miércoles, abril 11, 2012

El Gusto


El "buen gusto" es un concepto que nació en el XVIII en Francia. La culpa la tuvo Luis XIV y los pecados los pagó Maria Antonieta. Por el medio hubo un incesante chorreo de diamantes y champagne, botas cortadas de una sola pieza para el Rey Sol, tiránicas y despóticas afirmaciones, un escándalo con un collar, una batalla épica en el dormitorio de la loba austriaca para sacar al lobo que había en el cordero del futuro Luis XVI y una guerra que acabó en una tragedia para la honra de la futura Madame Déficit -y sobre todo para Polonia- cuando las dos caras de una mujer -¿no?- se encontraron en medio de Versalles: la virgen y la puta, Maria Antonieta y la Du Barry en lo que viene siendo una lucha de egos.

"Hay, hoy, mucha gente en Versalles" dijo Maria Antonieta cediendo ante la mujer que daba placer al rey y que era de forma oficialista la primera dama de la corte frente a ella que lo era de forma oficial. Luego la buena mujer le quiso regalar unos pendientes de diamantes que equivalían justamente a 700.000 razones para que la archiduquesa de Austria y la delfina de Francia la recibiera con gusto. A la buena hija de Maria Teresa de Austria no le interesó el trato porque si alguien le tenía que regalar sus diamantes era el pobre cerrajero de su marido que llamaban cariñosamente "manos negras" en toda Europa por su afición al yunque y a la fragua.

Goethe, cuenta Zweig, se escandalizó cuando vio que para la boda de la joven se decoraban las salas con tapices de Medea y Jasón que acabaron como la marimorena porque ella era una bruja y se comió a sus hijos tras la infidelidad de él. Los revolucionarios también acusaron de eso a la buena de la reina, de comerse a los hijos de Francia. Sin embargo, la alegoría tan desgraciada con la que los dos iniciaron su ¿viaje? no resultó nada desatinada. Maria Antonieta se conviritó en delfina de Francia dejando una mancha de tinta en su escritura. Fue la única que cometió tal borrón. La letra de Luis XV, un viejo gotoso amamantado por las lúbricas tetas de la condesa Du Barry, era todo lo firme que puede ser la decadencia pero la de los futurísimos era más bien... infantil. Maria Antonieta se olvidó de hablar alemán en Francia cuando aún no dominaba perfectamente el francés y las clases no eran, lo que se dice, su cualidad. Su letra era pésima, grande y tenía faltas de ortografía legendarias. Sin embargo, es la gran víctima de la moda. La gran fashion victim. La que en sí misma y por la historia fue tachada de puta y de santa.

La película de Coppola, que a mí me encantó, recoge bien el detalle de las firmas de Luis XV, XVI y de la buena de Maria Antonieta. Cuando Maria Antonieta llegó a Versalles, jugaba con los hermanos de su marido. Ella tenía quince años, él tenía uno más y sus hermanos, trece y catorce. Maria Antonieta pensaba que el buen gusto era un juego. Y acabó con la cabeza separada del cuello acabando su historia con una mancha de sangre roja. Un buen final para una historia que comenzó con una mancha rosa.

10 comentarios:

Lucille Stark dijo...

Una película maravillosa de la que más que apreciar el rigor histórico hay que quedarse con la esencia, la elegancia, el color y las maravillas que muestran con ese magnifico vestuario.

Holly Golightly dijo...

Lucille. A mí me chifló. Y me chifla aún. :)

M. dijo...

Impresionante Holly, como de costumbre.

Holly Golightly dijo...

M. Gracias

Alexa dijo...

Una entrada muy buena. Como dices el concepto del buen gusto nació en esa época en Francia. La verdad es que siempre me han parecido más interesantes las favoritas de los reyes que las reinas. La Du Barry no mucho, pero la Montespan y la Pompadour sí. Y me interesan aún más las salonnieres que conjugaban el saber con belleza y placer.

Un saludo

Holly Golightly dijo...

Alexa. Hizo mal tiempo cuando la Pompadour hizo su último viaje, ya lo dijo Luis XV de esa bella mujer muerta muy joven o demasiado pronto.La Du Barry no es una personalidad muy interesante, no deja de ser un pavo real que se pavonea pero nada más. La Pompadour era, en cambio, una mujer culta y muy interesante. Mucho. Gracias Alexa.

M.Monís dijo...

