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sábado, septiembre 22, 2012

Una China En El Zapato De Prada


La inspiración de Miuccia Prada para la primavera verano 2013 es, indudablemente, Oriente. Y, especialmente, Japón. El calzado revelaba lo que la colección no ocultaba: pies pequeños, pies de las hijas del loto, plataformas para elevar a las nobles de los vulgares mortales y elitismo. Hay flores -y pieles, lo que no deja de ser sorprendente- y hay cortes que recuerdan más al trabajo de Kawakubo y Yamamoto que al de la tradición italiana que uno espera encontrar en Valentino o incluso en Versace.


El Oriente de Prada no es el de Armani, otro italiano aficionado a las dekicias que el lejano Oriente puede darnos a nosotros, castos occidentales. Son mundos completamente diferentes. El orientalismo de Armani bebe de los materiales, del preciosismo de los tejidos, de la constancia del agua, del cantar del viento, del jade, la piedra de la luna y las historias de escamas de dragones y tapices que volaron y se hicieron pájaros y castillos. El Oriente de Prada, en cambio, es el de los cómics, el de los cruces sobresaturados de Tokio, el de los vagones del metro en puro silencio, donde nadie se toca, donde nadie habla por el móvil, donde hay empujadores para que la gente quepa dentro.


La pasarela misma parecía el cruzado de las línes del metro y, el público -espectadores-, los que aguardaban a coger un vagón con destino a los almendros florecidos o a un barrio comercial de la ciudad alta. Al fin y al cabo, lo mismo da. Se respiraba mucha soledad, mucho vacío. De ese tipo de ausencia que solo hay cuando hay mucha gente, muchos ojos mirando que no ven nada.


Prada propone un Oriente que casi es el de los comics y el de las lolitas tokiotas con coletitas y minifaldas de colegio británico, todas a cuadros. Debo ser de los pocos a los que el calzado les ha chiflado. En general, temporada tras temporada, los zapatos de Prada son un objeto oscuro de deseo tanto en la firma principal, Prada, como en la que hace años fue secundaria: Miu Miu. Han recibido muchas críticas y se han alzado muchos ¡oh, qué horror! pero a mí me han gustado. La palabra clave es jikatabi y, hace no mucho, en 2009, Margiela ya lo hizo. Eran unas botas inspiradas en el corte entre los dedos del calcetín tradiocional japonés -tabi- que viene a ser un calcetín con el dedo gordo separado de los otros. La sensación es similar al ir descalzo y era lo que llevaban los ninjas (y las simpáticas Tortugas ninjas de los dibujos animados que además de para aprenderse los nombres de los pintores renacentistas también van a la moda). Miuccia Prada lo que ha hecho ha sido ponerlas tacón y bañarlas en oro, en plata y en la gama de los rosas y ponerlas lacitos. Y todos tan contentos.


En cuanto a otros accesorios: pelo alto, recogido, con un aire marcial y señorial que ya se ha visto en Prada en otras ocasiones cuando citaban a sus bibliotecarias sexies y esmirriadas de los años noventa, por ejemplo. Las texturas de la colección oscilan entre la flexibilidad del calzado y de las prendas y la dureza de los accesorios, los colores apagados y los estampados sobrios y poco alegres con mucho de Marimeko. A Anna Wintour, que criticaba a Pilati por la falta de colores de la primavera en YSL, no le ha debido gustar mucho pero, como al exposición de Prada-Schiaparelli del MET ha sido un fracaso y Miuccia Prada está muy enfadada, la colección estará bien alto en el top ten de Vogue, de Style y de Condé Nast en general. Al tiempo. En realidad, Miuccia Prada ha reconocido que no estaba muy inspirada para hacer esta colección -sólo hay que leer entre líneas en sus declaraciones- y parece que en ella hay un poco de deseo de venganza y de aire letal y casi militar. A mí sus chicas me recuerdan un poco a institutrices occidentales que lo mismo se te aparecen con una fusta en sueños que te saltan los dientes de un bofetón en una pesadilla.


