martes, julio 22, 2008

Última Tendencia, Primer Espejismo



Es difícil explicar cuál es exactamente el recorrido de una tendencia. Dicen los expertos que siguen algunas leyes pero, otros dicen que no hay ley que valga. Una colección puede ser buena y no venderse, puede ser mala y, encantar. O, puede ser novedosa (en el sentido de rupturista) y convertirse en La apuesta de la temporada o, quedarse en el cajón con el resto de imposibles que se vieron en eso que se llama pret a porter y que, según dicen, es listo para llevar.


En realidad que una colección guste es muy posible con dosis suficientes de marketing y de tiempo de reposo o, al mismo tiempo, de saturación. Ni siquiera las colecciones novedosas, interesantes y con un punto personal tienen porqué triunfar de la misma forma que, las colecciones en las que todo sigue igual y en la que el espíritu e mantiene no son, -necesariamente- criticadas y vapuleadas. Pocos lo reconocen pero, a todos les encanta la coherencia.


Cuando Cristóbal Balenciaga diseñaba para Balenciaga, sus mujeres, sus damas, eran todo un ir y venir de acontecimientos sociales. Unas Maria Antonietas dedicadas -cuerpo, alma, talonario- a su vida y a su larga lista de acontecimientos sociales: desayuno, almuerzo, comida, té a las cinco, compras, cóctel, cena, fiesta. Pero desde que Ghesquiére se encarga de la dirección creativa sus “damas” están más cerca de ser editoras con aspiraciones o ayudantes de moda con ínfulas que grandes -y decentes- mujeres. No es que me guste Ghesquiére, tampoco es que me disguste. Si no fuese en Balenciaga donde ha encontrado su laboratorio de mezclas donde corteja a la seda con el látex y al satén con el inyectado y el láser, probablemente, me gustaría. A mi manera porque, muchas de las prendas de Ghesquiére para Balenciaga no me parece que cumplan lo que yo busco en una prenda. Es decir, solo parecen bonitas porque no dejamos de verlas pero, ni lo son ni, desgraciadamente, sientan bien. Además, no es un secreto que en Balenciaga les pasa como en Yves Saint Laurent con Tom Ford y que la gerontocracia de la casa no soporta (odia) a Ghesquiére tanto que, no le dejan mirar en el histórico. Sí… Esto ya pasó con Tom Ford… La historia se repite.


El caso contrario ocurre en Chanel. Cuando Madame Gabrielle Chanel diseñaba todo era nuevo, rupturista, inteligente, sorprendente y magnífico. Era el Chanel de Coco Chanel y, era su esencia. Al mismo tiempo, podía ser tan clásico como ella quisiese y tan irreverente como le apeteciera. Ahora Chanel con el amado-odiado Karl Lagerfeld se dedica a envejecerse o rejuvenecerse al antojo del creador. Colecciones crucero y cápsula para jovencitas díscolas, herederas con apellidos y fortuna y actrices-aspirantes-modelos que adoran a Kate Moss y a Amy Winehouse y que, aquello de “estilo personal” no es uno de sus dogmas. Qué grande Dolly Parton cuando dijo aquello de “es muy caro vestir barato”. Son prendas que Kate-Amy-Sienna (o estilistas de por medio) podrían encontrar en mercadillos-tiendas de segunda mano pero que con toques de artesanía y un prisma en el que el de la multiculturalidad y el precio se entrecruzan como las dos C del logo de Chanel, se convierten en la (ante)-pen-última creación de la marca. O eso o, son señoras regias. 2.55, Chanel Mademoiselle, algo de Nº19, ristra de perlas y guantes de piel agujereada. Y, todos le aplauden pero, ¿es eso Chanel? Bueno, es el Chanel de Karl Lagerfeld…


En realidad, son dos ejemplos extremos y, extremadamente próximos. Y, quizás tengan más que ver teniendo en cuenta que vuelven los ochenta y, en los ochenta lo más, Lo Más, era combinar unos Levis 501 con una de las clásicas chaquetas de Chanel de tweed. En realidad el cambio de rumbo de una marca aterra y gusta por igual pero es, cuando sus creadores se ponen a innovar cuando la suerte está echada y nadie sabe porqué pero el resultado no es siempre el deseado. A veces sí. A veces no. Hagan juego podría ser la expresión más certera.


