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jueves, enero 13, 2011

El Españolito Fino, Ni Calor Ni Frío


La España Fina y el buen gusto de toreros, mujeres de Romero de Torres y machos cabríos. lejos de la España de pandereta, del colorido español folklórico y de la jarana y picos pardos, Loewe enseña en su nueva campaña una oda a lo nacional algo distinta de a lo que nos tienen acostumbrados. Él racial, ella na Ava Gardner, bella y animal, poderosamente sexual y con magnetismo.


Se trata de lo patrio, los iconos, los tiempos y de los renegados. Los franceses son chovinistas, los ingleses tienen el humor inglés y expoliadores repartidos a lo largo de los siglos y los españoles tienen... desidia. Como dirían del cine español "el problema no es otro que la falta de talento". A "puñaos" si es por ser castizo.


Aunque no es así en este caso porque hay una pasión en celo en él. No en ella, que es fría y agarra más su bolso que el destino. Sino en el varón y el cielo azul de España, lejos de ese de Velázquez y los madriles y mucho más al sur. La espalda curtida por el sol, la verja de forja, aún aquello de la vieja honra, la pata quebrada y el atada a la cama. Aunque en este caso, todo es por placer.


Es difícil en nuestra sociedad encontrar hombres hombres y mujeres mujeres en la publicidad y en el mundo de nuestras aspiraciones. No obstante, si ella es la Daria de Vogue Paris española, mucho más sexual y carnal y más sugerente y explícita que fría y solitaria. Solo tengo ojos para él.

Andrés Velencoso, sí, que siempre tiene mi admiración, vuelve a sacar España de dentro. Ya no es ni Apolo ni Febo, sino un republicano, de esos de la II República, un rojo nacional, un orgulloso ejemplar hispano que bebe vino y vive y muere con un charco de sangre del mismo color que un Rioja. Tiene presencia su figura, las manos de chulo, la espalda de camarada y la mriada limpia de quien se busca al vida con una maleta recorriendo los caminos desconocidos del Señor.

Y es que al fin y al cabo, ¿por qué no?

jueves, septiembre 30, 2010

Old Fashioned


Yo ya lo avisé. Se llevan las cerezas. Las chicas un poquito antiguas que comulgan con los antiguos cánones. Maria Carla Boscono -modelo italiana única en su especie porque no hay modelos ni italianas ni francesas- hace un come back en Vogue París -y ya no es novia del hijo de la Roitfeld- y para Meisel -que ya se autodenominó Padrino y que, además, ejerce como tal.

La portada parece sacada de uno de aquellos antiguos Harper´s Bazaar con buenas señoritas, con damas muy bellas y con trajes de Alta Moda: abrigazos de leopardo, bolsazos de cocodrilo, tacones medios, sombreritos chapeau y un montón de joyas.

Ya ya, todos nos sabemos la cantinela de las señoritas de Prada y de LV, esas que tienen tetas, cadera y culo. Ésa que les gusta más ellos que a ellas. Ésa que ama en vez de languidecer. O llora en vez de cortarse las venas.

Poiret presentó su ciclo de las tendencias y explicó el funcionamiento de las modas. De la atracción-fascinación que es deseo de compra pasa al aburrimiento, relegado en el fondo del armario, se convierte en motivo de sonrojo y de verguenza en instántaneas familiares o en el recuerdo y, un poco después, los hijos lo encuentran "enrrollado" y los diseñadores hablan de su infancia y de lo que ellos idealizaban de sus padres y todo vuelve. Algunos rebuscan en el vintage, otros en la tienda del Ejército de Salvación y el resto fondean en Zara y fusilamientos de cadena rápida para proveerse de las novedafes -sigh- de la temporada.

Maria Carla, tan maniquí en la portada. Tan estirada. Tan ajena. Tan lejana. Tan de otra época. Tan sola con el fondo blanco no hace más que evidenciarnos que en el fondo sólo estamos pasados de moda siempre.

Es decir, que también estamos siempre de moda.

domingo, diciembre 13, 2009

El Show Debe Continuar, Los Focos Nunca Se Apagan


Hay que pensar en lo extraño, en lo retorcido, en los mundos sacados directamente de los sueños que se deslizan, sigilosos, por cualquier repliegue de nuestro subconsciente y, donde todo es grande y maravilloso, omnipotente y extravagante. Donde nada es convencional, donde lo raro es normal y lo normal nos sorprende como si procediese de una aberración que nos fascina y nos conmueve, que nos construye y desintegra, que nos ama y nos repulsa. Donde la fantasía reina y los focos nunca se apagan...



