miércoles, abril 20, 2011

El Propio Pasado Y El (Im)Previsible Futuro



Sabía que había visto estos colores en alguna parte. Y no solo porque el rosa sea el color de la temporada, que lo es, sino porque también estuvo en nuestro pasado. Este rosa émpolvado se llevó a finales de los 80 cuando los tonos de Miguel Ángel parecieron ponerse de moda en la ropa. Mucha gente no lo recuerda o no lo sabe porque la memoria colectiva de los 80s se reduce a ciertas veleidades Almodovarianas o la era del sida y Halston que es barrida automáticamente por Mugler, Montana y Alaia o Versace con sus melenas rubias, sus caderas estériles y los andares de valquiria del inframundo. Pero estos años también estuvieron.


Unos años en los que a Lagerfeld le dio por un Mediterráneo que tiene muy abandonado. A Lagerfeld le interesó la luz del sur de Francia, el mar que parece de postal, los cielos azules y los campos de lilas llenos de trigo en los que vino, vida y amar se hacen uno entre sábanas blancas y los sonidos propios de la cosecha y la jornada de sol a sol. Es cierto que su visión era lírica, melancólica y propia de una Arcadia que no podía ser pero aún así la bellísima teutona rubia, la Schiffer, tendía y recogía su ropa entre una luz celestial vestidita de negro Chanel, miraba al sol y al cielo con un vestido blanco y el pelo hecho trenzas en lo alto de la cabeza o paseaba entre campos de espigas verdes y oro buscando la vida que se escapaba entre respiraciones.


Luego Karl Lagerfeld volvió a Alemania, se olvidó del sur de Francia que es España con sus toros, sus acueductos romanos, sus templos antiguos a los que las floren les crecen por las esquinas, se olvidó de las manos ancianas que bordan, de los niños vestidos de perlé cuando gatean y las niñas vestidas de piqué cuando corren. Se olvidó de las mañanas de domingo, de las tardes de viernes y de las mañanas de lunes y puso sus ojos en una Europa más fría, menos cálida, menos risueña, más desarrollada y envolvió a la rubia que vivía en el cielo de los viñedos en tweeds, en cueros y en insignias metálicas delante de las puertas de Berlín.


Poco más tiempo le ha dedicado Lagerfeld a la melancolía después. Más bien nada. Le ha absorvido el presente, el presente convulso de la tecnología, la acción, las heroínas de ciencia ficción, el poderoso dolar verde y los desvaríos de cantantes de rock, de Briggite Bardot y de la adolescencia teen que tiene blogs y ego y dinero para gastar ("pasta larga" que diría Vivian en Pretty Woman). Los pantalones llegaron a la Costura, el vaquero revolucionó el mundo de tweeds, perlas y acolchados en Chanel y Lagerfeld se plantó el mundo por montera haciendo que en Chanel se vetara a todos los que tuvieran demasiada edad celebrando los cantos a Narciso, bello, joven y maldito antes que a la senectud del invierno.


Se ha dedicado a las jovencitas de risa fácil, de taconeo tonto, de murmullo demasiado alto, de fugacidad contenida, de juventud ignorante y ha olvidado un poco a aquellas grandes damas que corrían por la Ópera diciendo no, que cantaban con sus balcones en pleno París la balada al desamor del egoísta, que creían que a un hombre nunca se le odia tanto como para devolverle los diamantes y que no sabían nada de gatas sobre tejados de cinc calientes olvidando que Tiffanys no era una primera necesidad sino una bagatela de la indiferencia. Chequera, pitillera de oro y pluma Cartier. Perfume algo antiguo y ramilletes de peonías por una casa con más de Gagosian que de Colette. Y desde luego, más de Sorolla que de Warhol.


Supongo que las jovencitas le han traído alegría a Lagerfeld sobre todo en los pequeños detalles. Son coquetas, caprichosas como gatitas y divinas. Tienen ese joi de vivre que entusiasma y que lleva a hincar la rodilla en tierra con un anillo que no se puede pagar dentro de una caja de terciopelo y de prometerse por toda la vida cuando solo se alcanza a pensar en los siguientes veinte minutos. Se contonean deliciosamente, aún no saben nada de amarguras y solo piensan de la femineidad que es algo que sirve para divertirse y disfrutar, teniendo que arquear las cejas cuando oyen esa vieja consigna de Prada que las habla de "femeninas pero no débiles" porque ellas no saben aún ni de fortaleza ni de adversidad ni de vacas flacas. Piel tersa y expresiones candorosas es lo que tienen... y bueno, quizás también... ganas de príncipe azul.


Porque al fin y al cabo, el amor es lo que ronda por todas las colecciones de Lagerfeld. Amor que se consigue por la belleza, por el ingenio, la sofisticación y el querer ser mejor para estar con el otro. Lagerfeld no sé si sabe mucho de amor, de amar... tiene el lirismo de un poeta  y la frialdad de un genio para con las pasiones, cuando quiere fuego es un volcán y al siguiente segundo extiende una lengua de hielo por el magma dejándolo muerto. En sus colecciones veo mucha más sofisticación, mucha más delicadez, mucha más amabilidad, simpatía y erotismo que amor.