Por ejemplo el caso Versace o el caso Burberry son otros dos de lo más punteros. Burberry una firma clásica, de esas que venden pasado e historia. De esas que venden almuerzos campestres los domingos, tardes de lluvia al lado del mar cogida del brazo de un caballero, trincheras para la caza y estilo de vida se convirtió de la noche a la mañana en una firma estrella. Tanto que, se dice “hacer un Burberry” a lo que una firma con trayectoria hace para encontrar el éxito tras sumirse en una periodo de vacas flacas. La firma que olvidó pronto a Rosemarie Bravo, esa señora que hizo el Burberry ella sola y derrochando talento e ingenio y que, consiguió cuadriplicar en su estancia el precio de la firma y a la que, ahora todos han olvidado por Christopher Baley que con sus mezclas entre Agyness Deyn y Kate Moss y sus coqueteos con el universo fotologero-moderneo ha hecho que “aquel Burberry de Bravo” quede opacado por el Burberry moderno, moderno de Londres, de ahora. Burberry, aún así, ha seguido manteniendo su línea clásica en la que venden arte de vivir, en mayúsculas, de ese de dama inglesa de toda la vida con criados con librea y mañanas de domingo regando las rosas del jardín. Y es que nos encanta Burberry. Ha conseguido ser moderna y clásica, y sin traicionarse.


El caso de Versace es diferente aunque similar. De estar en crisis y tener que retirar el mármol de las boutiques y cambiar el barroquismo por el minimalismo para subastarlo en Sothebys y Christies y conseguir reflotar la casa de la medusa tras la muerte de Gianni Versace a ser La Marca para estrellas y estilistas. El Ave Fénix. Donatella Versace, la hermanísima, se encargó de la casa de las amantes y de las queridas hasta que consiguió dar rentabilidad, ahora se sigue ocupando a su manera que, se resume en salir a saludar tras el desfile y acudir a eventos; cambiando el aspecto absolutamente glam, excesivo y casi corrosivo de Versace por una “elegancia” adecuada a los tiempos. Señoras en Versace. Tops. Mujeres. Lo que ocurre con Versace es que cuando vendía historia italiana con la imponente Medusa era auténtica ahora, qué más da si es bonito o no, eso no es Versace.


Las diferentes revistas de moda “especializadas” -sigh- han aplaudido a todas las firmas. Cambia que seguro que es bueno aunque lo que quieran decir, en realidad es que tienes que afrontar una situación que voluntariamente nunca hubieras tomado pero, ahora, con optimismo. Por ejemplo, Donatella Versace se enfadó cuando publicaron aquello de “Armani viste a las señoras, yo a las queridas” como si su hermano, el Señor Gianni, nunca hubiese podido decirlo. Carine Roitfeld aplaude Burberry, y Anna Wintour también, en versión moderna: La Nueva Gabardina, dicen. O, la gabardina de Siempre. Siguen publicando titulares acerca de cómo vuelve el Balenciaga de antes con sus damas o cómo el fenómeno del exceso por Versace vuelve a despuntar en ciertas pasarelas mientras “visualizan” inversiones -ejem- en el nuevo Balenciaga con señoritas sacadas de un mundo estéril y a Versace como una nueva forma de ser elegante y, acaparar flashes al tiempo.


