
Gaultier es un diseñador honesto. Habla de mujeres poderosas, con carrera, que visten de negro. Que son serias, que caminan por Manhattan como si fuera la sabana, que viven, que sufren y que mueren.

Habla de mujeres que podrían salir en un cuadro del surrealismo o deslizarse a la China Imperial con la facilidad de la eternidad.

Habla de Francia, de su esplendor y de sus costumbres. De su grandeza nacional que es la Costura.

De sus parisinas de la Rive Gauche que pasean enamoradas escuchando su corazón donde en USA escuchan el Ipod.

Habla de cisnes elegantes, de modernistas deseos de evasión. De sueños, de desarraigo, de búsqueda de raices.

Habla del cosmopolitismo, del legado del negro y de la postmodernidad.

Habla de África, de fieras y de damas que se tapan, sofocadas, la cara acolorada.

Habla de Grecia, del eclecticismo bizantino, de las vírgenes negras, de sibilas y sacerdotisas, de princesas, de vestales, de oráculos y destinos.

Habla de España. Sobria, severa, negra. De embozados y de toreros goyescos. De sangre, de negro, de clamor popular. De fe, de honestidad.

Habla de la actualidad y el futuro. De modernidad, de presentismo y futurible. De la democratización del ego y del yo, de comunismo, de regresión, de eterno retorno y atrás para ir adelante.

Habla de fugas. Fugas y ballets. Princesas de terciopelo y latidos de saxofón.

Habla de todas las Rusias. De su gloria comunista, su Iglesia, su razón de ser. De su esplendor, su decadencia y sus mujeres. De sus leyendas, de sus silencios, de Odessa. De su sangre roja como el corazón.

Habla de Brujas y Gante, Bruselas y los tintes. Habla de telas, de sedas y de colores. De óleos, de clamores, de amor por la tierra que cohabita. De ternura, de desgarro, de vírgenes pesadas envueltas en paños doblados y replejados. De musas del Canciller Rolling...

Habla de las niñas que son damas y de las damas que juegan a ser mujeres. Habla de la rectitud y la inocencia, el erotismo de quien se disputa entre dos eternidades su campo de juego. Habla de París y de Francia y de la universalidad del sentimiento.

Habla de la actitud. Del camino de la vida, de los soldados, los obstáculos y las bombas. Habla del toque militar, de la seriedad y la disciplina. Habla de la adultez y las armaduras de papel.

Habla de las infantas, las soñadoras, las místicas. De las princesas que no se reconocen en burguesas. De las princesas que no se reconocen como mujeres.

Habla de la sensualidad y el erotismo. De Josephine Baker, de los Happy Twenties que precedieron a la crisis. Del movimiento, la sensualidad, la femineidad.

Habla de todas las mujeres. De todas las culturas. Habla de la universalidad.