La música francesa que ha acompañado al desfile es maravillosa. Y pone más en situación que las prendas por sí mismas siendo parte del mensaje que nos transmitía, igual que hace un par de veranos cuando todo era mucho más alegre y sideral, pero que tenía las mismas gafas absurdas. El drama del verano es para Miuccia un tema que se cuela en sus colecciones de forma repetida. De hecho, hace unos cuantos años (ss 2007) también tuvo una gran frustración y presentó sus exitosos turbantes en modelos sin parte de abajo porque todo lo que habían hecho era feo y no le gustaba, palabras textuales de ella. ¿Hay feísmo en la colección de Prada?, sí. Lo hay. Es seña de la casa. Pero también hay mucha autocita: la textura casi de neopreno de la primavera aunque menos alegre y despreocupada, el pelo alto y severo de las secretarias de no hace tanto y los zapatos imponibles que se repiten año tras año en Prada.


En cuanto a los colores, el desfile empieza en negro y poco a poco van apareciendo detalles en blanco, en rojo y en rosa. Las notas de color y de luz las ponen los accesorios: botas y zapatos dorados, rojos, plateados y  rosas además de bolsos con flores duras. Lo más reseñable, realmente, es la piel. ¿A qué viene todo ese astracán en verano? Debe ser cosas de la globalización, esa que nos hace perdernos en las traducciones en Tokio. La colección habla de la perversidad, otro drama del verano para Prada. No hay amor, no hay comunicación y hay un aislamiento futurista y oriental en los sesenta. Está claro, estamos en los sixties contra los eighties.

viernes, septiembre 25, 2009

Neo Lolitas


Últimamente vengo pensando en los dulces adolescentes que pueblan el mundo. Adolescentes 2.0. Criaturas sacadas de un esperpento de Valle Inclán entremezclados con el surrealismo de Dalí. Esa generación con la que uno no sabe a qué atenerse. Que lo mismo se cortan las venas que montan una orgía online.


Ellas son una suerte de niñas malas. Que, como suele ocurrir, en realidad no lo son. Frívolas, con trastornos psíquicos y alimenticios y fotologs. Una mezcla de diversión desenfrenada y apática sorpresa día a día.


La ética del desinterés entremezclada con euforia juvenil. Sueñan con Prada aunque a ellas las vio -más bien- nacer Tous. Piensan que serán modelos, diseñadoras y estilistas -todo en uno- y que la sexualidad tiene más que ver con droga que con rock and roll.


También tienen devaneos con el sexo y las veleidades de los accesorios de la diversión. Y los excesos. Son más de Alexa Chung que de Jane Birkin y más de Crepúsculo que de Harry Potter, más de Mac que de Pc y más de Gucci que de D&G..


Me gustan porque son niñas bien y no lo son. Son más de caretas que desean y quieren ponerse y que acaban condenadas a llevar. En seis años serán de esposo e hipoteca y de café con leche a ginebra pero ahora, la vida es joven. Y el status de tía buena dura poco.


Son más monas que guapas y tienen una suerte de dos neuronas. Una para respirar, otra para vomitar. No suena a mucho glamour pero es que la moda no tiene nada que ver con el glamour y menso desde que lo más es arrastrarse en antros y salir en fotos con ojeras donde no hay flash.


Mamá y papá siguen pagando las facturas. Porque la vida es de color de rosa mientras dura. Y no hay que desperdiciar el tiempo. Aún así... no todo es perfecto en su universo. Tienen un aire tecnológico y deshumanizado.


Como si fuesen chicas más de carne y hueso que de espíritu...

lunes, marzo 02, 2009

Prada, Comuna ¿Chic?


Miuccia Prada siempre se ha considerado comunista. Corazón a la izquierda y sangre roja, muy roja. Comunista, anarquista, política. Por encima de un mundo superficial que hiela el corazón, de una cultura en la que se paga quincemildólares por un vestido y cuatromil por unos zapatos. Una cultura en la que dar de comer a una tribu de África cuesta treintadólares. Una cultura donde nada es justo.


Miuccia Prada es una intelectual. Si se hubiese criado en el París de los sesenta ahora tendría la voz cascada por los cigarrillos sin filtro y por el vodka bebido en el Barrio Latino entre susurros y confidencias de artistas malditos sin más compañía que el opio y sin más consuelo que el suicidio.


Si hubiese vivido en París quizás hubiese terminado su vida como poetisa frustrada ahogando sus lágrimos y su cuerpo en el Sena, tarde, cuando las farolas parpadean anunciando el alba. Anunciando la hora burguesa del desayuno. Anunciando la Iglesia del domingo y el pan y el vino.


