Inexplicablemente, la nieta de Elsa Schiaparelli, Marisa Berenson no fue a la gala del MET dedicada a las conversaciones imposibles entre Miuccia Prada y la Schiap, esta italiana que Coco Chanel odiaba porque ella decía que Chanel sólo era "una sombrerera". Mientras Coco se alió con los cubistas, Schiap lo hizo con los surrealistas y produjo una moda delirante llena de doble significado oculto bajo el velo de la realidad ya fuera con langostas o con zapatos en la cabeza. Schiaparelli, sin embargo, fue aficionada a los turbantes y a los sombreros, más a los primeros que a los segundos. Su nieta, heredó esa misma costumbre como se ve en las fotos que le hizo Warhol en los 70s (con turbante amarillo) porque Marisa fue una diva de Studio 54 al mismo nivel que Bianca Jagger que fue un iconazo con todas las letras. Vale, le faltaba el caballo, pero le sobraba casta. Y eso se ve en sus turbantes. Qué maravilla. Es verdad que los 70 no fueron chics, pero fueron glam.
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martes, junio 05, 2012
domingo, mayo 01, 2011
La Boda
Que sí. Ellos molaban. Con su escote, su palema y todo el rollo de siervos del Imperio Británico y la Reian entre burbijas de champagne y vestidos auténticos de Yves Saint Laurent. Grace Kelly no era el icono de nadie y el LSD seguía siendo tan bueno como la suave maría. Todo actitud. Y ellos tan libres como para irse de fiesta a Studio 54 con un montón de gente guapa y desconocidos y nada de sectas posh con canapés y Príncipes pinchando música. Y como colofón, un traje blanco de Halston y un caballo. Y la coca subiéndose a la cabeza en el último baile. Y en el primero.
martes, noviembre 16, 2010
El Magnífico Ford
Tom Ford ha vuelto si es que alguna vez se había ido. No vuelve el hipersexo, no vuelve la carne, no vuelve lo prohibido y no vuelve el desenfreno. La mujer de Ford es la misma pero también ha cambiado un poco en estos años, como él, no ha envejecido pero sí ha madurado y ya no cree que lo mejor es poder estar sacada de la imaginación de Helmut Newton. De repente, valora más otras cosas como la elegancia masculina, ampulosa y estilizada de la divina Garbo o el frenesí disco y relajado de los 70s cuando, sin preocupaciones de ningún tipo, ibas a fumar hierba a la sala VIP que el dueño tenía con la mejor maría del mundo. En realidad, apenas ha cambiado pero, ha cambiado mucho.
Ford sigue teniendo sus temas y obsesiones en la mente. Le gustan los 70, los 80 y las mujeres poderosas que, con mucho glamour, rezuman sexo, erotismo, un poco de mal gusto, perversión y elegancia de erótomano al mismo tiempo. También le gustan los 30s de la androginia, los pantalones con caída, las damas que pueden llevar tocados en su vida diaria, los delirios de vodevil de flecos y turbantes, los fumaderos de opio de la 5 avenida y lo pequeño que era el mundo de ese Paris-la-nuit en el que todo el que era alguien se conocía y el que quería serlo, se vestía de Schiaparelli.
De su colección primavera verano 2011, ésa que presentó en Nueva York para los ojos de 100 personas y de la que no se debía filtrar nada para devolverle a la moda el encanto que ha perdido, y de paso, aumentar y estimular la mente de los comrpadores y vender más, han aparecido estas imágenes en premiére en la edición norteamericana de Vogue, es decir, la de Miss Wintour. Que es evidente que Ford ha mezclado epocas, mujeres, sueños, aspiraciones, inspiraciones y películas no necesita más explicación.
Lo que ya no es tan evidente es decir que ha conseguido crear esa cosa bastante íntima de un útero de comodidad, belleza y tiempo. Las mujeres de Ford son ricas, poderosas, están en la cumbre, visten de maravilla y sus pieles nunca rozan con las de los vulgares mortales. Tienen su punto de galería de los horrores naturalmente, poca luz para preservarnos dicen, tacones imposibles con los que romperse la cadera -ay- susurran, vestidos hechos para recorrer las caderas fértiles y sinuosas y cuerpos lascivos hechos sino para el pecado sí para el deseo. Las mujeres de Ford se pasan la mañana dedicadas a ellas mismas, las barras de TF dejan el mismo sello de rubor que un orgasmo, sus perfumes son de aquel Opio del que Saint Laurent sabía tanto y saben a almizcle y a tierra ocre y húmeda esperando su verdor mientras que en la silla reposa el traje de ese hombre de Ford vestido a la antigua, y a la moderna, sacado del sueño de serotonina y hormona de cualquiera de esas diesos frías de hielo, heladas, que no lo son tanto....
Sinceramente, yo sólo veo años 30s. Ya sé que a Ford le encanta Studio 54, toda esa jarana de panda de celebrities en los 70 vestidas de Halston que conversaban con Warhol mientras Bianca Jagger iba "colocada" encima de su caballo y Capote escribía los últimos borradores de Answered Prayers. También sabemos todos que a Ford le apasiona ese sexo desenfrenado pre-sida pre-post-moderno que unía a toda la élite en una sala de fiestas de Nueva York. No cabe duda que le gustan los americanos -como él- que le gusta Ossie Clarck, y Halston, y Calvin Klein en sus primeros años y todo ese jaleo de escaparates de lujo en grandes almacenes caros y café con pastas para mujeres ociosas pero poderosas, rubias, pelirrojas, femmes fatales, Evas, Pandoras, súcubos del peor infierno que no se visten como putas.
Ya no se visten como putas.
Ya sólo son damas gélidas con corazón.
La única diferencia.
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sábado, octubre 30, 2010
Los Buenos Tiempos
Lagerfeld e Yves Saint Laurent despegaron su carrera a la vez, ambos se hicieron un -gran- hueco en el mundo que conquistaron y grabaron su nombre con letras de oro que ellos mismos labraron en el tapiz del éxito. Lagerfeld con Chanel e Yves, primero en Dior, y luego ya, refulgente en su propia casa con la que definió buena parte de la segunda mitad del siglo XX.
La enemistad entre ambos se hizo tangible en los años 80s. Esos mismos en los que Studio 54 y Halston estaban a la orden del día, en los que Bianca Jagger montaba a caballo en Nueva York mientras Capote se hacía operaciones estéticas y Diana Vreeland lo veia todo de rojo. Cuando YSL murió, Lagerfeld no fue al funeral.
Pero mandó unas bonitas palabras,
Por los buenos tiempos.
Porque, realmente fueron buenos.
sábado, octubre 16, 2010
Warhol
Hay gestos ominosos y otros orgullosos.
Hay hombres completamente fascinados por algo a lo que consagran su vida.
¿Era el arte a lo que se consagró Warhol?
Puede. O puede que no.
Cuando creó Interview, estaba fascinado por las eelebrities. En Studio 54 ya se trasladaba de celebritie a fotógrfo haciendo fotos a los que no eran nadie. Pero, cuando creó su revista, estaba más interesado por toda la gente guapa, por todos los VIPS, por todos los que vestían de Fiorucci y se reían con Halston. Por Capote, por Diana Vreeland, por Nati Abascal o Carmen Martinez Bordiú y, por Sinatra o los Jagger. También por YSL.
Fotografiaba con esta extura. Con ese fondo blanco. Con la sombra. De perfil. Con el cuello estirado.
Creo que a Warhol le hubiera gustado Grace Kelly.
La princesa, la dama del hielo, la diosa del sexo.
Pero bueno, Carolina sale radiante en la imagen.
martes, septiembre 14, 2010
Marc Jacobs, Palm Beach 70

