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jueves, noviembre 06, 2014

Otoños Y Señoras













En 2009, Vogue USA publicó este editorial protagonizado por Karen Elson, fotografiado por Steven Meisel y con estilismo de Grace Coddington. Como el otoño ha desaparecido y ha dado paso directamente al invierno desde el verano de sol abrasador de este octubre (sin quejas), se me antoja poner un poco de este editorial bastante otoñal en mi opinión. No es que me encante porque tiene todo lo que aborrezco de Vogue USA bastante concentrado: los saltitos absurdos, las modelos con tocados en la cabeza que andan hacia la cámara pero que no son como las mujeres que caminan de Helmut Newton, no, son solo pavas que salen apavadas, las modelos como Karen Elson que copan la cuota de modelo intelectual (cuando actualmente Karen Elson es una belleza que se ha quitado aquel vicio tan feo que tenía de posar como si fuera fea o "especial", o sea, sin tetas) y las negras que tienen rasgos de blanca (como Liya Kebede, que no por ello me deja de parecer impresionante) También tiene a la inefable Coco Rocha que, por lo que sea, a Anna Wintour le gusta. Si Karen Elson no me gustaba cuando iba de especialita y bohemia -sale cantando, o sea que la tontería no se le ha quitado del todo-, Coco Rocha es que me enferma directamente. 

Seguía su perfil de Twitter que era como inyectarse azúcar en vena siendo diabético y sus fotos con la boca fruncida y su reluciente marido (que ni siquiera es guapo pero que le decoró la casa bastante bien) reflejado en las gafas de ella o haciendo gansadas en la piscina o en donde sea, cosa que ni me va ni me viene y me pone un poco enferma. Cuando bailaba en Jean Paul Gaultier ya no es que me chiflara, las modelos modelan -que dirían en Sudamérica-, bailar, bailan las bailarinas (vamos, digo yo) pero es que ese estado de felicidad permanente en versión pastelosa no me gusta nada. Y su miniboca, imagino que come con pajita, combinada con su mandíbula me parece que le hace un rostro feo, simple y llanamente. No es que pida yo que las modelos (bueno, por pedir...) sean todas hermosas como Claudia Schiffer o Christy Turlington. No. Las modelos tienen que tener fotogenia y dar vida a los papeles y prendas que les toca desempeñar. Lara Stone es guapa objetivamente pero a veces sale realmente fea. Kirsten McMenamy no es en ningún modo hermosa y Tatjana Patijz o Nadja Auermann no siempre son convencionalmente bellas al modo de Schiffer. Veruschka era una belleza total pero Dovima no. Era una mujer extraña, casi marciana, motivo por el que cuando aparece en Funny Face leyendo un tebeo de marcianitos y al lado de una estatua un tanto extraña, me parece premonitorio y me hace mucha gracia. 

Podría seguir pero no lo veo necesario. Yo también echo en falta más moda en Vogue, igual que Grace Coddington, motivo por el que me desagrada la edición actual de Vogue USA que tiene tanta -no me quejo porque la haya sino porque no hay contenido- publicidad que uno busca el encarte con el texto y las editoriales y, tras el índice, resulta difícil de encontrar. Anna Wintour se congratula mucho de sus pesados números de septiembre. No sé. Si son todo anuncios. La revista no me cabe en el buzón y tengo que ir a buscarla a Correos, eso es verdad, pero yo no le veo más gracia al asunto. Otra cosa eran los viejos Vogues Colecciones de la edición española de Vogue, que eran imágenes de la pasarela y mucha publicidad, pero que eran divinos. Y otra es Lady Gaga en la portada de aniversario de Vogue USA envuelta en publicidad. 