Gustos siempre hubo buenos y malos. Se atribuye a Voltaire la sentencia “Tous les gouts sont à la nature, surtout les mauvais” que más o menos suele significar que lo malo abunda, como es lógico, pues la excelencia debe ser restringida, por su propia naturaleza, lo cual no obsta para que cada cual pretenda ser excelente (como Telecinco, sin ir más lejos). Pero eso no debe inducir a que todo sea lo bueno o lo excelente y mucho menos que sea la mayoría quien decida sobre el gusto, así, de forma democrática. De hecho no ocurre de ese modo, pues son solamente los creadores de modelos los que deciden lo que es y lo que no es y ocurre luego que el público cede (o no) frente a esos cantos de sirena, que son en ocasiones exitosos pero siempre insistentes, por si cuela.

De hecho, lo más popular es siempre la sal gorda, bien en forma de luchas de gladiadores (antiguas o modernas), revistas del Paralelo o canciones de Julio Iglesias. Se ha visto, como dato empírico, que los anuncios de detergentes más eficaces son los que presentan a la cuñada (o prima) de la futura adquirente asegurando que “aquello lava más blanco” en una curiosa anticipación de la obra de Pedro Almodóvar, famoso él y seguro de su propio talento. Lo cual nos introduciría inmediatamente en el discurso del costumbrismo (que no del gusto) pues los gustos populares entienden más bien de patatas con costilla, tal y como aseguró hace unos cuantos años un olvidado portavoz del Gobierno.

Maria Antonieta no debía saber demasiado de gustos, pero se ve que se dejaba guiar, a pesar de su ignorancia. Pero, desde luego, no debían interesarle demasiado las patatas con costilla y debió ser por esa razón por la cual perdió la cabeza. Se cuenta que, mientras subía al patíbulo, algunas de las recién estrenadas ciudadanas de la Primera República hacían labores de punto bajo el cadalso, algo que había calado en los gustos populares, sin duda. Hoy día ya no se levan las “tricoteuses” pues la gente se va a Zara: es obvio que se tricota en otra parte y quizá debajo de otros patíbulos. Son también gustos populares y democráticos, pero eso no quiere decir que sean buenos: son solamente gustos populares aceptados que, desde luego, forman también parte de una negocio, como todo. Cabe dudar, sin embargo, que en ello resida la excelencia, solamente destinada para algunos, como lo son las notas sobresalientes en un aula. Al margen de ello, queda la mediocridad y, un escalón más abajo, el desastre absoluto.

Como sea que el mediocre intenta alcanzar la consideración de excelente (a pesar de su mediocridad o precisamente por ella) los que tienen aquella condición tienden a ser denostados o ignorados hasta mucho después, precisamente cuando su nivel llega a otros menores, o cuando ellos, ya desaparecidos, no constituyen obstáculo alguno. Y desde luego, Sophia Coppola tan bien y tan excelente como su propio padre.

Un beso.

Holly Golightly dijo...

M. El gusto es algo que quizá podamos poner en el mismo nivel que el Arte pero el buen gusto es, sin duda, una invención del XVIII y, la verdad, es que encajaba bien con los pelmazos de la Academia. Seguro que a Colbert se le hacía la boca agua si es que tenía esos instintos tan bajos. Qué horror.

La verdad es que los anuncios de detergentes no dejan de tener un encanto irracional. Uno no puede si no fascinarse por esa gente del futuro que te viene a contar cómo se lava más blanco o con más persistencia del color. Es algo sensacional. Yo creo que es el único motivo por el que merece la pena viajar en el tiempo. El resto son prosaicos. Este, en cambio, es tan prosaico que es excéntrico y, a todos nos gusta la gente original.

Los grandes almacenes y, Zara por ello, también son un invento del XVIII. Maria Antonieta es la reina del rococó y también de las copias en serie ya se empolvase la cabeza y se pusiese pájaros encima o se vistiese de marrón pulga, tono que estaba muy de moda en la época y que a mí me parece feo no, lo siguiente.

No estoy de acuerdo en que la buena de Coppola sea excelente. Es, en mi opinión, un ser mediocre probablemente con más suerte que otra cosa. No tiene nada de malo ser mediocre y tampoco es que su Maria Antonieta no me gustase, que sí, me gustó. Pero en mi opinión es una persona frívola e infantil que realmente solo puede comprenderse a sí misma metida en Versalles. Quizá por eso la película quedó tan bien. Porque va de dos fatuas mediocres y vulgares que llegaron a algo por "la casualidad del nacimiento" que podría decir Voltaire o un camarada ilustrado. Mua

Leonel dijo...

El buen gusto ha estado muy presente en Europa, vaya concepto que perduró por tantos años y perdurará por siempre

Holly Golightly dijo...

Leonel. Un saludo