Pero Miuccia Prada tiene otro pasado diferente al que se escribe con sangre, roja. Del corazón. Heredo Prada. La transformó en un imperio. Capitalista, you know it. Y en cada colección decidió reirse de las fashionistas que pagaban las esencias y tormentos capitalistas encerradas en zapatos de tacón y pintalabios rojo fuego. Sólo un poco. Dice ella.


Decidió convertirlas en secretarias. Amantes, queridas, putas mejor vistas. De los cincuenta y sesenta, de la Revolución Industrial pendientes de su marido, sus hijos y sus revistas del corazón. Con su falda de tablas recuperada de alguna disyuntiba entre Coca Cola y Pepsi por el american way of life.


Luego las convirtió en intelectuales. De negro. Muerte. Y rojo corazón. Un impulso beatnik animado por la bebida y los -ismos. Pequeñas filósofas de hoy, carteras de Prada y libros de Nietzsche. En el escaparate de Prada por la redención.


Luego Miuccia tuvo devaneos y coqueteos con la femineidad. A veces la cortejaba con celo, otras la rechazaba con fiereza. Al fin y al cabo las que compraban, eran ellas.


Ahora, tras seguir comunista. Dice Miuccia que sólo las valkirias son mujeres. Armadas. Hasta la muerte. Sin saber qué es rendirse. Calzadas con zapatos de tacón. Y rendidas a un salón con alfombras de terciopelo bajo la muy alargada sombra del triángulo de Prada.


Dicen que los extremos se tocan. Cuentan que Hitler y Stalin firmaron un pacto de acero. Compran tiaras de diamantes los de Prada para la comunista alzada en reina de los socialistas capitalistas, del movimiento de clases de los obreros comprando bolsos de Prada. Alzada en reina, con tiara de Cartier. Hay extremos que se tocan.


Mientras ella se sigue riendo de sus súbditos que aún creen en la república, en las comunas, en el proletariado. Que malviven malcomiendo para pagar Prada. Para seguir durmiendo amparadas en que es Prada.


Quién sabe, quizás algún día el rojo sea de sangre. De guerra. De revolución. Quizás algún día todos seamos comunistas.

O quizás no.

viernes, septiembre 28, 2007

Prada, Cóctel Tenebroso


El desfile de Prada guardó la sorpresa hasta el último instante cuando las maniquíes lánguidas, nostálgicas, fantasmales salieron a desfilar en una pasarela lúgubre y con el fondo actual y trascendental que Miuccia Prada escogió para la ocasión que recordaba tanto a los graffities de las calles de las grandes ciudades como a las vidrieras que presiden los altares de las catedrales góticas o de los templos en Asia. No cabía duda, eran mujeres fuertes, de las que le gustan a Miuccia, y que parecen masculinas y tienen un punto andrógino. La atmósfera decía que algo ocultaban y de hecho caminaban envueltas en secretos y en un halo tenebroso. El art noveau ha sido una inspiración evidente para Miuccia Prada en esta colección y aunque ha tenido fuertes críticas, estamos, sin duda, ante una colección que dará que hablar para bien y para mal. 



Otra de las inspiraciones parecen ser los 70s aunque con un punto más lánguido y menos vital como se ve en las imágenes que tenemos en la cabeza de chicas con el pelo largo, muy largo, con vestidos lenceros y románticos estampados de flores y largos, sin cortes que muestren la forma del cuerpo. Y es que hay poco de terrenal en este desfile pues son las hadas, las ninfas, los seres féericos los que parecen poblar el universo de Prada, con toda una cosmogonía propia, para el verano de 2008. Hay perversidad y anarquismo y de hecho, a las hadas y a otra gente pequeña, se les temía y respetaba y se esperaba de ellas que fueran juguetonas y un poco fastidiosas: que cambiaran las llaves de sitio, que agriaran la leche y que le causaran de vez en cuando un chichón en la cabeza al niño. 