Aparte de eso, me desagrada que, tras The September Issue, sepamos con certeza que debió haber muchas fotos mejores en el reportaje (recuerdo una en colores pastel que no se publicó por no ir en la línea de todo el reportaje pero que era divina, y la que más le gustaba a Grace Coddington -quedando fuera gracias a la Wintour-, perteneciente a este editorial) que las publicadas. Me consuela que la que juegan al cróquet con vestidos de Balenciaga es bastante interesante (aunque uno se pregunta si el total look no nos lo hemos aprendido ya en el desfile y en Vogue París de Emmanuelle Alt). La primera imagen, la de Karen Elson envuelta en un halo dorado en un cafecín es preciosa y encaja muy bien con su color de pelo y ese efecto halo de su personalidad. La siguiente, la de la amazona con biombo de Coromandel es mejorable, sobre todo por la actitud de la modelo, que con una Linda Evangelista en Vogue Italia, como condesa facinerosa o chica hermosa ascendida a un mundo que solo conocía desde el servicio, habría ganado mucho. En la que Karen Elson canta hay poco que criticar y la del vestido de noche y la baranda del bar podría mejorar con otra modelo pero está bien de ambientación y el brazo de él, medio cortado, añade una trascendencia al instante que no tendría sin él. Parece un instante afortunado como los instantes decisivos de Cartier Bresson. La del bar con dos chicas y la de la bicicleta mejoraría sin sombreros, las modelos no saben llevarlos. Las del coche y la escalera son directamente malísimas aunque podrían replantearse y estar bien.

Sin embargo, pese a todas estas quejas, el editorial me gusta. A veces hay que pagar mediocridad y aburrimiento para obtener genialidad. Por eso este otoño y estas señoras, algunas, merecen la pena.  Y, por eso, en la variedad está el gusto. Y este editorial es variado. Eso sí.

martes, octubre 15, 2013

Arte, Moda, Sargent, Vogue









Vogue USA 1999. Fotografía de Steven Meisel imitando al pintor, Sargent, con Nicole Kidman como modelo. 
Los buenos tiempos fueron buenos.

viernes, mayo 11, 2012

La Cabina


Hay algo muy interesante en la personalidad de las modelos o en su absoluta falta de personalidad cuando posan ante una imagen. No me refiero a Kate Moss y a su boca abierta rozando los dientes con el labio de abajo ni a las modelos de la hornada Victoria Secrets que solo tienen una cara (es decir, poniendo morritos en un intento de sexy) o a especímenes como Daria Werbowy. No. No se trata de eso. Hay un tipo de modelo conocida como "modelo de cabina" cuyo trabajo no es ser famosa ni salir en las campañas de publicidad sino tener una gran percha y desfilar con las prendas para la casa en el desfile (o dejar que te la confeccionen sobre tu cuerpo y en base a tus medidas). Este trabajo especializado no deja de tender a desaparecer pues las modelos de las que Dior hablaba, las que se le casaban y embarazaban cada temporada para su sufrimiento, -y a las que prefería con un poco de barriguita, por cierto, como Balenciaga- están casi extintas. Hace unos años aún se podían encontrar en la Alta Costura pero hoy, tal y como están las cosas, tampoco. Aunque los cánones de la HC siguen siendo los más rígidos del mundo de la moda. Sin embargo hay que decir que en la diosa madre, Vogue USA, habitualmente cuentan con dos modelos que podrían merecer este calificativo.


La fundamental es Caroline Trentini, la brasileña siempre fue una favorita para Wintour y eso supone que, si tu carrera no logra ascender a los niveles estratosféricos de L´Oreal o de Lancome o de una marca de perfume -a ser posible uno de nueva creación-, al menos te supone salir en todos los desfiles y, sobre todo, en las páginas de Vogue USA. Así la señorita Trentini ha aparecido llevando todas las tendencias de moda, especialmente en las imágenes con fondo neutro donde lo importante era ver la caída de la tela sobre el cuerpo de la modelo.

En cuanto al otro nombre, es Raquel Zimmermann, otra brasileña. Trentini y Raquel están bien lejos de los tópicos nacionales del país de la señorita Bündchen, de Adriana Lima y demás. Trabajan absoluta y profesionalmente e, incluso, con gran devoción hacia la cámara. Trentini es una modelo muy aburrida quizá porque su vocación más estricta es la de modelo de cabina. Mientras que Raquel es una modelo que va conquistando poco a poco. Es una mujer muy bella, casada con un fotógrafo, que tiene una estupenda carrera, de esas de segundo plano. Es una lástima porque la verdad es que es una modelo muy versátil que ha mejorado muchísimo con los años. No es una auténtica modelo de cabina al estilo de Trentini en versión actual sino que tiene una carrera de auténtica primera línea aunque siempre en la variante discreta del asunto. Es decir, que acude a la gala del Met pero sin que eso se traduzca en una campaña de Maybelline; que trabaja habitualmente para Lagerfeld pero sin aparecer en versión efímera en sus campañas con Blake Lively y demás y aunque tiene campañas de perfumes en su haber, por ejemplo la de Palazzo de Fendi, fotografiada por el kaiser, no es conocida por el gran público y tampoco ha puesto rostro a las grandes campañas de la década como no sé, la del Nº5.