En la sinergia de disonancias que forman una extraña melodía sacada de los retales de nuestra integridad y con raíces en la más profunda intimidad. Saltimbanquis, polichinelas y viejas damas. Hadas y duendes, y luz.... luz más luz... pide el alma burguesa que contempla, emocionada, en domingo y vestida de Domingo, lo que ocurre más allá del mundo estipulado con olor a lejía y a corrección, y rie y llora con el horror, con lo exagerado, con lo histriónico que toca el corazón.



Es una cosa que fascina y sobrecoge que no se sabe muy bien si pertenece al mundo de sombras o al de luz, si impera el Inframundo o lo celestial, si es amor de madre o tragedia envuelta en sombras. No se sabe si es maldito o sagrado, si es ajeno o si es propio, si es infantil o... salvajemente adulto.


Es lo que prodece del imaginario individual y de lo esperado por el subconsciente colectivo. Es horror y diversión, es magia y es mal. Es el mundo del circo, de los gitanos, de los echadores de cartas, de los timadores, de los que convocan espíritus, de los enanos y los mal formados, de las bailarinas que hacen pasos entre tules, de los elefantes dando vueltas a una pista en la que... en la que nada es lo que parece, damas y caballeros.


Y uno no se puede fiar de nadie en absoluto porque el circo... amigos... el circo, está sacado de los sueños de un loco, de un demente, de un perturbado que saca sonrisas a los niños con trucos de psiquiátrico. Que habla de otras vidas, de otros sinos, de otras gentes, de otros mundos que no son atractivos y desconocidos. Que nos están prohibidos, en los que somos consumidos y que siempre deben tener fin.


Por eso se acaba la entrada al circo y hay que abandonar el recinto. Porque las personalidades extrañas forman una especie de espectáculo sagrado que hay que contemplar y salir, pues no se puede permanecer allí a no ser que... a no ser que se quiera correr el riesgo de no volver jamás... a ser lo que se fue. Por eso, las cosas acaban y han de ser guardadas y encerradas, soterradas para que no vuelvan al mundo normal.


Porque el mundo normal, el de los burgueses que pagan la entrada al circo y compran piruletas a sus hijos con puntillas de algodón y motletes sonrosados, no pueden permitir que lo degenerado que ahora brilla, recorra el mundo de la decencia, del trabajo honrado, de la dignididad... No puede hallarse la teofanía con la teodicea o ambas morirán.


Pues el mundo del circo debe reducirse al circo donde todo puede ser posible en un compás de tiempo, donde el silencio viene rasgado por aplausos, donde lo extraño se mezcla con lo siniestro y produce caras sonrientes y muecas de admiración... porque es bajo la carpa roja y blanca donde esto es digno de admiración y no de censura ni de insatisfacción...


En el mundo de "verdad", en el de lunes a sábado y domingo de guardar no hay lugar para la efigie exagerada de la mujer malvada y mágica, de la divina diosa ni del mago y su aprendiz. En el mundo del horario, de la mediocridad, de la trementina y el aguarrás, de los delantales con puntilla y las plantas relucientes en el balcón.... no hay espacio, ni lo habrá para el mundo del circo.


Porque pertenecen a mundos distintos que no se pueden combinar. El circo es sagrado y reverenciado en Domingo, cuando uno sale a divertirse con los hijos y ejerce de padre y cabeza familiar pero, no es digno de un oficinista de camisa azul y corbata en traje sastre pero eso ni es propio ni es señal de la sociedad burguesa, aficionada a las distracciones y a las obras de caridad. Reverencia el día de fiesta lo extraño y se regocija en esas cosas, esas tonterías... esas golosinas de la otredad.

El mundo del circo reverencia a los burgueses y a sus hijos, con coletas, con tirabuzones, con bendiciones a la mesa y fe procesional en la Iglesia pero... al mismo tiempo, lo rechaza. Lo despacha con una sonrisa burlona, de eso se encarga en su espectáculo, de parodiar, de alabar, de venerar eso que la mediocridad burguesa de los hombres burgueses que rezan al Dios de Abrahám no acaban de comprender. El circo es un mundo para locos... donde no puede caber la respetabilidad ni la seguridad. Es la vida en el alambre con los focos deslumbrantes y el salto mortal y eso.... no se puede -ni se podrá- conjugar con el ahorro al 3% y los impuestos y los cotilleos de la salida de misa en Navidad.