Me encantan los 70s. Qué se le va a hacer. Pienso en vestidos vaporosos, en trajes resbaladizos. En Fiorucci, en casi Studio 54, en flores en el pelo, en Bianca subida a un caballo, en Warhol con Capote con Holly Golightly -¿por qué no?- con un buen cóctel en la mano y un poco de ron con Coca Cola. Zapatitos altos. Rosa fuerte. Peluquería los jueves porque se sale todo -todo- (Todo) el fin de semana en continúo.

Marc Jacobs se acuerda del punto de Missoni con los cigarros largos y los pañuelos en el pelo y los trajes de baño en la piscina del hotel, con tragos largos, un trampolín muy alto y tumbonas con toallas blancas inmaculadas que se cubren de doradas venus con pareos de seda estampada.

Se acuerda de Ossie Clark, de la música suave, de Saint Laurent con sus mujeres de verdad envueltas en un chal, con un gran pamelón, soñando con ser Verushka en aquel bonito desierto, con su sahariana y sus maneras de estrella sin duda. Y de aquella boda con Mick Jagger y la pamela, y la falda tikki o lo que fuera eso.

Ni que decir tiene que hay que pensar en mar. En sol. En playa. En bañadores estupendos, relucientes sobre la piscina mojada y trajes que sacan a relucir más de lo que ocultan. Y también en palmeras artificiales o naturales. En Marruecos en verano y en Londres pop con todo aquel jaleo de minifaldas, faldas pantalones y música por todo lo alto.
Se trata de divertirse. Aún no hay Sida. Aún no hay cracks ni yuppies cabrones. Aún somos jóvenes. Y semi hippies y, si todo el año nos divertimos, no pasa nada. Ya peinaremos canas en otro momento. Ahora hay que vivir.
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