Aunque siempre destaca el amor por el trabajo bien hecho. Que supongo que para los solitarios como Lagerfeld o como la propia Chanel es una prima de satisfacción. Coco se paseaba con aquel cigarro de obrero entre los labios dando órdenes y diciendo "esa sisa así no, que tira, cruza los brazos para que no sea estrecho, muévete, ven ven, aquí, si, aquí, dejénme a mí, yo lo haré, no saben hacer nada, a ver... cruza ahora los brazos, ¿ven? todo está bien cuando se pueden cruzar los brazos..." y seguía fumando mientras tanto. En cambio, Lagerfeld se deleita en los bordados -esta colección de HC primavera verano 2011 está confeccionada bordada íntegramente, hilo a hilo sobre una mesa con pasador- y en el brillo de las aves que vuelan en la noche.


A veces parece que se vuelve francés porque veo sus Maria Antonietas, sus recogidos versallescos, su afectación excesivamente brillante, vibrante, cursi, ñoña, rosa pastel, blanco cristantemo y ampuloso el perifollo pero otras me parece solo delicado. Se que todas sus Maria Antonietas piensan en su Petit Trianon, en sus gallinitas, en sus huevos, en la vida silvestre, en las margaritas, la leche fresca, el agua del abrevadero, la noche estrellada y en el amanecer. Y eso sólo tiene una explicación...


Cuando le preguntan, Lagerfeld dice que se inspiró en aquel cuadro de Marie Laurencin que Chanel rechazó porque no se encontraba en él, porque aquel delirio de los años 20 con una Coco modosa, lánguida, perfumada como una diva de Cabaret apartada de la vida de cocotte poco tenía que ver con esa Chanel que ella era y que ya no recordaba nada de las canciones que le susurraba a Etienne Balsan. Pero yo sé la verdad. Lagerfeld nunca ha podido quitar de su mente aquella rubia riseuña que corría por los prados del cielo envuelta en violetas y en rosas frescas que aún conservan su olor, que tomaba vino apoyada en la baranda y que lo mismo era capitana que timonel con tal de arrancar una sonrisa al hombre de su vida, sí, ese que hace la foto. No quiero decir nada más sobre los viejos tiempos, son viejos pero... fueron tan buenos. 

10 comentarios:

Holly Golightly dijo...

Y a mí que esta colección no me gustó... pero sabía que ya nos conocíamos y que nos gustamos.

Davis dijo...

Los tiempos pasados siempre fueron bueno y mejor que los de ahora y siempre se intenta recuperar ese esplendor de antaño y volverlo actual aunque poca gente pueda conseguir ese algo que te encante y fascine. He de reconocer que la colección no esta mal es bonita elegante como quiere ser siempre Chanel pero bueno despues de la anterior tenia que ser buenaa.

Abraazo y beso
http://elteusecret.blogspot.com

Holly Golightly dijo...

Davis. A mi la colección en general sin meterte en detalles y de vista rápida me parece un horror con una quema directa en desfavorecedor pero luego si miras bien... te va ganando. Un beso

Anónimo dijo...

Es la tipica coleccion Chanel que cuando la vez piensas,es un horror,luego la vez desde el apartado detalles y pues cambias un poco de opinion. Eso si, el traje de la segunda foto, es uno de los mas feos que Lagerfeld a hecho en años(que viene a ser ese traje feo y poco favorecedor que Lagerfeld diseña para cada coleccion HC que presenta).Saludos

Nuevo Clasicismo dijo...

Los 80 están asociados a la extravagancia, al todo vale, la horterada y el mal vestir. Uno piensa en los 80 y piensa en exceso. Pero los 80 tuvo una faceta de lo más sofisticada, que es en la que poca gente suele pensar cuando se cita esa década. Fue la década de Falcon Crest, Dinastía y los culebrones de la alta sociedad norteamericana. La década de Wall Street. La década de Emmanuelle. Y la década en la que empezó Claudia, que es sofisticada sea la década que sea.

Anónimo dijo...

Son feos quizas.Son viejos quizas.Pero siguen siendo Chanel y aunque los lleves puestos, te ves ...bueno Chanel!

un beso
Karla abish

Wed* dijo...

Pues a mi esta colección me gusto desde el mismo momento q vi la primera foto. Seré una cursi. El vestido final lo necesito en mi vida. En mi vida futura porque no aun empeñando a mis desconocidos podría comprarlo.

Lo que no entiendo es el amor de Karl por la tetona (que no teutona) de Blake Lively. Deberías hacerle un post.

Un beso

H A R R Y G O A Z dijo...

Happy Easter!

Anónimo dijo...

Hermoso artículo!

webcam chicas dijo...

a mi me gusta mucho el vestido blanco y negro, es muy hermoso!