Cuando veo ésta campaña de publicidad de la línea de joyería de Dior, fotografíada por Meisel en un ejercicio muy comedido, no puedo dejar de pensar precisamente en esas frases que hablan de la elegancia como la cualidad del no ser recordado. Nunca he estado muy de acuerdo con las personas que tienen esa opinión pero sí soy partidaria de la sutileza. Y Raquel Zimmermann es una mujer sutil ante la cámara, aunque sin un ápice de fragilidad. Su talento como modelo se revela, creo yo, cuando está ante un fondo gris y solo tiene su cara para hablarnos de muchas cosas.

En esta colección, Raquel pasa de ser una señorita de los 30s envuelta quizá en un caso de Hercules Poirot que va a Alemania montada en un dirigible a ser una señorona prematuramente envejecida gracias al dinero de su marido que le da un aura de respetabilidad. Luego se convierte en una princesita hastiada, no sabemos si europea o americana, pero sí que sabemos que con mucho dinero. Poco después florece como mujer: poderosa, frágil al tiempo pero sin ñoñería... y poco después es una persona sorprendida admirando la belleza de las joyas que tiene en su mano ante el espejo.


No están mal las modelos de cabina, ¿verdad?.

lunes, mayo 09, 2011

Los Guantes Azules


O el estrambótico Meisel... presentan un raro número de bañadores en blanco y negro, con una sex symbol de pelo gris, lejos de playas y en una habitación que roza el límite entre el Huerto cerrado y lo profanamente pervertido y vaciado. Pero no es sólo eso. No es sólo que sonrisas no haya, ni chicas facilonas, ni parte del unvierso mental de Terry Richardson, ni planos a lo Vogue USA con ¿Penélope Cruz? o Carmen Kaas con un bañador rojo y el sol de cara cortando la respiración con la cadera haciendo de línea del horizonte. No. La cuestión son los guantes azules.


A Meisel ya le conquistaron. En realidad, son más o menos las dos caras de la misma moneda. Como aquellos clochards que Galliano diseñaba cuando la prensa era crítica pero aún no mezquina con él y a lo que su protector, Arnault, tronaba un "es que no le entienden" y él, todo tímido y sin ser una rubia impresionante aún, decía entre sonrisillas "son lo más bonito que he hecho, darling". Años después, los guantes vuelven a aparecer. Si ahora no es un mendigo, sí que tiene algo del morbo de aquellas fulanas que Versace miraba en su infancia.


También de las que miraba Helmut Newton. Que creía que las prostitutas tienen un sentido innato para vestirse anunciando sus especialidades, como si la moda fuese un preludio del sexo previo pago y todo lo que no es desnudez, fuese un entrante para "abrir boca": A Newton le gustaba la que se vestía de novia y otra que tenía monóculo pero cuando las quería fotografiar, no le dejaban. Eran chicas de pueblo y no querían que su familia lo supiese. Eso sí, no pasaba nada porque en la vida secreta fuesen prostitutas. Una bonita moral...


Similar a aquella de la historia de "cogí a una puta de a dos francos y la llevé al Louvre conmigo. En cuanto vio las viejas estatuas desnudas, se sonrojaba y se tapaba la cara con las manos y decía "ay, vámonos, vámonos que esto es pecado, que están desnudas, venga, yo me voy". Aquí, la Kristen que Meisel retrata tiene menos escrúpulos físicos y más escrúpulos psicológicos.


El reportaje ahonda en el morbo. Todas las señoras de bien sufren una fascinación por las putas, como Escarla O Hara sabía bien. Como la Belle de Jour vestidita de Yves Saint Laurent en plena anti represión burguesa también sabía. Aquí no se trata solo del aspecto más carnal, más desangrado, más explícito, sino de la soledad, de la melancolía, del sosiego que llega tras la acción, del pesimismo y la carga del alma condenada.


Hay un poquito de Zurbarán. Yo también veo la calavera y la muerte que se desea pronto.