Y, la pregunta es ¿Cómo es posible? Nadie lo sabe puede ser, la respuesta aunque tampoco es muy exacto. Quizás es más adecuado decir que el pasado nos encanta pero que el presente nos gusta, más, mucho más. Quizás sea verdad que las marcas tienen un pasado glorioso pero, si no es en un febril o encarnizado arrebato de pasión por el vintage no suele interesar. De hecho, es una cuestión -¿casi cósmica?- porque ciertas marcas no ahondan en su pasado con exposiciones, libros o colaboraciones y porqué sólo interesa algo del pasado cuando sirve para vender el presente. El nombre de Halston hacía décadas -casi- que no se oía por las revistas de moda, de repente, todo era Rachel Zoe en Halstons y, posteriormente se sabría que junto con Tamara Mellon se haría cargo de la firma. Vuelven los ochenta y todas las revistas hablan de “shows” donde antes hablaban de pasarelas y, “casualmente”, vuelve Mugler a la temporada siguiente. El pasado vuelve pero, solo para vender en el presente. Y, esa es la tendencia. Flecos, setentas, ochentas, plataformas, Chanel, Prada, París o Milán son minucias. Amigos, la tendencia es vender. No importa cómo o cuánto. Pero vender. Y, esa tendencia no se pasa de moda.

16 comentarios:

Señor Quinquillero dijo...

Holly, yo creo que a Nicolas ya le dejan mirar en los archivos, si no me equivoco sacó una colección cápsula en 2005 que calcaba directamente los estampados del Balenciaga de los cincuenta.

Por cierto, eso de "la tendencia es vender, la tendencia que jamás pasa de moda" me ha encantado.

Un beso.

Holly Golightly dijo...

Señor Quinquillero. Creo que le dejaron mirar los archivos de telas pero no de la casa. Las señoras de Balenciaga no están dispuestas a que lo destroce porque es lo que hace con todo lo que toca.

A mí en otra marca, quizás. En Balenciaga no. He leido en una entrevista reciente, un mes o dos creo, que ha estado buscando desesperadamente en coleccionistas privados vestidos y fotografías porque aunque le van abriendo puertas no se las abren de par en par.

;) Un beso

alterego dijo...

La tendencia es vender. Qué gran verdad pero yo creo que, además, la tendencia es "aparecer". En donde sea y sin control ninguno: lo mismo en tres editos a la vez que en una alfombra roja o en una supuesta foto de paparazzi con starbucks en la mano. Qué se va a hacer. Por mi parte, intento todo lo que puedo huir de las tendencias. Muchas ni las entiendo. Los 80 otra vez?. Qué parte?. El grunge otra vez?. Demasiado reciente para mí que ya fui grunge en su momento.
Me hace mucha gracia el fervor que sientes por Balenciaga y entiendo perfectamente lo que quieres decir. Pobre Nicolás. No es justo que no le dejen hacer su trabajo (que a mi entender es genial). Ya se que para tí, no tanto, je je :)
Besos.

Holly Golightly dijo...

Alterego. Yo es que nunca he sido nada, sólo he sido yo. Me he puesto lo que he querido siempre. Y, por eso no he entrado en ningún catálogo de tendencias.

Además, por otro lado, ¿nadie piensa en la sobreexposición de todas esas firmas? A mí me da pánico. Menos mal que (aún) no tengo una marca porque si la tuviera, sería una tirana. Un beso

Archi dijo...

Querida Holly:
De moda entiendo pero hasta por ahí nomas. De todas maneras me sirve lo suficiente como para ver la pérdida de identidad que ha tenido Chanel desde que Karl tomó la dirección de la casa.
Una verdadera pena.
XX

Holly Golightly dijo...

Archi. Una pena pero ¿es posible Chanel sin Karl? Un beso

Pau dijo...

Hola Holly,
La tendencia es vender, efectivamente así es.
No olvidemos que la moda vende sueños, algunos que te hacen olvidar al resto del mundo, otros que prometen una felicidad lujuriosa, irresistibles hasta el punto de no pensar más que en ese bolso, esas sandalias o ese abrigo...
Ojala, este sueño nunca termine....
Gracias por un post magnífico
XXX

Holly Golightly dijo...

