 05, 2010

Vanidad


En los años 20 las mujeres comenzaron a hacer algunas cosas hasta antes inauditas. Por ejemplo, retocarse el maquillaje fuera de casa y del tocador y, especialmente, a retocarse los labios. El gesto fue encontrado indecente por muchos. Por otros, fue considerado muy sensual.
La entonces Biblia de la moda, se hizo eco de ésto. Aunque en el número de la vanidad...
Uno se entera que no eran todos sobre la frivolidad...
Ay qué cosas.

lunes, mayo 17, 2010

Postmodernos Nada Modernos


Cobrasnake.
Última tanda The Selby.
Estoy convencida de que el tío es un pirado.
Encumbró a Cory Kennedy.


A las niñatas que se despatarraban en cualquier disco de L.A con cara de consumir mucho, meterse de todo, no peinarse, comprar ropa en el ejército de salvación, comer Lacasitos de colores y beber mucho ron.


Fotografíaba sin flash a niñas fashion de Los Ángeles, un poco colocadas en cualquier tugurio de la ciudad donde todo el mundo quiere ser famoso, trabajar sigh en el cine, en la moda o en algo que asegure Alfombras Rojas, un par de autógrafos y algo de sexo. O de mito al estilo James Dean, que hay de todo.


Tiene casa de perturbado. De niño molón raro.
Con una cámara en mano que toca con su varita a una adolescente que se deja sacar las bragas con 15 años por un tío que coloca su pelo -sucio- y su cabeza no demasiado preocupada por los exámenes finales en una revista de moda como lo último. Y Karl Lagerfeld quiere a Cory Kennedy. Carine Roitfeld quiere a Cory Kennedy y un par de años después nadie -nadie- se acuerde de Cory Kennedy. ¿Aquella de los ojos rojos y con pinta de sucia de hace dos años?
En fin.
Aquella que era la hostia.
En fin.


La cosa es que no sé muy bien porqué, The Selby (que tampoco sé muy bien quién es) ni qué hace (aparte de hacer fotos de casas con muñecos raros de plástico y nombres de pseudo famosos o famosos enteros o desconocidos completamente) y que tiene un libro que se ha agotado y a todo el mundo le encanta, hizo fotos de la casa de los abuelos del "chaval".


El abuelo colecciona sombreros en perchas.
Tiene fotos de bebés.
De otro tiempo.
De tiempos mejores.
Buen humor.
Y piscina.
Enlace


Debe ser el "enrollao" del que ha salido tanto talento. Sigh.
Pero, parece simpático. Algo viejo verde.
Un poco paleto.
De la España de los 60s.
Y del landismo.
Pero en L.A que es como más internacional.


Pero la abuela es como Coco Chanel si hubiera sido americana.
Y, bueno, salvando las distancias, hubiera tenido un nieto así.
Analógico.
O digital.
O dios sabe qué.
Y, si Chanel no se hubiese cortado las venas antes de alumbrar semejante ¿espantajo?, ¿ser?....


Y como dicen en España, uno de esos que se espera que Dios acoja con la misma alegría con la que se lo mandamos.

Pero, su casa tiene encanto.
Un encanto algo pasado de moda.
De demasiado oro, demasiado barroca, demasiado abigarrado, demasiado efectista, demasiado... esto ya lo he visto yo en casa de Chanel y mejor.
Pero bonito.

La génetica... qué malas pasadas juega.
Aún así, un entorno creativo que me hace pensar que el barroco da cosas grandes.
En su época dio angelotes extraños.
En la nuestra da chiquillas descarriadas.
Más cerca del infierno que del cielo.

De aquellos barros estos lodos. Pero una abuelita chic.