Los 60s y quizá todas las supersticiones que seguirían vigentes luego en horas de la Guerra Fría, además de la tensión contra el comunismo por el consumismo están muy presentes. Uno de los temas fundamentales del desfile son los estampados: florales y pop. Además de los accesorios que son retorcidos como si hubieran sido creados viendo estalactitas y estalagmitas en una cueva. Uno de los mantras de Miuccia Prada es que las mujeres deben ser fuertes, "femeninas pero no débiles", y la presencia -y el uso y el abuso- de prendas que parecen sacadas de pijamas algo orientalizados (con cuellos que parecen un poco Mao y botoncitos que despuntan a cheongsam) podrían inducir una cierta debilidad. Al fin y al cabo, despreocuparse del pudor no deja de ser una muestra de enfermedad. Y, sin embargo, hay una sensación de conciencia omnipresencia y quizá, incluso, de una cierta maldad perversa y tenebrosa que, inspira más a marcharse, que a compadecer a estas jovencitas en pijama que, desde luego, no preconizan el amor libre y el haz el amor y no la guerra. Aquí hay mucho de que hablar, parecen decir. 



Aunque los códigos de la casa Prada están siempre en constante mutación y rediseño, Miuccia Prada lleva unas cuantas temporadas "tratando de encontrar una nueva creatividad" y así aparecen en sus colecciones líneas curvas y chokers que hacen a sus mujeres sexualmente agresivas y menos perdidas en sus ensueños como parecían estar las de las colecciones que lanzaron al estrellato a Prada: feístas, bibliotecarias apocadas con mochilas negras de nylon.



La inspiración en Oriente parece evidente. El kimono, el cheongsam y el cuello mao están aquí para quedarse pero es la seda el material que se lleva el gato al agua como quien dice. Los accesorios son un tema capital en la colección y no cabe duda de que el calzado, sinuoso y contorsionado, trepante y reptante en las piernas de la modelo, hará las delicias para todo lo que importa (editoriales y ventas en tienda). El esmalte fue siempre una técnica clave para el movimiento que reclamaba la línea curva que es la figura estrella del modernismo y así aparece en las colecciones de Lalique donde los seres de los mitos, la libélula que diseñaron para Sarah Bernhart por ejemplo, parecen dominar pues es una tendencia que juega con la ambigüedad y que convierte a las mujeres en ninfas un tanto asexuales pero al mismo tiempo fatales. Y esto es de lo que habla la colección de Prada con sus zapatos esmaltados y sus mujeres envueltas en capullos de seda para que, de estos gusanos, salgan mariposas. 



Los colores son fríos: verdes, amarillos, grises amoratados y no inspiran al optimismo de los 60s y los 70s pues el aire retro de la colección, que tiene reminiscencias al trabajo de Biba en el Londres setentero y al de Ossie Clarck, es pesimista y tenebroso. Tiene un punto melancólico, lánguido y espectral. La conexión presente-pasado se hace evidente tanto en las prendas como en el aspecto urbano que tiene la pasarela por la que caminan las modelos. De hecho, las flechas que marcan la dirección y los graffities del muro parecen bastante posapocalípticos y dictatoriales de forma que las dulces chicas quedan como ondinas, irreales. 



La colección parece girar así entre lo que ocurrió y lo que está por venir, entre lo desolado y real frente a lo mágico y futurible y también entre lo femenino y lo masculino, lo interior y lo exterior. Personalmente la colección me recuerda a lo que ocurre en un estanque en el que no podemos ver el fondo. Sí, claro, hay mucha vida abajo. Algas, que se ondulan y mueven por el viento y que se alimentan de la luz solar, débil, que reciben. Pero no la vemos. ¿Qué habrá?, ¿cuánto cubre?, ¿será el agua tan tranquila como parece?. La línea curva aparece claramente en la colección: mujeres fértiles, de caderas anchas, con pecho generoso que se marcan a través de faldas vaporosas y jerseys de punto. Sin embargo, también hay hadas lánguidas y melancólicas, muy etéreas, con pantalones de seda que flotan a su alrededor. El conceptualismo que viene presidiendo las últimas colecciones de Prada las hace oscuras y de díficil descripción. Hay unas cuantas referencias muy evidentes y, de hecho, Miuccia Prada salió a saludar muy sonriente y satisfecha, envuelta ella misma en un diseño que parecía una capa protectora de seda para una oruga.La conclusión de la colección, sin duda, es que son gusanos envueltos en sus capullos de seda que esperan a ser mariposas.