Pau. Muchas gracias. El mundo de lo deseable. Un beso

TEFIMELON dijo...

ES TODO MUUY INTERESANTE, PERO PARTICULARMENTE ME ENCANTARON LAS IMAGENES!

BESOS

Holly Golightly dijo...

Tefimelon. Gracias. Un beso

Lara dijo...

Yo personalmente prefiero las lineas clásicas, miro alguna de tus entradas y veo las fotos de cuando Chanel era Coco Chanel y en sus casas su fundadores/as, y noto mas elegancia, que algunas veces actualmente sacan ropa bonita pues si, pero no como la de antaño, pero supongo que siempre pasara eso, desde luego no soy ninguna experta en esto, apenas tengo conocimientos de alta costura, y la economia de msi padres pues nos da para comprar en Inditex, como una familia de clase media y hay marcas como lacoste, fumarel, etc que no me gustan, me resultan muy...pijas, un poco horterillas para mi gusto, de todos modos siempre me ha encantado la estetica de Burberry, ese toque clásico y británico que caracteriza a la firma, aunque ahora han cogido(creo)a la tal Agyness Detraumayn.

un beso

Holly Golightly dijo...

Lara. Sí, Agyness Deyn ha sustituido a Kate Moss como imagen de Burberry porque su imagen es más acorde con los tiempo y, porque su estilo se identifica con el que quiere proyectar Burberry.

La verdad es que hay fotos que son preciosas porque tienen esencia dentro, es como si fueran fotogramas en vez de instántaneas porque cuentan una historia y tienen vida. No es la prenda, es el alma.

Personalmente creo que Inditex es La Marca. En mayúsculas. Moda es Inditex, te guste o no. Tiene unas colecciones buenísimas, la tienda está organizada, limpia y cuidada, buenas líneas de accesorios, escaparates refinadas, precios adecuados, política empresarial cómoda, funcional y útil y, además, tiene un precio magnífico. Obviamente, las prendas no tienen una calidad excepcional. Pero no se puede pedir a donde no se da.

Un beso Lara.

Hummingbird dijo...

de eso se trata sin duda. es que tal vez la otra opción que les quede es morir en el olvido. todo va tan rápido.... un abrazo, maravilloso post! XX!

Holly Golightly dijo...

Hummingbird. Gracias. Muchos besos

Anónimo dijo...

LEI ESTE ARTICULO Y LA VERDD ME PARECIO MUY INTERESANTE SOBRE TODO POR EL TEMA DE LA MODA , QUE LO QUE LLAMAN "TENDENCIAS" MAS QUE NADA REALMENTE ES MARKETING ESTAS COMPLETAMENTE EN LO CIERTO! Y SI MUCHAS VECES ES ARTE PERO TAMBIEN ES VENDER UN SENTIMIENTO QUERER VENDER UN ESTILO O UNA FORMA DE ACEPTACION EN EL AMBITO SOCIAL Y LO DIGO POR QUE YO SOY UNA ESTUDIANTE DE MERCADOTECNIA Y PRACTICAMENTE ES ESO JUGAR CON LA VANIDAD CON LAS NECESIDADES DE LAS PERSONAS QUE MAS QUE NADA LE LLAMAN "SATISFACCION" RECOMIENDO QUE LEAN EL LIBRO DE "NO LOGO" ES INTERESANTE Y DOBRE TODO HABLA DE LAS MARCAS.. BUENO ESO ES TODO OJALA Y PUBLIQUEN OTRO BLOCK COMO ESTE SALUDOS DESDE TIJUANA MEXICO
ROCIO! BYE BYE

Holly Golightly dijo...

Rocio. Gracias. Te espero por aquí. La verdad es que la moda hoy en día es un fenómeno de masas y que mueve el mundo.

Todos los ámbitos están conectados con la moda y, ninguno. Ese libro es interesantísimo. Un beso y gracias