Aunque claro, si vives porque no mueres, vives.

martes, febrero 08, 2011

La Moda No Trata De La Belleza Interior


A veces creo que se ríen de mí y otras pienso que yo me río de ellos. Cuando Alber Elbaz sacó a la palestra -como quien dice- su colección de primavera verano 2011 había poco verano y mucho desierto, había pocas ladys de 12 a 5 y mucha batalla, había poca propiedad y mucho exilio y sobre todo, había un ansia de hogar, de ropa cómoda, de pliegues a deslizarse al viento, de agua en el oasis del desierto y de historias del monte Horeb, el Moria y todo aquello antiguo que cuesta tanto y vale tanto -o tan poco- a los ojos de cada uno.



Si fuera rencorosa o algo así, ahora diría "llevaba razón" y todo eso de "do it and got the t shirt" pero realmente prefiero permanecer silenciosamente prudente. Más allá de la belleza o el expresionismo de la lucha entre dos guantes de seda, en una cosmogonía aséptica por el lujo y el hedonismo, pensemos, pensemos un momento, un instante, en dónde quedó el desierto y la guerra de los ideales...


Sí,  hay mucha guerra en esta colección. Se nota en la violencia, en el ambiente, en la tensión, en la resignación, en la misericordia y en los viejos rivales cananeos que esperan al otro lado de la puerta. Pero todo eso quedó sellado para nosotros. Hemos cambiado. Atrás quedaron las gestas heroicas, las batallas que tiñeron de rojo Egipto, las persecuciones de Seti, la zarza ardiente y el Mar abriéndose en dos. Atrás quedó el Arca de la Alianza, el carnero de oro y la tierra prometida de Canaán.


En vez de ideales, la comercialidad manda, y un taconazo cuenta más que el honor. A Elbaz le han "echado" de su tierra de nuevo, una cortina de humo sobre su tema, muy novedoso por cierto, y aquí paz y después gloria. Quizás sea verdad eso de que aquellos que fuimos en Israel no somos aquí, o quizás no y sigamos siendo los mismos. No sabemos nada pero tenemos algunos a priori. Hay guerra, hay lucha, hay muerte y odio y poder y libertad, ¿y por qué no iban a ser ellas Caín y Abel? No sé si yo me río de ellos, o si ellos se ríen de mí. Pero esto, yo ya lo dije, es la guerra. 

jueves, septiembre 30, 2010

Old Fashioned


Yo ya lo avisé. Se llevan las cerezas. Las chicas un poquito antiguas que comulgan con los antiguos cánones. Maria Carla Boscono -modelo italiana única en su especie porque no hay modelos ni italianas ni francesas- hace un come back en Vogue París -y ya no es novia del hijo de la Roitfeld- y para Meisel -que ya se autodenominó Padrino y que, además, ejerce como tal.

La portada parece sacada de uno de aquellos antiguos Harper´s Bazaar con buenas señoritas, con damas muy bellas y con trajes de Alta Moda: abrigazos de leopardo, bolsazos de cocodrilo, tacones medios, sombreritos chapeau y un montón de joyas.

Ya ya, todos nos sabemos la cantinela de las señoritas de Prada y de LV, esas que tienen tetas, cadera y culo. Ésa que les gusta más ellos que a ellas. Ésa que ama en vez de languidecer. O llora en vez de cortarse las venas.

Poiret presentó su ciclo de las tendencias y explicó el funcionamiento de las modas. De la atracción-fascinación que es deseo de compra pasa al aburrimiento, relegado en el fondo del armario, se convierte en motivo de sonrojo y de verguenza en instántaneas familiares o en el recuerdo y, un poco después, los hijos lo encuentran "enrrollado" y los diseñadores hablan de su infancia y de lo que ellos idealizaban de sus padres y todo vuelve. Algunos rebuscan en el vintage, otros en la tienda del Ejército de Salvación y el resto fondean en Zara y fusilamientos de cadena rápida para proveerse de las novedafes -sigh- de la temporada.

Maria Carla, tan maniquí en la portada. Tan estirada. Tan ajena. Tan lejana. Tan de otra época. Tan sola con el fondo blanco no hace más que evidenciarnos que en el fondo sólo estamos pasados de moda siempre.

Es decir, que también estamos siempre de moda.

lunes, agosto 09, 2010

Lady Godiva

Lady Godiva.


Su pelo...
La ofensa.


La red marinera.


El honor.


Ni vestida.


Ni desnuda.


El ingenio.

A caballo.


Arrastrada.


Sin llevar las riendas.

Dejándose llevar.

... Donde sea ...