El mundo del circo y la realidad son las dos caras de la misma energía. De la misma forma que todo lo sagrado es maldito y, el horror más grande nace con la piedad. Y el mundo del circo .... ah, qué burgués y qué poco burgués.... de la misma forma que el mundo "real" qué extraño, qué ordenado y qué caos reina en él.... Cuánto tiene de horror y de risa enlatada, cuánto tiene de pista llena de excéntricos que hacen reir y llorar con su maquillaje.... cuánto tiene de mago charlatán y de danzarinas frágiles.... !Cuánto se parecen y se confuden ambos mundos!


Y es que.... si en el mundo del circo los focos se apagan cuando se va a acabar.... en la realidad las luces vuelven a encederse al caer dormido... en ese mundo onírico donde nada es exceso y todo verdad.... donde todos los hombres caminan con una ristra de globos....

domingo, septiembre 27, 2009

Y Si No Puedes Inventar, Al Menos Copia Bien


Muchos dicen que todo está inventado. Llevan razón. Las cosas no son siempre de primera mano y para que una tendencia se consolide, el autor visionario la ve plagiada. Si bien es cierto que los ecos de Balmain o de Gucci entremezclados con desaires de Balenciaga y conceptual ¿conceptual? desgarrones de Alexander Wang están en todos los desfiles, a veces una marca parece hacerse eco de los hits de la temporada en una colección.


Otra vez, la fina línea entre inspiración y plaigo se vuelve a hacer patente. Si las chicas enfundadas en minivestidos brillantes con tacones que las amarran al más puro estilo sadomasoquista no son patrimonio de Balmain, de alguna forma, si que resuenan a la firma francesa que ahora ha entremezclado su legado con las pesadillas disco de Michael Jackson y el brillo de Studio 54 con fecha de caducidad en 2010.


Si el pecho apretado y la cadera marcada no eran patrimonio de Versace, resuenan los ecos de glamoamazona sexual e hiperatractiva que si no es una devorahombre, lo parece.


Si el streetstyle chic de The Sartorialist entremezclado con las féminas eclécticas de Garance Doré laten en Isabel Marant, también laten en este Pucci entremezclado con vetas de diferentes marcas que, en ningún caso, le confieren identidad.


Y tampoco la gracia de D&G de putas y señoras, de pescado y flores y de cine cittá convive con el Cavalli - living the party forever - de Pucci. Pucci es un extraño filtro en el que se han deslizado armarios soñados por voguettes.


Pero qué voguettes. Saben lo que quieren. Zapatitos del viejo arte del bondage entre sexys y jodientes. Vestiditos que dejan ver su cuerpo muerto de hambre y actualizado. Ya no es carretera regional, es autovía por la carencia de curvas. El pelo sin peinar y peinado. Los bolsos, brillantitos, gigantes, diminutos, ridículos. Las chaquetitas sobre shorts y las plumas entremezcladas con aires rock en decadencia. Qué voguettes...


Y, la verdad, es que no es ningún crimen. Al final, ellas están guapas. Y a la moda. Salen en el Streetyle y consiguen huecos en el front row con un par de prendas gratis en el idilio -corto- pero idilio de la moda en Internet.


Y Pucci, con suerte, una portada y un par de editoriales. Más ventas y un director que si no es un genio, vende. Y, amigos, eso es lo que importa. Venta, venta, venta. ¿Qué dinero ni que niño muerto? Venta Venta VENTA.


Pero esto no es un invento de hoy. El New Look de Dior nació de la copia de una pasarela de la temporada anterior que Christian Dior vio y se inspiró. En los cuarenta, estaba de moda lanzar con fuerza una tendencia que en otra firma la temporada anterior había pasado desapercibida.


Decían que era porque así la retina se acostumbra, se sorprende pero no se sobrecarga a shocks de novedades e irreverencias.


Y, si no es el mejor método, a veces, tiene perlitas. Aunque sean amarillas.

martes, julio 07, 2009

Muerte


Niñas que pasan a mujeres, hijas que pasan a devotas sacerdotisas, hermanas que pasan con dote a otro hombre, bailarinas y oros para la esposa del marajá y luego muerte.


India. Diosas que saben a muerte y a destrucción. Brazos cuajados de brazaletes. Oro. Pobreza sin miseria. Colores. Olores penetrantes. El Ganges.


Purificación. Fuego. Magia. Misterio. Castas. Parias. Brahma. Khali. Destrucción. Regeneración. Llanto. Sangre. Muerte.


Caos alrededor.


Mientras los dioses miran el destino de los mortales y contemplan extasiados sus fuerzas y debilidades.


Desde lo alto. Impasibles. Pronto muertos, casi petrificados pero hermosos.


Llega la muerte. De blanco. En Oriente.